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12 septiembre 2014

San EFRÉN "el Sirio". (c.306 - 373). Doctor de la Iglesia.

Martirologio Romano: San Efrén, diácono y doctor de la Iglesia, que primero ejerció en Nísibe, su patria, el ministerio de la predicación y la enseñanza de la doctrina, pero cuando los persas invadieron Nísibe se trasladó a Edesa, en Osrhoene, donde, con los discípulos que le habían seguido, inició una escuela teológica, ejerciendo su ministerio con la palabra y los escritos. Célebre por su austeridad de vida y la riqueza de su doctrina, por los exquisitos himnos que compuso mereció ser llamado “cítara del Espíritu Santo”.


Nacido en Nísibis de Mesopotamia (actual Irak) de familia cristiana (su padre no era sacerdote de ídolos, según controvertidas noticias históricas). Fue bautizado a los 18 años, aunque fuera educado desde la infancia en la meditación de las Sagradas Escrituras. 
Según relató Efrén a los monjes, fue acusado falsamente de estar en relación con unos salteadores, y al ver los instrumentos de tortura, sintió terror, y pidió a Dios que le salvara y que si cumplía sus deseos se haría monje. La Providencia le liberó no sin antes probar su fe. En su retiro vivió la oración, austeridad y estudio hasta que el obispo Santiago de Nísibis, su maestro, le encargó organizar la escuela de Nísibis, ciudad que había caído bajo el dominio de los persas (363) del rey Shapor II, después de la derrota de Juliano el Apóstata. Acudió a auxiliar a los cristianos perseguidos. 
Ordenado diácono en Edessa en el 325 por el obispo Santiago, fue consejero del obispo Narsete y tomó parte en la fundación de la escuela denominada de "los Persas" (367), que tuvo una orientación teológica más bien antioquena. Asistió al Concilio de Nicea, acompañando a su obispo. Se dedicó a la catequesis, especialmente entre los paganos y pecadores hasta su muerte. Aquí nació la literatura siriaca en su dialecto arameo. 
Escribió en prosa homilías y comentarios a las Sagradas Escrituras; y en verso himnos (Carmina Nisebina) que le han valido el título de ser llamado "arpa del Espíritu Santo" y "cantor de la Virgen Inmaculada". Fue el primero que concibió a María como Inmaculada y fue su primer cantor: "Tú y tu madre, Señor, sois los únicos perfectamente bellos... En tu madre no existe mancha alguna". En sus escritos hace referencia a los sacramentos: "A diario te abrazamos en tus sacramentos y te recibimos en nuestro cuerpo. Haznos dignos de sentir en nuestra persona la resurrección que esperamos. Poseemos, Señor, en nuestra propia persona tu memorial tomado en la mesa espiritual; haz que lleguemos a poseerlo en toda su realidad en la renovación futura".
Quiso permanecer como diácono, haciendo vida eremítica en una gruta (algunos autores dicen que fue un santo estilita que vivió en el interior de una columna), y rechazó el episcopado que san Basilio “el Grande” le ofrecía. Se cuenta de él que se fingió loco para no ser nombrado obispo. Su ejemplo es el de la austeridad unida al estudio y a la caridad para los pobres y enfermos. En la carestía del 373 se prodigó hasta el agotamiento. MEMORIA FACULTATIVA.

Interrogantes ante el Diaconado Permanente

            Imaginemos que un nuevo obispo comienza a pensar en instaurar el Diaconado Permanente en su diócesis.

            O qué un grupo de presbíteros quiere estudiar la posibilidad de iniciar esa experiencia

            O que los posibles candidatos expresen sus inquietudes.

            Lo más probable es que surjan algunos interrogantes similares a los que, a lo largo de unos veinticinco años he recibido, tanto por haber actuado en una diócesis que, como la de Quilmes tiene casi un centenar de Diáconos Permanentes o porque ahora, en San Martín, soy asesor del Colegio Diaconal y director de la Escuela de Ministerios.


¿No hay dificultades entre el diácono permanente y el párroco?

            Algo parecidas, pero con menor intensidad, como ocurre con el párroco y el/ o los presbíteros vicarios parroquiales.

            Como toda relación humana, pueden darse colaboraciones muy estrechas o conflictos y competencias.

            Pero los eventuales roces se amortiguan porque el diácono no vive en la casa parroquial y además la vida con su esposa y sus hijos e hijas le muestran otras dimensiones que suelen evitar un excesivo confrontamiento.


¿Cuál es la mayor dificultad en el trabajo pastoral?

            He observado tres:

            1. “Los párrocos pasan y el diácono queda”. Como los obispos suelen designar a los diáconos en lugares cercanos a su domicilio – o en su propia jurisdicción parroquial – éstos tienen una percepción del barrio y de la comunidad que el párroco o el vicario recién designado tardará un buen tiempo en captar.

