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06 enero 2016

Sus corazones buscan la verdad

reyes-magos

Ante el nacimiento de Jesús se pueden adoptar actitudes muy diferentes. El relato de los magos nos habla de la reacción de tres grupos de personas. Unos extranjeros -paganos- que lo buscan, guiados por la pequeña luz de una estrella. Los representantes de la religión del Templo -los Sumos Sacerdotes-, que permanecen indiferentes. El poderoso rey Herodes que solo ve en él un peligro.
A los Sumos Sacerdotes su seguridad religiosa los ciega. Conocen dónde tiene que nacer el Mesías, pero ninguno de ellos se acercará a Belén. Se dedican a dar culto a Dios, pero no sospechan que su misterio es más grande que todas las religiones, y tiene sus caminos para encontrarse con todos sus hijos e hijas. De esta manera nunca podrán reconocer a Jesús.
El rey Herodes, poderoso y brutal, solo ve en Jesús una amenaza para su poder y su crueldad. Hará todo lo posible para eliminarlo. Desde el poder opresor solo se puede “crucificar” a quien trae liberación.
Mientras tanto, los magos, que no pertenecen al pueblo elegido y nada sabemos de su religión, prosiguen su búsqueda: La pequeña luz de la estrella los atrae hacia el pequeño pueblo de Belén, lejos de todo centro de poder. Sus corazones buscan la verdad.
Al llegar, lo único que ven es al “niño con María, su madre”. Nada más. Un niño sin esplendor ni poder alguno. Una vida frágil que necesita el cuidado de una madre. Es suficiente para despertar en los magos la adoración.
El relato es desconcertante. A este Dios, escondido en la fragilidad humana, no lo encuentran los que viven instalados en el poder o encerrados en la seguridad religiosa. Se les revela a quienes, guiados por pequeñas luces, buscan incansablemente una esperanza para el ser humano en la ternura y la pobreza de la vida.
A partir de un texto de José Pagola.

23 diciembre 2014

Saludos Navideños

¡Feliz Navidad para todas mis amigas y amigos! En medio de este mundo convulsionado por tantas demandas, donde muchas veces no nos podemos reconocer a nosotr@s mism@s, me acerco a uds para decirles que abramos nuestros corazones a una alternativa diferente para vivir la vida. La alternativa es JESÚS. Poder salir de la jungla materialista y consumista en la que nos sumerge este capitalismo desenfrenado en que vivimos, y promover la cultura de la austeridad y la solidaridad. Belén, el niño pobre en pañales en un corral, el desconcierto de una pareja joven que lo recibe, los pastores marginales y excluidos del circuito social son los signos para construir una nueva humanidad: solidaria, tierna, respetuosa, plural, amigable, cuidadora de la vida de tod@s, especialmente de los pobres, l@s ancian@s y l@s jóvenes. Navidad nos recuerda que así como Dios cumplió su palabra y se encarnó hace 21 siglos, volverá a nuestro encuentro en el momento de nuestra muerte revestido de gloria y nos preguntará si lo hemos amado en nuestr@s herman@s, especialmente l@s pobres. Cada uno de nosotr@s tendrá la respuesta mirando su vida. ¡Feliz Navidad! Salgamos de nuestras trincheras personales al encuentro de la humanidad que nos convoca a vivir de una manera diferente desde nuestra creencia que Jesús es el Salvador, el camino, la Verdad y la Vida. Que la paz y la alegría inunden nuestras familias ya nuestro pueblo. Los abrazo y bendigo a cada una y cada uno. FÉLIX - NAVIDAD 2014¡Feliz Navidad para todas mis amigas y amigos! En medio de este mundo convulsionado por tantas demandas, donde muchas veces no nos podemos reconocer a nosotr@s mism@s, me acerco a uds para decirles que abramos nuestros corazones a una alternativa diferente para vivir la vida. La alternativa es JESÚS. Poder salir de la jungla materialista y consumista en la que nos sumerge este capitalismo desenfrenado en que vivimos, y promover la cultura de la austeridad y la solidaridad. Belén, el niño pobre en pañales en un corral, el desconcierto de una pareja joven que lo recibe, los pastores marginales y excluidos del circuito social, son los signos para construir una nueva humanidad: solidaria, tierna, respetuosa, plural, amigable, cuidadora de la vida de tod@s, especialmente de los pobres, l@s ancian@s y l@s jóvenes. Navidad nos recuerda que así como Dios cumplió su palabra y se encarnó hace 21 siglos, volverá a nuestro encuentro en el momento de nuestra muerte revestido de gloria y nos preguntará si lo hemos amado en nuestr@s herman@s, especialmente l@s pobres. Cada uno de nosotr@s tendrá la respuesta mirando su vida. ¡Feliz Navidad! Salgamos de nuestras trincheras personales al encuentro de la humanidad que nos convoca a vivir de una manera diferente desde nuestra creencia que Jesús es el Salvador, el camino, la Verdad y la Vida. Que la paz y la alegría inunden nuestras familias y a nuestro pueblo. Los abrazo y bendigo a cada una y cada uno.

FÉLIX - NAVIDAD 2014

22 diciembre 2014

Mensaje de Navidad 2014


“…Encontraron a María, a José, y al recién nacido acostado en el pesebre” (Lc. 2, 16)
 
Hermanas y hermanos:

¡Feliz Navidad!

Este es el saludo de estos días con cuantos nos encontramos. Es una genuina expresión de fe y de amor. Creemos en Dios que ha nacido de María. Amamos al Dios que nos ama de modo tan tierno, haciéndose Niño. No sólo es un saludo. Es el anuncio de que Él vive. Nace en cada corazón que se hace pesebre para recibirlo. Es también la expresión de un deseo: que cada uno se sienta visitado por Dios.

