13 septiembre 2014

"Yo te regalo mi amor" de Paula Bidegain con Vagón Conexión

Con Paula Bidegain, artista subterránea, nos conocimos en el subte. Le compre el disco y después de escucharlo, le conté que me interesaba filmar un video clip sobre alguna de sus canciones. Nos juntamos Pau, Lauta Soto (un amigo de Pau) y yo a pensar que podíamos hacer. Y ahí surgió Vagón Conexión. La idea era que Pau suba a tocar al subte y que algunos amigos que nos acompañaban intervengan el vagón, ya sea bailando, cantando, lo que sea que surgiera improvisado y ver si el resto de los pasajeros se sumaban a participar. Queríamos que el vagón entero se encuentre, conecte, compartir la alegría. 
Lo que sucedió fue SORPRENDENTE. 
Lo que van a ver es todo lo que espontáneamente sucedió con los pasajeros. Fue hermoso. Lo compartimos!!!


Charlas de Biblia

– Prof. Eduardo de la Serna -

“Los primeros relatos del génesis”


• 12 de septiembre: Adán y Eva – La Creación – 18:30 hs
• 19 de septiembre: El Diluvio – 18:30 hs
• 26 de septiembre: La Torre de Babel – 18:30 hs

Parroquia Jesús, el Buen Pastor (calle 856, Nº 2218 – e/ 893 y 894)

Recomendaciones para Víctimas de la Trata de Personas

             Durante el viaje: Si viajas obligada, amenazada o te das cuenta del engaño durante el viaje, aprovecha los aeropuertos o los puertos marítimos para escapar o pedir ayuda. 
Lo puedes hacer en el país de salida, de tránsito (por donde pasas) o de llegada. Haz lo que sea por escapar de forma silenciosa o si las circunstancias lo permiten intenta hablar con la policía de inmigración o con azafatas. 
Escribe en una mano“ayuda” y muéstrala, o finge un desmayo. 
Lo importante es que llames la atención y puedas hablar. Si la o las personas que te quieren esclavizar están contigo en el momento que pides ayuda, grita o explica que no te dejen sola con ellos. 
Una vez que empieces a pedir ayuda no dejes de hacerlo, pues si cedes antes las amenazas o el miedo, tu vida puede correr peligro. En el país de llegada: En el país de llegada pueden pasar dos cosas: la primera que te des cuenta que has sido engañada y que eres víctima de la trata. 
La segunda, que en tu búsqueda de trabajo en el país donde has migrado, caigas en las manos de gente que te convierta en víctima de la trata. 
Reconocerse como víctima Sabemos que es difícil aceptar que eres una víctima de la trata, que te da vergüenza porque “te lo advirtieron”, o por otros motivos que hacen que te sientas culpable por lo que te pasa. 
Por esto te recomendamos que lo primero que debes hacer sea reconocerte como víctima, y que por lo tanto te han engañado, han abusado de ti y han cometido un delito contigo! A veces es difícil reconocerse como víctima cuando estás viviendo en un país desconocido, en donde sientes que hay racismo, clasismo, o que las mujeres son excluidas o tratadas mal, o en donde los inmigrantes son discriminados. 
Por eso es importante que reconozcas tu situación de víctima de trata para que reacciones y busques la ayuda adecuada por que tu vida corre peligro. 


DEPARTAMENTO DE TRATA DE PERSONAS 
Y DELITOS CONEXOS DEL OBISPADO DE QUILMES. 
GRACIAS Y MUCHA SUERTE PARA ESTA NOCHE CAMPEÓN; 
EL CHINO MAIDANA UN HOMBRE DE VERDAD, 
COMPROMETIDO CONTRA LA TRATA DE PERSONAS,

TE QUEREMOS HERMANO...

12 septiembre 2014

Padre de todos los hombres

Padre de todos los hombres

Padre nuestro, que estás en el Cielo
Padre de Jesús, tu Enviado,
Padre de todos los bautizados,
Padre de los que te ignoran,
Padre de los que te combaten,
Padre de todos los hombres.

Santificado sea tu nombre
En toda la tierra,
en todas las culturas y pueblos,
en todas las razas de la universal familia humana,
como lo ha santificado tu Hijo Jesús,
siendo fiel a tu proyecto sobre Él y sobre el mundo.

Venga a nosotros tu Reino
Sí, que tu Reino de alegría,
de servicio, de compartir con los demás,
reine en la vida de los que te conocen;
y que los que vivan ya del espíritu de tu Reino sin saberlo,
te descubran en el corazón de sus vidas.

