05 marzo 2015

Un templo nuevo

Los cuatro evangelistas se hacen eco del gesto provocativo de Jesús expulsando del templo a «vendedores» de animales y «cambistas» de dinero. No puede soportar ver la casa de su Padre llena de gentes que viven del culto. A Dios no se le compra con «sacrificios».
Pero Juan, el último evangelista, añade un diálogo con los judíos en el que Jesús afirma de manera solemne que, tras la destrucción del templo, él «lo levantará en tres días». Nadie puede entender lo que dice. Por eso, el evangelista añade: «Jesús hablaba del templo de su cuerpo».
No olvidemos que Juan está escribiendo su evangelio cuando el templo de Jerusalén lleva veinte o treinta años destruido. Muchos judíos se sienten huérfanos. El templo era el corazón de su religión. ¿Cómo podrán sobrevivir sin la presencia de Dios en medio del pueblo?
El evangelista recuerda a los seguidores de Jesús que ellos no han de sentir nostalgia del viejo templo. Jesús, «destruido» por las autoridades religiosas, pero «resucitado» por el Padre, es el «nuevo templo». No es una metáfora atrevida. Es una realidad que ha de marcar para siempre la relación de los cristianos con Dios.
Para quienes ven en Jesús el nuevo templo donde habita Dios, todo es diferente. Para encontrarse con Dios, no basta entrar en una iglesia. Es necesario acercarse a Jesús, entrar en su proyecto, seguir sus pasos, vivir con su espíritu.
En este nuevo templo que es Jesús, para adorar a Dios no bastan el incienso, las aclamaciones ni las liturgias solemnes. Los verdaderos adoradores son aquellos que viven ante Dios «en espíritu y en verdad». La verdadera adoración consiste en vivir con el «Espíritu» de Jesús en la «Verdad» del Evangelio. Sin esto, el culto es «adoración vacía».
Las puertas de este nuevo templo que es Jesús están abiertas a todos. Nadie está excluido. Pueden entrar en él los pecadores, los impuros e, incluso, los paganos. El Dios que habita en Jesús es de todos y para todos. En este templo no se hace discriminación alguna. No hay espacios diferentes para hombres y para mujeres. En Cristo ya «no hay varón y mujer». No hay razas elegidas ni pueblos excluidos. Los únicos preferidos son los necesitados de amor y de vida. Necesitamos iglesias y templos para celebrar a Jesús como Señor, pero él es nuestro verdadero templo.
José Antonio Pagola
3 Cuaresma - B
(Juan 2,13-25)

08 de marzo 2015

03 marzo 2015

“Peregrinación Brocheriana a Pie – Diócesis de Quilmes”

Me pongo en contacto para acercarles la invitación del Padre Obispo Carlos Tissera a la Segunda Peregrinación Brocheriana a Pie que se realizará el domingo 15 de marzo desde la Catedral de Quilmes hasta la Casa Cura Brochero de la localidad de Bosques.
 
El trayecto consta de 17 kilómetros y cuenta con 4 descansos. Los horarios aproximados en cada uno de ellos son:
• 8:00 Catedral de Quilmes (Rivadavia y Mitre, Quilmes Centro).
• 9:30 Parque de la Ciudad “Jorge Novak” (Smith y Vicente López, Quilmes Oeste)
• 11:00 Parroquia Perpetuo Socorro (Av. Calchaquí 4949, Quilmes Oeste)
• 12:15 Plaza del Mate (Ruta 36 y Thevenet, Florencio Varela)
 
Se estima que entre las 13:30 y las 14 los peregrinos estarán llegando a la Casa Cura Brochero para participar de la misa que presidirá el P. O. Tissera.
 
Se podrá encontrar más información y contactarse para consultas en la página de Facebook “Peregrinación Brocheriana a Pie – Diócesis de Quilmes”
 
A continuación transcribo la invitación del obispo.
 


Quilmes, 2 de marzo de 2015

Hermanas y hermanos:

¡Alegría y paz en el Señor!

Los invito a participar de la 2ª Peregrinación brocheriana a pie, a realizarse el domingo 15 de marzo. Partirá desde la Catedral de Quilmes, a las 8.00 hs., hacia la Casa “Beato Cura Brochero”, en Bosques (Florencio Varela). El lema de este año es: “La gracia de Dios es como la lluvia que a todos moja”. Hermosas palabras del “cura gaucho” para hablarnos del amor misericordioso de Dios. Al llegar, se celebrará la Misa que voy a presidir. Tiene un gran significado brocheriano unir estos dos lugares de la Diócesis, la Catedral y la Casa de Retiros.

En la antigua parroquia de la Inmaculada de Quilmes, a finales de la década de 1890, vivía el sacerdote Bartolomé Ayrolo, que se desempeñaba como vicario parroquial. Los médicos le habían recomendado ir a la zona de Villa del Tránsito (hoy “Villa Cura Brochero”) para recuperarse de una afección pulmonar. Desde ese precioso lugar serrano, el P. Ayrolo le escribe al párroco de Quilmes, el P. Antonio Rossi. Luego de describirle minuciosamente el viaje y las maravillas de las sierras de Córdoba, le decía: “Te diré algo de lo más notable que hay en este departamento: es el cura José Gabriel Brochero. Hombre de baja estatura, de unos 57 años, frente algo deprimida, boca y orejas bastante notables, nariz gruesa, ojos medio turbios y tiernos, color tostado… creo que es una de las obras que se le escapó al Creador sin darle la segunda mano pero que, por lo mismo, lo tomó el Redentor para hacer de él un apóstol, único sin duda ninguna en toda la República por su celo, por su carácter, su modo de ser, su virtud, por los extraños modos de evangelizar”. Fueron varias las cartas que el P. Ayrolo envió desde Córdoba a Quilmes. En todas hacía referencia a nuestro querido Cura Brochero. Antes de 1900, la sociedad de Qui

lmes ya sabía quién era este gran evangelizador, hoy modelo para todos nosotros. En esa Catedral también está la tumba de nuestro primer pastor, el Padre Obispo Jorge Novak, misionero incansable de su pueblo.

La meta es llegar a la Casa de Retiros “Beato Cura Brochero”, lugar fundado por otro gran evangelizador de nuestra diócesis:el Padre Gino Gardenal. Al modo de Brochero, su pasión fue la evangelización de los pobres. De la mano de la Virgen de Luján, gestó este lugar de encuentro para las mujeres y los hombres de nuestros partidos, sin distinción, para vivir allí esos retiros que son “verdaderos baños del alma”, como gustaba decir el Cura Brochero. Gracias a la visión apostólica y la inmensa generosidad del P. Gino, miles de personas han estado en esa Casa de todos; niños y jóvenes, adultos y ancianos, han compartido allí la alegría de la fraternidad y de la paternidad de Dios.

Esta peregrinación quiere conmemorar un nuevo aniversario del nacimiento de José Gabriel del Rosario Brochero, aquel 16 de marzo de 1840. Desde su beatificación es la fecha de su Fiesta. Les pido que, por favor, difundan esta invitación.

“Renovemos la mirada” de la mano de la Virgen de Luján y de nuestro Beato Cura Brochero. Dios los bendiga.


+ Carlos José Tissera
Obispo de Quilmes

Agradezco la difusión de esta información.

27 febrero 2015

Evangelio según San Mateo 5,20-26.

Jesús dijo a sus discípulos: 
Les aseguro que si la justicia de ustedes no es superior a la de los escribas y fariseos, no entrarán en el Reino de los Cielos. 
Ustedes han oído que se dijo a los antepasados: No matarás, y el que mata, debe ser llevado ante el tribunal. 
Pero yo les digo que todo aquel que se irrita contra su hermano, merece ser condenado por un tribunal. Y todo aquel que lo insulta, merece ser castigado por el Sanedrín. Y el que lo maldice, merece la Gehena de fuego. 
Por lo tanto, si al presentar tu ofrenda en el altar, te acuerdas de que tu hermano tiene alguna queja contra ti, 
deja tu ofrenda ante el altar, ve a reconciliarte con tu hermano, y sólo entonces vuelve a presentar tu ofrenda. 
Trata de llegar en seguida a un acuerdo con tu adversario, mientras vas caminando con él, no sea que el adversario te entregue al juez, y el juez al guardia, y te pongan preso. 
Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último centavo. 

Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios. 


Leer el comentario del Evangelio por : 

San Agustín (354-430), obispo de Hipona (África del Norte), doctor de la Iglesia 
Sermón 357 

“Si te acuerdas que tu hermano tiene algo contra ti...”

  “Dios haces salir el sol sobre buenos y malos, hace llover sobre justos e injustos” (Mt 5,45) Dios muestra su paciencia; no manifiesta todavía todo su poder. Tú también... renuncia a la provocación, no aumentes el malestar a los ojos hinchados. ¿Eres amigo de la paz? ¡Mantente tranquilo dentro de ti!...¡Deja de lado las querellas y vuélvete a la oración! No te pongas a discutir con nadie, ni siquiera sobre nuestra fe con el blasfema. No respondas a la injuria injuriando, sino ora por esta persona. 