                Si el presbítero no acepta esa limitación inicial, puede ocurrir que los feligreses tengan más confianza en el diácono que en el nuevo sacerdote ¡Pobre de éste si además es celoso o autosuficiente!

                Por el contrario, si advierte que esa experiencia del diácono es un aporte para la tarea pastoral, no sólo propia sino de toda la comunidad, podrá abrir horizontes insospechados.


            2. Diáconos mejor preparados que los presbíteros.

                Ocurre sobre todo cuando el diácono es profesional – abogado, docente universitario, gerente o incluso licenciados y doctores en teología – lo que posibilita una buena actualización en la práctica de las relaciones institucionales y de la formación intelectual.

                Si el presbítero es de personalidad “competidora” casi seguramente perderá el “certamen” y los vínculos se deteriorarán. A la inversa, si aprovecha y reconoce esa riqueza del diácono, podrá encontrarse con diálogos mutuamente enriquecedores y con la posibilidad de un agente de pastoral apto para una eficiente organización pastoral, tanto en la Cáritas como en otros emprendimientos de gestión popular como y la tarea de la evangelización de los jóvenes y adultos de los sectores medios intelectuales.

                Algo similar ocurre con los diáconos – y también laicos y laicas – que desempeñan el ministerio de la escucha con una paciencia y una dedicación admirable. No compiten con el sacramento de la reconciliación, pero prestan una ayuda eficaz para el diálogo pastoral e incluso el acompañamiento espiritual.


            3. Presbíteros “temerosos” del Diaconado permanente.

                Es normal que al comienzo de la instauración del Diaconado Permanente y aún después de varios años de su existencia, algún presbítero, sea por razones “ideológicas” o por personalidades algo débiles, no quieran que ellos sean designados en sus parroquias.

                Aunque parezca extraño, tratándose de una propuesta aprobada por el Concilio Vaticano IIº, todavía existen posturas que muestran un miedo “reverencial”.

            Hace unos años, un presbítero de cierta importancia en un Dicasterio de Roma me decía que la proliferación de diáconos permanentes llevaba a la “perdida” de la vocación presbiteral, porque los jóvenes, al ver una figura tan parecida al del presbítero, pero sin la obligación del celibato, la abrasarían rápidamente. ¡Una vez más la vocación parece pasar por la sexualidad!

            Otros, con una mirada pastoralmente reductiva, piensan al diaconado como una “suplencia” dónde faltan presbíteros y que por lo tanto, ellos no son necesarios en diócesis y sobre todo, arquidiócesis con “abundancia” de sacerdotes. De ser así, no se entendería porqué la diócesis de Roma lo ha instaurado. En este caso, la vocación al “sacramento del servicio” queda así reducida a estadísticas sociológicas, perdiendo su carácter de “signo” dentro del Orden Sagrado.

            Cuando por distintas razones, el presbítero “teme” al diácono es mejor no imponerle su presencia, porque uno de los extremos terminará agotándose. La mejor solución es no enviar diáconos a las parroquias a cargo de esas personas, o en el caso de comunidades dónde los diáconos ya tienen una presencia importante, enviar presbíteros aptos para el trabajo con ellos y con capacidad de relación con la esposa y los hijos e hijas de los diáconos..


¿Y en casos extremos?

            Al igual que con los vicarios parroquiales, un cambio de destino pastoral será inevitable.


¿Los diáconos no son excesivamente clericales?

            El “clericalismo” es un defecto que puede encontrarse presente en  laicos, laicas, religiosos y religiosas, presbíteros, obispos y por consiguiente, también entre los diáconos.

            Sobre todo porque al tratarse de una figura con roles recientes suele acentuarse sus servicios litúrgicos, llegando, en casos exagerados, a convertirse en “monaguillos de lujo”, o a la inversa, en “curas en miniatura”.

            La mejor manera de evitarlo es acentuar la “triple diaconía”, es decir, el “servicio de la Palabra” que lo pone en contacto directo con quienes han de recibir el anuncio explícito del Evangelio; el “servicio de la Liturgia” que además de los ritos propios de cada sacramento supone la obra de santificación que esos mismos sacramentos realizan y finalmente el “servicio de la Caridad”.

            Este último abarca, según el Directorio, “el área de la educación cristiana; la animación de los grupos eclesiales juveniles y de las profesiones laicales; la promoción de la vida en cada una de sus fases y la transformación del mundo según el orden cristiano” (38).

            Esta última tarea se expande en la dimensión sindical y política, y por ello el mismo Código les exime de la prohibición que rige para los otros clérigos, de “participar activamente en los partidos políticos y en la dirección de asociaciones sindicales” (cfr. Cáno 287,2 y 288).