Hágase tu voluntad en la tierra como en el Cielo
En la tierra, danos tu mirada limpia
de los santos del Cielo,
para servirte con un corazón sin divisiones
y un amor a los hermanos
semejante al que tú nos tienes.

Danos hoy nuestro pan de cada día
El pan de cuerpo y del espíritu,
el pan de la comunión contigo
y danos el compartir generosamente nuestro pan
con todos nuestros hermanos,
sin excluir a nadie.

Perdona nuestras ofensas,
como nosotros perdonamos a los que nos ofenden
Las mías, lo mismo que las de mis hermanos.
Todas ellas juntas, son el obstáculo
para que tus planes sobre el hombre
y sobre el mundo se conviertan en realidad.

No nos dejes caer en la tentación
En ninguna tentación
y, sobre todo,
en la tentación contra la ESPERANZA
y contra la certeza de que Tú nos amas.

Líbranos del mal.
Amén.


Padre nuestro, que estás en el Cielo
Padre de Jesús, tu Enviado,
Padre de todos los bautizados,
Padre de los que te ignoran,
Padre de los que te combaten,
Padre de todos los hombres.

Santificado sea tu nombre
En toda la tierra,
en todas las culturas y pueblos,
en todas las razas de la universal familia humana,
como lo ha santificado tu Hijo Jesús,
siendo fiel a tu proyecto sobre Él y sobre el mundo.

Venga a nosotros tu Reino
Sí, que tu Reino de alegría,
de servicio, de compartir con los demás,
reine en la vida de los que te conocen;
y que los que vivan ya del espíritu de tu Reino sin saberlo,
te descubran en el corazón de sus vidas.

Hágase tu voluntad en la tierra como en el Cielo
En la tierra, danos tu mirada limpia
de los santos del Cielo,
para servirte con un corazón sin divisiones
y un amor a los hermanos
semejante al que tú nos tienes.

Danos hoy nuestro pan de cada día
El pan de cuerpo y del espíritu,
el pan de la comunión contigo
y danos el compartir generosamente nuestro pan
con todos nuestros hermanos,
sin excluir a nadie.

Perdona nuestras ofensas,
como nosotros perdonamos a los que nos ofenden
Las mías, lo mismo que las de mis hermanos.
Todas ellas juntas, son el obstáculo
para que tus planes sobre el hombre
y sobre el mundo se conviertan en realidad.

No nos dejes caer en la tentación
En ninguna tentación
y, sobre todo,
en la tentación contra la ESPERANZA
y contra la certeza de que Tú nos amas.

Líbranos del mal.
Amén.

San EFRÉN "el Sirio". (c.306 - 373). Doctor de la Iglesia.

Martirologio Romano: San Efrén, diácono y doctor de la Iglesia, que primero ejerció en Nísibe, su patria, el ministerio de la predicación y la enseñanza de la doctrina, pero cuando los persas invadieron Nísibe se trasladó a Edesa, en Osrhoene, donde, con los discípulos que le habían seguido, inició una escuela teológica, ejerciendo su ministerio con la palabra y los escritos. Célebre por su austeridad de vida y la riqueza de su doctrina, por los exquisitos himnos que compuso mereció ser llamado “cítara del Espíritu Santo”.


Nacido en Nísibis de Mesopotamia (actual Irak) de familia cristiana (su padre no era sacerdote de ídolos, según controvertidas noticias históricas). Fue bautizado a los 18 años, aunque fuera educado desde la infancia en la meditación de las Sagradas Escrituras. 
Según relató Efrén a los monjes, fue acusado falsamente de estar en relación con unos salteadores, y al ver los instrumentos de tortura, sintió terror, y pidió a Dios que le salvara y que si cumplía sus deseos se haría monje. La Providencia le liberó no sin antes probar su fe. En su retiro vivió la oración, austeridad y estudio hasta que el obispo Santiago de Nísibis, su maestro, le encargó organizar la escuela de Nísibis, ciudad que había caído bajo el dominio de los persas (363) del rey Shapor II, después de la derrota de Juliano el Apóstata. Acudió a auxiliar a los cristianos perseguidos. 
Ordenado diácono en Edessa en el 325 por el obispo Santiago, fue consejero del obispo Narsete y tomó parte en la fundación de la escuela denominada de "los Persas" (367), que tuvo una orientación teológica más bien antioquena. Asistió al Concilio de Nicea, acompañando a su obispo. Se dedicó a la catequesis, especialmente entre los paganos y pecadores hasta su muerte. Aquí nació la literatura siriaca en su dialecto arameo. 
Escribió en prosa homilías y comentarios a las Sagradas Escrituras; y en verso himnos (Carmina Nisebina) que le han valido el título de ser llamado "arpa del Espíritu Santo" y "cantor de la Virgen Inmaculada". Fue el primero que concibió a María como Inmaculada y fue su primer cantor: "Tú y tu madre, Señor, sois los únicos perfectamente bellos... En tu madre no existe mancha alguna". En sus escritos hace referencia a los sacramentos: "A diario te abrazamos en tus sacramentos y te recibimos en nuestro cuerpo. Haznos dignos de sentir en nuestra persona la resurrección que esperamos. Poseemos, Señor, en nuestra propia persona tu memorial tomado en la mesa espiritual; haz que lleguemos a poseerlo en toda su realidad en la renovación futura".
Quiso permanecer como diácono, haciendo vida eremítica en una gruta (algunos autores dicen que fue un santo estilita que vivió en el interior de una columna), y rechazó el episcopado que san Basilio “el Grande” le ofrecía. Se cuenta de él que se fingió loco para no ser nombrado obispo. Su ejemplo es el de la austeridad unida al estudio y a la caridad para los pobres y enfermos. En la carestía del 373 se prodigó hasta el agotamiento. MEMORIA FACULTATIVA.

