23 abril 2015

2 Personas Se Besan Detrás De Una Pantalla

2 Personas Se Besan Detrás De Una Pantalla: Cuando Se Muestran, El Publico Se Queda Sin Palabras




El amor no debería llevar etiquetas, y eso se aplica a la edad, al género, a la raza, a la situación socio-económica, a la religión y a tantos espectros más. Abramos la mente y el corazón.

Este vídeo te muestra de forma hermosa que no existe diferencia que nos separe como seres humano. Es increíble como los prejuicios por las apariencias pueden afectar tanto nuestras relaciones. En este sentido el amor en toda su expresión no debería tener barreras ni prejuicios. Este vídeo forma parte de un hermoso proyecto llamado “El amor no tiene género”

“El amor no tiene género”

22 abril 2015

Papa Francisco acepta la renuncia del Obispo Robert W. Finn

VATICANO, 21 Abr. 15 / 09:58 am (ACI/EWTN Noticias).- El Obispo de Kansas City-San José, Mons. Robert W. Finn, de 62 años, renunció al cargo cerca de dos años después de haber sido el primer obispo de Estados Unidos condenado por no reportar sospechas de abuso infantil cometido por un sacerdote de su diócesis.
La Santa Sede confirmó este 21 de abril que el Papa Francisco aceptó la renuncia de acuerdo al canon 104, artículo 2, del Código de Derecho Canónico, que establece que cuando un obispo diocesano está en incapacidad de cumplir con su cargo por motivos de salud o alguna otra causa grave, debe presentar su dimisión.
La renuncia tomará efecto inmediatamente y, aunque todavía será obispo, no administrará la diócesis. El Vaticano no informó qué hará Mons. Finn luego de su renuncia.
En septiembre de 2012, el Prelado fue condenado por un delito menor al no reportar las sospechas de abuso infantil que recaían sobre el P. Shawn Ratigan, en cuya laptop se encontraron en 2010 imágenes lascivas de niños.
Luego de un intento de suicidio, el sacerdote fue condenado a cincuenta años por pornografía infantil.
Asimismo, la Diócesis tuvo que enfrentar en 2014 las demandas de los padres de dos niñas fotografiadas por el P. Ratigan, por un total de 1.8 millones de dólares. Además de una acción legal por presuntamente haber violado los acuerdos de 2008 sobre denuncias de supuestos abusos, que culminó con una multa de 1.1 millones de dólares.

52º Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones


Pilar, 22 de abril de 2015

Queridos Hermanos:

Reunido en Asamblea Plenaria con mis hermanos obispos les hago llegar el Mensaje del Santo Padre Francisco para la 52º Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones,​ que celebraremos el próximo domingo 26 de abril de 2015 – IV Domingo de Pascua.


Les pido que este fin de semana nos unamos en oración más fuertemente para rezar por los jóvenes en búsqueda, por nuestros seminaristas y por todas las vocaciones en la Iglesia.


Les recuerdo también que, desde hace un tiempo, la colecta de esta jornada la destinamos al seminario. Por tal motivo, anuncien, informen y motiven en sus comunidades y hagan bien de enviar al economato posteriormente.
Que Dios los bendiga.


+ Carlos José Tissera
Obispo de Quilmes

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MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO
PARA LA 52 JORNADA MUNDIAL DE ORACIÓN POR LAS VOCACIONES
26 DE ABRIL DE 2015 – IV DOMINGO DE PASCUA

Tema: El éxodo, experiencia fundamental de la vocación
 

Queridos hermanos y hermanas:

El cuarto Domingo de Pascua nos presenta el icono del Buen Pastor que conoce a sus ovejas, las llama por su nombre, las alimenta y las guía. Hace más de 50 años que en este domingo celebramos la Jornada Mundial de Oración por las VocacionesEsta Jornada nos recuerda la importancia de rezar para que, como dijo Jesús a sus discípulos, «el dueño de la mies… mande obreros a su mies» (Lc 10,2). Jesús nos dio este mandamiento en el contexto de un envío misionero: además de los doce apóstoles, llamó a otros setenta y dos discípulos los mandó de dos en dos para la misión (cf. Lc 10,1-16). Efectivamente, si la Iglesia «es misionera por su naturaleza» (Conc. Ecum. Vat. II, Decr. Ad gentes, 2), la vocación cristiana nace necesariamente dentro de una experiencia de misión. Así, escuchar y seguir la voz de Cristo Buen Pastor, dejándose atraer y conducir por él y consagrando a él la propia vida, significa aceptar que el Espíritu Santo nos introduzca en este dinamismo misionero, suscitando en nosotros el deseo y la determinación gozosa de entregar nuestra vida y gastarla por la causa del Reino de Dios.

Entregar la propia vida en esta actitud misionera sólo será posible si somos capaces de salir de nosotros mismos. Por eso, en esta 52 Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, quisiera reflexionar precisamente sobre ese particular «éxodo» que es la vocación o, mejor aún, nuestra respuesta a la vocación que Dios nos da. Cuando oímos la palabra «éxodo», nos viene a la mente inmediatamente el comienzo de la maravillosa historia de amor de Dios con el pueblo de sus hijos, una historia que pasa por los días dramáticos de la esclavitud en Egipto, la llamada de Moisés, la liberación y el camino hacia la tierra prometida. El libro del Éxodo ―el segundo libro de la Biblia―, que narra esta historia, representa una parábola de toda la historia de la salvación, y también de la dinámica fundamental de la fe cristiana. De hecho, pasar de la esclavitud del hombre viejo a la vida nueva en Cristo es la obra redentora que se realiza en nosotros mediante la fe (cf. Ef 4,22-24). Este paso es unverdadero y real «éxodo», es el camino del alma cristiana y de toda la Iglesia, la orientación decisiva de la existencia hacia el Padre.