San Lucas cuenta que, cuando los pastores recibieron la noticia del Nacimiento del Salvador, “Fueron rápidamente y encontraron a María y a José, y al recién nacido acostado en el pesebre”. Encontraron una familia. El Mesías prometido y esperado quiso tener una familia. En esa realidad se funda la celebración familiar de la Navidad. El pueblo creyente ha unido sabiamente la conmemoración litúrgica de la Navidad con la celebración de la cena familiar. La sociedad consumista ha opacado bastante esta festividad; pero el pueblo cristiano, ha luchado denodadamente para no dejarse robar la fiesta en familia. Es el modo de plasmar concretamente lo que creemos: Jesús nace en Belén para hacerse hermano de todos y de cada uno. Este encuentro en la mesa familiar en Navidad, es la que debe iluminar como un faro la vida en familia, cada día del año.

Los cantos, la poesía, el arte, en todas sus expresiones, muestran esta realidad tan tierna del Dios que siendo rico se hace pobre, siendo fuerte se hace débil, siendo grande se hace pequeño. Ese misterio de amor de Dios realiza una transformación profunda en nosotros. Cada vez que asumo mi pobreza, descubro qué rico es mi prójimo; cada vez que asumo mi propia debilidad, veo cuánta fortaleza me brinda quien está a mi lado; cada vez que veo y abrazo mi pequeñez, contemplo la grandeza de las personas que me rodean. Allí empiezo a comprender qué es la Navidad, en lo concreto de mi vida. Allí empieza a iluminarse mi vida, la noche se vuelve claridad. Me invade una serena alegría y se ahuyenta la tristeza. Es Jesús que nace en mi corazón: es Navidad.
                                         
En estos días previos a la Navidad, como pastor de todos, me hice presente en los distintos partidos de la Diócesis para saludar donde está la gente, en lugares donde mujeres y hombres, jóvenes y niños, se las rebuscan para ganar el pan. Visité varias ferias populares. Además de felicitarlos por la Navidad, de bendecirlos y rezar con ellos, escuché sus peticiones y sus comentarios. Todos coincidían en un deseo sencillo y profundo: que vivamos la Navidad en paz familiar. En la familia es donde se “amasa” la paz del corazón; es allí donde se dan los ingredientes para “cocinar” ese alimento que nutre la vida: el amor de padres y madres, de hijos y hermanos, de abuelos y nietos, de tíos y sobrinos. Son las sanas relaciones que van entretejiendo “el poncho” que abriga y  protege nuestra frágil personalidad.

Que la Virgen María y San José nos ayuden a contemplar a Jesús vivo en cada miembro de nuestra familia y en los demás hermanos de las otras familias. Necesitamos vencer nuestras cegueras, quitarnos las anteojeras que parcializan nuestra mirada. Precisamos romper nuestros puntos de vista egocéntricos e interesados para que, con la sencillez de los niños, miremos a Jesús recién nacido en la persona que vive y está ante nuestros ojos. Jesús, María y José nos ayuden a dejarnos amar como somos realmente, y amar a los demás como cada uno es.

Que Dios los bendiga a todos y, en modo particular, a los que sufren y están tristes por distintas circunstancias. La Virgen santa y San José los cuiden.

¡Feliz Navidad!
 

+ Carlos José Tissera
Obispo de Quilmes

12 septiembre 2014

Himno para Navidad

 “José, hijo de David, no temas.”

José abrazaba
al Hijo del Padre celestial
hecho un recién nacido
Y lo servía como a su Dios.

Se complacía
como en la bondad misma;
lo veneraba
como al justo por excelencia.

Grande fue su perplejidad
¿Cómo es posible,
Oh Hijo del Altísimo
de ver en ti a un hijo?
Contra tu madre me irritaba
y pensaba repudiarla.

Y no sabía
que en su seno posaba un gran tesoro
Que enriqueció
de improvisto mi pobreza.

El rey David
surgió de mi raza
y fue coronado. 

¡Qué gran despojo me alcanza!
En lugar de ser rey soy artesano;
Pero me ha tocado una corona
Ya que sobre mi corazón reposa
el Soberano de todos los reinos.

San Efrén (c.306-373), diácono en Siria, 
exégeta de la Biblia, doctor de la Iglesia

24 diciembre 2013

MENSAJE DE NAVIDAD 2013-AÑO NUEVO 2014



Todavía "no hay lugar para ellos"
ni en Belén ni en Lampedusa.

¿Navidad es un sarcasmo?
"Si tu Reino no es de este mundo"
¿Qué vienes a hacer aquí
subversivo, aguafiestas?

Para ser el Dios-con-nosotros
has de serlo en la impotencia,
con los pobres de la tierra
así, pequeño, así,
desnudo de toda gloria,
sin más poder que el fracaso,
sin más lugar que la muerte,
pero sabiendo que el Reino
es el sueño de tu Padre,
y también es nuestro sueño.

Todavía hay Navidad
en la Paz de la Esperanza,
en la vida compartida,
en la lucha solidaria.
¡Reino adentro, Reino adentro!

por Pedro Casaldáliga

20 diciembre 2012

Tan CLARO

 
tan REAL...
cada vez menos onda con el gordo panzón inventado por la Coca...

es tiempo de JESUS, de SALVACION, de VIDA NUEVA, de RECONCILIACION, de PERDON...
 