    Querrías hablarle contra él mismo: habla más bien a Dios de él. No digo que te calles: escoge el lugar que conviene y mira a Aquel a quien hablas, en silencio, por un grito salido del corazón. Allí donde tu adversario no te ve, sé bueno para con él. A esta adversario de la paz, a este amigo de la disputa, responde, tú, amigo de paz. “¡Di todo lo que quieras, sea la que fuere tu enemistad, eres mi hermano!” 


    “Ya puedes odiarme y rechazarme, eres mi hermano. Reconoce en ti el signo de mi Padre. Esta es la palabra de nuestro Padre. Hermano, tú que buscas la querella, eres mi hermano, porque tú dices igual que yo: “Padrenuestro que estás en el cielo.” Nuestro lenguaje es el mismo, ¿porqué no nos unimos como el lenguaje que es uno? Te ruego, reconoce lo que tú dices conmigo y rechaza lo que haces contra mí... No tenemos más que una voz delante del Padre. ¿Porqué no vamos a tener una sola paz juntos?

Sínodo de la familia

Con ocasión del próximo Sínodo de la familia tenemos la posibilidad de hacer nuestro aporte como Diócesis a la reflexión en dicho encuentro. 
                 Para esto el Secretariado Diocesano para la Familia de nuestra Diócesis, invita a todos los agentes de pastoral y miembros del pueblo de Dios que quieran dar su aporte a las preguntas a encontrarnos el viernes 6 de marzo a las 19 hs. 


En la Parroquia del Perpetuo Socorro, Avda. Calchaqui 4949 (Salón mini odeón).


No confundir a nadie con Jesús

Según el evangelista, Jesús toma consigo a Pedro, Santiago y Juan, los lleva aparte a una montaña, y allí «se transfigura delante de ellos». Son los tres discípulos que, al parecer, ofrecen mayor resistencia a Jesús cuando les habla de su destino doloroso de crucifixión. Pedro ha intentado incluso quitarle de la cabeza esas ideas absurdas. Los hermanos Santiago y Juan le andan pidiendo los primeros puestos en el reino del Mesías. Ante ellos precisamente se transfigurará Jesús. Lo necesitan más que nadie.
La escena, recreada con diversos recursos simbólicos, es grandiosa. Jesús se les presenta «revestido» de la gloria del mismo Dios. Al mismo tiempo, Elías y Moisés, que según la tradición, han sido arrebatados a la muerte y viven junto a Dios, aparecen conversando con él. Todo invita a intuir la condición divina de Jesús, crucificado por sus adversarios, pero resucitado por Dios.
Pedro reacciona con toda espontaneidad: «Señor, ¡qué bien se está aquí! Si quieres, haré tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías». No ha entendido nada. Por una parte, pone a Jesús en el mismo plano y al mismo nivel que a Elías y Moisés: a cada uno su tienda. Por otra parte, se sigue resistiendo a la dureza del camino de Jesús; lo quiere retener en la gloria del Tabor, lejos de la pasión y la cruz del Calvario.
Dios mismo le va a corregir de manera solemne: «Este es mi Hijo amado». No hay que confundirlo con nadie. «Escuchadle a él», incluso cuando os habla de un camino de cruz, que termina en resurrección.
Solo Jesús irradia luz. Todos los demás, profetas y maestros, teólogos y jerarcas, doctores y predicadores, tenemos el rostro apagado. No hemos de confundir a nadie con Jesús. Solo él es el Hijo amado. Su Palabra es la única que hemos de escuchar. Las demás nos han de llevar a él.
Y hemos de escucharla también hoy, cuando nos habla de «cargar la cruz» de estos tiempos.El éxito nos hace daño a los cristianos. Nos ha llevado incluso a pensar que era posible una Iglesia fiel a Jesús y a su proyecto del reino, sin conflictos, sin rechazo y sin cruz. Hoy se nos ofrecen más posibilidades de vivir como cristianos «crucificados». Nos hará bien. Nos ayudará a recuperar nuestra identidad cristiana.
José Antonio Pagola
2 Cuaresma - B
(Marcos 9,2-10)

01 de marzo 2015

23 febrero 2015

HOMILÍAS DE DIFUNTOS

1. " Si me voy antes que tú ". 
2. Funeral de Ama. 
3. Muerte Joven.     
4. La muerte el  " Aguafiestas ".
5. Chico Joven.                         
6. Chica joven y deficiente mental.
7. La resurrección.                         
8. Tristeza y esperanza.                 
9. Aniversario,                                 
10. Aniversario.                                    
11. Aniversario,  Un difunto.                 
12. Aniversario.  Varios difuntos.          
13. ¿ Celebrar la muerte ?.                   
14. Muerte joven.                                  
15. Una oración  ......  y  hasta luego.   
16. Muerte joven.                                  
17. ¿ La última palabra ?.                     
18. Preparar un sitio. 
19. La vida es un valor.  Una vela que se consume. 
20. Difuntos - 96.             
21. Cuando ni la ciencia ni la medicina nos salvan ....    
22. Hoy estarás conmigo en mi Reino  ...             
23. Persona adulta  .... pero aun joven.                
24. Cántaro
25. Amén. Aleluia
26. Cuando la muerte de un familiar  ....                     
27. Los cristianos nos reunimos.                 
28. No hay duda de que el dolor  .........      
29. Muerte violenta.  Asesinato.                 
30. La vida es un camino.                
31. Nuestra vida está llena de problemas.       
32. Madre joven.               
33. Uno de los mejores textos.  la Muerte de Jesús.    
34. Amigos, hay dos realidades  .
35. Hermanos,  un acontecimiento triste y  ...........  
36. El hombre de hoy ha llegado  .......   


1. Para  Diversas  Ocasiones.
SI  ME  VOY  ANTES  QUE  TÚ. ( Joven, casado )
     Si me voy antes que tú, no llores por mi ausencia; alégrate por todo lo que hemos amado juntos.


     No me busques entre los muertos, en donde nunca estuvimos, encuéntrame en todas aquellas cosas que no habrían existido si tú y yo no nos hubiésemos conocido y amado.
     Yo estaré a tu lado, sin duda alguna, en todo lo que hemos creado juntos: en nuestros hijos, por supuesto, pero también en el sudor compartido en los trabajos y fatigas, y en las lágrimas que intercambiamos día tras día.
     Y en todos aquellos que pasaron a nuestro lado: siempre recibieron algo de nosotros y llevan incorporado, sin saberlo ellos ni notarlo nosotros, algo de mí y de ti.
     También nuestros fracasos, nuestras indiferencias y nuestros fallos serán testigos permanentes de que estuvimos vivos y no fuimos ángeles sino humanos.
     No te ates a los recuerdos ni a los objetos. Porque dondequiera que mires y hayamos estado juntos, con quienquiera que hables y nos conociese, allí habrá algo mío, algo nuestro.  Aquello sería distinto si tú y yo no hubiésemos aceptado vivir juntos nuestro amor durante estos años.  El mundo estará ya siempre salpicado de nosotros.
     No llores mi falta, porque sólo te faltará mi palabra nueva y mi calor de ese momento.  Llora si quieres porque el cuerpo se llena de lágrimas ante todo aquello que es más grande que él, que no es capaz de comprender, pero que entiende como algo grandioso.  
     Porque, cuando la lengua no es capaz de expresar una emoción, ya sólo pueden hablar los ojos.
     Y vive.  Vive creando cada día y más que antes.  Porque yo no sé cómo, pero estoy seguro que desde mi otra presencia yo también estaré creando junto a ti.
     Así, con esta esperanza, deberás continuar dejando tu huella, para que cuando tu muerte nos vuelva a dar la misma voz, cuando nuestro próximo abrazo nos incorpore, ya sin ruptura, a la Única Creación, muchos puedan decir de nosotros :  si no se hubiesen amado, ¡ Qué hubiera sido de nosotros!.

  
2. HOMILíA  DE  FUNERAL.   
                             ( Ama  :  22  de  Enero  de  1.995)

     Muchas veces, en ocasiones - momentos - como el que estamos viviendo esta tarde, he intentado trasmitir el mensaje consolador y de esperanza del Evangelio, que nos habla de la Resurrección y Vida Nueva.
     Hoy que siento en mi propia carne el dolor y la tristeza de la muerte: se trata de mi ama, no puedo defraudaros. Me cuesta hablar, pero necesito hacerlo: hablar de la Resurrección y de la Nueva Vida, de Esperanza.
     Para todos nosotros - Dolores - Ama - ha muerto, nos ha dejado... Para Dios y ante nuestra fe: ha resucitado, ha nacido a la Nueva Vida, junto a Dios.
     Es como esa rama cargada de frutos que cae a tierra debido al peso de los frutos que ha producido. Y, al mismo tiempo, esos frutos son semilla de nuevos árboles y alimento para otros.
     Hermosa comparación.
     Ama, sabemos que has luchado en la vida.... ¿Por qué no decirlo?. Has hecho el bien a tu familia y a los demás. Eso no lo arrebata la muerte: sino que lo transforma. Es tu mayor corona.
     Dios Padre no puede olvidar a su hija. Estoy seguro que ya te ha recibido, te ha abrazado y estás ahora gozando de su amistad y de esa felicidad para siempre.
     Nuestra fe en Dios Padre, que ha resucitado a su Hijo, nos garantiza, nos asegura que a todos nos espera la misma suerte: morir para resucitar.
     Esto es lo que da sentido y valor a nuestra vida humana: La promesa de Dios siempre se cumple y no puede fallar su Palabra.