En la raíz de toda vocación cristiana se encuentra este movimiento fundamental de la experiencia de fe: creer quiere decir renunciar a uno mismo, salir de la comodidad y rigidez del propio yo para centrar nuestra vida en Jesucristo; abandonar, como Abrahán, la propia tierra poniéndose en camino con confianza, sabiendo que Dios indicará el camino hacia la tierra nueva. Esta «salida» no hay que entenderla como un desprecio de la propia vida, del propio modo sentir las cosas, de la propia humanidad; todo lo contrario, quien emprende el camino siguiendo a Cristo encuentra vida en abundancia, poniéndose del todo a disposición de Dios y de su reino. Dice Jesús: «El que por mí deja casa, hermanos o hermanas, padre o madre, mujer, hijos o tierras, recibirá cien veces más, y heredará la vida eterna» (Mt 19,29). La raíz profunda de todo esto es el amor. En efecto, la vocación cristiana es sobre todo una llamada de amor que atrae y que se refiere a algo más allá de uno mismo, descentra a la persona, inicia un «camino permanente, como un salir del yo cerrado en sí mismo hacia su liberación en la entrega de sí y, precisamente de este modo, hacia el reencuentro consigo mismo, más aún, hacia el descubrimiento de Dios» (Benedicto XVI, Carta enc. Deus caritas est, 6).

La experiencia del éxodo es paradigma de la vida cristiana, en particular de quien sigue unavocación de especial dedicaciónal servicio del Evangelio. Consiste en una actitud siempre renovada de conversión y transformación, en un estar siempre en camino, en un pasar de la muerte a la vida, tal como celebramos en la liturgia: es el dinamismo pascual. En efecto, desde la llamada de Abrahán a la de Moisés, desde el peregrinar de Israel por el desierto a la conversión predicada por los profetas, hasta el viaje misionero de Jesús que culmina en su muerte y resurrección, la vocación es siempre una acción de Dios que nos hace salir de nuestra situación inicial, nos libra de toda forma de esclavitud, nos saca de la rutina y la indiferencia y nos proyecta hacia la alegría de la comunión con Dios y con los hermanos. Responder a la llamada de Dios, por tanto, es dejar que él nos haga salir de nuestra falsa estabilidad para ponernos en camino hacia Jesucristo, principio y fin de nuestra vida y de nuestra felicidad.

Esta dinámica del éxodo no se refiere sólo a la llamada personal, sino a la acción misionera y evangelizadora de toda la Iglesia. La Iglesia es verdaderamente fiel a su Maestro en la medida en que es una Iglesia «en salida», no preocupada por ella misma, por sus estructuras y sus conquistas, sino más bien capaz de ir, de ponerse en movimiento, de encontrar a los hijos de Dios en su situación real y de compadecer sus heridas. Dios sale de sí mismo en una dinámica trinitaria de amor, escucha la miseria de su pueblo e interviene para librarlo (cf. Ex 3,7). A esta forma de ser y de actuar está llamada también la Iglesia: la Iglesia que evangeliza sale al encuentro del hombre, anuncia la palabra liberadora del Evangelio, sana con la gracia de Dios las heridas del alma y del cuerpo, socorre a los pobres y necesitados.

Queridos hermanos y hermanas, este éxodo liberador hacia Cristo y hacia los hermanos constituye también el camino para la plena comprensión del hombre y para el crecimiento humano y social en la historia. Escuchar y acoger la llamada del Señor no es una cuestión privada o intimista que pueda confundirse con la emoción del momento; es un compromiso concreto, real y total, que afecta a toda nuestra existencia y la pone al servicio de la construcción del Reino de Dios en la tierra. Por eso, la vocación cristiana, radicada en la contemplación del corazón del Padre, lleva al mismo tiempo alcompromiso solidario en favor de la liberación de los hermanos, sobre todo de los más pobres. El discípulo de Jesús tiene el corazón abierto a su horizonte sin límites, y su intimidad con el Señor nunca es una fuga de la vida y del mundo, sino que, al contrario, «esencialmente se configura como comunión misionera» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 23).

Esta dinámica del éxodo, hacia Dios y hacia el hombre, llena la vida de alegría y de sentido. Quisiera decírselo especialmente a los más jóvenes que, también por su edad y por la visión de futuro que se abre ante sus ojos, saben ser disponibles y generosos. A veces las incógnitas y las preocupaciones por el futuro y las incertidumbres que afectan a la vida de cada día amenazan con paralizar su entusiasmo, de frenar sus sueños, hasta el punto de pensar que no vale la pena comprometerse y que el Dios de la fe cristiana limita su libertad. En cambio, queridos jóvenes, no tengáis miedo a salir de vosotros mismos y a poneros en camino. El Evangelio es la Palabra que libera, transforma y hace más bella nuestra vida. Qué hermoso es dejarse sorprender por la llamada de Dios, acoger su Palabra, encauzar los pasos de vuestra vida tras las huellas de Jesús, en la adoración al misterio divino y en la entrega generosa a los otros. Vuestra vida será más rica y más alegre cada día.

La Virgen María, modelo de toda vocación, no tuvo miedo a decir su «fiat» a la llamada del Señor. Ella nos acompaña y nos guía. Con la audacia generosa de la fe, María cantó la alegría de salir de sí misma y confiar a Dios sus proyectos de vida. A Ella nos dirigimos para estar plenamente disponibles al designio que Dios tiene para cada uno de nosotros, para que crezca en nosotros el deseo de salir e ir, con solicitud, al encuentro con los demás (cf. Lc 1,39). Que la Virgen Madre nos proteja e interceda por todos nosotros.
Papa Francisco
Vaticano, 29 de marzo de 2015
Domingo de Ramos
 

19 abril 2015

Volver a Jesucristo. Iniciar la reacción - Jose Antonio Pagola

Conferencia dada por Jose Antonio Pagola en la Iglesia de Sopela, en Bizkaia. Con el título de "VOLVER A JESUCRISTO, INICIAR LA REACCION"