Interrogantes ante el Diaconado Permanente

            Imaginemos que un nuevo obispo comienza a pensar en instaurar el Diaconado Permanente en su diócesis.

            O qué un grupo de presbíteros quiere estudiar la posibilidad de iniciar esa experiencia

            O que los posibles candidatos expresen sus inquietudes.

            Lo más probable es que surjan algunos interrogantes similares a los que, a lo largo de unos veinticinco años he recibido, tanto por haber actuado en una diócesis que, como la de Quilmes tiene casi un centenar de Diáconos Permanentes o porque ahora, en San Martín, soy asesor del Colegio Diaconal y director de la Escuela de Ministerios.


¿No hay dificultades entre el diácono permanente y el párroco?

            Algo parecidas, pero con menor intensidad, como ocurre con el párroco y el/ o los presbíteros vicarios parroquiales.

            Como toda relación humana, pueden darse colaboraciones muy estrechas o conflictos y competencias.

            Pero los eventuales roces se amortiguan porque el diácono no vive en la casa parroquial y además la vida con su esposa y sus hijos e hijas le muestran otras dimensiones que suelen evitar un excesivo confrontamiento.


¿Cuál es la mayor dificultad en el trabajo pastoral?

            He observado tres:

            1. “Los párrocos pasan y el diácono queda”. Como los obispos suelen designar a los diáconos en lugares cercanos a su domicilio – o en su propia jurisdicción parroquial – éstos tienen una percepción del barrio y de la comunidad que el párroco o el vicario recién designado tardará un buen tiempo en captar.

                Si el presbítero no acepta esa limitación inicial, puede ocurrir que los feligreses tengan más confianza en el diácono que en el nuevo sacerdote ¡Pobre de éste si además es celoso o autosuficiente!

                Por el contrario, si advierte que esa experiencia del diácono es un aporte para la tarea pastoral, no sólo propia sino de toda la comunidad, podrá abrir horizontes insospechados.


            2. Diáconos mejor preparados que los presbíteros.

                Ocurre sobre todo cuando el diácono es profesional – abogado, docente universitario, gerente o incluso licenciados y doctores en teología – lo que posibilita una buena actualización en la práctica de las relaciones institucionales y de la formación intelectual.

                Si el presbítero es de personalidad “competidora” casi seguramente perderá el “certamen” y los vínculos se deteriorarán. A la inversa, si aprovecha y reconoce esa riqueza del diácono, podrá encontrarse con diálogos mutuamente enriquecedores y con la posibilidad de un agente de pastoral apto para una eficiente organización pastoral, tanto en la Cáritas como en otros emprendimientos de gestión popular como y la tarea de la evangelización de los jóvenes y adultos de los sectores medios intelectuales.

                Algo similar ocurre con los diáconos – y también laicos y laicas – que desempeñan el ministerio de la escucha con una paciencia y una dedicación admirable. No compiten con el sacramento de la reconciliación, pero prestan una ayuda eficaz para el diálogo pastoral e incluso el acompañamiento espiritual.


            3. Presbíteros “temerosos” del Diaconado permanente.

                Es normal que al comienzo de la instauración del Diaconado Permanente y aún después de varios años de su existencia, algún presbítero, sea por razones “ideológicas” o por personalidades algo débiles, no quieran que ellos sean designados en sus parroquias.

                Aunque parezca extraño, tratándose de una propuesta aprobada por el Concilio Vaticano IIº, todavía existen posturas que muestran un miedo “reverencial”.