3. HOMILíA  DE  FUNERAL. 
                                       ( Muerte joven : J )
     * Estoy seguro de que muchos de vosotros estáis pensando en este momento el absurdo de la vida, y posiblemente también muchos os habéis rebelado contra Dios, diciendo que no hay derecho, que es injusto.
     * Ayer mismo comentaba con un grupo de amigos de Jon estas cosas. Es cierto que estaban afectados profundamente.
     Y os voy a decir una cosa: De verdad que la vida, esta vida que nos estamos construyendo y que nos están programando... no tiene sentido, es un absurdo, no se si merece la pena vivir como estamos viviendo o nos están haciendo vivir.
     * Y es que la vida humana es un misterio, es un don, es un mundo por descubrir.
     Y en nuestro orgullo y infantilismo humano: con la ciencia y el progreso se nos ha subido a todos los humos a la cabeza y creemos dominar todo: la propia vida humana. Pensamos que ya no hay nada que se nos resista, somos los dueños de todo.
     * Lo doloroso, lo triste es que tienen que llegar estos momentos, Dios no es culpable. Dios no lo ha querido ni permitido para que caigamos en la cuenta de lo que somos, y a dónde hemos llegado y a dónde vamos.
     * La vida tiene sentido, no es un absurdo, ni un capricho de Dios... pero no el que nosotros le damos. Aún, con todo lo que nos creemos, no hemos encontrado el valor y el sentido de la vida.
     * Tanto dinero invertido en armas, en técnica, en progreso y qué estamos haciendo de la persona, de la vida  ......
     Ese es el absurdo que estamos cometiendo. Contra esto hay que rebelarse como lo hizo Jesús.
     * La vida de Cristo tuvo sentido. Y su muerte. Claro que sí. Por qué no le damos ese sentido de amor, convivencia.
 


4. H O M I L Í A     D E    F U N E R A L    

     Una vez más la muerte de un familiar, de un amigo, nos ha reunido en este Templo de  ...............  Y nos hemos reunido para orar y darle el último adiós.
     La muerte parece querer ser "el aguafiestas" de nuestra vida. Por muchos que sean los adelantos de la humanidad, nuestra vida sigue dominada por la muerte.
     No sabemos cómo afrontar esta realidad. Y pensamos que es mejor olvidarla. No hablar de ella.  Nos parece arriesgado tratar de penetrar en sus enigmas.

     No nos atrevemos a plantearnos de frente la pregunta más lógica:  " La muerte ¿Es o no es el final de todo?."
     Si es el final de todo, entonces nuestra existencia, nuestra vida queda mutilada y sin sentido.
     Si no es el fin, sino el paso a otra vida, entonces nuestra muerte y nuestra vida adquieren una nueva dimensión, tienen un sentido.

     Somos cristianos  y la fe nos dice que con la muerte no acaba todo. Jesús nos promete otra vida: la vida de resucitados como Él y junto a Él.    Aunque no sabemos cómo es esa vida.
     Esta fe en la resurrección es la que nos da fuerzas para seguir viviendo y para trabajar con nueva ilusión en esta vida.
     Porque nuestra vida y nuestra muerte tienen un sentido, son un paso hacia esa otra vida que nos promete Jesús.
     En medio de esta vida dolorosa, y apasionante de la humanidad, se abre un camino hacia la liberación, hacia la resurrección.
     Nos espera un Padre, capaz de resucitar lo muerto. Nuestro futuro es una fraternidad feliz y en paz.
     Entonces, esta reunión nuestra tiene también un sentido. El sentido cristiano de la reunión de los hermanos en los momentos importantes de la vida de la Comunidad.

     Vamos a continuar esta Celebración, y vamos a pedir a Dios, que lo mismo que estamos reunidos aquí, podamos continuar en la vida, en la tarea de cada día, unidos entre nosotros, unidos a ..........
y unidos a Dios.
 


5. HOMILíA  DE  FUNERAL.   (Chico  joven).

     Nos hemos reunido para dar el último adiós a  ............. Nos hemos reunido para tener un rato de oración acompañando a sus padres y familiares.
     Jesús nos enseña a vivir unidos y a ayudarnos en los momentos duros y dolorosos de la vida.
     Somos cristianos, somos seguidores de Jesús y queremos seguir sus pasos.
     A lo largo de los pocos años de la vida de Jesús, también Él murió joven, le vemos , a menudo, ayudando a los enfermos y acompañando a los que sufren.
     También vemos a su Madre María, sufriendo a su lado, sobre todo en su Pasión y en su Muerte en la Cruz.
     María acompaña a su Hijo en los momentos de sufrimiento y siente una gran alegría al verle Resucitado el Domingo de Pascua.
     Nos enseñan así a ayudarnos en los momentos duros y difíciles de la vida.
      Es lo que nosotros estamos haciendo en estos momentos : orar por nuestro familiar y amigo difunto y acompañar a sus padres y familiares en  el dolor.
          Vamos a aprovechar  esta Celebración para sentirnos más unidos y más solidarios.
     Vamos a aprovechar esta Celebración para tener un rato de oración juntos.
     Vamos a aprovechar esta Celebración para acompañar a los padres y familiares de Juan  Carlos  en el dolor y en la tristeza por la pérdida de un ser querido.
     Como personas y como cristianos es lo mejor que podemos hacer en estos momentos.
     Vamos a ponernos de pie y vamos a hacer esta Oración  Universal en la que queremos recordar a todos y no olvidar a nadie.
 


6. HOMILÍA  DE  FUNERAL.
                    (Chica joven, inválida y deficiente mental).

     La muerte de un ser querido nos ha vuelto a reunir en este templo, junto a Jesús,  y su Madre María.
     La pérdida de un ser querido es un duro golpe en la vida, y muchas veces nos cuesta superarlo.  Pero este hecho nos ha reunido y nos debe hacer más solidarios  .
     María, la Madre de Jesús, la Madre Cariñosa y comprensiva, también pasó duros momentos junto a su Hijo.  Además pasó el más duro y fatal.  La muerte de su Hijo en la Cruz y ajusticiado.
     Ella sabe mucho de dolor y de sufrimientos.  Por eso puede, y debe ser nuestra mejor ayuda en estos momentos ........
     María aguantó al pie de la Cruz, como Madre Dolorosa.  Pero el Día de Pascua  vio una luz, y la felicidad completa al ver a su Hijo Resucitado y Triunfador de la Muerte.
     Este es el preludio, el anticipo de lo que debe suceder en nuestras vidas, si somos creyentes, si tenemos fe.
     Pasamos por el duro trance de la separación, de la pérdida de un ser querido.  tenemos que aguantar el duro paso de la muerte.
     Pero, si tenemos fe, nos damos cuenta de que la separación no es para siempre, porque volveremos a reunirnos un día en el Reino de Dios, que es Reino de Paz y de Felicidad.
     Y mientras llega ese día, la fe nos dice que hemos enviado allí un intercesor, un intermediario que vela y pide a Dios por nosotros, sobre todo por vosotros, sus padres.
     Vuestra vida ha sido una entrega total e incondicional al servicio de vuestra hija. Ahora, ¡Cómo no va a pedir e interceder por todos, y sobre todo por vosotros ante el Padre - Dios.
     Tenéis, ya, un adelantado, un emisario, una intercesora que vela por vosotros, y trata de devolveros todos los trabajos y desvelos que habéis realizado con ella.
     Vuestra hija  ............  es vuestra mejor garantía ante Dios.
     Este debe ser, en este momento vuestro consuelo y el nuestro como creyentes, como seguidores de Jesús.
     Por eso, vamos a continuar esta Celebración, y vamos a continuar orando unidos.
     Vamos a pedir por  ............ pero sobre todo, vamos a pedirle que, lo mismo que nos ha reunido aquí, en este templo, y nos mantenía unidos en la vida, nos siga manteniendo unidos entre nosotros y junto a Dios.
     Así, podremos todos juntos, gozar como ella de la compañía de Jesús,  y gozar todos juntos de la Felicidad Total del Reino de Dios.
 