17 abril 2015

Creer por experiencia propia

No es fácil creer en Jesús resucitado. En última instancia es algo que solo puede ser captado y comprendido desde la fe que el mismo Jesús despierta en nosotros. Si no experimentamos nunca «por dentro» la paz y la alegría que Jesús infunde, es difícil que encontremos «por fuera» pruebas de su resurrección.
Algo de esto nos viene a decir Lucas al describirnos el encuentro de Jesús resucitado con el grupo de discípulos. Entre ellos hay de todo. Dos discípulos están contando cómo lo han reconocido al cenar con él en Emaús. Pedro dice que se le ha aparecido. La mayoría no ha tenido todavía ninguna experiencia. No saben qué pensar.
Entonces «Jesús se presenta en medio de ellos y les dice: "Paz a vosotros"». Lo primero para despertar nuestra fe en Jesús resucitado es poder intuir, también hoy, su presencia en medio de nosotros, y hacer circular en nuestros grupos, comunidades y parroquias la paz, la alegría y la seguridad que da el saberlo vivo, acompañándonos de cerca en estos tiempos nada fáciles para la fe.
El relato de Lucas es muy realista. La presencia de Jesús no transforma de manera mágica a los discípulos. Algunos se asustan y «creen que están viendo un fantasma». En el interior de otros «surgen dudas» de todo tipo. Hay quienes «no lo acaban de creer por la alegría». Otros siguen «atónitos».
Así sucede también hoy. La fe en Cristo resucitado no nace de manera automática y segura en nosotros. Se va despertando en nuestro corazón de forma frágil y humilde. Al comienzo, es casi solo un deseo. De ordinario, crece rodeada de dudas e interrogantes: ¿será posible que sea verdad algo tan grande?
Según el relato, Jesús se queda, come entre ellos, y se dedica a «abrirles el entendimiento» para que puedan comprender lo que ha sucedido. Quiere que se conviertan en «testigos», que puedan hablar desde su experiencia, y predicar no de cualquier manera, sino «en su nombre».
Creer en el Resucitado no es cuestión de un día. Es un proceso que, a veces, puede durar años. Lo importante es nuestra actitud interior. Confiar siempre en Jesús. Hacerle mucho más sitio en cada uno de nosotros y en nuestras comunidades cristianas.
José Antonio Pagola
3 Pascua - B
(Lucas 24,35-48)

19 de abril 2015

Himno de los 40 años de la Diócesis de Quilmes

40 Años de Amor - Himno de los 40 años de la Diócesis de Quilmes- Autor: Germán Pravia

Diócesis de Quilmes, Vídeo motivador para la preparación de el trienio...



Estamos preparando los 40 años de la Diócesis de Quilmes. 
Con este vídeo/canción comenzamos a preparar las celebraciones para el 2016.

15 abril 2015

Monseñor Romero a los altares

por Victor Codina

El día lunes 24 de marzo de 1980, dos días después del asesinato de Luis Espinal en La Paz, un jeep se detuvo unos segundos ante la puerta de la capilla del hospital de La Providencia de San Salvador, donde celebraba la eucaristía Mons. Romero y un experto francotirador le disparó al pecho. Romero cayó ensangrentado y mortalmente herido; camino del Policlínico pronunció sus últimas palabras: “Que Dios les perdone”.

¿Por qué mataron a Romero? Un campesino salvadoreño lo expresó sencillamente: “Monseñor Romero dijo la verdad. Nos defendió a los pobres. Y por eso lo mataron”. Un día antes de su asesinato, Romero en su homilía dominical en la catedral, había pedido y ordenado al ejército en nombre de Dios y del sufrido pueblo salvadoreño que cesase la represión. Estas proféticas palabras que resumen lo que Romero había dicho y hecho durante sus tres años de arzobispo, fueron sin duda el detonante último de su muerte.
Romero denunció la injusticia del país, la absolutización de la riqueza por parte de un pequeño grupo oligárquico, el servilismo de los militares a los oligarcas, el apoyo norteamericano a un sistema inhumano, la corrupción de la justicia, las mentiras de los medios de comunicación social, las torturas y asesinatos al pueblo pobre. Sus denuncias iban acompañadas de un llamado a la conversión al evangelio de Jesús, al Dios de la vida cuya gloria consiste en que el pobre viva.
El mismo Romero tuvo su “conversión” al evangelio y pasó de una vida piadosa pero ligada a los poderosos y a los cristianos tradicionales, a un acercamiento al Dios de los pobres. Los pobres, el clamor de su sufrimiento, los muertos que tenía que ir recogiendo cada semana, le enseñaron a leer el evangelio, lo convirtieron a una fe unida a la justicia.
No le faltaron dificultades e incomprensiones de parte de sus hermanos en el episcopado y a veces incluso de parte de Roma. Se le acusaba de ingenuo, de revolucionario marxista, de fomentar la violencia. Su causa de beatificación fue bloqueada durante años en el Vaticano.
Ahora el Papa Francisco ha desbloqueado su causa, ha reconocido que Romero murió mártir y ha anunciado su beatificación para el 23 de mayo de 2015.
Esta beatificación, más allá de la alegría del pueblo salvadoreño y latinoamericano, confirma que Romero tenía razón, que fue un hombre de Dios, un verdadero profeta del Reino, un pastor que no solo olía a oveja sino que, como Jesús, dio la vida por el pueblo. No fue un teólogo, sino un pastor que hizo creíble la fe. Con Romero Dios visitó El Salvador y América Latina. Su vida y su muerte se asemejan a la de Jesús de Nazaret.
Hace ya años que el pueblo salvadoreño le tiene por santo, guarda su retrato en su casa, va a rezar a su tumba, pone a sus hijos los nombres de Óscar o de Romerito. Ahora Romero sube a los altares, su vida es un ejemplo. Si ser cristiano es vivir como vivió y murió Romero, vale la pena ser cristiano hoy.
Se realiza el poema que hace 35 años escribió el obispo de Brasil, Pedro Casaldàliga:
San Romero de América, pastor y mártir nuestro, (…),
Pobre pastor glorioso, asesinado a sueldo, a dólar, a divisa,(…)
América Latina ya te puso en la gloria de Bernini,(…)
¡nadie hará callar tu última homilía!