30 diciembre 2011

Para pensar

“No nos dejemos atrapar por los espejismos del mundo”
Villa María (Córdoba), 30 Dic. 11 (AICA)
“La Navidad fiesta de la vida. La vida es pues, un don de Dios. La recibimos para vivirla y defenderla constantemente, desde la concepción hasta la muerte natural. El hombre no es dueño absoluto de la vida, la recibe para gozar de ella y cuidarla”, manifestó el obispo de Villa María, monseñor José Ángel Rovai, en la misa de Navidad que presidió en la catedral Inmaculada Concepción. El prelado llamó a no tenerle miedo a Cristo “encontrarlo a Él es lo mejor que nos ha sucedido en esta vida”.

23 diciembre 2011

La Paradoja de la Navidad

En la pequeña Ciudad de Belen fue proclamado el Amor de Dios para todo el Mundo.
Vino un niño indefenso.
JESUS vino.
El que siendo Dios se convirtió en humano.
El cambio su Trono Celestial por un pesebre terrenal
Esa noche dejo su Trono para convertirse en nuestro Rey. Un Rey que no vino a ser servido sino para servir.
Un Rey que con su muerte nos dió Vida.
Es la paradoja de la Navidad , la que te llama a responder...

Feliz Navidad 2011 y Prospero Año 2012 - Cancion de Navidad

Tal vez Jesus no nacio un 25 de Diciembre, pero en esa fecha todo el mundo recuerda el nacimiento del Hijo Unigenito de Dios, nuestro mesias y Salvador.

No desviemos el sentido de la navidad en cosas materiales cuando nuestro mayor regalo nos lo dio Dios hace 2000 años, entrego a su Hijo para que nosotros seamos salvos.

Amen. Ven Señor Jesus

23 diciembre 2010

La historia digital de la Navidad. Fundación Vida

Video muy cómico, donde se ve a María, a José y a los reyes magos utilizando Wikipedia, celulares, Facebook, Twitter, YouTube y Amazon. Véanlo: Feliz Navidad Digital (versión anglo-hispana) HISTÓRIA DO NATAL DIGITAL (versión original en portugués).

Carta de Jesús (Una historia sobre el verdadero sentido de la Navidad)

Querido Amigo:


Hola, te amo mucho. Como sabrás, nos estamos acercando otra vez a la fecha en que festejan mi nacimiento.

El año pasado hicieron una gran fiesta en mi honor y me da la impresión que este año ocurrirá lo mismo. A fin de cuentas ¡llevan meses haciendo compras para la ocasión y casi todos los días han salido anuncios y avisos sobre lo poco que falta para que llegue!

La verdad es que se pasan de la raya, pero es agradable saber que por lo menos un día del año, piensan en mí. Ha transcurrido ya mucho tiempo cuando comprendían y agradecían de corazón lo mucho que hice por toda la humanidad.

Pero hoy en día, da la impresión de que la mayoría de la gente apenas si sabe por qué motivo se celebra mi cumpleaños.

Por otra parte, me gusta que la gente se reúna y lo pase bien y me alegra sobre todo que los niños se diviertan tanto; pero aún así, creo que la mayor parte no sabe bien de qué se trata. ¿No te parece?

Como lo que sucedió, por ejemplo, el año pasado: al llegar el día de mi cumpleaños, hicieron una gran fiesta, pero ¿Puedes creer que ni siquiera me invitaron? ¡Imagínate! ¡Yo era el invitado de honor! ¡Pues se olvidaron por completo de mí!.

Resulta que habían estado preparándose para las fiestas durante dos meses y cuando llegó el gran día me dejaron al margen. Ya me ha pasado tantísimas veces que lo cierto es que no me sorprendió.

Aunque no me invitaron, se me ocurrió colarme sin hacer ruido. Entré y me quedé en mi rincón. ¿Te imaginas que nadie advirtió siquiera mi presencia, ni se dieron cuenta de que yo estaba allí?

Estaban todos bebiendo, riendo y pasándolo en grande, cuando de pronto se presentó un hombre gordo vestido de rojo y barba blanca postiza, gritando: "¡jo, jo, jo!".

Parecía que había bebido más de la cuenta, pero se las arregló para avanzar a tropezones entre los presentes, mientras todos los felicitaban.

Cuando se sentó en un gran sillón, todos los niños, emocionadísimos, se le acercaron corriendo y diciendo: ¡Santa Clos! ¡Cómo si él hubiese sido el homenajeado y toda la fiesta fuera en su honor!

Aguanté aquella "fiesta" hasta donde pude, pero al final tuve que irme. Caminando por la calle me sentí solitario y triste. Lo que más me asombra de cómo celebra la mayoría de la gente el día de mi cumpleaños es que en vez de hacer regalos a mí, ¡se obsequian cosas unos a otros! y para colmo, ¡casi siempre son objetos que ni siquiera les hacen falta!

Te voy a hacer una pregunta: ¿A tí no te parecería extraño que al llegar tu cumpleaños todos tus amigos decidieron celebrarlo haciéndose regalos unos a otros y no te dieran nada a tí? ¡Pues es lo que me pasa a mí cada año!

Una vez alguien me dijo: "Es que tú no eres como los demás, a ti no se te ve nunca; ¿Cómo es que te vamos a hacer regalos?". Ya te imaginarás lo que le respondí.

Yo siempre he dicho "Pues regala comida y ropa a los pobres, ayuda a quienes lo necesiten. Ve a visitar a los huérfanos, enfermos y a los que estén en prisión!".

Le dije: "Escucha bien, todo lo que regales a tus semejantes para aliviar su necesidad, ¡Lo contaré como si me lo hubieras dado a mí personalmente!" (Mateo 25,34-40).