            Hace unos años, un presbítero de cierta importancia en un Dicasterio de Roma me decía que la proliferación de diáconos permanentes llevaba a la “perdida” de la vocación presbiteral, porque los jóvenes, al ver una figura tan parecida al del presbítero, pero sin la obligación del celibato, la abrasarían rápidamente. ¡Una vez más la vocación parece pasar por la sexualidad!

            Otros, con una mirada pastoralmente reductiva, piensan al diaconado como una “suplencia” dónde faltan presbíteros y que por lo tanto, ellos no son necesarios en diócesis y sobre todo, arquidiócesis con “abundancia” de sacerdotes. De ser así, no se entendería porqué la diócesis de Roma lo ha instaurado. En este caso, la vocación al “sacramento del servicio” queda así reducida a estadísticas sociológicas, perdiendo su carácter de “signo” dentro del Orden Sagrado.

            Cuando por distintas razones, el presbítero “teme” al diácono es mejor no imponerle su presencia, porque uno de los extremos terminará agotándose. La mejor solución es no enviar diáconos a las parroquias a cargo de esas personas, o en el caso de comunidades dónde los diáconos ya tienen una presencia importante, enviar presbíteros aptos para el trabajo con ellos y con capacidad de relación con la esposa y los hijos e hijas de los diáconos..


¿Y en casos extremos?

            Al igual que con los vicarios parroquiales, un cambio de destino pastoral será inevitable.


¿Los diáconos no son excesivamente clericales?

            El “clericalismo” es un defecto que puede encontrarse presente en  laicos, laicas, religiosos y religiosas, presbíteros, obispos y por consiguiente, también entre los diáconos.

            Sobre todo porque al tratarse de una figura con roles recientes suele acentuarse sus servicios litúrgicos, llegando, en casos exagerados, a convertirse en “monaguillos de lujo”, o a la inversa, en “curas en miniatura”.

            La mejor manera de evitarlo es acentuar la “triple diaconía”, es decir, el “servicio de la Palabra” que lo pone en contacto directo con quienes han de recibir el anuncio explícito del Evangelio; el “servicio de la Liturgia” que además de los ritos propios de cada sacramento supone la obra de santificación que esos mismos sacramentos realizan y finalmente el “servicio de la Caridad”.

            Este último abarca, según el Directorio, “el área de la educación cristiana; la animación de los grupos eclesiales juveniles y de las profesiones laicales; la promoción de la vida en cada una de sus fases y la transformación del mundo según el orden cristiano” (38).

            Esta última tarea se expande en la dimensión sindical y política, y por ello el mismo Código les exime de la prohibición que rige para los otros clérigos, de “participar activamente en los partidos políticos y en la dirección de asociaciones sindicales” (cfr. Cáno 287,2 y 288).

            En estos casos, es de sentido común un atento discernimiento, de tal manera que, como aconseja el Directorio en todo lo referente a los compromisos profesionales, “siempre tendrán cuidado de valorar cada situación con prudencia, pidiendo consejo al propio obispo, sobre todo en los casos y en las situaciones más complejas.” (cfr. 12 y 13)

                                                                                              Eduardo A. González

           

    ¿Que obligaciones económicas tiene la diócesis y la parroquia con respecto al diácono y a su familia?

            El Directorio para la Vida de los Diáconos permanentes reitera el principio del Código de Derecho Canónico: los que realizan actividades profesionales deben mantenerse con las ganancias derivadas de ellas, pero quienes estén dedicados plenamente al ministerio eclesiástico, merecen una retribución tal que puedan sostenerse a sí mismo y a su familia. (cfr. Cánon 281,3).

            En concreto, la mayoría de los diáconos viven de su trabajo profesional o de su jubilación; existen también un grupo que realiza tareas vinculadas a la institución eclesiástica, como representantes legales de colegios, secretarios cancilleres, administradores de curias y seminarios y secretarios parroquiales.

            Es conveniente fijar de antemano todo lo referente a los viáticos, sobre todo cuando el diácono debe desplazarse, ya sea en medios de locomoción propios o públicos.


¿Cómo actuar cuando un diácono queda desocupado?

            El Directorio trae una sugerencia sobre el tema, al señalar que “el derecho particular puede, definir que obligaciones debe asumir la diócesis en relación al diácono que, sin culpa, se encontrase privado del trabajo civil. Igualmente será oportuno precisar las eventuales obligaciones económicas de la diócesis en relación a la mujer y a los hijos del diácono fallecido” (20)

            Más allá de normas canónicas, lo más práctico es tratar de ubicar al diácono desocupado, al menos provisoriamente, en puestos y tareas de las instituciones dependientes de la Iglesia (vgr. colegios, mantenimiento de edificios, etc).