08 abril 2015

Evangelio según San Juan 20,19-31.

Al atardecer de ese mismo día, el primero de la semana, estando cerradas las puertas del lugar donde se
encontraban los discípulos, por temor a los judíos, llegó Jesús y poniéndose en medio de ellos, les dijo: "¡La paz esté con ustedes!". 
Mientras decía esto, les mostró sus manos y su costado. Los discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor. 
Jesús les dijo de nuevo: "¡La paz esté con ustedes! Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes". 
Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió: "Reciban el Espíritu Santo. 
Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes se los retengan". 
Tomás, uno de los Doce, de sobrenombre el Mellizo, no estaba con ellos cuando llegó Jesús. 
Los otros discípulos le dijeron: "¡Hemos visto al Señor!". El les respondió: "Si no veo la marca de los clavos en sus manos, si no pongo el dedo en el lugar de los clavos y la mano en su costado, no lo creeré". 
Ocho días más tarde, estaban de nuevo los discípulos reunidos en la casa, y estaba con ellos Tomás. Entonces apareció Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio de ellos y les dijo: "¡La paz esté con ustedes!". 
Luego dijo a Tomás: "Trae aquí tu dedo: aquí están mis manos. Acerca tu mano: Métela en mi costado. En adelante no seas incrédulo, sino hombre de fe". 
Tomas respondió: "¡Señor mío y Dios mío!". 
Jesús le dijo: "Ahora crees, porque me has visto. ¡Felices los que creen sin haber visto!". 
Jesús realizó además muchos otros signos en presencia de sus discípulos, que no se encuentran relatados en este Libro. 
Estos han sido escritos para que ustedes crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y creyendo, tengan Vida en su Nombre. 

VIVIR DE SU PRESENCIA
El relato de Juan no puede ser más sugerente e interpelador. Sólo cuando ven a Jesús resucitado en medio de ellos, el grupo de discípulos se transforma. Recuperan la paz, desaparecen sus miedos, se llenan de una alegría desconocida, notan el aliento de Jesús sobre ellos y abren las puertas porque se sienten enviados a vivir la misma misión que él había recibido del Padre.
La crisis actual de la Iglesia, sus miedos y su falta de vigor espiritual tienen su origen a un nivel profundo. Con frecuencia, la idea de la resurrección de Jesús y de su presencia en medio de nosotros es más una doctrina pensada y predicada, que una experiencia vivida.
Cristo resucitado está en el centro de la Iglesia, pero su presencia viva no está arraigada en nosotros, no está incorporada a la sustancia de nuestras comunidades, no nutre de ordinario nuestros proyectos. Tras veinte siglos de cristianismo, Jesús no es conocido ni comprendido en su originalidad. No es amado ni seguido como lo fue por sus discípulos y discípulas.
Se nota enseguida cuando un grupo o una comunidad cristiana se siente como habitada por esa presencia invisible, pero real y activa de Cristo resucitado. No se contentan con seguir rutinariamente las directrices que regulan la vida eclesial. Poseen una sensibilidad especial para escuchar, buscar, recordar y aplicar el Evangelio de Jesús. Son los espacios más sanos y vivos de la Iglesia.
Nada ni nadie nos puede aportar hoy la fuerza, la alegría y la creatividad que necesitamos para enfrentarnos a una crisis sin precedentes, como puede hacerlo la presencia viva de Cristo resucitado. Privados de su vigor espiritual, no saldremos de nuestra pasividad casi innata, continuaremos con las puertas cerradas al mundo moderno, seguiremos haciendo «lo mandado», sin alegría ni convicción. ¿Dónde encontraremos la fuerza que necesitamos para recrear y reformar la Iglesia?
Hemos de reaccionar. Necesitamos de Jesús más que nunca. Necesitamos vivir de su presencia viva, recordar en toda ocasión sus criterios y su Espíritu, repensar constantemente su vida, dejarle ser el inspirador de nuestra acción. Él nos puede transmitir más luz y más fuerza que nadie. Él está en medio de nosotros comunicándonos su paz, su alegría y su Espíritu.
José Antonio Pagola

Teología a Distancia









San Maximiliano Kolbe

LA GRAN HISTORIA DE AMOR , SAN MAXIMILIANO KOLBE, SANTO POR ALEX MEDRANO PAZ Y BIEN..
"No hay amor más grande que éste: dar la vida por  sus amigos"

(Jn 15, 13).

Martirologio Romano: Memoria de san Maximiliano María (Raimundo) Kolbe, presbítero de la Orden de los Hermanos Menores Conventuales y mártir, que fue fundador de la Milicia de María Inmaculada. Deportado a diversos lugares de cautiverio, f
inalmente, en el campo de exterminio de Oswiecim o Auschwitz, cerca de Cracovia, en Polonia, se ofreció a los verdugos para salvar a otro cautivo, considerando su ofrecimiento como un holocausto de caridad y un ejemplo de fidelidad para con Dios y los hombres (1941).

Maximiliano María Kolbe nació en Polonia el 8 de enero de 1894 en la ciudad de Zdunska Wola, que en ese entonces se hallaba ocupada por Rusia. Fue bautizado con el nombre de Raimundo en la iglesia parroquial.

A los 13 años ingresó en el Seminario de los padres franciscanos en la ciudad polaca de Lvov, la cual a su vez estaba ocupada por Austria. Fue en el seminario donde adoptó el nombre de Maximiliano. Finaliza sus estudios en Roma y en 1918 es ordenado sacerdote.