    
7. Homilía  de  Funeral  :-  Resurrección.

     Para nosotros los creyentes, ante el dolor y la muerte, siempre hay una luz de esperanza y de consuelo. Y es porque nosotros creemos en un Dios que ha sufrido y ha muerto,  pero sobre todo creemos en un Dios que ha Resucitado, y que ahora vive junto a nosotros.
     Nuestro Dios en el que creemos, no es un Dios ajeno a los problemas humanos. Ha experimentado en su misma carne, las dificultades y dolores de la vida humana.
     Ha querido compartir todo con nosotros, ha querido saber lo que cuesta ser persona y ha querido comprobar la dura tensión que se da entre nosotros.
     É L SUFRIÓ, PADECIÓ Y MURIÓ AJUSTICIADO EN UNA cRUZ.  Pero amó a todos, incluso a sus verdugos.
     Su amor ha sido más fuerte que la muerte y por eso ha Resucitado y vive ahora entre nosotros.
     Vive para animarnos a nosotros a seguir su ejemplo de amor y servicio a los demás.
     Vive para enseñarnos que si somos capaces de ir venciendo las dificultades y trabajos de la vida; para enseñarnos que, si somos capaces de ayudar a los demás y de compartir las penas y alegrías, como Él;  entonces también nosotro resucitaremos como Jesús.
     Esta es nuestra fe, esta es nuestra esperanza.
     Esto es lo que nos da fuerzas para seguir viviendo a pesar de las dificultades de la vida.
     Y esto es, también,  lo que nos da fuerzas para aceptar la muerte de un ser querido.
     Sabemos que si nos unimos a Jesús, en vida, también Él nos recibirá y nos asociará a su Resurrección.
     Sólo así tiene sentido nuestra vida. Sólo así tienen sentido los sufrimientos y dolores. Sólo así tiene sentido el trabajo en favor de los demás.
     Si todo no termina con la muerte, sino que pasamos a vivir junto a Dios, tiene sentido nuestra vida; tienen sentido nuestros esfuerzos, tiene sentido el colaborar para que, también en este mundo se viva cada vez mejor.
     Vamos a continuar celebrando esta Eucaristía.  Vamos a seguir orando, para que Dios reciba ya junto a Él a nuestro hermano ............  y para que lo mismo que hoy nos ha reunido aquí, para darle el último adiós, nos siga manteniendo unidos y solidarios en la tarea de la vida.
 


8. HOMILíA  DE  FUNERAL.  

     Nos reúne hoy la tristeza de tener que despedir a nuestro hermano. La verdad es que no quisiéramos tener que separarnos de él y por eso este adiós es triste y doloroso.
     Sin duda estos son los ratos más amargos que soportamos en la vida: Nos sentimos incapaces de hacer nada por nuestro hermano.
     Sin embargo, hemos venido a la Iglesia. Esto quiere decir que no hemos perdido la esperanza.  Hay alguien que aún puede hacer algo por nuestro hermano.
     Queda en nosotros la esperanza que nos hace creer por encima de todo en la fuerza del amor. Una esperanza que nos asegura que todo aquello que es amor, bondad, servicio, comprensión, por pequeño que sea, no se pierde; no se puede perder para siempre, porque Dios no quiere que se pierda.
     Y todos hemos hecho algo bueno en la vida. Todos hemos amado, hemos ayudado, hemos perdonado más de una vez. Hemos procurado poner un poco más de amor en el mundo, hemos intentado servir y ayudar a nuestro alrededor.
     Pues, ahora, Jesús nos dice que eso no puede perderse, sino que vivirá para siempre.
     Esta es la esperanza y el consuelo que nos da la fe en estos momentos. Dios no puede abandonar para siempre a quienes han amado y han sufrido, han servido y han vivido abiertos a los demás.
     Eso no puede morir. No puede perderse. Eso es la llave que nos abre las puertas del cielo.
     Es la garantía de nuestra resurrección. Ello ha dado sentido y calidad a nuestra vida humana.
 


9. HOMILíA  de  Aniversario. 
                                 ( Aniversario Difuntos)

     Nos hemos reunido, en el primer aniversario de nuestros difuntos, para celebrar y participar de la Resurrección de Cristo. Los cristianos no celebramos la muerte, ninguna muerte, nosotros celebramos la Resurrección de nuestros difuntos.
     La Eucaristía es el encuentro con Cristo Resucitado que nos invita a todos a participar de su nueva vida. Esa vida nueva que se nos ha dado en semilla en el Bautismo y hemos de hacerla crecer y dar frutos que perduren para siempre.
     Nuestros queridos difuntos han participado ya plenamente de la Felicidad. Su vida en la tierra ha dado ya el fruto y ahora gozan de la Amistad y compañía de Dios.
     Nuestra fe nos dice que la vida de los que creen en Dios, no termina, sino que se transforma y al deshacerse nuestra morada terrenal, adquirimos una mansión eterna en el cielo.
     Por eso, aunque la certeza de amor nos estremece, nos consuela la Promesa de la Felicidad para siempre.
 


10. HOMILíA  DE  Aniversario. 
                                   ( Aniversario Difuntos)

     Hoy recordamos después de un año, a nuestros queridos difuntos. Nos encontramos ya más serenos, más tranquilos. El vacío que dejaron en nuestra vida perdura. Nos consuela que están en las manos de Dios. Sabemos también que contamos ahora con su intercesión y su ayuda desde el cielo: su nueva patria.
     Hoy, un año después, podemos orar con más calma y con mayor esperanza. Depositamos en Dios Padre nuestra confianza de hijos.
     Señor, Tú has dicho: "el que cree en  Mi no morirá para siempre; y todo el que vive y cree en Mi, aunque haya muerto, vivirá".
     Confiamos, Señor, en tu Palabra. Sabemos que resucitaste y vives ya para siempre. Tu amor era más fuerte que la misma muerte y venciste al poder de la muerte en su mismo terreno.
     Abriste las puertas del Cielo, de la vida para siempre. Lo mismo que has creado este mundo y esta vida humana, has creado también un Paraíso, un Nuevo Mundo y una Nueva Vida para tus hijos.
     Eres así de Bueno con nosotros. No quieres que nada ni nadie se pierda.
     Te pedimos perdón ,Señor, porque a veces nos rebelamos contra Ti; porque, a veces, dudamos de tu Amor.
 


11. HOMILíA  DE  Aniversario. 
                         ( Aniversario Difuntos :  Uno)
     Nos hemos reunido, hoy, en esta Iglesia de  ..............  porque queremos tener un recuerdo cariñoso para nuestro familiar y amigo  ............ que nos fue tan querido.
     El vacío que dejó en nuestras vidas se mantiene, pero queremos llenar ese hueco con estos recuerdos junto a Dios.
     Nos encontramos ya más serenos, más tranquilos. Nos consuela que está en las manos de Dios. Sabemos también que contamos ahora con su intercesión y su ayuda desde el cielo: su nueva patria.
     Hoy, un año después, podemos orar con más calma y con mayor esperanza. Depositamos en Dios Padre nuestra confianza de hijos.
     Señor, Tú has dicho: "el que cree en  Mi no morirá para siempre; y todo el que vive y cree en Mi, aunque haya muerto, vivirá".
     Confiamos, Señor, en tu Palabra. Sabemos que resucitaste y vives ya para siempre. Tu amor era más fuerte que la misma muerte y venciste al poder de la muerte en su mismo terreno.
     Nuestros seres queridos están ya gozando de la felicidad junto a Dios.  Su vida en la tierra ha dado ya el fruto y gozan del cariño y la amistad de Dios.
     Nuestra fe de cristianos, seguidores de Jesús, nos dice que la vida de los que creemos en Dios no termina, se transforma.
     Jesús, con su Muerte y Resurrección nos abrió las puertas del Cielo, de la vida para siempre. Lo mismo que has creado este mundo y esta vida humana, has creado también un Paraíso, un Nuevo Mundo y una Nueva Vida para tus hijos.
     Eres así de Bueno con nosotros. No quieres que nada ni nadie se pierda.   En esta celebración vamos seguir unidos, orando juntos por nuestro familiar y amigo  .............
 


12. HOMILíA  DE  Aniversario. 
                            ( Aniversario Difuntos :  Varios)

     Nos hemos reunido, hoy, en esta Iglesia de  ..............  porque queremos tener un recuerdo cariñoso para nuestros familiares y amigos que nos fueron tan queridos.
     El vacío que dejaron en nuestras vidas se mantiene, pero queremos llenar ese hueco con estas oraciones y estos recuerdos junto a Dios.
     Nos consuela que está en las manos de Dios. Sabemos también que contamos ahora con su intercesión y su ayuda desde el cielo: su nueva patria.
     Señor, Tú has dicho: "el que cree en  Mi no morirá para siempre; y todo el que vive y cree en Mi, aunque haya muerto, vivirá".
     Confiamos, Señor, en tu Palabra. Sabemos que resucitaste y vives ya para siempre. Tu amor era más fuerte que la misma muerte y venciste al poder de la muerte en su mismo terreno.
     Nuestros seres queridos están ya gozando de la felicidad junto a Dios.  Su vida en la tierra ha dado ya el fruto y gozan del cariño y la amistad de Dios.
     Nuestra fe de cristianos, seguidores de Jesús, nos dice que la vida de los que creemos en Dios no termina, se transforma.
     Jesús, con su Muerte y Resurrección nos abrió las puertas del Cielo, de la vida para siempre. Lo mismo que has creado este mundo y esta vida humana, has creado también un Paraíso, un Nuevo Mundo y una Nueva Vida para tus hijos.
     Eres así de Bueno con nosotros. No quieres que nada ni nadie se pierda.   En esta Celebración vamos seguir unidos, orando juntos por nuestros familiares y amigos  .............
 