            En estas situaciones, el principio de solidaridad del sacramento del Orden Sagrado puede aportar soluciones creativas y posibles.


El diácono casado que enviuda, ¿puede volver a casarse?

            Siguiendo una tradición similar a la de los presbíteros casados en el Rito Oriental, la ordenación es impedimento para un nuevo matrimonio en caso de viudez. Pero este impedimento puede dispensarse, según aclara la Congregación para el Culto Divino, cuando se da entre otras  situaciones: “el gran beneficio y utilidad del ministerio del diácono viuda para la Iglesia a la que pertenece” (cfr. Normas Básicas para la Formación de Diáconos Permanentes, 38)


¿Dónde centrar una espiritualidad adecuada a las tensiones y equilibrios necesarios para la vida del diácono con familia, profesión y tareas pastorales?

            Una vez más, recurro a la ayuda del Directorio: “El seguimiento de Cristo en el ministerio diaconal es una empresa fascinante pero ardua, llena de satisfacciones y de frutos, pero también expuesta, en algún caso, a las dificultades y a las fatigas de los verdaderos seguidores de Cristo Jesús.

            Para realizarla, el diácono necesita estar con Cristo para que sea él quien lleva la responsabilidad del ministerio; necesita también reservar el primado a la vida espiritual, vivir con generosidad la diaconía, organizar el ministerio y sus obligaciones profesionales o familiares, de manera que progrese en la adhesión a la persona y a la misión de Cristo (50)

     Eduardo A. González

Himno para Navidad

 “José, hijo de David, no temas.”

José abrazaba
al Hijo del Padre celestial
hecho un recién nacido
Y lo servía como a su Dios.

Se complacía
como en la bondad misma;
lo veneraba
como al justo por excelencia.

Grande fue su perplejidad
¿Cómo es posible,
Oh Hijo del Altísimo
de ver en ti a un hijo?
Contra tu madre me irritaba
y pensaba repudiarla.

Y no sabía
que en su seno posaba un gran tesoro
Que enriqueció
de improvisto mi pobreza.

El rey David
surgió de mi raza
y fue coronado. 

¡Qué gran despojo me alcanza!
En lugar de ser rey soy artesano;
Pero me ha tocado una corona
Ya que sobre mi corazón reposa
el Soberano de todos los reinos.

San Efrén (c.306-373), diácono en Siria, 
exégeta de la Biblia, doctor de la Iglesia

11 septiembre 2014

La cruz como signo de salvación - 24º Domingo del Tiempo Ordinario, Ciclo A

El Equipo Eucaristía y la Editorial Verbo Divino promueven "Quiero ver": una presentación diferente para cada domingo y festividades del año.



Fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz, que al día siguiente de la dedicación de la basílica de la Resurrección, erigida sobre el Sepulcro de Cristo, es ensalzada y venerada como trofeo pascual de su victoria y signo que aparecerá en el cielo, anunciando a todos la segunda Venida (elog. Del Martirologio Romano).

Lectura del libro de los números 21,4b-9
Miraban a la serpiente de bronce y quedaban curados.

Salmo 77, 1-2. 34-35. 36-37. 38
No olvidéis las acciones del Señor.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses 2,6-11
Se rebajó, por eso Dios lo levantó sobre todo.

Lectura del santo evangelio según san Juan 3,13-17
Tiene que ser elevado el Hijo del hombre.

El misterio de la Cruz. Celebramos hoy la fiesta de la Exaltación de la Cruz. La salvación, la vida y la resurrección proceden del misterio de la Cruz. En medio del desierto Moisés levantó un estandarte con una serpiente, para que quien hubiera sido mordido por una serpiente pudiera contemplarla y de esta forma se salvara de la muerte (1 Lect.). En medio del mundo se levanta la cruz de Jesús para que quien la contempla con el corazón contrito y adorante se salve (Ev.). Cristo, muerto en la cruz, es glorificado por el Padre y es nuestro Señor y Guía (2 Lect.).

09 septiembre 2014

¿ME LLAMA DIOS AL DIACONADO PERMANENTE?



 Vida pastoral, mayo-junio 2007





            El 4º domingo de Pascua, o “del Buen Pastor” se dedica también a la “Jornada Mundial por las
Vocaciones” en las que se incluyen peticiones por las “vocaciones sacerdotales y religiosas”, aunque algunos reemplazan la última palabra por “vida consagrada” y los más audaces lleguen a mencionar al “apostolado misionero”.