Devoto de la Inmaculada Concepción, pensaba que la Iglesia debía ser militante en su colaboración con la Gracia divina para el avance de la fe católica. Movido por esta devoción y convicción, funda en 1917 un movimiento llamado "La Milicia de la Inmaculada" cuyos miembros se consagrarían a la bienaventurada Virgen María y tendrían el objetivo de luchar mediante todos los medios moralmente válidos, por la construcción del Reino de Dios en todo el mundo. En palabras del propio San Maximiliano, el movimiento tendría: "una visión global de la vida católica bajo una nueva forma, que consiste en la unión con la Inmaculada."

Verdadero apóstol moderno, inicia la publicación de la revista mensual "Caballero de la Inmaculada", orientada a promover el conocimiento, el amor y el servicio a la Virgen María en la tarea de convertir almas para Cristo. Con una tirada de 500 ejemplares en 1922, en 1939 alcanzaría cerca del millón de ejemplares.

En 1929 funda la primera "Ciudad de la Inmaculada" en el convento franciscano de Niepokalanów a 40 kilómetros de Varsovia, que con el paso del tiempo se convertiría en una ciudad consagrada a la Virgen y, en palabras de San Maximiliano, dedicada a "conquistar todo el mundo, todas las almas, para Cristo, para la Inmaculada, usando todos los medios lícitos, todos los descubrimientos tecnológicos, especialmente en el ámbito de las comunicaciones."

En 1931, después de que el Papa solicitara misioneros, se ofrece como voluntario y viaja a Japón en donde funda una nueva ciudad de la Inmaculada ("Mugenzai No Sono") y publica la revista "Caballero de la Inmaculada" en japonés ("Seibo No Kishi").

En 1936 regresa a Polonia como director espiritual de Niepokalanów, y tres años más tarde, en plena Guerra Mundial, es apresado junto con otros frailes y enviado a campos de concentración en Alemania y Polonia. Es liberado poco tiempo después, precisamente el día consagrado a la Inmaculada Concepción. Es hecho prisionero nuevamente en febrero de 1941 y enviado a la prisión de Pawiak, para ser después transferido al campo de concentración de Auschwitz, en donde a pesar de las terribles condiciones de vida prosiguió su ministerio.

En Auschwitz, el régimen nazi buscaba despojar a los prisioneros de toda huella de personalidad tratándolos de manera inhumana e inpersonal, como un simple número: a San Maximiliano le asignaron el 16670. A pesar de todo, durante su estancia en el campo nunca le abandonaron su generosidad y su preocupación por los demás, así como su deseo de mantener la dignidad de sus compañeros.

La noche del 3 de agosto de 1941, un prisionero de la misma sección a la que estaba asignado San Maximiliano escapa; en represalia, el comandante del campo ordena escoger a diez prisioneros al hazar para ser ejecutados. Entre los hombres escogidos estaba el sargento Franciszek Gajowniczek, polaco como San Maximiliano, casado y con hijos.

San Maximiliano, que no se encontraba entre los diez prisioneros escogidos, se ofrece a morir en su lugar. El comandante del campo acepta el cambio, y San Maximiliano es condenado a morir de hambre junto con los otros nueve prisioneros. Diez días después de su condena y al encontrarlo todavía vivo, los nazis le administran una inyección letal el 14 de agosto de 1941.

Es así como San Maximiliano María Kolbe, en medio de la más terrible adversidad, dio testimonio y ejemplo de dignidad. En 1973 Pablo VI lo beatifica y en 1982 Juan Pablo II lo canoniza como Mártir de la Caridad. Juan Pablo II comenta la influencia que tuvo San Maximiliano en su vocación sacerdotal: "Surge aquí otra singular e importante dimensión de mi vocación. Los años de la ocupación alemana en Occidente y de la soviética en Oriente supusieron un enorme número de detenciones y deportaciones de sacerdotes polacos hacia los campos de concentración. Sólo en Dachau fueron internados casi tres mil. Hubo otros campos, como por ejemplo el de Auschwitz, donde ofreció la vida por Cristo el primer sacerdote canonizado después de la guerra, San Maximiliano María Kolbe, el franciscano de Niepokalanów." (Don y Misterio).

San Maximiliano nos legó su concepción de la Iglesia militante y en febril actividad para la construcción del Reino de Dios. Actualmente siguen vivas obras inspiradas por él, tales como: los institutos religiosos de los frailes franciscanos de la Inmaculada, las hermanas franciscanas de la Inmaculada, así como otros movimientos consagrados a la Inmaculada Concepción. Pero sobretodo, San Maximiliano nos legó un maravilloso ejemplo de amor por Dios y por los demás, Muchas Gracias por su Atención. Alex Medrano…

06 abril 2015

¡Feliz Pascua de Resurrección 2015!

La VIDA nos empuja a la entrega. “El que quiera salvar su vida la perderá”. En la Pascua renovamos la utopía de Dios de ser una sola humanidad con múltiples colores, rostros, razas, pueblos. 

Es nuestro intento una vez más de asumir que por naturaleza “yo soy yo y la humanidad”, no puedo pensarme solo, no puedo sentirme solo, no puedo amarme solo. Siempre está la otra, el otro, con los que vamos construyendo la civilización del amor: un mundo donde quepan todos los mundos posibles. 

La Pascua nos impulsa a renovar la mirada hacia nosotr@s mism@s para recuperar la identidad de quienes somos: somos hij@s y herman@s: TODOS. La Pascua nos impulsa a acercarnos a las mayorías desahuciadas por la injusticia del pecado humano y social y recordarles a tod@s y recordarnos a tod@s, que Jesús ha venido para que tengamos vida y vida en abundancia. Y esto es tarea de hermanarse en justicia y dignidad. 