13. HOMILíA  DE  FUNERAL. 
                                     ( Celebrar la muerte ? )

     Muchos no creyentes nos miran a los cristianos como unos bichos raros. Les extraña nuestra forma de vivir y sobre todo, les llama la atención que celebramos la muerte de un ser querido. Se puede celebrar, dicen, el nacimiento a la vida, el matrimonio... porque son momentos de alegría y de gozo... pero celebrar la muerte, la perdida de un ser querido, no tiene ningún sentido.
     Estamos locos dicen. No valoramos la vida humana. No apreciamos los grandes valores de la vida. Despreciamos lo de aquí para dar importancia al más allá.
     No es cierto. Nosotros apreciamos y valoramos la vida como los demás, como todos. Nosotros no celebramos la muerte, celebramos la Vida con mayúscula, la vida eterna y definitiva. Celebramos la Resurrección de nuestros hermanos y su entrada, su paso a la Vida de Felicidad, de Luz y de Paz.
     Sentimos como cualquiera la pérdida, la separación de un ser querido. Sufrimos y nos apenamos y lloramos porque somos de carne y hueso como todos.
     Pero no perdemos la esperanza, porque sabemos que no perdemos para siempre a nuestros seres queridos. Sabemos que han pasado a la Vida con Dios. Sabemos que esta vida no lo es todo. No es toda la Vida. Esta vida tiene sentido precisamente porque no acaba todo con la muerte, sino que continúa en el más allá.


14. HOMILíA  DE  FUNERAL. 
                                       ( Muerte joven )
     * Estoy seguro de que muchos de vosotros estáis pensando en este momento el absurdo de la vida, y posiblemente también muchos os habéis rebelado contra Dios, diciendo que no hay derecho, que es injusto.
     * Ayer mismo comentaba con un grupo de amigos de ........... estas cosas. Es cierto que estaban afectados profundamente.
     Y os voy a decir una cosa: De verdad que la vida, esta vida que nos estamos construyendo y que nos están programando... no tiene sentido, es un absurdo, no se si merece la pena vivir como estamos viviendo o nos están haciendo vivir.
     * Y es que la vida humana es un misterio, es un don, es un mundo por descubrir.
     Y en nuestro orgullo y infantilismo humano: con la ciencia y el progreso se nos ha subido a todos los humos a la cabeza y creemos dominar todo: la propia vida humana. Pensamos que ya no hay nada que se nos resista, somos los dueños de todo.
     * Lo doloroso, lo triste es que tienen que llegar estos momentos, Dios no es culpable. Dios no lo ha querido ni permitido para que caigamos en la cuenta de lo que somos, y a dónde hemos llegado y a dónde vamos.
     * La vida tiene sentido, no es un absurdo, ni un capricho de Dios... pero no el que nosotros le damos. Aún, con todo lo que nos creemos, no hemos encontrado el valor y el sentido de la vida.
     * Tanto dinero invertido en armas, en técnica, en progreso y qué estamos haciendo de la persona, de la vida  ......     Ese es el absurdo que estamos cometiendo. Contra esto hay que rebelarse como lo hizo Jesús.
     * La vida de Cristo tuvo sentido. Y su muerte. Claro que sí. Por qué no le damos ese sentido de amor, convivencia.



15. HOMILíA  DE  FUNERAL. 
( Una oración y .....  hasta luego )

     En los cementerios, a veces, se encuentra uno con frases que hacen pensar. En un cementerio leía yo escrita en una lápida esta frase: "Una oración y ... hasta luego".
     No cabe duda de que cada uno tenemos una actitud distinta ante la muerte: la esperamos o rechazamos de distinta forma.
     Personalmente me hizo pensar mucho aquella frase. "Una oración y hasta luego". Estaba significando a una persona profundamente creyente, que mira la muerte como algo muy natural. Se despide como quien sale de viaje y piensa encontrarse pronto con los suyos. Solo les pide un recuerdo, una oración.
     Es difícil aceptar la muerte con esa sencillez, con esa naturalidad. Yo añado: con esa confianza tan grande en Dios.
     Y la verdad es que la muerte es eso: un viaje, una despedida, un hasta luego. Con la muerte lo que hacemos es cambiar de lugar, llegar a nuestra patria definitiva donde volveremos todos a encontrarnos, libres de los problemas y sufrimientos de esta vida.
 


16. HOMILíA  DE  FUNERAL. 
( Muerte joven )

     Posiblemente muchos de nosotros nos hemos rebelado contra Dios. Esta muerte no tenía que haber sucedido. Un chico que estaba empezando a vivir. Con todo un futuro por delante. Cargado de ilusiones y esperanzas.
     Nos sentimos con derecho de rebelarnos ante una muerte así. Muerte absurda, injusta.
     Pero no. Dios no ha querido, ni deseado, ni permitido esta muerte. Dios estaba tan interesado como nosotros en que esto no sucediera. Debemos admitir que, por lo menos, es tan humano, tan sensible como cualquiera de nosotros. Dios no quiso la muerte de Jesús. No le llevó a una muerte tan dura. Fue injustamente condenado.
     Y ¿qué podemos nosotros pedir ni exigir a un Dios que vemos clavado y muerto en una cruz?. Un Dios que ha sufrido la muerte más absurda que puede darse: condenado por hacer el bien; por ayudar, por servir, por amor a los demás.
     Lo que es un absurdo es la vida que estamos viviendo. Una vida sin sentido: Una vida donde lo que menos importa es la persona. Una vida en la que nadie se interesa por nadie. Donde se emplean millones en armas para matar en cosas absurdas e innecesarias pero que las compramos y empleamos el dinero en ello.



17. HOMILíA  DE  FUNERAL. 
( ¿La última palabra? )

     Los médicos con su ciencia y su técnica han dicho la última palabra sobre nuestro hermano. Ellos han hecho todo lo que la ciencia y la medicina son capaces de conseguir sobre la vida humana.
     Estamos seguros de que todos se han esforzado por alargar la vida de nuestro hermano. Y su última palabra ha sido triste y dolorosa: Ha muerto.
     Pero Dios, no ha dicho la última palabra. O, si preferís, su última palabra no es ha muerto, sino todo lo contrario: ¡Vive, vive para siempre!.
     Y, es que, para Dios no hay muerte, sino vida eterna. Si, a través de la fe, que es como los ojos de Dios, fuésemos capaces de ver la vida, nos daríamos cuenta de que la muerte es una transformación, un cambio de vida, un paso a otra vida.
     Este es el mensaje del Evangelio: Dios, que es Amor, es más fuerte que la muerte. Cristo ha vencido el poder de la muerte y ha resucitado y vive para siempre.
     Esto es lo que celebramos: la resurrección de Cristo que ha dado su fruto también en nuestro hermano.
 

    
 18. HOMILíA  DE  FUNERAL. 
( Difuntos 96. Prepararos sitio )

     La esperanza es la gran suerte que tenemos los cristianos: De una manera sencilla nos dice Jesús en el Evangelio: "me voy a prepararos sitio... para que donde estoy yo, estéis también vosotros". En momentos así, estas palabras son consoladoras y alimentan nuestra esperanza y confianza en Dios. Nuestra meta definitiva es la misma de Jesús. También Él murió. También Él tuvo miedo a la muerte y oró a su Padre. Ahora está y vive resucitado y nos prepara el sitio para cada uno de nosotros.
     La muerte es seria. Muchas veces nos llena de dolor. También para nosotros los cristianos. Pero lo que nos distingue de los demás es que miramos a la muerte con fe y esperanza. Es lo que rezamos en las misas por los difuntos: "La vida es de los que en Ti creemos, Señor, no termina; se transforma".
     Cuando un niño nace del seno materno, por una parte siente que se muere, que se asfixia, pero por otra, nace a una vida nueva, distinta, libre. El corte del cordón umbilical no es una tragedia, una muerte; sino un nacimiento a una forma de vida nueva y mejor.
     Algo así nos pasa al morir. No todo se termina, sino que nos transformamos y empezamos una nueva etapa, la vida definitiva junto a Dios Padre.
     Repito lo del principio: La esperanza es la gran suerte que tenemos los cristianos. Ella nos ayuda en momentos así: Dios Padre no defraudó a Jesús. Lo resucitó. Y eso mismo ha prometido a todos sus hijos.
 


19. HOMILíA  DE  FUNERAL. 
           (  La vida es un valor.   Una vela que se consume y alumbra)

     Ante la muerte de un familiar, amigo, conocido, de alguien que apreciamos...
     Surge con frecuencia en nosotros la pregunta sobre el valor y el sentido de la vida. ¿Para qué ? para qué vivimos? y porqué tenemos que morir?.
     La vida humana, yo me imagino, que es algo así como una vela: una Vela Encendida. Una vela encendida de luz, alumbra, y da calor, calienta. La vela es para alumbrar, iluminar alrededor y, al mismo tiempo da calor.
     Pero eso hace que la vela se vaya consumiendo, se vaya gastando, se vaya derritiendo y "muriendo". Y así en ese consumirse poco a poco está cumpliendo una tarea importante y necesaria.
     Es cierto que una vela apagada no se consume, no se gasta, no muere... pero tampoco vive, no tiene vida. Podemos decir que está muerta. No sirve. No cumple ninguna misión.
     Estamos llamados. Hemos sido creados. Vivimos para ser luz y calor entre los que nos rodean. Para eso vivimos. Eso es la vida de cada persona. Es cierto que esto tiene un precio: consumirse, morir. Pero hemos hecho algo por los demás y después de la muerte nos espera una nueva vida. Una vida que ya no tendrá fin, será eterna.
 