Muchas personas en esta época en vez de pensar en regalar, hacen bazares o ventas de garaje, donde venden hasta lo que ni te imaginas con el fin de recaudar hasta el último centavo para sus nuevas compras de Navidad.

Y pensar todo el bien y felicidad que podrían llevar a las colonias marginadas, a los orfanatorios, asilos, asentamientos, villas,  penales o familiares de los presos.

Lamentablemente, cada año que pasa es peor. Llega mi cumpleaños y sólo piensan en las compras, en las fiestas y en las vacaciones y yo no pinto para nada en todo esto. Además cada año los regalos de Navidad, pinos y adornos son más sofisticados y más caros, se gastan verdaderas fortunas tratando con esto de impresionar a sus amistades.

Esto sucede inclusive en los templos. Y pensar que yo nací en un pesebre, rodeado de animales porque no había más.

Me agradaría muchísimo más nacer todos los días en el corazón de mis amigos y que me permitieran morar ahí para ayudarles cada día en todas sus dificultades, para que puedan palpar el gran amor que siento por todos; porque no sé si lo sepas, pero hace 2 mil años entregué mi vida para salvarte de la muerte y mostrarte el gran amor que te tengo.

Por eso lo que pido es que me dejes entrar en tu corazón. Llevo años tratando de entrar, pero hasta hoy no me has dejado. "Mira yo estoy llamando a la puerta, si alguien oye mi voz y abre la puerta, entraré en su casa y cenaremos juntos". Confía en mí, abandónate en mí. Este será el mejor regalo que me puedas dar. Gracias

Tu amigo

Jesús

22 diciembre 2010

DIOS ESTA CON NOSOTRO!!!!!

Dios está con nosotros. No pertenece a una religión u otra. No es propiedad de los cristianos. Tampoco de los buenos. Es de todos sus hijos e hijas. Habita en todo corazón humano, acompañando a cada uno en sus gozos y sus penas. Nadie vive sin su bendición.


Dios está con nosotros. No escuchamos su voz. No vemos su rostro. Su presencia humilde y discreta, cercana e íntima, nos puede pasar inadvertida. Si no ahondamos en nuestro corazón, nos parecerá que caminamos solos por la vida.


Dios está con nosotros. No grita. No fuerza a nadie. Respeta siempre. Es nuestro mejor amigo. Nos atrae hacia lo bueno, lo hermoso, lo justo. En él podemos encontrar luz humilde y fuerza vigorosa para enfrentarnos a la dureza de la vida y al misterio de la muerte.


Dios está con nosotros. Cuando nadie nos comprende, él nos acoge. En momentos de dolor y depresión, nos consuela. En la debilidad y la impotencia nos sostiene. Siempre nos está invitando a amar la vida, a cuidarla y hacerla siempre mejor.


Dios está con nosotros. Está en los oprimidos defendiendo su dignidad, y en los que luchan contra la opresión alentando su esfuerzo. Y en todos está llamándonos a construir una vida más justa y fraterna, más digna para todos, empezando por los últimos.


Dios está con nosotros. Despierta nuestra responsabilidad y pone en pie nuestra dignidad. Fortalece nuestro espíritu para no terminar esclavos de cualquier ídolo. Está con nosotros salvando lo que nosotros podemos echar a perder.


Dios está con nosotros. Está en la vida y estará en la muerte. Nos acompaña cada día y nos acogerá en la hora final. También entonces estará abrazando a cada hijo o hija, rescatándonos para la vida eterna.


Dios está con nosotros. Esto es lo que celebramos los cristianos en las fiestas de Navidad: creyentes, menos creyentes, malos creyentes y casi increyentes. Esta fe sostiene nuestra esperanza y pone alegría en nuestras vidas. (José A. Pagola)


¡FELIZ NAVIDAD!

29 noviembre 2010

Sueño de un Mundo Nuevo

SUEÑO DE UN MUNDO NUEVO
 
Sueño que llegará un día
en que los hombres se elevarán por encima de sí mismos,
y comprenderán que están hechos para vivir juntos, en hermandad.

Todavía sueño en aquella mañana de Navidad,
que llegará el día en que todos los negros de este país,
todas las personas de color del mundo
serán juzgadas por el contenido de su personalidad
y no por el color de la piel;
que cada hombre respetará la dignidad
y el valor de la personalidad humana.

Todavía sueño hoy
que en todos los ministerios y ayuntamientos
serán elegidas las personas que obren con justicia y misericordia,
siguiendo los pasos de Dios.

Todavía sueño hoy
que la guerra se acabará...

Llegado este día,
nos será revelada la gloria del señor
y la contemplaremos todos unidos.

Todavía sueño que con esta fe
seremos capaces de transformar los límites de la desesperación.

Con esta fe podremos anticipar el día de paz en la tierra
y de nuena voluntad para todas las personas.

Será un día glorioso:
los luceros del alba cantarán unidos
y los hijos de Dios exultarán de alegría.

(Martin Luther King)





09 noviembre 2010

Una estrella de luz

Fabián, siempre esperaba con gran entusiasmo que llegara el fin de semana. Los viernes, apenas salía del trabajo, iba hasta su casa, preparaba la mochila con las cosas necesarias para acampar y algunos alimentos, medicamentos y ropa que había juntado entre los amigos. Tomaba el colectivo hasta el Tigre, y llegaba con el tiempo justo para subir a la última lancha que lo llevaba hasta el camping. Sábado y domingo se dedicaba a recorrer la zona en un pequeño bote para conversar con las familias y compartir con ellas las cosas que había llevado. Al mismo tiempo, aprovechaba para hacer una lista de necesidades para tratar de resolverlas durante la semana. Ayudaba a los chicos en las tareas -porque muchos de los papás no sabían leer ni escribir- y los alentaba para que no dejaran de estudiar, aunque sabía lo difícil que era para ellos ir todos los días en lancha hasta la escuela.