            En estos casos, es de sentido común un atento discernimiento, de tal manera que, como aconseja el Directorio en todo lo referente a los compromisos profesionales, “siempre tendrán cuidado de valorar cada situación con prudencia, pidiendo consejo al propio obispo, sobre todo en los casos y en las situaciones más complejas.” (cfr. 12 y 13)

                                                                                              Eduardo A. González

           

    ¿Que obligaciones económicas tiene la diócesis y la parroquia con respecto al diácono y a su familia?

            El Directorio para la Vida de los Diáconos permanentes reitera el principio del Código de Derecho Canónico: los que realizan actividades profesionales deben mantenerse con las ganancias derivadas de ellas, pero quienes estén dedicados plenamente al ministerio eclesiástico, merecen una retribución tal que puedan sostenerse a sí mismo y a su familia. (cfr. Cánon 281,3).

            En concreto, la mayoría de los diáconos viven de su trabajo profesional o de su jubilación; existen también un grupo que realiza tareas vinculadas a la institución eclesiástica, como representantes legales de colegios, secretarios cancilleres, administradores de curias y seminarios y secretarios parroquiales.

            Es conveniente fijar de antemano todo lo referente a los viáticos, sobre todo cuando el diácono debe desplazarse, ya sea en medios de locomoción propios o públicos.


¿Cómo actuar cuando un diácono queda desocupado?

            El Directorio trae una sugerencia sobre el tema, al señalar que “el derecho particular puede, definir que obligaciones debe asumir la diócesis en relación al diácono que, sin culpa, se encontrase privado del trabajo civil. Igualmente será oportuno precisar las eventuales obligaciones económicas de la diócesis en relación a la mujer y a los hijos del diácono fallecido” (20)

            Más allá de normas canónicas, lo más práctico es tratar de ubicar al diácono desocupado, al menos provisoriamente, en puestos y tareas de las instituciones dependientes de la Iglesia (vgr. colegios, mantenimiento de edificios, etc).

            En estas situaciones, el principio de solidaridad del sacramento del Orden Sagrado puede aportar soluciones creativas y posibles.


El diácono casado que enviuda, ¿puede volver a casarse?

            Siguiendo una tradición similar a la de los presbíteros casados en el Rito Oriental, la ordenación es impedimento para un nuevo matrimonio en caso de viudez. Pero este impedimento puede dispensarse, según aclara la Congregación para el Culto Divino, cuando se da entre otras  situaciones: “el gran beneficio y utilidad del ministerio del diácono viuda para la Iglesia a la que pertenece” (cfr. Normas Básicas para la Formación de Diáconos Permanentes, 38)


¿Dónde centrar una espiritualidad adecuada a las tensiones y equilibrios necesarios para la vida del diácono con familia, profesión y tareas pastorales?

            Una vez más, recurro a la ayuda del Directorio: “El seguimiento de Cristo en el ministerio diaconal es una empresa fascinante pero ardua, llena de satisfacciones y de frutos, pero también expuesta, en algún caso, a las dificultades y a las fatigas de los verdaderos seguidores de Cristo Jesús.

            Para realizarla, el diácono necesita estar con Cristo para que sea él quien lleva la responsabilidad del ministerio; necesita también reservar el primado a la vida espiritual, vivir con generosidad la diaconía, organizar el ministerio y sus obligaciones profesionales o familiares, de manera que progrese en la adhesión a la persona y a la misión de Cristo (50)

     Eduardo A. González

09 septiembre 2014

¿ME LLAMA DIOS AL DIACONADO PERMANENTE?



 Vida pastoral, mayo-junio 2007





            El 4º domingo de Pascua, o “del Buen Pastor” se dedica también a la “Jornada Mundial por las
Vocaciones” en las que se incluyen peticiones por las “vocaciones sacerdotales y religiosas”, aunque algunos reemplazan la última palabra por “vida consagrada” y los más audaces lleguen a mencionar al “apostolado misionero”.

            Además, como se lo sintetiza en un valioso artículo de Octavio Groppa sobre la vocación (Vida Pastoral, enero-febrero 2007) “el ministerio ordenado en la Iglesia Católica Romana todavía está asociado a la vida celibataria”. (Entiendo que se está refiriendo sólo al presbiterado de la Iglesia Católica de rito Latino, porque la de rito Oriental suele ordenar varones casados, realidad poco conocida en nuestro país.)

            Sin embargo,  a partir del Concilio Vaticano II ha comenzado a expandirse con fuerte impulso  en la Iglesia Católica de rito Latino el ministerio de   varones casados, que reciben el Orden  del Diaconado y son conocidos popularmente como “diáconos permanentes”, “padre diácono” o simplemente “el diácono”.