 20. HOMILíA  DE  FUNERAL. 
( Día de Difuntos 96 )

     Hoy recordamos a todos los Fieles Difuntos. Los de cada familia, los de nuestra Parroquia y nuestro Pueblo y a todos los demás. Esto nos hace bien a todos. Nos recuerda que somos peregrinos, que vamos caminando hacia una meta, que estamos llamados e invitados por Dios a la Felicidad. No tenemos aquí nuestra casa definitiva, sino que nos espera una vida mucho mejor junto a Dios, nuestro Padre.
     Por eso, la esperanza es la gran virtud cristiana. Nos lo dice Cristo: "En la casa de mi Padre hay muchas estancias y me voy a prepararos sitio". "No perdáis la calma; creed en Dios y creed también en Mi". Es la promesa más consoladora que nos hace Cristo. Consoladora para nosotros y consoladora para nuestros difuntos. Humanamente no sabemos responder al misterio. Pero Jesús nos invita a confiar en Él y en Dios, Padre. Al final de esta vida, no hay muerte sino resurrección, vida eterna y feliz. Cristo a ido por delante a prepararnos sitio. El Padre Arrupe, ante la inminencia de su muerte, expresó así su admirable fe: "veo la muerte como el último Amen de esta vida y el primer Aleluia de la nueva vida".
     Esto mismo nos lo dice S. Pablo en su Carta a los Filipenses: "Cristo transformará nuestra condición humilde, según el modelo de su condición gloriosa, con esa energía que posee para sometérselo todo".
     En Él, en Cristo, tenemos el modelo: que también murió pero que Dios Padre le resucitó y entró en esa "condición gloriosa". La muerte no es una tumba, ni un muro; sino una puerta de paso. Jesús, con su energía de Resucitado, nos hace participar para siempre de su condición gloriosa.
 


21. HOMILíA  DE  FUNERAL. 

     Cuando todo nos falta en esta vida. Cuando ni la ciencia, ni la medicina pueden salvarnos. Cuando incluso el dinero o el poder no nos sirven ya para salvar nuestra propia vida. Cuando ni el amor es capaz de hacer nada ante la muerte de un ser querido... Es cuando la fe alcanza su mayor fuerza y nos consuela, y nos ilumina y nos ofrece una esperanza.
     Cuando todo nos falta en esta vida, es cuando vemos la necesidad de la fe y el valor que tiene la fe.
     Por que es precisamente la fe la que nos asegura que la muerte no es el final, el paso a la nada, la desaparición total y definitiva de nuestros seres queridos.
     La fe nos recuerda, sobre todo en esos momentos, que cada uno llevamos dentro una semilla de vida y de Resurrección. Necesitamos morir, ser sepultados, para renacer y resucitar a una vida nueva: mucho más hermosa, mucho más feliz.
     Es cierto que la fe no nos elimina el dolor, el sufrimiento, la muerte, como tampoco lo hizo en Jesús; pero sí nos hace ver todo ello con esperanza y hasta con confianza.
     La fe en Cristo, muerto y resucitado, es consuelo para saber aceptar estos tragos amargos de la vida.
     Por eso, hoy, a pesar del dolor mantenemos viva la esperanza en que nuestro hermano no nos ha abandonado par siempre. La muerte no es un adiós definitivo, sino un hasta luego. Él nos está ya esperando con los brazos abiertos para continuar un día junto a nosotros en esa vida feliz, junto a Dios y en compañía de todos los hombres.
     La fe nos ofrece el único consuelo posible en estos momentos porque nos abre a la esperanza, al encuentro con alguien, Jesucristo, que ha vencido el poder de la muerte para resucitar a una vida nueva: feliz y eterna.
 


22. Homilía de Funeral.
( "Hoy estarás conmigo..." )

     Ante la muerte de un familiar, de un ser querido, no hay palabras más consoladoras que las que acabamos de escuchar de labios de Cristo: "Te lo aseguro: Hoy estarás conmigo en al Paraíso". Estoy seguro que nuestro hermano ................  ya les ha escuchado en el momento mismo de su muerte. Él está ya viviendo y gozando de la amistad y de la compañía de Dios Padre.
     Su muerte nos ha dejado tristes. Para él es al revés: ha conseguido el amor de Dios para siempre: la nueva vida que ya no tiene fin.
     Dios Padre ha resucitado a su hijo con los brazos abiertos, con ese abrazo cariñoso de Padre y le tiene ya para siempre entre sus hijos queridos.
     Esto es lo que estamos celebrando como creyentes. Que el amor de Dios no tiene límites y que entre sus abrazos cabemos todos.
     Celebramos que nuestro hermano ............... ha sido acogido, ha resucitado con Cristo Resucitado.
     En estos momentos de dolor y de tristeza, ante la muerte de un familiar, ser querido, un conocido, la fe alcanza toda su fuerza. Sabemos - por la fe - que todo el bien que ha hecho aquí, por pequeño que parezca, Dios lo ha aceptado como hecho a Él en persona. "Todo lo que hacéis a los demás, a Mi, me lo hacéis" son palabras del mismo Cristo.
     Y termino con las palabras, no mías, sino del mismo Cristo: "Te lo aseguro: Hoy estarás conmigo en el Paraíso".
 


 23. Homilía de Funeral.
( Persona Adulta - Joven )

     La muerte de una persona en la plenitud de su vida es un duro golpe para todos. Y no es nada fácil encajar un golpe así. Nos resulta incomprensible que pueda desaparecer una vida en lo mejor de su crecimiento y vitalidad.
     Dentro de cada uno aflora un sentimiento de rebeldía. No sabemos ni contra qué ni contra quién.
     Nos da la impresión de que se desbarata todo un proyecto de vida, cargado de posibilidades que no se han podido realizar. Todo se nos viene abajo como un castillo de naipes. Todos los planes, las esperanzas, las opciones que ha hecho nos parecen que son como humo que se lleva el viento y desaparece.
     Tenemos la impresión de que hemos trabajado y caminado en balde. ¿Para qué tantos afanes? ¿Para qué empeñarnos en una causa bonita, si todo se desvanece?.
     Pero, cuando los creyentes nos reunimos para despedir a un difunto, el centro de nuestra atención no debe ser el difunto, sino Cristo, muerto y resucitado. No celebramos la muerte, sino la vida.
     Un Cristo que también murió joven, en la plenitud de su vida, cuando aún le quedaba mucho por hacer, pero que había llenado su vida con una carga de amor, de entrega y de servicio a los demás.
     Este es el gran misterio de la muerte y de la vida. Puede haber vidas jóvenes llenas, completas ante Dios y puede haber vidas adultas, cargadas de años que no han llegado a madurar en amor.
 


24. Homilía de Funeral.
( Cántaro/ Jon )

     Con un profundo dolor en el corazón, con las lágrimas apuntando en los ojos, con la voz cascada y entrecortada por la tristeza; pero , eso sí, con toda la esperanza que da la fe y toda la confianza depositada en Dios que es Padre siempre, pero especialmente sensible en momentos con éstos que estamos viviendo... os invito a todos a hacer esta oración:
     Señor y Padre de bondad, Tú nos has regalado la vida como un cántaro lleno de agua fresca que nos sirva para caminar por esta tierra. Hoy el cántaro se ha roto, ya gastado, y el agua de la vida se derrama y corre como un río de gracia y amor hacia tu encuentro. Nos hiciste, Señor, para Ti y nuestro corazón no descansa plenamente hasta encontrarte definitivamente en el cielo. Sabemos que has recibido ya a nuestro hermano ... Sabemos que le has dado un abrazo de amor, que goza para siempre de Tu amistas y comparte tu Felicidad con todos tus hijos.
     Gracias, Padre de bondad, por sentarle a tu lado en el hogar caliente de tu casa: el cielo.
     Danos ánimos para seguir caminando y viviendo, para seguir adelante con fe y esperanza. Ayúdanos a no caer en la desesperación. Haz que caminemos juntos y unidos hasta volvernos a encontrar todos en el cielo que es nuestra casa definitiva.
     Con dolor y tristeza, pero con esperanza, te decimos: Gracias, Señor, Padre de Bondad.