Feliciano, el administrador del camping ya lo conocía y lo esperaba con un plato de sopa caliente los días de invierno, y una ensalada con algún fiambre cuando hacía calor. Fabián compartía la sencilla comida con él, y después armaba su carpa en el lugar más alejado, cerca del río. Amaba las noches despejadas, para tirarse boca arriba sobre el pasto y contemplar las estrellas. Se pasaba horas enteras contándolas, poniéndoles nombres e imaginando dibujos en el cielo.


Cierta noche estaba así tirado, disfrutando de un cielo maravilloso en el que podía distinguir hasta la estrella menos brillante (esas que no se pueden ver en la ciudad), sin nubes, con la temperatura ideal -ni frío ni calor- cuando, de pronto, le pareció que una estrella se movía. Él había oído muchas veces de estrellas fugaces y, en un primer momento, no se extrañó.

 
Pero, al seguir mirando descubrió que la estrella parecía dudar. Se movía para un lado y después para el otro. Como si fuera una persona que no sabe si cruzar una calle o no. Se mantuvo en ese juego durante unos minutos. Fabián se fue incorporando de a poco hasta quedar de pie, sin poder quitar la vista de esa estrella tan extraña. Quizá no sea una estrella, pensó. ¿Será un OVNI?


Después de unos instantes, la estrella, que realmente parecía dudar, se decidió y se precipitó hacia la tierra. Fabián se dio una gran susto, porque creyó que se le iba a caer encima, y se agachó. Le pareció que había caído muy cerca, detrás de unos árboles.

«No puede ser; las estrella no caen así, debe tratarse de otra cosa; esto es imposible, seguramente es una ilusión óptica por estar fijando tanto tiempo la vista...»

Fabián trataba de convencerse de que no había pasado nada y ni siquiera miraba hacia los árboles donde supuestamente había visto caer la luz. Sin embargo, su curiosidad fue más grande. «Si no fue nada, ¿qué pierdo con ir a ver?», se justificó.

 
Se dirigió, entonces, hacia ese lugar tratando de no hacer ruido.


Llegó hasta donde había varios árboles caídos que formaban un claro. Entonces, la vio.

No podía creerlo. Se frotaba los ojos, porque creía que estaba soñando; o hipnotizado; o sugestionado... Sentada en un tronco, con la cabeza apoyada en un brazo y una pierna doblada sobre la otra, se encontraba una estrella. Tenía una expresión de gran tristeza y a Fabián le pareció ver una pequeña lágrima que le caía por la mejilla.

Tuvo miedo, pero el temor fue desapareciendo al contemplarla tan desamparada y triste. Se acercó despacito y le dijo:

-Disculpe, no entiendo qué está pasand

o, pero me da mucha pena verla así. ¿Quién..., o qué es usted? ¿La puedo ayudar en algo?

La estrella levantó los hombros como diciendo que ya nada le importaba y giró hacia el otro lado.

-De verdad señora, no me gusta dejarla acá sola y tan triste; quizás pueda hacer algo para ayudarla (Fabián apenas se daba cuenta de lo asombroso de la situación. No todos los días se conversa con una estrella; pero no le quedaba más remedio que hacerlo).


Después de un rato, la estrella le dijo:

-Te agradezco, pero lo dudo. No creo que nadie pueda ayudarme. ¡Estoy tan cansada! Pero es muy largo de contar. Casi dos mil años de vida no se cuentan en un minuto.

Fabián se sentó en un tronco, a una distancia prudencial y dijo.


-No importa, no tengo nada que hacer. Tengo tiempo para charlar con usted.

La estrella comenzó a hablar lentamente y, en su voz, se percibía una gran tristeza.

-Hace dos mil años me encomendaron una tarea. La más importante, me dijeron. No importa que seas chiquita, ni que no tengas mucho brillo. En el momento oportuno, el brillo te llegará de afuera y llamarás la atención de todos los hombres. Era mi oportunidad. Ya no sería una estrella más; ya no pasaría inadvertida; los hombres me pondrían un nombre y figuraría en los catálogos. Fue así que acepté, y con mi luz señalé el camino a unos sabios hasta el pesebre donde había nacido un pequeño niño.

 
Desde ese momento, todos los años hago el mismo camino, para que nadie se olvide de ese gran acontecimiento que, según me contaron, cambió la historia de los hombres. Pero, con el paso del tiempo, me di cuenta de que ya no vale la pena; que los hombres no miran hacia el cielo; han perdido sus sueños; se matan en las guerras...

I
nterrumpió su conversación durante unos segundos y, con la mirada perdida, pareció estar buscando una palabra para completar la frase, un adjetivo para la palabra guerras.

-En guerras. Esta palabra es tan tremenda en sí misma, que no necesita nada que la acompañe. Si dijera en terribles o crueles guerras, alguien podría llegar a pensar que hay guerras que no son terribles o crueles. ¡Se matan entre hermanos! Vi torturas y desapariciones. También vi a mucha gente morirse de hambre, al mismo tiempo que otros despreciaban el plato que le ponían delante. Mujeres golpeadas, sometidas y esclavizadas. Chicos sin escuela y otros que la desaprovechan. Vi gente enriquecerse en forma desmedida y despiadada, mientras otros carecían de lo indispensable. Excluídos en un mundo globalizado; enfermos que podrían curarse; locos abandonados por sus familiares; personas viviendo sin techo; niños mendigando o robando o matando... Niños de la calle asesinados. Violencia engendrada por las desigualdades y por la injusticia.