Jesús es la nueva humanidad. No hay más que buscar. Es la medida de nuestra dignidad, de nuestra lucha, de nuestro trabajo por el Reino de Dios y su justicia. Lo demás es añadidura. 

Feliz Pascua querid@s herman@s y amig@s. 

Dios nos bendice con la paz y la alegría. 

Abrazo grande
Félix

Homilía de la Misa Crismal 2015


Hermanas y hermanos:

Hace pocos días realizábamos el Retiro Diocesano para todos los agentes de pastoral y fieles en 
general. Lo hicimos bajo el lema “RENOVAR LA MIRADA”, en este camino hacia la celebración de 
los 40 años de la Diócesis. Durante este año queremos vivir más profundamente la conversión 
pastoral de la mano de nuestra conversión personal a Jesús.

Cada año, en la Misa Crismal, escuchamos este evangelio de san Lucas. Jesús, en la sinagoga de 
Nazareth, lee la profecía de Isaías. Luego, “Jesús cerró el Libro, lo devolvió al ayudante y se sentó. 
Todos en la sinagoga tenían los ojos fijos en Él. Entonces comenzó a decirles: ‘Hoy se ha cumplido 
este pasaje de la Escritura que acaban de oír’”.

En esto consiste RENOVAR LA MIRADA. Se trata de tener los ojos fijos en Jesús. Volver la mirada 
hacia Él, para que Él nos renueve con la suya. Jesús dice: Hoy se ha cumplido la profecía. Es su 
mirada la que atrae todas las miradas. Es el Dios de las misericordias que viene a traer la liberación 
a los hombres. Es el Dios que escucha el clamor de su pueblo, como decía el profeta Daniel: 
“Inclina, Dios mío, tu oído y escucha. Abre tus ojos y mira nuestras ruinas y la ciudad sobre la cual 
se invoca tu nombre”. La mirada de Jesús se vuelve a nosotros para levantar nuestros ojos, y así 
poder contemplar al Dios que nos salva.

Jesús, desde adolescente iba con su padre José a la sinagoga de Nazareth. Cuántas veces allí, 
los habitantes de ese poblado escuchaban las Escrituras. Ese sábado fue un sábado distinto: 
Comenzaba el anuncio de la alegría del Evangelio.

Como aquellos habitantes, en Nazareth, también nosotros podríamos decir hoy: Cuántas años 
hace que nos juntamos acá para celebrar la Misa Crismal. Algunos podrán decir que se acuerdan 
cuando iban a la Catedral de Avellaneda... Otros podrán recordar la primera Misa Crismal del 
Padre Obispo Jorge Novak... otros recordarán años más recientes... Inevitablemente algunos 
podrán decir, que muchos de aquellos ya no están acá... Es la realidad del paso del tiempo. Vamos 
haciendo historia; somos miembros de un pueblo peregrino, de un pueblo que cree y espera. En 
este caminar queremos RENOVAR LA MIRADA. Los sacerdotes y diáconos queremos hacerlo junto 
a nuestro pueblo a quien servimos.

Para nosotros -diáconos, sacerdotes y obispo- RENOVAR LA MIRADA, significa en este día dejarnos 
mirar por Jesús. Y como aquellos paisanos de Jesús: fijar nuestra mirada en él. Necesitamos 
renovar esa mirada nuestra. Solos no podemos levantar la mirada... Necesitamos que el Espíritu 
Santo nos ayude a levantar los ojos, que a veces se posan en tantas cosas que nos encandilan, 
nos engatusan, nos atrapan; porque nos quedamos mirándonos nosotros mismos, llenándonos 
de insatisfacción y de desazón; la mirada se nos envejece dando vuelta sobre las mismas cosas 
y sobre nuestra propia fragilidad, y más pesados se ponen nuestros ojos, y no los podemos 
levantar. 

¡Es tu mirada Jesús, si, es tu mirada Señor...! Es la fuerza de tu mirada, la fuerza de tu Espíritu, 
quien renueva mi mirada. ¡Es tu amor quien me renueva, Señor! Todos en Nazareth te miraban... 
porque vos, Jesús, los amabas, a pesar de sus dudas y de su incredulidad.

Hoy venimos a esta Catedral a renovar nuestro amor. A renovar las promesas de nuestra 
consagración sacerdotal y diaconal. Como peregrinos que somos, como familia que caminamos, 
a todos nos hace bien el buen ejemplo de los demás. Desde ya, el ejemplo de los santos y su 
intercesión, como la del Cura Brochero que veneramos en esta Catedral (hoy sus reliquias están 
sobre el altar); pero, particularmente a nosotros, los sacerdotes, nos hace bien recordar a los 
hermanos curas que concluyeron su caminar en este mundo. Por eso, me pareció oportuno 
compartir con ustedes un testimonio sacerdotal. Se trata de un sacerdote que supo gustar del 
misterio de Dios y nos introducía al mismo con sus sabias reflexiones, particularmente en sus 
clases y charlas, en los más diversos ámbitos del país y más allá de las fronteras. Hablo del P. Lucio 
Gera. El 7 de agosto se cumplirán tres años de su partida. “Maestro en teología” como lo llamó el 
Cardenal Bergoglio, y dispuso que sea sepultado en la Catedral de Buenos Aires. 

Quiero compartir lo que él dijo al celebrar los 50 años de sacerdote. Renovando la mirada sobre su 
vida ministerial. Nos puede ayudar hoy a cada uno de nosotros. Espigaré algunos de los párrafos 
de esa homilía:
“Mi sacerdocio ha sido por cierto una opción que había que pensar bien; porque no es lo mismo 
decidir ser sacerdote que decidir cambiar de casa. Fue una opción mía, es decir, un asunto de mi 
libertad. De nadie más. Pero más allá de mi opción personal, de algo que ha surgido de mi interior, 
ha sido también algo que me sobrevino, es decir, que me vino desde más allá de mí mismo, desde 
fuera y desde arriba, por así decirlo. Algunos lo llaman destino, pero el destino no tiene rostro y yo 
me resisto a creer que mi vida haya podido estar determinada por alguien que no tiene rostro, ni 
conocimiento, ni corazón. Me sobrevino de afuera y de arriba, pero de algo personal. Eso quiere 
decir que fue vocación, llamado. Alguien me llamó; por alguien fui convocado. 