            El término “permanente” aplicado a quienes no son  destinados al presbiterado se utiliza para diferenciarlos de los que sí lo están y que el canon 1035,1 del Código de Derecho Canónico en la versión castellana los incluye dentro del “diaconado transitorio” (en latín: transeunte)

            Este juego de palabras le permitía ironizar al Cardenal Juan Carlos Aramburu cuando le preguntaban porqué la Arquidiócesis de Buenos Aires no tenía “diáconos permanentes”. Respondía: “porque tenemos permanentemente diáconos”



UNA LLAMATIVA EVOLUCIÓN ESTADÍSTICA



            En 1989 los diáconos permanentes en el mundo eran 12.541, seis años después, en 1995 aumentan a 21.000 y en 2003 se registran 31.024. Si se mantiene la constante y proyectando los datos, es de suponer que en el año 2009 se registrará un aumento de más del 200% en  un lapso de sólo 20 años.

            Concretando en nuestro país, dónde existen alrededor de 850 dice la socióloga Beatriz Balian: “El número de diáconos permanentes en Argentina presenta una fuerte tendencia creciente, pero podría decirse que ese desenvolvimiento se ha desarrollado con resistencias, debido a la gran transformación radical que significa incorporar hombres casados al mundo de los clérigos donde la pauta generalizada era ser solteros. Por otro lado el análisis de los diáconos permite advertir que las dificultades también aparecen entre los mismos diáconos. Es muy interesante observar que en los diferentes encuentros nacionales, en forma constante aparecen tres temas como principales: 1) la identidad del diácono 2) la esposa y familia del diácono y 3) la renovación de la Iglesia.”

            ¿Será un signo de los tiempos que tendremos que leer cuando esta llamativa evolución estadística se refiere a una vocación que, salvo excepciones, se excluye de la “oración por las vocaciones” y de “campañas vocacionales”? ¿Acaso estará hablando Dios a través de los hechos que tan visiblemente ocurren en la Iglesia Católica de rito latino?



“TIENE VOCACIÓN…DE DIÁCONO”

            Cuando Guillermo, un jovencito de 8 años, vecino a la zona de la rotonda de Alpargatas, en el conurbano sur de Buenos Aires, le pidió a su mamá que le hiciera una túnica blanca para ser monaguillo, ésta le preguntó: ¿y querés  ser cura como el Padre Eduardo?. – No, quiero ser diácono como los dos hombres que están en el altar al lado de él….

            La antigua expresión con la que alguien decía “ese joven tiene vocación…” y que se entendía como “tiene vocación para ser cura” tendrá que irse modificando con la aclaración, poco usada todavía de “tiene vocación para  diácono permanente”. Afirmación que lleva a suprimir la frase que pudo verse en algún plan de pastoral: “ante la falta de vocaciones, se fomentará la ordenación de diáconos permanentes…”

            Las Normas Básicas para la formación de los Diáconos Permanentes o Ratio Fundamentalis (Rf) parte de una reflexión de Juan Pablo II en la Exhortación Pastores dabo vobis,  referida a toda vocación, como diálogo entre el llamado divino y la respuesta de libertad humana, para luego aplicarla a la vocación diaconal.

            “La historia de toda vocación sacerdotal, como también de toda vocación cristiana, es la historia de un inefable diálogo entre Dios y el hombre, entre el amor de Dios que llama y la libertad del hombre que, en el amor, responde a Dios.(Juan Pablo II)

            Pero junto a la llamada de Dios y a la respuesta del hombre, hay otro elemento constitutivo de la vocación y particularmente de la vocación ministerial: la llamada pública de la Iglesia: Se dice ser llamado por Dios quienes son llamados por los ministros legítimos de la Iglesia (Catecismo Tridentino)

            La expresión…debe tomarse en sentido sacramental, que considera a la autoridad que llama como el signo y el instrumento de la intervención personal de Dios, que se realiza con la imposición de las manos.

            En esta perspectiva, toda elección regular expresa una inspiración y representa una elección de Dios. El discernimiento de la Iglesia es, por tanto, decisivo para la elección de la vocación; y mucho más, por su significado eclesial, para elegir una vocación al ministerio ordenado.” (Rf, 29)

           

ALGUNOS INDICIOS DE LA VOCACIÓN.

            Salvo experiencias religiosas extraordinarias y  poco frecuentes, la mayoría de quienes han de decidir sobre la elección de carrera, los trabajos profesionales y  la decisiva orientación de la vida, el matrimonio, la vocación laical o cualquier forma de consagración religiosa,  tendrán que estar atentos a los “indicios” o “señales” que provienen del entorno que los rodea.

            Estas pistas suelen advertirse a través de las actitudes más constantes, las opiniones de verdaderos amigos, y los propios interrogantes que sobre el destino de la existencia  se van formulando y cuyas respuestas se concretan en el modo de desplegar sus opciones.