Los que deberían servir porque tienen el poder, se preocupan por unos pocos.

Yo, que vi nacer al niño de Belén, que escuché lo que predicaba, que lo vi compartir la comida, echar a los mercaderes del templo, lavarle los pies a sus discípulos, creo que ya no tengo nada más que hacer. Los hombres se han olvidado de todo lo que él dijo. Ya no tienen arreglo. Ya no miran el cielo, ¿para qué voy a seguir recorriendo ese camino?

Fabián se había quedado mudo y paralizado. No sabía qué decir ni qué pensar. Todas las ideas se le mezclaban. La estrella parecía tener razón pero, sin embargo, Fabián se revelaba contra esta idea. ¿Ya no hay esperanzas? ¿Ya está todo perdido? No sabía que decir y comenzó a balbucear palabras incoherentes:

-Bueno, no todo es así, puede ser que... Yo creo que podríamos…

La estrella lo interrumpió.

-Está bien, no hace falta que intentes convencerme, yo ya decidí qué hacer. ¿Por qué no me contás qué hacés vos en este lugar tan apartado y alejado?

Fabián la invitó para que fuera hasta su carpa y le convidó un mate. Él se recostó en el pasto y la estrella a su lado. Así, comenzó a contarle a qué se dedicaba y qué hacía los fines de semana en esa isla.

-¡Qué suerte que te encontré!, dijo la estrella cuando Fabián terminó de hablar. Aunque este año no brille para todos, vos tuviste la oportunidad de tenerme bien cerca tuyo. Sos el único que merece verme...

Fabián que había entrado en confianza la interrumpió brúscamente y le dijo:

-Creo que está equivocada. En primer lugar, no soy el único que merece verla; y por otra parte, es cierto que el mundo parece encaminarse hacia la destrucción y que no hay nada que pueda detener lo que está pasando, pero, justamente por eso, creo que tiene que brillar más que antes. Hay muchas personas que sólo miran hacia abajo, que necesitan una luz fuerte para descubrir que pasan cosas más allá de sus narices. ¡Cómo se va a dar por vencida justo ahora que es cuando más la necesitamos!

Muchos hombres no van a reconocer su luz y ni siquiera se van a enterar de que usted hace un recorrido para llamarles la atención, para recordarles un gran acontecimiento, para anunciar que para Dios, los hombres somos importantes, porque él se hizo uno de nosotros. Pero quizás, alguno puede llegar a levantar la vista y verla ¡Aunque más no sea por casualidad! ¿Y a los otros? ¿Quién va a renovarles la esperanza?

Fabián dijo esta última frase gritando. La estrella permaneció callada. En la oscuridad, Fabián no pudo distinguir que esbozaba una sonrisa.

De golpe, sintió algo húmedo en su rostro. Era «Pirata», el perro del administrador del camping que le estaba lamiendo la cara.

-¡Eh, Fabián! ¿Cómo estás? ¿Te pasó algo?, preguntó Feliciano. Me asusté, porque vi una luz y te oí gritar como si estuvieras discutiendo con alguien. Pensé que te había pasado algo, pero seguramente te quedaste dormido. Metete dentro de la carpa que te vas a resfriar con el rocío.

Fabián le hizo caso, entró en la carpa, pero tardó en dormirse, porque aunque estaba seguro de que todo había sido un sueño, sentía una extraña sensación.

Pasaron los días y llegó el tiempo de Navidad. Poco antes, Fabián organizó una fiesta con la gente de la isla y unos amigos de la ciudad .

Feliciano prestó el camping y armaron una gran mesa para la fiesta que comenzó bien temprano por la mañana y duró hasta la tardecita. Comieron lo que cada uno había llevado, bailaron y cantaron. Antes de irse, Fabián regaló a cada familia una pequeña estrella de madera para que la colocaran sobre el pesebre.

 
El 24 a la noche, justito cuando daban las doce, todas las familias de la zona, vieron una gran luz que provenía del pesebre donde estaba la imagen del pequeño bebé.

Esa luz, para sorpresa de todos, venía de la pequeña estrella de madera. En el cielo, también brilló una estrella, aunque ya no señalaba el camino hacia el lugar donde hace dos mil años había estado el niño. En cambio, iluminaba a todos los que, como Fabián, hacen nacer a Dios en medio de los hombres y los conducen hacia él.

Y, para sorpresa de muchos, esa nochebuena, estuvo muy iluminada.


(María Inés Casalá, publicado en la revista Humanizar)