            Además, como se lo sintetiza en un valioso artículo de Octavio Groppa sobre la vocación (Vida Pastoral, enero-febrero 2007) “el ministerio ordenado en la Iglesia Católica Romana todavía está asociado a la vida celibataria”. (Entiendo que se está refiriendo sólo al presbiterado de la Iglesia Católica de rito Latino, porque la de rito Oriental suele ordenar varones casados, realidad poco conocida en nuestro país.)

            Sin embargo,  a partir del Concilio Vaticano II ha comenzado a expandirse con fuerte impulso  en la Iglesia Católica de rito Latino el ministerio de   varones casados, que reciben el Orden  del Diaconado y son conocidos popularmente como “diáconos permanentes”, “padre diácono” o simplemente “el diácono”.

            El término “permanente” aplicado a quienes no son  destinados al presbiterado se utiliza para diferenciarlos de los que sí lo están y que el canon 1035,1 del Código de Derecho Canónico en la versión castellana los incluye dentro del “diaconado transitorio” (en latín: transeunte)

            Este juego de palabras le permitía ironizar al Cardenal Juan Carlos Aramburu cuando le preguntaban porqué la Arquidiócesis de Buenos Aires no tenía “diáconos permanentes”. Respondía: “porque tenemos permanentemente diáconos”



UNA LLAMATIVA EVOLUCIÓN ESTADÍSTICA



            En 1989 los diáconos permanentes en el mundo eran 12.541, seis años después, en 1995 aumentan a 21.000 y en 2003 se registran 31.024. Si se mantiene la constante y proyectando los datos, es de suponer que en el año 2009 se registrará un aumento de más del 200% en  un lapso de sólo 20 años.

            Concretando en nuestro país, dónde existen alrededor de 850 dice la socióloga Beatriz Balian: “El número de diáconos permanentes en Argentina presenta una fuerte tendencia creciente, pero podría decirse que ese desenvolvimiento se ha desarrollado con resistencias, debido a la gran transformación radical que significa incorporar hombres casados al mundo de los clérigos donde la pauta generalizada era ser solteros. Por otro lado el análisis de los diáconos permite advertir que las dificultades también aparecen entre los mismos diáconos. Es muy interesante observar que en los diferentes encuentros nacionales, en forma constante aparecen tres temas como principales: 1) la identidad del diácono 2) la esposa y familia del diácono y 3) la renovación de la Iglesia.”

            ¿Será un signo de los tiempos que tendremos que leer cuando esta llamativa evolución estadística se refiere a una vocación que, salvo excepciones, se excluye de la “oración por las vocaciones” y de “campañas vocacionales”? ¿Acaso estará hablando Dios a través de los hechos que tan visiblemente ocurren en la Iglesia Católica de rito latino?



“TIENE VOCACIÓN…DE DIÁCONO”

            Cuando Guillermo, un jovencito de 8 años, vecino a la zona de la rotonda de Alpargatas, en el conurbano sur de Buenos Aires, le pidió a su mamá que le hiciera una túnica blanca para ser monaguillo, ésta le preguntó: ¿y querés  ser cura como el Padre Eduardo?. – No, quiero ser diácono como los dos hombres que están en el altar al lado de él….

            La antigua expresión con la que alguien decía “ese joven tiene vocación…” y que se entendía como “tiene vocación para ser cura” tendrá que irse modificando con la aclaración, poco usada todavía de “tiene vocación para  diácono permanente”. Afirmación que lleva a suprimir la frase que pudo verse en algún plan de pastoral: “ante la falta de vocaciones, se fomentará la ordenación de diáconos permanentes…”

            Las Normas Básicas para la formación de los Diáconos Permanentes o Ratio Fundamentalis (Rf) parte de una reflexión de Juan Pablo II en la Exhortación Pastores dabo vobis,  referida a toda vocación, como diálogo entre el llamado divino y la respuesta de libertad humana, para luego aplicarla a la vocación diaconal.

            “La historia de toda vocación sacerdotal, como también de toda vocación cristiana, es la historia de un inefable diálogo entre Dios y el hombre, entre el amor de Dios que llama y la libertad del hombre que, en el amor, responde a Dios.(Juan Pablo II)

            Pero junto a la llamada de Dios y a la respuesta del hombre, hay otro elemento constitutivo de la vocación y particularmente de la vocación ministerial: la llamada pública de la Iglesia: Se dice ser llamado por Dios quienes son llamados por los ministros legítimos de la Iglesia (Catecismo Tridentino)

            La expresión…debe tomarse en sentido sacramental, que considera a la autoridad que llama como el signo y el instrumento de la intervención personal de Dios, que se realiza con la imposición de las manos.