 25. Homilía de Funeral.
                                   (Amén. Aleluia)

     Alguien ha dicho que la muerte es el último Amén de esta vida y el primer Aleluia de la nueva vida. Esta frase para el cristiano es una verdad y, sobre todo, una realidad. El cristiano sabe que es un peregrino que camina hacia una meta definitiva. A todos nos gustaría que la vida fuese para siempre, eterna; sin fin. En el fondo ese deseo es el que nos mueve y nos da ilusión y esperanza en esta vida.
     Y nuestra fe cristiana nos viene a asegurar que tenemos toda la razón en desear que la vida no acabe, que sea eterna. Pero, al mismo tiempo, nos dice también la fe que la vida esta en dos etapas: esta que vivimos  en la tierra y la que continúa después de la muerte en el cielo.
     Por eso la muerte es el último Amén y el primer Aleluia. Es como cerrar una puerta para abrir la otra.  Es como pasar de una sala a otra para seguir viviendo ya para siempre.
     Es cierto que no queremos morir, que nos entristece y produce dolor. Y es natural, es humano. También el mismo Jesús sintió miedo ante la muerte. Nos hemos ido acostumbrando a esta vida. Con los años nos vamos apegando a muchas cosas, sentimos cariño de muchas personas. Por eso nos cuesta despegarnos de las personas que amamos y nos aman y de todo lo que hemos conseguido.
     Lo que no vemos es lo que alcanzamos y recibimos después de la muerte. La Biblia. la Palabra de Dios, nos dice que no tiene comparación: que es mucho mejor lo que recibimos que todo lo que dejamos.



26. Homilía de Funeral.

     La muerte de una persona, y cuando esta persona es un familiar, un ser querido, nos produce un desgarrón en el alma. Nos hace sufrir y llorar. Nos llena de dolor y tristeza. A los que hemos amado a esa persona sentimos que nuestro corazón se desgarra y nos deja un profundo vacío. Y es que el amor sólo busca y desea el bien y la felicidad para los que se ama. Queremos que el amor sea más poderoso, mas fuerte que la muerte. Que el amor sea capaz de librar de la muerte a nuestros seres queridos.
     Y tenemos razón. El amor, cuando es total, cuando es perfecto, cuando es desinteresado... como fue el amor de Jesús de Nazaret, vence a la misma muerte y resucita. Es decir, continúa más allá de la muerte.
     Por eso estamos aquí reunidos. Estamos celebrando el triunfo del Amor de Dios sobre la muerte, al resucitar a su Hijo, Jesús. Y estamos también despidiendo a nuestro hermano con un adiós, que es un hasta pronto, cargado de esperanza.
     Confiados en la Promesa de Dios Padre, esperamos, con tristeza sí, pero con esperanza, que nuestro hermano no nos ha abandonado para siempre. Nuestra fe en Dios nos dice que Dios ha resucitado a su Hijo Jesús y también a nuestro hermano.
     Dios nos acoge a todos sus hijos en su Reino, para continuar viviendo con Él para siempre.



27. Homilía de Funeral.

     Los cristianos nos reunimos en el templo cuando muere un familiar, un amigo, un conocido. Y celebramos la Eucaristía que es el
Misterio de la Muerte y Resurrección de Cristo, nuestro hermano mayor: El familiar por excelencia.
     Esto tiene un sentido profundo de fe y esperanza. Porque no celebramos la muerte sin ir acompañada de la Resurrección.
     Tampoco venimos hoy al templo para dar el último adiós, sino el primer saludo de eternidad.
     Nuestra fe nos asegura que si nuestro hermano ha padecido la muerte - se ha asemejado a Cristo en la muerte - también se asemeja a Él en la Resurrección.
     Por eso podemos decir que, junto al adiós de despedida, también estamos convencidos que Dios le ha dado el saludo de Nueva vida, el saludo de eternidad.
     Eso es lo que queremos expresar con nuestra presencia en el templo y con la Celebración de la Eucaristía: Dios Padre ha recuperado para siempre a su hijo, lo mismo que recuperó a Jesús, al
resucitarlo para siempre. Es la esperanza, y el consuelo que nos infunde la fe.
 


28. Homilía de Funeral.

     No hay duda de que el dolor, la enfermedad y, sobre todo, la muerte parecen ser algunas de las pocas situaciones que nos acercan a las personas. Estimulan nuestra solidaridad y nuestra sensibilidad.
     Porque es cierto también que la vida nos aísla, nos separa y hasta nos divide. Cada uno vamos a lo nuestro indiferentes ante casi todos los que nos rodean. Al menos vivimos distantes unos de otros.
     Hoy nos hemos reunido en un sentimiento solidario. En buena parte queremos expresar con nuestra presencia todo lo que no hemos sido capaces de manifestar a nuestro hermano ...........  mientras ha vivido entre nosotros y a su familia.
     Nuestra presencia de hoy también quiere manifestar que sentimos el dolor de esta familia y que estamos a su lado, cerca de ellos. Que pueden disponer de nosotros.  Tal vez estos sentimientos sean poco duraderos. Pronto nos envuelve la vida diaria con sus problemas y preocupaciones. Pero eso no quita que ahora nuestro sentimiento sea sincero. A todos nos une ahora un sentimiento de amistad, de dolor.
     Para los creyentes es esperanzador saber que ha habido Alguien: Jesús de Nazaret que fue Resucitado por Dios.  Y estamos convencidos, por la fe, que también nosotros vamos a ser resucitados.
          Por eso, la muerte no tiene la última palabra.  la última la tiene Dios Padre y es Resurrección.



 29. Homilía de Funeral.
                        ( Muerte violenta -  Asesinato ).

     Nos horrorizamos cuando oímos que los antiguos ofrecían vidas humanas a sus dioses. Hoy día, aunque de otra forma, seguimos sacrificando personas, vidas humanas a nuestros dioses modernos: el dinero, el odio, el interés personal.
     Dios hecho hombre en Jesús ha dejado de ser Dios y otros dioses se han adueñado de nuestro corazón. Y les hacemos altares ofrendas; incluso vidas humanas.
     Estas son las consecuencias, esto es lo que nos exigen los dioses que hemos fabricado para satisfacer nuestros intereses egoístas.
     El hombre, la persona humana, la vida humana, ya no son el bien, el valor fundamental que hay que defender y conservar por encima de todo lo demás. Otros dioses se han apoderado de nosotros
y les damos más valor.
     Jesús, el Hijo de Dios, no tuvo ningún miedo en poner a la persona humana por encima de todo, de la Ley, la Religión y el Templo, del dinero y el poder.
     Luchó contra la injusticia como el que más, luchó por la libertad y la paz. Defendió la solidaridad humana y, al mismo tiempo, 1a pluralidad y la dignidad de cada persona.
     No usó armas, mejor dicho, sus armas preferidas fueron el amor
y el perdón. Sólo con ellas se puede llegar a crear un mundo mejor para todos.
     Desterremos el odio y llenemos el vacío de amor. Dejemos 1a venganza y pongamos en práctica el perdón.



30. Homilía de Funeral.
                         ( La vida es un camino ).

     Todos sabemos que la vida humana es un camino que hay que recorrer y llegar a la meta.
     Resulta curioso y extraño, al mismo tiempo, que a todos nos suceda lo mismo: a nadie le gusta llegar al final de la vida, a la meta.
     La gran ilusión cuando emprendemos un viaje es llegar al destino cuanto antes; si salimos al monte la ilusión es llegar a la cima; si se trata de una carrera todos quieren llegar los primeros a la meta.
     Algo nos pasa en la vida que nadie queremos llegar a la meta. Preferimos que el camino sea lo más largo posible y que la muerte  esté lo más lejana posible.
     Tiene su explicación: la vida es un valor. Sin duda el mayor valor que podemos poseer. Dios nos ha hecho este gran regalo de la vida y nadie queremos perderlo. Queremos conservarlo y disfrutar del don de la vida.  Sacarle todo el jugo posible. No perderlo nunca. Es natural, es muy humano.
     Sólo hay un punto que olvidamos: que la vida es eterna, es para siempre.  Incluso para después de la muerte.
     La vida continúa después de esta etapa y de esa meta que es la muerte.
     La vida no termina, se transforma y continúa incluso después de la muerte.



31. Homilía  de  Funeral.

     Nuestra vida está llena de problemas, de dificultades, de malos ratos; pero ninguno alcanza el dolor y la tristeza de la muerte. Podemos decir que todo es soportable y llevadero comparado con la muerte.
     Un ser querido que se nos pierde en este misterio de la muerte.
La Iglesia, como madre que es, siente y se duele ante la muerte de un
hijo suyo. También para la Iglesia es un duro golpe la muerte de un
hijo suyo.
     Por eso, la Comunidad Parroquial rodea al que muere, pide por él y le acompaña con su amor y su plegaria para su encuentro con Dios.
     "En tus manos, Padre de bondad, encomendamos el alma de nuestro hermano".  Es como decirle ahora a nuestro hermano .............
te seguimos queriendo y amando; pero tú te vas y tu partida nos deja
tristes. Sin embargo, a pesar de nuestro dolor, sabemos que te dejamos en mejores manos. Esas manos de Dios que te reciben y te abrazan son un lugar mas seguro que todo lo que nosotros te podemos ofrecer ahora.
     Dios Padre, te quiere como nosotros no hemos sido capaces de
amarte. En Él te dejamos confiados.
     Y esta confianza que depositamos en Dios no es un puro sentimiento; confiamos en Dios porque Él ha Resucitado a Jesucristo v nos ha dado su palabra divina de resucitar también a todos nosotros.
     Por eso decimos ahora confiados: "Recuerda a tu hijo a quien has llamado a tu presencia. Concédele que así como ha compartido ya la Muerte de Jesucristo, comparta también con Él la gloria de su Resurrección" .