            A ellos la pastoral cristiana agrega los consejos y sugerencias que provienen de la práctica del sacramento frecuente de la Reconciliación y del diálogo conocido en la tradición milenaria de las Iglesias y de otras religiones, como “acompañamiento” “orientación”, “discipulado” o “dirección espiritual” y que en el caso de las decisiones referidas al ministerio ordenado se convierten en imprescindibles.

            Un indicio positivo es el tipo de actividad concreta que en relación con el reino de Dios y con la comunidad cristiana se viene desarrollando.

            Así lo sugiere la información que brinda la Introducción al documento “Diaconado permanente” señalando que entre las razones por las que el Concilio lo restauró se encuentra “la intención de reforzar con la gracia de las Ordenación diaconal a aquellos que ya ejercían de hecho funciones diaconales” (Rf, Introducción,2)

            Al mencionar las “funciones diaconales” se corre el riesgo de pensar exclusivamente en la participación en acciones litúrgicas o en el desarrollo de un continuo “ministerio extraordinario de la Sagrada Comunión” o “de la Salud y el alivio”.

             Sin dejarlas de lado, otras “funciones de servicio” al pueblo pueden verse desde un horizonte más amplio que incluye el sentido de la tarea de un docente, un dirigente sindical o un activista político.



CONOCIENDO LA VOCACIÓN DE MI ESPOSO

            Tratándose de la vocación de un varón casado, adquiere relevancia el discernimiento y la visión que brindará su esposa, los hijos y el entorno familiar de quienes conviven cotidianamente. Es una visión que se hace presente a partir de una mirada creyente.

            Dicen las Normas Básicas: “Provéase para que las esposas de los candidatos casados crezcan en el conocimiento de la vocación del marido y de su propia misión junto a él. Para ello, invíteselas a participar regularmente en los encuentros de formación espiritual. Igualmente procúrese llevar a cabo iniciativas apropiadas para sensibilizar a los hijos respecto del ministerio diaconal” (Rf, 78)

            La experiencia enseña que más de un varón descubrió la vocación diaconal a partir de una preciosa sugerencia de la esposa, o al contrario, no pudo ser ordenado por la negativa de la mujer  a brindar la autorización que exigen las normas canónicas.

            Con algo de humor solemos decir en los diálogos de discernimiento “hay que cuidar que la esposa no tenga más vocación de diaconisa que su esposo de diácono”

            Las cualidades y virtudes que figuran en la I Carta a Timoteo (ver 3,8-13) mantienen total vigencia aunque los exegetas discutan que lugar ocupaban en las primeras comunidades que iban diseñando sus carismas y ministerios y el sentido de algunas expresiones:

            “De la misma manera los diáconos deben ser varones respetables, de una sola palabra, moderados en el uso del vino y enemigos de ganancias deshonestas. Que conserven el misterio de la fe con una conciencia pura.

            Primero se los pondrá a prueba, y luego, si no hay nada que reprocharles, se los admitirá al diaconado.

            Que las mujeres sean igualmente dignas, discretas para hablar de los demás, sobrias y fieles en todo.

            Los diáconos deberán ser varones casados una sola vez, que gobiernen bien a sus hijos y su propia casa.

            Los que desempeñan bien su ministerio se hacen merecedores de honra y alcanzan una gran firmeza en la fe de Jesucristo”



¿JERARCAS CLERICALES O JERAQUÍA SERVIDORA?

            La palabra “jerarquía clerical” tiene mal prensa entre nosotros, porque se la suele usar como sinónimo del abuso que es posible encontrar entre los que ejercen algún poder en las instituciones eclesiásticas. También se utiliza para mencionar a los “jerarcas políticos”, “jerarcas sindicales”, “jerarcas militares”, etc. con tonalidad sumamente crítica, referida sobre todo al autoritarismo o a negocios turbios o poco diáfanos.

            A su vez el “clericalismo” expresa una intromisión indebida del poder eclesiástico en ámbitos que corresponden a instituciones autónomas o a la autoridad civil de los Estados.

            Pero si hacemos el esfuerzo de desligar a las palabras de su contexto peyorativo, y buscamos el sentido preciso con que es usado en el lenguaje teológico conciliar, podemos descubrir aspectos mucho más positivos que obligan a una revisión de los respectivos roles y a una adecuada autocrítica, sin excluir el uso de un vocabulario más propio de la sagrada Escritura, cuestión en debate,  que no es  tema de  estas líneas.

            El diaconado es mencionado en la Constitución sobre la Iglesia en el capítulo III titulado “Constitución jerárquica de la Iglesia y particularmente el Episcopado”, por lo tanto, al igual que los presbíteros y los obispos, se los considera parte de la “jerarquía” y pertenecen al “clero” que recibe el Sacramento del Orden.

            Lo interesante es que la introducción de este capítulo parte del dato de que la misión de la jerarquía es un ministerio eminentemente pastoral, “al servicio de sus hermanos” (nº 18)

            Para que no queden dudas, se reitera, al explicar la misión de los Obispos, que “este encargo que el Señor confió a los pastores de su pueblo es un verdadero servicio, que en la Sagrada Escritura se llama con toda propiedad diaconía o ministerio.” (nº24).