            En esta perspectiva, toda elección regular expresa una inspiración y representa una elección de Dios. El discernimiento de la Iglesia es, por tanto, decisivo para la elección de la vocación; y mucho más, por su significado eclesial, para elegir una vocación al ministerio ordenado.” (Rf, 29)

           

ALGUNOS INDICIOS DE LA VOCACIÓN.

            Salvo experiencias religiosas extraordinarias y  poco frecuentes, la mayoría de quienes han de decidir sobre la elección de carrera, los trabajos profesionales y  la decisiva orientación de la vida, el matrimonio, la vocación laical o cualquier forma de consagración religiosa,  tendrán que estar atentos a los “indicios” o “señales” que provienen del entorno que los rodea.

            Estas pistas suelen advertirse a través de las actitudes más constantes, las opiniones de verdaderos amigos, y los propios interrogantes que sobre el destino de la existencia  se van formulando y cuyas respuestas se concretan en el modo de desplegar sus opciones.

            A ellos la pastoral cristiana agrega los consejos y sugerencias que provienen de la práctica del sacramento frecuente de la Reconciliación y del diálogo conocido en la tradición milenaria de las Iglesias y de otras religiones, como “acompañamiento” “orientación”, “discipulado” o “dirección espiritual” y que en el caso de las decisiones referidas al ministerio ordenado se convierten en imprescindibles.

            Un indicio positivo es el tipo de actividad concreta que en relación con el reino de Dios y con la comunidad cristiana se viene desarrollando.

            Así lo sugiere la información que brinda la Introducción al documento “Diaconado permanente” señalando que entre las razones por las que el Concilio lo restauró se encuentra “la intención de reforzar con la gracia de las Ordenación diaconal a aquellos que ya ejercían de hecho funciones diaconales” (Rf, Introducción,2)

            Al mencionar las “funciones diaconales” se corre el riesgo de pensar exclusivamente en la participación en acciones litúrgicas o en el desarrollo de un continuo “ministerio extraordinario de la Sagrada Comunión” o “de la Salud y el alivio”.

             Sin dejarlas de lado, otras “funciones de servicio” al pueblo pueden verse desde un horizonte más amplio que incluye el sentido de la tarea de un docente, un dirigente sindical o un activista político.



CONOCIENDO LA VOCACIÓN DE MI ESPOSO

            Tratándose de la vocación de un varón casado, adquiere relevancia el discernimiento y la visión que brindará su esposa, los hijos y el entorno familiar de quienes conviven cotidianamente. Es una visión que se hace presente a partir de una mirada creyente.

            Dicen las Normas Básicas: “Provéase para que las esposas de los candidatos casados crezcan en el conocimiento de la vocación del marido y de su propia misión junto a él. Para ello, invíteselas a participar regularmente en los encuentros de formación espiritual. Igualmente procúrese llevar a cabo iniciativas apropiadas para sensibilizar a los hijos respecto del ministerio diaconal” (Rf, 78)

            La experiencia enseña que más de un varón descubrió la vocación diaconal a partir de una preciosa sugerencia de la esposa, o al contrario, no pudo ser ordenado por la negativa de la mujer  a brindar la autorización que exigen las normas canónicas.

            Con algo de humor solemos decir en los diálogos de discernimiento “hay que cuidar que la esposa no tenga más vocación de diaconisa que su esposo de diácono”

            Las cualidades y virtudes que figuran en la I Carta a Timoteo (ver 3,8-13) mantienen total vigencia aunque los exegetas discutan que lugar ocupaban en las primeras comunidades que iban diseñando sus carismas y ministerios y el sentido de algunas expresiones:

            “De la misma manera los diáconos deben ser varones respetables, de una sola palabra, moderados en el uso del vino y enemigos de ganancias deshonestas. Que conserven el misterio de la fe con una conciencia pura.

            Primero se los pondrá a prueba, y luego, si no hay nada que reprocharles, se los admitirá al diaconado.

            Que las mujeres sean igualmente dignas, discretas para hablar de los demás, sobrias y fieles en todo.

            Los diáconos deberán ser varones casados una sola vez, que gobiernen bien a sus hijos y su propia casa.

            Los que desempeñan bien su ministerio se hacen merecedores de honra y alcanzan una gran firmeza en la fe de Jesucristo”



¿JERARCAS CLERICALES O JERAQUÍA SERVIDORA?