Por eso mi vocación al sacerdocio fue un asunto entre dos, no únicamente una opción mía, 
unilateral. Dios está en el origen, está a mis espaldas de sacerdote. Esto no quiere decir que haya 
tenido revelaciones, o apariciones... Gracias a Dios nunca he tenido una aparición o una revelación 
y sólo he podido moverme en la vida desde mi fe sencilla. Un sacerdote tiene que aprender a vivir 
en soledad. Pero uno aprende y acepta vivir en soledad sólo porque, en definitiva, no se está solo. 

No sólo el sacerdocio, también la existencia humana es una cosa de dos, porque nadie va a la 
nada, sino a Dios. Uno vive siempre en la presencia de Dios. Y esta presencia no es amenazadora. 
Como solemos decir en los Salmos: “Él es la roca”, no el vacío ni el abismo.

Mi opción por el sacerdocio ha nacido de un horizonte pastoral, es decir, en referencia a los 
hombres. En esta opción, mi intención primera no era buscarlo a Dios en la soledad de la 
contemplación, de la ermita, del monasterio... Tampoco mi intención fue entregarme al servicio 
específico de una necesidad humana: el hospital, la cárcel... Todo eso estaba, pero no como 
intención primera, no como lo determinante. No estaba excluido, pero lo que me determinó fue 
simplemente una cierta inclinación al ser humano, considerado desde su necesidad religiosa; no 
desde su necesidad médica o su necesidad de libertad, de hacer justicia... Me pareció con sencillez 
que Dios era un bien, y que sería un bien dedicar la vida a comunicar a Dios a los demás. Y eso 
decidió taxativamente sobre mi vocación. Pensé que estar privado de Dios puede ser un gran vacío, 
o una gran distracción. Por eso me pareció que debía entrar en esta vocación en la que uno tiene 
que ser memoria de Dios, recordarlo para que Él no caiga en el olvido.

La Carta a los Hebreos habla sobre la debilidad del sacerdote. Es tomado de entre los hombres, 
porque así puede, en su debilidad, compadecerse de los hombres... Es un hombre, no es Dios. 
La fragilidad no es algo que se declama, que se recita, sino algo que uno vive y que ha vivido. 
Es verdad, es real. Esto yo se lo digo particularmente a los seminaristas; la fragilidad es real y 
permanece después de la ordenación. Es verdad que uno tiene que aprender a no descansar en 
la propia fragilidad, a no pactar con la propia fragilidad, ni tampoco escudarse en ella para hacer 
cualquier disparate, o para vivir en la mera mediocridad.

No me interpreten esto de la fragilidad refiriéndolo solamente al campo de la sexualidad humana. 
Sólo quien tiene un gran respeto por la relación del varón y la mujer, por el amor esponsal y sexual, 
puede renunciar auténticamente a él. Quien desconoce ese valor que no entre en el sacerdocio. 
Pero ha de saber que su misma renuncia está tocada por la fragilidad. Pero el espectro de la 
fragilidad también en el sacerdote es más amplio y la peor fragilidad de uno es aquella que 
aparenta ser fuerte: la fragilidad de la propia soberbia, del orgullo, de la vacía vanidad, de la 
explosión fugaz de la ira, de la pereza, del “no me molesten”. Sí, también el sacerdote descubre la 
malicia en el propio corazón y no solamente fuera de sí mismo.

Uno se ha sabido sacerdote, entre Dios y los hombres, animado y a la vez implorante, situado entre 
la propia disponibilidad y la propia fragilidad. Pero de la fragilidad uno también ha aprendido. 
No porque tenga valor la fragilidad en sí misma, sino porque a lo largo de la vida uno ha podido 
también, con la gracia de Dios, convertir la propia fragilidad en aprendizaje, comprender la 
fragilidad humana, respetar al hombre caído, respetar a la mujer caída”.(L. Gera.”Meditaciones 
Sacerdotales”. Agape; pgs. 111-119)

Este testimonio del P. Gera lo he tomado de un libro editado en estos días llamado 
“MEDITACIONES SACERDOTALES”, a 50 años del Concilio Vaticano II, del que participó el P. Gera 
como perito y uno de sus mejores intérpretes en la Argentina y América Latina. Me pareció que 
en este DIA DEL SACERDOTE, regalarles un ejemplar a cada uno sería un hermoso homenaje a la 
memoria del P. Lucio Gera, pero también un signo de afecto personal por cada uno de ustedes 
sacerdotes.

La celebración de hoy, nos ayude a RENOVAR LA MIRADA sobre el misterio del sacerdocio de 
Jesús. La Virgencita, “mi Purísima” (al decir de Brochero), ampare nuestra fidelidad.