EL DIÁCONO ¿SIGNO DEL CRISTO SERVIDOR o ACÓLITO DE LUJO?

            Después de mencionar el lugar que ocupa el Episcopado y los presbíteros, la mencionada Constitución dedica un número que, a pesar de su brevedad, fundamenta el diaconado en general y restaura el “permanente” con la repercusión que puede observarse a cuarenta años de su promulgación.

            Allí se dice la “imposición de las manos al diácono no es en orden al sacerdocio, sino en  orden al ministerio”(nº29)

            Las Normas Básicas comentan este párrafo considerando que aquí “se traza la identidad teológica específica del diácono:…es en la Iglesia un signo sacramental específico de Cristo servidor”.(Rf..5). Por eso, en su ordenación se piden los “dones del Espíritu para que el ordenando esté en condiciones de imitar a Cristo como diácono”. (n.6)

            La firme decisión de querer identificarse con el Cristo-Servidor es a mí entender el núcleo de la vocación diaconal, es decir, del llamado de quién es primer protagonista su Espíritu. “Es el quien los llama, quien los acompaña y quien modela sus corazones para que puedan reconocer su gracias y corresponder a ella generosamente” (Rf.18)

            Porque es cierto que muchas de los servicios de docencia,  liturgia y animación en las comunidades que realiza el diácono  puede ser encomendado a laicos y laicas convenientemente designados, pero en su ordenación se presencializa una gracia-sacramento que remite a la dimensión del “signo”, ya que “es constituido en la Iglesia icono vivo del Cristo servidor” … “su santidad consistirá en hacerse servidor generoso y fiel de Dios y de los hombres, especialmente de los más pobres y de los que sufren…”(Rf.11)     

            Estas tareas no tienen más limite que las normas morales,  por eso que, a diferencia del presbítero, el diácono permanente puede desempeñar cargos públicos, administrar bienes de sociedades civiles, participar activamente en los partidos políticos y en la dirección de las asociaciones sindicales. (ver  CIC, cc. 285-288)

            También en ambientes cargados de tensiones y conflictos, el diácono está llamado a ser imagen viviente de Jesucristo, el  Servidor.

Eduardo A. González

BIBLIOGRAFÍA:
Concilio Vaticano II: Constitución Dogmática Lumen Pentium, Vaticano, 1965
Congregación para la Educación Católica y Congregación para el Clero: El diaconado permanente. Normas básicas de la Formación. Directorio para el Ministerio y la Vida. 1998.
Octavio Groppa: ¿Me llama Dios?, Vida Pastoral, nº 263; enero-febrero 2007 pp. 12-19   
Tomás Rodríguez Miranda: La dirección espiritual. Buenos Aires, 2006.
Beatriz Balian de Tagtachian: Los  diáconos permanentes en la Iglesia Católica Argentina: un nuevo rol en su estructura - una aproximación sociológica. Buenos Aires, 1998

27 junio 2014

Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús

Sagrado Corazón de Jesús
La devoción al Corazón de Jesús ha existido desde los primeros tiempos de la Iglesia, desde que se meditaba en el costado y el Corazón abierto de Jesús, de donde salió sangre y agua. De ese Corazón nació la Iglesia y por ese Corazón se abrieron las puertas del Cielo.

La devoción al Sagrado Corazón está por encima de otras devociones porque veneramos al mismo Corazón de Dios. Pero fue el propio Jesús que, en el siglo XVII en Paray-le-Monial, Francia, solicitó, a través de una humilde religiosa, que se estableciera definitiva y específicamente la devoción a su Sacratísimo Corazón.

En efecto, el 16 de junio de 1675, Jesús se le apareció a Santa Margarita María de Alacoque. Su Corazón estaba rodeado de llamas de amor, coronado de espinas, con una herida abierta de la cual brotaba sangre y, del interior de su corazón, salía una cruz. Santa Margarita escuchó a Nuestro Señor decir: "He aquí el Corazón que tanto ha amado a los hombres, y en cambio, de la mayor parte de los hombres no recibe nada más que ingratitud, irreverencia y desprecio, en este sacramento de amor."

Con estas palabras Nuestro Señor mismo nos dice en qué consiste la devoción a su Sagrado Corazón. La devoción en sí está dirigida a la persona de Nuestro Señor Jesucristo y a su amor no correspondido, representado por su Corazón. Dos, pues son los actos esenciales de esta devoción: amor y reparación. Amor, por lo mucho que Él nos ama. Reparación y desagravio, por las muchas injurias que recibe sobre todo en la Sagrada Eucaristía.

