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09 enero 2015

Escuchar lo que dice el Espíritu

Juan predicaba, diciendo: "Detrás de mí vendrá el que es más poderoso que yo, y yo ni siquiera soy digno de ponerme a sus pies para desatar la correa de sus sandalias. Yo los he bautizado a ustedes con agua, pero él los bautizará con el Espíritu Santo". En aquellos días, Jesús llegó desde Nazaret de Galilea y fue bautizado por Juan en el Jordán. Y al salir del agua, vio que los cielos se abrían y que el Espíritu Santo descendía sobre él como una paloma; y una voz desde el cielo dijo: "Tú eres mi Hijo muy querido, en ti tengo puesta toda mi predilección."

Comentario

Los primeros cristianos vivían convencidos de que para seguir a Jesús es insuficiente un bautismo de agua o un rito parecido. Es necesario vivir empapados de su Espíritu Santo. Por eso en los evangelios se recogen de diversas maneras estas palabras del Bautista: «Yo os he bautizado con agua, pero él (Jesús) os bautizará con Espíritu Santo».
No es extraño que en los momentos de crisis recordaran de manera especial la necesidad de vivir guiados, sostenidos y fortalecidos por su Espíritu. El Apocalipsis, escrito en los momentos críticos que vive la Iglesia bajo el emperador Domiciano, repite una y otra vez a los cristianos: «El que tenga oídos, que escuche lo que el Espíritu dice a las Iglesias».
La mutación cultural sin precedentes que estamos viviendo, nos está pidiendo hoy a los cristianos una fidelidad sin precedentes al Espíritu de Jesús. Antes de pensar en estrategias y recetas pastorales ante la crisis, hemos de preguntarnos cómo estamos acogiendo nosotros el Espíritu de Jesús.
En vez de lamentarnos una y otra vez de la secularización creciente, hemos de preguntarnosqué caminos nuevos anda buscando hoy Dios para encontrarse con los hombres y mujeres de nuestro tiempo; cómo hemos de renovar nuestra manera de pensar, de decir y de vivir la fe para que su Palabra pueda llegar hasta los interrogantes, las dudas y los miedos que brotan en su corazón.Juan predicaba, diciendo: "Detrás de mí vendrá el que es más poderoso que yo, y yo ni siquiera soy digno de ponerme a sus pies para desatar la correa de sus sandalias. Yo los he bautizado a ustedes con agua, pero él los bautizará con el Espíritu Santo". En aquellos días, Jesús llegó desde Nazaret de Galilea y fue bautizado por Juan en el Jordán. Y al salir del agua, vio que los cielos se abrían y que el Espíritu Santo descendía sobre él como una paloma; y una voz desde el cielo dijo: "Tú eres mi Hijo muy querido, en ti tengo puesta toda mi predilección."
Antes de elaborar proyectos pensados hasta sus últimos detalles, necesitamos transformar nuestra mirada, nuestra actitud y nuestra relación con el mundo de hoy. Necesitamos parecernos más a Jesús. Dejarnos trabajar por su Espíritu. Solo Jesús puede darle a la Iglesia un rostro nuevo.
El Espíritu de Jesús sigue vivo y operante también hoy en el corazón de las personas, aunque nosotros ni nos preguntemos cómo se relaciona con quienes se han alejado definitivamente de la Iglesia. Ha llegado el momento de aprender a ser la «Iglesia de Jesús» para todos, y esto solo él nos lo puede enseñar.
No hemos de hablar solo en términos de crisis. Se están creando unas condiciones en las que lo esencial del evangelio puede resonar de manera nueva. Una Iglesia más frágil, débil y humilde puede hacer que el Espíritu de Jesús sea entendido y acogido con más verdad.
José Antonio Pagola
El Bautismo del Señor - B

(Marcos 1,7-11)