            La palabra “jerarquía clerical” tiene mal prensa entre nosotros, porque se la suele usar como sinónimo del abuso que es posible encontrar entre los que ejercen algún poder en las instituciones eclesiásticas. También se utiliza para mencionar a los “jerarcas políticos”, “jerarcas sindicales”, “jerarcas militares”, etc. con tonalidad sumamente crítica, referida sobre todo al autoritarismo o a negocios turbios o poco diáfanos.

            A su vez el “clericalismo” expresa una intromisión indebida del poder eclesiástico en ámbitos que corresponden a instituciones autónomas o a la autoridad civil de los Estados.

            Pero si hacemos el esfuerzo de desligar a las palabras de su contexto peyorativo, y buscamos el sentido preciso con que es usado en el lenguaje teológico conciliar, podemos descubrir aspectos mucho más positivos que obligan a una revisión de los respectivos roles y a una adecuada autocrítica, sin excluir el uso de un vocabulario más propio de la sagrada Escritura, cuestión en debate,  que no es  tema de  estas líneas.

            El diaconado es mencionado en la Constitución sobre la Iglesia en el capítulo III titulado “Constitución jerárquica de la Iglesia y particularmente el Episcopado”, por lo tanto, al igual que los presbíteros y los obispos, se los considera parte de la “jerarquía” y pertenecen al “clero” que recibe el Sacramento del Orden.

            Lo interesante es que la introducción de este capítulo parte del dato de que la misión de la jerarquía es un ministerio eminentemente pastoral, “al servicio de sus hermanos” (nº 18)

            Para que no queden dudas, se reitera, al explicar la misión de los Obispos, que “este encargo que el Señor confió a los pastores de su pueblo es un verdadero servicio, que en la Sagrada Escritura se llama con toda propiedad diaconía o ministerio.” (nº24).



EL DIÁCONO ¿SIGNO DEL CRISTO SERVIDOR o ACÓLITO DE LUJO?

            Después de mencionar el lugar que ocupa el Episcopado y los presbíteros, la mencionada Constitución dedica un número que, a pesar de su brevedad, fundamenta el diaconado en general y restaura el “permanente” con la repercusión que puede observarse a cuarenta años de su promulgación.

            Allí se dice la “imposición de las manos al diácono no es en orden al sacerdocio, sino en  orden al ministerio”(nº29)

            Las Normas Básicas comentan este párrafo considerando que aquí “se traza la identidad teológica específica del diácono:…es en la Iglesia un signo sacramental específico de Cristo servidor”.(Rf..5). Por eso, en su ordenación se piden los “dones del Espíritu para que el ordenando esté en condiciones de imitar a Cristo como diácono”. (n.6)

            La firme decisión de querer identificarse con el Cristo-Servidor es a mí entender el núcleo de la vocación diaconal, es decir, del llamado de quién es primer protagonista su Espíritu. “Es el quien los llama, quien los acompaña y quien modela sus corazones para que puedan reconocer su gracias y corresponder a ella generosamente” (Rf.18)

            Porque es cierto que muchas de los servicios de docencia,  liturgia y animación en las comunidades que realiza el diácono  puede ser encomendado a laicos y laicas convenientemente designados, pero en su ordenación se presencializa una gracia-sacramento que remite a la dimensión del “signo”, ya que “es constituido en la Iglesia icono vivo del Cristo servidor” … “su santidad consistirá en hacerse servidor generoso y fiel de Dios y de los hombres, especialmente de los más pobres y de los que sufren…”(Rf.11)     

            Estas tareas no tienen más limite que las normas morales,  por eso que, a diferencia del presbítero, el diácono permanente puede desempeñar cargos públicos, administrar bienes de sociedades civiles, participar activamente en los partidos políticos y en la dirección de las asociaciones sindicales. (ver  CIC, cc. 285-288)

            También en ambientes cargados de tensiones y conflictos, el diácono está llamado a ser imagen viviente de Jesucristo, el  Servidor.

Eduardo A. González

BIBLIOGRAFÍA:
Concilio Vaticano II: Constitución Dogmática Lumen Pentium, Vaticano, 1965
Congregación para la Educación Católica y Congregación para el Clero: El diaconado permanente. Normas básicas de la Formación. Directorio para el Ministerio y la Vida. 1998.
Octavio Groppa: ¿Me llama Dios?, Vida Pastoral, nº 263; enero-febrero 2007 pp. 12-19   
Tomás Rodríguez Miranda: La dirección espiritual. Buenos Aires, 2006.
Beatriz Balian de Tagtachian: Los  diáconos permanentes en la Iglesia Católica Argentina: un nuevo rol en su estructura - una aproximación sociológica. Buenos Aires, 1998