La devoción al Corazón de Jesús, no solo se ajusta enteramente a los requisitos mencionados en el documento del Concilio Vaticano II concerniente a la liturgia, sino que, además, se encuentra enraizada en la entraña del mismo Evangelio, de donde proceden todos aquellos ideales, actitudes, conductas y prácticas fundamentales, definitorias del auténtico cristianismo y peculiares del culto cristiano.-

 
En este sentido, la devoción al Corazón de Jesús está totalmente de acuerdo con la esencia del Cristianismo, que es religión de amor. Ya que tiene por fin el aumento de nuestro amor a Dios y a los hombres. No apareció de repente en la Iglesia, ni se puede afirmar que deba su origen a revelaciones privadas. Pues es evidente que las revelaciones de Santa Margarita María de Alacoque no añadieron nada nuevo a la Doctrina Católica.

 
La importancia de estas revelaciones está unicamente en que sirvieron para que, de una forma extraordinaria, Cristo nos llamase la atención para que nos fijásemos en los misterios de su amor. "En su corazón debemos poner todas las esperanzas". Ya que "la Eucaristía, el Sacerdocio y María son dones del Corazón de Jesús" (Pío XII, Encíclica Haurietis Aquas).



Te pedimos, Dios todopoderoso y eterno, que, al celebrar la grandeza del amor que resplandece en el corazón de tu Hijo, recibamos de esta fuente divina gracias cada vez más abundantes. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

15 abril 2014

“Alégrense”

“Alégrense”(Mt. 28, 9)
 
Hermanas y hermanos:He iniciado este saludo pascual con las palabras de Jesús a las mujeres que fueron al sepulcro de madrugada: “Alégrense”. Ellas estaban llenas de miedo y muy tristes. Miedo por lo que habían vivido horas atrás, y tristes porque Jesús estaba muerto. Se encontraron con el Señor resucitado que las invita a la alegría. Al verlo, se acercan, le abrazan los pies y se postran delante de Él. Jesús las tranquiliza y las envía a anunciar a los demás lo vivido. Esa es la “alegría del Evangelio”. El anuncio de que Jesús murió y resucitó. Es el anuncio de la Iglesia de todos los tiempos, hoy pastoreada por Francisco.
Las primeras testigos de este acontecimiento fueron las mujeres. El papa comenta esto diciendo: “Las mujeres fueron impulsadas por el amor y saben acoger este anuncio con fe: creen, e inmediatamente lo transmiten, no se lo guardan para sí mismas, lo comunican. La alegría de saber que Jesús está vivo, la esperanza que llena el corazón, no se pueden contener. Esto debería suceder también en nuestra vida. ¡Sintamos la alegría de ser cristianos! Nosotros creemos en un Resucitado que ha vencido el mal y la muerte. Tengamos la valentía de ‘salir’ para llevar esta alegría y esta luz a todos los sitios de nuestra vida. La Resurrección de Cristo es nuestra más grande certeza, es el tesoro más valioso. ¿Cómo no compartir con los demás este tesoro, esta certeza?” (Papa Francisco, audiencia del 3 de abril de 2013).
Tu vida valeEn el momento actual del mundo y de la Argentina, la celebración de la Pascua nos entusiasma a honrar la vida. Esa vida que es el gran regalo de Dios; vida que encontramos plenificada en Jesucristo, vencedor de la muerte. El próximo sábado 26 de abril, se celebrará la Jornada Regional de los Jóvenes (JRJ) en el Planetario, en Palermo. El lema convocante es: “Tu vida vale”. Siempre la juventud ha sido sinónimo de vida nueva, de esperanza y alegría. Lamentablemente hoy tenemos que aceptar que en el mundo y en la Argentina, muchos jóvenes viven tristes, sin esperanza y sin sentido para sus vidas. Los jóvenes cristianos del Gran Buenos Aires y Capital quieren anunciar que la vida vale; que el mismo Dios entregó su vida para que nosotros vivamos; que ese Jesús hoy vive en cada uno. Como lo expresa el Documento de Aparecida: “Conocer a Jesús es el mejor regalo que puede recibir cualquier persona; haberlo encontrado nosotros es lo mejor que nos ha ocurrido en la vida, y darlo a conocer con nuestra palabra y obras es nuestro gozo.” (DA 29)
Modelos de Santidad“Su resurrección no es algo del pasado; entraña una fuerza de vida que ha penetrado el mundo. Donde parece que todo ha muerto, por todas partes vuelven a aparecer los brotes de la resurrección. Es una fuerza imparable… Cada día en el mundo renace la belleza, que resucita transformada a través de las tormentas de la historia. Los valores tienden siempre a reaparecer de nuevas maneras, y de hecho el ser humano ha renacido muchas veces de lo que parecía irreversible. Ésa es la fuerza de la resurrección y cada evangelizador es un instrumento de ese dinamismo”. (EG. 276)
Próximamente, el domingo 27 de abril, Francisco proclamará Santos a Juan XXIII y a Juan Pablo II. Dos modelos de evangelizadores. El primero convocó el Concilio Vaticano II y despertó una verdadera primavera en la Iglesia universal. Su decisión fue verdaderamente revolucionaria. Su fe en el Resucitado lo mantuvo sereno en las dificultades que le trajo tal convocatoria. Su preocupación por la paz, su sencillez y su grandeza de corazón para con todos, aun con los que lo criticaron, fue la razón por la que el mundo lo llamó “Juan el Bueno”.
E
l Papa venido de Polonia, que la mayoría aún recordamos, fue el “gran misionero”. El que visitó y besó la tierra de todos los continentes; el que hizo vibrar los corazones de millones de jóvenes; el que no sólo perdonó a sus agresores, sino el que enseñó a sobrellevar la cruz de la enfermedad con paciencia y esperanza; el primer Papa que visitó a la Argentina; el que nos acompañó en el paso del segundo al tercer milenio cristiano, invitándonos a no apagar el ardor misionero. Ahora son dos modelos de santidad y nuestros intercesores para anunciar “la alegría del Evangelio”. Dos grandes testigos del Resucitado.
Hermanas y hermanos: “La resurrección de Cristo provoca por todas partes gérmenes de un mundo nuevo; y aunque se los corte, vuelven a surgir, porque la resurrección del Señor ya ha penetrado la trama oculta de esta historia, porque Jesús no ha resucitado en vano. ¡No nos quedemos al margen de esa marcha de la esperanza viva!”. (EG. 278)
Con estas palabras los animo a fortalecer nuestra fe, nuestro servicio al prójimo, nuestra generosa entrega en la vida familiar, en el trabajo y en el estudio. Con el anuncio pascual deseo alentar a los que cargan con la cruz de la enfermedad y de la soledad que experimentan muchos ancianos; la cruz del abandono que sienten los privados de la libertad, de los que padecen las consecuencias de la inseguridad y la violencia; la cruz de los que sufren las necesidades de la marginalidad, y de la indignidad del trabajo esclavo y de la trata. Mi cariño y bendición para todos, especialmente a los que han perdido a seres queridos, a los que se sienten desprotegidos y sienten apagada su esperanza. A todos los abrazo paternalmente, los bendigo de corazón, y los encomiendo a la Virgen María, “causa de nuestra alegría”.