32. Homilía  de  Funeral.
                              ( Madre  joven )

     "Hoy estarás conmigo en el Paraíso". En momentos como este es cuando la fe; nuestra fe cristiana adquiere todo su valor y su fuerza.
     Esta fe que, es cierto, no nos evita el dolor, el sufrimiento, la amargura; como no le evitó a Cristo en la Cruz. Pero que sí nos da un
consuelo, una esperanza que nos ayuda a seguir viviendo, porque sabemos que no te hemos perdido para siempre. Que volveremos encontrarnos un día.
      Estoy seguro de que tú ..........    no quieres vernos tristes.
     Quieres que sigamos viviendo con esperanza, con ilusión. Nos  quieres ver felices, con la felicidad que Tú, ahora tienes. Tú te has adelantado. Y sufrimos por tu ausencia, porque te queríamos junto a nosotros. Te necesitábamos junto a nosotros.
          Nosotros pedimos por ti, y tú pides por nosotros.  Desde el cielo nos ves y nos animas. Seguiremos tus consejos:  esos consejos que siempre nos estabas dando. No lo vamos a olvidar.
     Nos hubiese gustado seguir viviendo contigo.  No ha podido ser así.  Pero no te vamos a olvidar. Sabemos que tampoco tú nos vas a olvidar.
     Nos estás esperando con los brazos abiertos.  Como nos esperabas a la salida del cole y te ponías intranquila cuando llegábamos un poco tarde.
     Volveremos a encontrarnos para se siempre felices y estar siempre juntos.
 


33. Homilía  de  Funeral.

     Amigos: uno de los mejores textos del evangelio que podemos leer en la Celebración Cristiana de la muerte es, ciertamente, este que acabamos de escuchar: la narración sobria e impresionante de la muerte de Jesús de Nazaret. No hay nada que pueda iluminarnos mejor el sentido de la muerte, ni nada que nos pueda consolar tanto, como este relato de los últimos momentos de la viva de nuestro Salvador. Porque todo lo que podemos decir, en cristiano, acerca de la muerte, lo debemos referir a la Muerte de Cristo y todo lo que debemos hacer para aceptarla como cristianos es imitar la muerte de Cristo, no precisamente en sus detalles externos, pero sí en su actitud profunda.
     Y la razón de ello la tenemos en que el Señor no ha querido ofrecemos explicaciones sobre el por qué de la muerte, ni tampoco respuestas teóricas a la cantidad de preguntas que se nos presentan sobre la muerte; pero sí ha hecho mucho. Y ha hecho mucho, porque durante su vida la combatió duramente: curando enfermos y resucitando muertos. Y, por si ello fuera poco, Él mismo quiso morir como muere toda persona humana. Y su Muerte fue y es la mejor lección que nos podía dar para disipar nuestros temores ante la dura y triste realidad de la muerte.
     Ante la Muerte de Cristo no cabe otra cosa,  sino  el silencio y la gratitud. Silencio porque nunca llegaremos a comprender el Misterio de su Muerte como un malhechor. Gratitud, porque, a partir de la Muerte de Cristo, la muerte del hombre adquiere un sentido nuevo, insospechado. Se puede decir que la muerte ya no es la muerte, es decir, el fracaso total, la aniquilación de la persona, el final. La muerte es el paso a la vida.
     Podemos afirmar que  Cristo murió para matar, para vencer a la misma muerte:  por eso la vida  de Cristo no terminó en la Cruz, sino
en el triunfo de la Resurrección.  Su Muerte no fue mas que el paso definitivo a la verdadera vida.
 


34. Homilía  de  Funeral.

     Amigos: Hay dos realidades que las estamos viendo continuamente y que, sin embargo, no acabamos de aceptarlas ni siquiera de comprenderlas totalmente. Se trata de la vida y la muerte.
     Vivimos y no sabemos ni para qué vivimos, no comprendemos el sentido profundo de nuestra existencia en la vida. Aspiramos a vivir, queremos todos vivir y muchos no sabemos para qué.
     Y la muerte es la otra realidad que, a pesar de estar viendo con tanta frecuencia, tampoco la comprendemos.
     Es que una y otra, vida y muerte, están tan unidas, tan relacionadas entre si que podemos decir que son dos partes, dos momentos de la persona, que no se pueden separar.
     Vivimos para morir y morimos para vivir.  No es un juego de palabras. Es una de las verdades fundamentales de nuestra fe.  " El que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida, por mi, la encontrara". (Mt. 16,25).
     "En verdad, en verdad os digo que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, quedara solo; pero si muere, dará mucho fruto". (Jn.12, ). "El que ama su vida, la pierde; pero el que aborrece su vida en este mundo, la conservará para la vida eterna". ( Jn. 12, ).
     De la muerte brota la vida; como de la muerte de Cristo en la Cruz brotó la Resurrección a la vida eterna. La vida del hombre es como la semilla, como ese grano de trigo que se siembra bajo tierra, que se pudre y muere, pero que al punto brota par una nueva vida mucho mas fructífera y productiva.
     ¿Qué es lo que tiene que morir en nosotros para vivir eternamente?.
     Tiene que morir todo lo que tendremos que dejar con la muerte.
     La vida, pues, de la persona debe ser una lucha constante contra el egoísmo que es la raíz de todo pecador y de todo el mal que existe en la Humanidad.
     Tenemos que ir matando en nosotros diariamente todo lo que vaya contra el amor y la verdadera felicidad.
     Esto puede parecer, a primera vista, que vivimos para sufrir, para sacrificarnos y no es cierto.



35. Homilía de Funeral.

     Hermanos: un acontecimiento triste y doloroso nos ha reunido en este lugar: la muerte de un familiar, amigo, conocido nuestro.
     Ya es algo tristemente significativo que tengan que ser estas la únicas ocasiones en las que llegamos a reunirnos, a vernos, a poder charlar un rato, los que tropezamos muchas veces en la calle, en el trabajo y no nos detenemos ni un solo momento para hablar.
     Estamos metidos en una vida tan ocupada, tan atareada que tienen que llegar estas ocasiones para poder detenernos un rato, dejando incluso las cosas y trabajos que nos parecen imprescindibles y urgentes.
     Digo que es tristemente significativo, porque, me parece que, como cristianos, también es triste que para muchos sean los entierros
los únicos momentos en los que entramos en la iglesia; para otros, bastantes también, los únicos momentos en los que nos paramos a pensar en otra cosa que no sea el dinero, el bienestar, la comodidad, el vivir bien.
     Para algunos puede que sea el momento en que caen en la cuenta de que esta vida no es todo para la persona, porque la muerte acaba con todos los proyectos y todas las ilusiones de la persona.
     Sí, amigos, la muerte es algo duro y triste, pero puede ser una llamada de Dios a quienes no escuchamos todas las demás llamadas que nos hace en la vida ajetreada que llevamos.
     No penséis que quiero meter miedo: lo que trato es de haceros pensar que las personas estamos para algo mas que comer, ganar divertirnos.
     Podemos hacer cosas mucho mas importantes en esta vida, como son la preocupación por los demás, construir una sociedad más justa y más libre y, sobre todo, podemos amarnos unos a otros haciendo que esta vida sea más feliz, más alegre, más digna para todos.
     ¿Por qué encerrarnos en nuestro orgullo o en nuestro egoísmo?     ¿Por qué separarnos u odiarnos, si podemos unirnos y amarnos .
 


36. Homilía  de  Funeral.
     El hombre de hoy ha llegado o está llegando a creerse dueño y señor de todo. La ciencia, la técnica, el progreso y sobre todo, el dinero nos están dando una seguridad ante la vida y los problemas.         
Estamos convencidos de que tarde o temprano seremos dueños de todo lo que nos rodea y dominaremos todo.
     Pero llega la muerte y nos deja tambaleando. La muerte rompe todos nuestros proyectos y termina con esa seguridad que creíamos tener.
     Y la muerte no es más que el aviso de que somos personas, somos criaturas; es decir, somos de Dios. Querámoslo o no; la vida no nos pertenece en propiedad absoluta. Sólo Dios es dueño y señor de la vida y de la muerte.
     Esto que parece una tragedia inevitable para la persona humana,
no lo es para quien tiene fe: Porque la fe nos asegura que es posible poseer la vida y hasta dominar la muerte misma.
     La fe nos muestra a Cristo como el hombre que has sido capaz de vencer a la muerte, porque en todo momento ha sido dueño de si mismo durante su vida.
     Es más. Él ha prometido ese mismo poder sobre la muerte todo el que siga sus pasos en la vida, porque todo el que cree en Él ya tiene la vida eterna.
     Por eso no hay mas que un medio de vencer a la muerte, de resucitar a una vida eterna: Creer en Cristo es la condición para vivir con la seguridad de resucitar.
     Y creer en Cristo es más que admitir unas verdades o cumplir unos ritos y obligaciones. Creer en Cristo es tratar de vivir su misma vida, es comprometerse, como Él, por la defensa de los pobres y necesitados.
     Es abrirse a los demás, no para servirse de ellos, sino para servirles y ayudarles.
     Una persona así, una vida así, no puede terminar en la muerte, sino en la Resurrección, como Cristo.