+ Carlos José Tissera
Obispo de Quilmes

02 abril 2015

TRIDUO PASCUAL: EVANGELIO DEL JUEVES SANTO 2 DE ABRIL:Juan 13,1-15. - MEMORIA POR LOS CAÍDOS EN MALVINAS

Antes de la fiesta de Pascua, sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre, él, que había amado a los suyos que quedaban en el mundo, los amó hasta el fin. 
Durante la Cena, cuando el demonio ya había inspirado a Judas Iscariote, hijo de Simón, el propósito de entregarlo, 
sabiendo Jesús que el Padre había puesto todo en sus manos y que él había venido de Dios y volvía a Dios,
se levantó de la mesa, se sacó el manto y tomando una toalla se la ató a la cintura.
Luego echó agua en un recipiente y empezó a lavar los pies a los discípulos y a secárselos con la toalla que tenía en la cintura.
Cuando se acercó a Simón Pedro, este le dijo: "¿Tú, Señor, me vas a lavar los pies a mí?".
Jesús le respondió: "No puedes comprender ahora lo que estoy haciendo, pero después lo comprenderás".
"No, le dijo Pedro, ¡tú jamás me lavarás los pies a mí!". Jesús le respondió: "Si yo no te lavo, no podrás compartir mi suerte".
"Entonces, Señor, le dijo Simón Pedro, ¡no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza!".
Jesús le dijo: "El que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque está completamente limpio. Ustedes también están limpios, aunque no todos".
El sabía quién lo iba a entregar, y por eso había dicho: "No todos ustedes están limpios".
Después de haberles lavado los pies, se puso el manto, volvió a la mesa y les dijo: "¿comprenden lo que acabo de hacer con ustedes?
Ustedes me llaman Maestro y Señor; y tienen razón, porque lo soy.
Si yo, que soy el Señor y el Maestro, les he lavado los pies, ustedes también deben lavarse los pies unos a otros.
Les he dado el ejemplo, para que hagan lo mismo que yo hice con ustedes."



¿Qué sintieron aquellos hombres y mujeres cuando escucharon por vez primera estas palabras de Jesús? - PAGOLA-

Les sorprende mucho más lo que hace al acabar la cena. Todos conocen el rito que se acostumbra. Hacia el final de la comida, el que presidía la mesa, permaneciendo sentado, cogía en su mano derecha una copa de vino, la mantenía a un palmo de altura sobre la mesa y pronunciaba sobre ella una oración de acción de gracias por la comida, a la que todos respondían «amén». A continuación bebía de su copa, lo cual servía de señal a los demás para que cada uno bebiera de la suya. Sin embargo, aquella noche Jesús cambia el rito e invita a sus discípulos y discípulas a que todos beban de una única copa: ¡la suya! Todos comparten esa «copa de salvación» bendecida por Jesús. En esa copa que se va pasando y ofreciendo a todos, Jesús ve algo «nuevo» y peculiar que quiere explicar: «Esta copa es la nueva Alianza en mi sangre. Mi muerte abrirá un futuro nuevo para vosotros y para todos». Jesús no piensa solo en sus discípulos más cercanos.

En este momento decisivo y crucial, el horizonte de su mirada se hace universal: la nueva Alianza, el reino definitivo de Dios será para muchos, «para todos» .

Con estos gestos proféticos de la entrega del pan y del vino, compartidos por todos, Jesús convierte aquella cena de despedida en una gran acción sacramental, la más importante de su vida, la que mejor resume su servicio al reino de Dios, la que quiere dejar grabada para siempre en sus seguidores. Quiere que sigan vinculados a él y que alimenten en él su esperanza. Que lo recuerden siempre entregado a su servicio. Seguirá siendo «el que sirve», el que ha ofrecido su vida y su muerte por ellos, el servidor de todos. Así está ahora en medio de ellos en aquella cena y así quiere que lo recuerden siempre. El pan y la copa de vino les evocará antes que nada la fiesta final del reino de Dios; la entrega de ese pan a cada uno y la participación en la misma copa les traerá a la memoria la entrega total de Jesús. «Por vosotros»: estas palabras resumen bien lo que ha sido su vida al servicio de los pobres, los enfermos, los pecadores, los despreciados, las oprimidas, todos los necesitados... Estas palabras expresan lo que va a ser ahora su muerte: se ha «desvivido» por ofrecer a todos, en nombre de Dios, acogida, curación, esperanza y perdón.

Ahora entrega su vida hasta la muerte ofreciendo a todos la salvación del Padre.

Así fue la despedida de Jesús, que quedó grabada para siempre en las comunidades cristianas. Sus seguidores no quedarán huérfanos; la comunión con él no quedará rota por su muerte; se mantendrá hasta que un día beban todos juntos la copa de «vino nuevo» en el reino de Dios. No sentirán el vacío de su ausencia: repitiendo aquella cena podrán alimentarse de su recuerdo y su presencia. Él estará con los suyos sosteniendo su esperanza; ellos prolongarán y reproducirán su servicio al reino de Dios hasta el reencuentro final. De manera germinal, Jesús está diseñando en su despedida las líneas maestras de su movimiento de seguidores: una comunidad alimentada por él mismo y dedicada totalmente a abrir caminos al reino de Dios, en una actitud de servicio humilde y fraterno, con la esperanza puesta en el reencuentro de la fiesta final.

¿Hace además Jesús un nuevo signo invitando a sus discípulos al servicio fraterno? El evangelio de Juan dice que, en un momento determinado de la cena, se levantó de la mesa y «se puso a lavar los pies de los discípulos». Según el relato, lo hizo para dar ejemplo a todos y hacerles saber que sus seguidores deberían vivir en actitud de servicio mutuo: «Lavándoos los pies unos a otros». La escena es probablemente una creación del evangelista, pero recoge de manera admirable el pensamiento de Jesús. El gesto es insólito.


En una sociedad donde está tan perfectamente determinado el rol de las personas y los grupos, es impensable que el comensal de una comida festiva, y menos aún el que preside la mesa, se ponga a realizar esta tarea humilde reservada a siervos y esclavos. Según el relato, Jesús deja su puesto y, como un esclavo, comienza a lavar los pies a los discípulos. Difícilmente se puede trazar una imagen más expresiva de lo que ha sido su vida, y de lo que quiere dejar grabado para siempre en sus seguidores. Lo ha repetido muchas veces: «El que quiera ser grande entre vosotros, será vuestro servidor; y el que quiera ser el primero entre vosotros, será esclavo de todos». Jesús lo expresa ahora plásticamente en esta escena: limpiando los pies a sus discípulos está actuando como siervo y esclavo de todos; dentro de unas horas morirá crucificado, un castigo reservado sobre todo a esclavos.