¡FELICES PASCUAS!



+ Carlos José Tissera
Padre Obispo de Quilmes

26 marzo 2014

Convocatoria de la Pastoral Migratoria

Hermanos Pbros. Decanos, Párrocos; Diáconos Permanentes, religiosas, a los agentes de pastoral:

Desde el camino breve,  recorrido en estos años, de conocimiento de “la pastoral Migratoria”,  Como así con la Vria. de Solidaridad, donde queremos trabajar en Red  “Queremos invitarte (o, a quien puedas delegar este servicio)”, ya que necesitamos  encontrarnos en la diócesis, a partir de una convocatoria amplia, con los referentes que están trabajando con migrantes, con las diversas colectividades,  y con los que quisieran colaborar.  Donde conocernos y realizar un revelamiento de los lugares donde viven nuestros hermanos migrantes. Sus necesidades y derechos, para así poder responder a los desafíos actuales.  La convocatoria es para:

El día 28 de marzo a las 18 hs. En la casa de Catequesis
.(Av. Calchaquí 1371 Q.O.) 

Contaremos con la presencia de  nuestro  Obispo Carlos José Tissera, Dios mediante.Teniendo en cuenta los lineamientos para la Pastoral Migratoria en Argentina, queremos trabajar, Para lograr una atención pastoral que abarque todo el territorio diocesano y a los distintos grupos de inmigrantes, a su articulación y comunicación reciproca. 
Nuestros desafíos consisten en:a) Iluminar con los valores del Evangelio las situaciones concretas en las cuales los migrantes y refugiados en su territorio diocesano son tratados de forma indigna. b) Articular dentro de la Iglesia local iniciativas misioneras a favor de los migrantes y refugiados en el contexto de la pastoral de conjunto.c) Participar con distintos sectores de la sociedad y de la Iglesia en iniciativas que procuren el bienestar humano, espiritual, social, económico y cultural de los migrantes y refugiados.d) Apoyar e incentivar la organización y formación de equipos vicariales y/o parroquiales de pastoral migratoria.”


 (Doc : Lineamientos para la Pastoral Migratoria en Argentina: 4.1.b.- Año 2013-)
Para consultas comunicarse a la pquia San Cayetano de Florencio Varela: (011) 4287-3670
Gracias por tu atención y colaboración.
Pbro. Jorge C .González
Delegado diocesano - Pastoral Migratoria Quilmes