18 diciembre 2009

Pesebre navideño

Portal de Belén ¿Sabías el origen de la tradición de montar el pesebre  navideño o belén?
 La costumbre de representar el nacimiento de Jesús llegó a    españa en el siglo XVIII cuando el Rey Carlos III hizo traer  esta  tradición desde Nápoles. Un siglo después, los belenes  habían arraigado con fuerza en toda la península.
 Esta representación que suele hacerse en las iglesias y en las  casas durante el tiempo navideño debe sus origen a las   representaciones litúrgicas del misterio navideño y a la primera  escenificación que hizo San Francisco de Asís en Greccio en  1223.
Tras asistir a la celebración de la Navidad en la ciudad de Belén, quedó tan impresionado que, a su regreso a Italia, pidió un permiso al Papa Honorio III para reproducir en vivo el nacimiento de Jesús en una cueva próxima a su pueblo natal, con una imagen en piedra del niño, un buey y un asno y un reducido grupo de aldeanos.
En aquella cueva, San Francisco de Asís celebró la Misa del Gallo de la Nochebuena de aquel año y se dice que durante el oficio la figura del niño Jesús cobró vida, lo que contribuyó a difundir la costumbre.
Hacia finales del siglo XV, los actores que protagonizaban la natividad comenzaron a ser sustituidos por figuras de barro y durante el siglo XVI, los frailes franciscanos llevaron la costumbre a América, volviéndose una actividad obligada durante la navidad en las comunidades cristianas.
A partir de ese momento la iglesia católica promovió en los templos, hogares y sitios públicos, las representaciones del nacimiento del niño Jesús, a fin de que creciera el interés por las fiestas navideñas como una exaltación a Cristo, lo que se consigue gracias a la labor de los franciscanos, de los dominicos y de los jesuitas.

07 enero 2009

Feliz 2.009

Les pido que con AMOR empecemos este 2009

Hay mucho camino por recorrer.


23 diciembre 2008

LA HISTORIA DEL PESEBRE

Cuenta la historia que el pesebre como lo conocemos hoy día fue inventado por San Francisco de Asís. Francisco era famoso por la vida que llevaba, hablaba del Evangelio con tanto entusiasmo que la gente y hasta los animales lo escuchaban atentos. En el año 1219, luego de haber formado una nueva congregación religiosa basada en la pobreza absoluta, partió a Oriente y pudo visitar los lugares donde estuvo Jesús.

El recuerdo más intenso de aquel viaje fue la gruta de Belén, donde el Señor quiso nacer en la pobreza más grande. Un día, un hombre rico, llamado Juan le preguntó a Francisco qué debía hacer para imitar a Jesús. Francisco le dijo que se preparara para la Navidad, y este hombre hizo construir un establo y ordenó que llevaran heno, un buey y un asno.

Así, la noche de Navidad de 1223, muchos pastores y gente pobre fueron a la gruta que Juan había preparado para Francisco. Allí, con el permiso del Papa, Francisco celebró misa. La emoción fue tal que Francisco se sintió él mismo un niño y comenzó a balbucear como uno de ellos. Entonces pudo verse dentro del pesebre un niño hermosísimo dormido, al que Francisco, sosteniéndolo en sus brazos, intentaba despertar de su sueño. Entre testigos del milagro muchas eran personas dignas de fe y así se divulgó la noticia por todo el mundo.

De aquel milagro, muchos obtuvieron beneficios espirituales y corporales: algunos se convirtieron, otros utilizaron el heno del pesebre y lo utilizaron como medicina para curar enfermedades y una mujer con los dolores de una parto difícil encontró fuerza y nació un niño y fue fiesta en toda la casa.

Esta es la verdadera historia del pesebre.

Francisco nos ha dejado en el pesebre un mundo pequeño e ideal ,que el hombre puede construir con sus manos, pero que debe inventar cada año, de lo contrario no trae ya un mensaje y se convierte sólo en un juego.


Que en esta Navidad ese Niñito que viene a traernos la paz y la esperanza, también nazca y crezca en nuestro corazón todos los días del año.

EL CUARTO REY MAGO

Cuenta una leyenda rusa que fueron cuatro los Reyes Magos. Luego de haber visto la estrella en el oriente, partieron juntos llevando cada uno sus regalos de oro, incienso y mirra. El cuarto llevaba vino y aceite en gran cantidad, cargado todo en los lomos de sus burritos.

Luego de varios días de camino se internaron en el desierto. Una noche los agarró una tormenta. Todos se bajaron de sus cabalgaduras, y tapándose con sus grandes mantos de colores, trataron de soportar el temporal refugiados detrás de los camellos arrodillados sobre la arena. El cuarto Rey, que no tenía camellos, sino sólo burros buscó amparo junto a la choza de un pastor metiendo sus animalitos en el corral de pirca. Por la mañana aclaró el tiempo y todos se prepararon para recomenzar la marcha. Pero la tormenta había desparramado todas las ovejitas del pobre pastor, junto a cuya choza se había refugiado el cuarto Rey. Y se trataba de un pobre pastor que no tenía ni cabalgadura, ni fuerzas para reunir su majada dispersa.

Nuestro cuarto Rey se encontró frente a un dilema. Si ayudaba al buen hombre a recoger sus ovejas, se retrasaría de la caravana y no podría ya seguir con sus Camaradas. El no conocía el camino, y la estrella no daba tiempo que perder. Pero por otro lado su buen corazón le decía que no podía dejar así a aquel anciano pastor. ¿Con qué cara se presentaría ante el Rey Mesías si no ayudaba a uno de sus hermanos?

Finalmente se decidió por quedarse y gastó casi una semana en volver a reunir todo el rebaño disperso. Cuando finalmente lo logró se dio cuenta de que sus compañeros ya estaban lejos, y que además había tenido que consumir parte de su aceite y de su vino compartiéndolo con el viejo. Pero no se puso triste. Se despidió y poniéndose nuevamente en camino aceleró el tranco de sus burritos para acortar la distancia. Luego de mucho vagar sin rumbo, llegó finalmente a un lugar donde vivía una madre con muchos chicos pequeños y que tenía a su esposo muy enfermo. Era el tiempo de la cosecha. Había que levantar la cebada lo antes. posible, porque de lo contrario los pájaros o el viento terminarían por llevarse todos los granos ya bien maduros.

Otra vez se encontró frente a una decisión. Si se quedaba a ayudar a aquellos pobres campesinos, sería tanto el tiempo perdido que ya tenía que hacerse a la idea de no encontrarse más con su caravana. Pero tampoco podía dejar en esa situación a aquella pobre madre con tantos chicos que necesitaba de aquella cosecha para tener pan el resto del año. No tenía corazón para presentarse ante el Rey Mesías si no hacía lo posible por ayudar a sus hermanos. De esta manera se le fueron varias semanas hasta que logró poner todo el grano a salvo. Y otra vez tuvo que abrir sus alforjas para compartir su vino y su aceite.

Mientras tanto la estrella ya se le había perdido. Le quedaba sólo el recuerdo de la dirección, y las huellas medio borrosas de sus compañeros. Siguiéndolas rehizo la marcha, y tuvo que detenerse muchas otras veces para auxiliar a nuevos hermanos necesitados. Así se le fueron casi dos años hasta que finalmente llegó a Belén. Pero el recibimiento que encontró fue muy diferente del que esperaba. Un enorme llanto se elevaba del pueblito. Las madres salían a la calle llorando, con sus pequeños entre los brazos. Acababan de ser asesinados por orden de otro rey. El pobre hombre no entendía nada. Cuando preguntaba por el Rey Mesías, todos lo miraban con angustia y le pedían que se callara. Finalmente alguien le dijo que aquella misma noche lo habían visto huir hacia Egipto.

Quiso emprender inmediatamente su seguimiento, pero no pudo. Aquel pueblito de Belén era una desolación. Había que consolar a todas aquellas madres. Había que enterrar a sus pequeños, curar a sus heridos, vestir a los desnudos. Y se detuvo allí por mucho tiempo gastando su aceite y su vino. Hasta tuvo que regalar alguno de sus burritos, porque la carga ya era mucho menor, y porque aquellas pobres gentes los necesitaban más que él. Cuando finalmente se puso en camino hacia Egipto, había pasado mucho tiempo y había gastdo mucho de su tesoro. Pero se dijo que seguramente el Rey Mesías sería comprensivo con él, porque lo había hecho por sus hermanos.

En el camino hacia el país de las pirámides tuvo que detener muchas otras veces su marcha. Siempre se encontraba con un necesitado de su tiempo, de su vino o de su aceite. Había que dar una mano, o socorrer una necesidad. Aunque tenía temor de volver a llegar tarde, no podía con su buen corazón. Se consolaba diciéndose que con seguridad el Rey Mesías sería comprensivo con él, ya que su demora se debía al haberse detenido para auxiliar a sus hermanos.Cuando llegó a Egipto se encontró nuevamente con que Jesús ya no estaba allí. Había regresado a Nazaret, porque en sueños José había recibido la noticia de que estaba muerto quien buscaba matarlo al Niño. Este nuevo desencuentro le causó mucha pena a nuestro Rey Mago, pero no lo desanimó. Se había puesto en camino para encontrarse con el Mesías, y estaba dispuesto a continuar con su búsqueda a pesar de sus fracasos. Ya le quedaban menos burros, y menos tesoros. Y éstos los fue gastando en el largo camino que tuvo que recorrer, porque siempre las necesidades de los demás lo retenían por largo tiempo en su marcha. Así pasaron otros treinta años, siguiendo siempre las huellas del que nunca había visto pero que le había hecho gastar su vida en buscarlo.

Finalmente se enteró de que había subido a Jerusalén y que allí tendría que morir. Esta vez estaba decidido a encontrarlo fuera como fuese. Por eso, ensilló el último burro que le quedaba, llevándose la última carguita de vino y aceite, con las dos monedas de plata que era cuanto aún tenía de todos sus tesoros iniciales. Partió de Jericó subiendo también él hacia Jerusalén. Para estar seguro del camino, se lo había preguntado a un sacerdote y a un levita que, más rápidos que él, se le adelantaron en su viaje. Se le hizo de noche. Y en medio de la noche, sintió unos quejidos a la vera del camino. Pensó en seguir también él de largo como lo habían hecho los otros dos. Pero su buen corazón no se lo dejó. Detuvo su burro, se bajó y descubrió que se trataba de un hombre herido y golpeado. Sin pensarlo dos veces sacó el último resto de vino para limpiar las heridas. Con el aceite que le quedaba untó las lastimaduras y las vendó con su propia ropa hecha jirones. Lo cargó en su animalito y, desviando su rumbo, lo llevó hasta una posada. Allí gastó la noche en cuidarlo. A la mañana, sacó las dos últimas monedas y se las dio al dueño del albergue diciéndole que pagara los gastos del hombre herido. Allí le dejaba también su burrito por lo que fuera necesario. Lo que se gastara de más él lo pagaría al regresar.

Y siguió a pie, solo, viejo y cansado. Cuando llegó a Jerusalén ya casi no le quedaban más fuerzas. Era el mediodía de un Viernes antes de la Gran Fiesta de Pascua. La gente estaba excitada. Todos hablaban de lo que acababa de suceder. Algunos regresaban del Gólgota y comentaban que allá estaba agonizando colgado de una cruz. Nuestro Rey Mago gastando sus últimas fuerzas se dirigió hacia allá casi arrastrándose, como si el también llevara sobre sus hombros una pesada cruz hecha de años de cansancio y de caminos.

Y llegó. Dirigió su mirada hacia el agonizante, y en tono de súplica le dijo:
- Perdoname. Llegué demasiado tarde.


Pero desde la cruz se escuchó una voz que le decía:
- Hoy estarás conmigo en el paraíso.


[Tomado de: Mamerto Menapace, Entre el brocal y la fragua, Buenos Aires, Editorial Patria Grande, 31987, 17-22]