22 diciembre 2014

Un anuncio sorprendente



Lucas narra el anuncio del nacimiento de Jesús en estrecho paralelismo con el del Bautista. El contraste entre ambas escenas es tan sorprendente que nos permite entrever con luces nuevas el Misterio del Dios encarnado en Jesús. El anuncio del nacimiento del Bautista sucede en «Jerusalén», la grandiosa capital de Israel, centro político y religioso del pueblo judío.
El nacimiento de Jesús se anuncia en un pueblo desconocido de las montañas de Galilea. Una aldea sin relieve alguno, llamada «Nazaret», de donde nadie espera que pueda salir nada bueno. Años más tarde, estos pueblos humildes acogerán el mensaje de Jesús anunciando la bondad de Dios. Jerusalén por el contrario lo rechazará. Casi siempre, son los pequeños e insignificantes los que mejor entienden y acogen al Dios encarnado en Jesús.
El anuncio del nacimiento del Bautista tiene lugar en el espacio sagrado del «templo». El de Jesús en una casa pobre de una «aldea». Jesús se hará presente allí donde las gentes viven, trabajan, gozan y sufren. Vive entre ellos aliviando el sufrimiento y ofreciendo el perdón del Padre. Dios se ha hecho carne, no para permanecer en los templos, sino para «poner su morada entre los hombres» y compartir nuestra vida.
El anuncio del nacimiento del Bautista lo escucha un «varón» venerable, el sacerdote Zacarías, durante una solemne celebración ritual. El de Jesús se le hace a María, una «joven» de unos doce años. No se indica dónde está ni qué está haciendo. ¿A quién puede interesar el trabajo de una mujer? Sin embargo, Jesús, el Hijo de Dios encarnado, mirará a las mujeres de manera diferente, defenderá su dignidad y las acogerá entre sus discípulos.
Por último, del Bautista se anuncia que nacerá de Zacarías e Isabel, una pareja estéril, bendecida por Dios. De Jesús se dice algo absolutamente nuevo. El Mesías nacerá de María, una joven virgen. El Espíritu de Dios estará en el origen de su aparición en el mundo. Por eso, «será llamado Hijo de Dios». El Salvador del mundo no nace como fruto del amor de unos esposos que se quieren mutuamente. Nace como fruto del Amor de Dios a toda la humanidad. Jesús no es un regalo que nos hacen María y José. Es un regalo que nos hace Dios.
José Antonio Pagola
4 Domingo de Adviento - B
(Lucas 1,26-38)

14 de diciembre 2014

06 diciembre 2014

Confesar nuestros pecados

Evangelio según San Marcos 1,1-8. 
Comienzo de la Buena Noticia de Jesús, Mesías, Hijo de Dios. 
Como está escrito en el libro del profeta Isaías: Mira, yo envío a mi mensajero delante de ti para prepararte el camino. 
Una voz grita en el desierto: Preparen el camino del Señor, allanen sus senderos, 
así se presentó Juan el Bautista en el desierto, proclamando un bautismo de conversión para el perdón de los pecados. 
Toda la gente de Judea y todos los habitantes de Jerusalén acudían a él, y se hacían bautizar en las aguas del Jordán, confesando sus pecados. 
Juan estaba vestido con una piel de camello y un cinturón de cuero, y se alimentaba con langostas y miel silvestre. Y predicaba, diciendo: 
"Detrás de mí vendrá el que es más poderoso que yo, y yo ni siquiera soy digno de ponerme a sus pies para desatar la correa de sus sandalias. 
Yo los he bautizado a ustedes con agua, pero él los bautizará con el Espíritu Santo". 

DOMINGO 2º DE ADVIENTO /B

«Comienza la Buena Noticia de Jesucristo, Hijo de Dios». Este es el inicio solemne y gozoso del evangelio de Marcos. Pero, a continuación, de manera abrupta y sin advertencia alguna, comienza a hablar de la urgente conversión que necesita vivir todo el pueblo para acoger a su Mesías y Señor.
En el desierto aparece un profeta diferente. Viene a «preparar el camino del Señor». Este es su gran servicio a Jesús. Su llamada no se dirige solo a la conciencia individual de cada uno. Lo que busca Juan va más allá de la conversión moral de cada persona. Se trata de «preparar el camino del Señor», un camino concreto y bien definido, el camino que va a seguir Jesús defraudando las expectativas convencionales de muchos.
La reacción del pueblo es conmovedora. Según el evangelista, dejan Judea y Jerusalén y marchan al «desierto» para escuchar la voz que los llama. El desierto les recuerda su antigua fidelidad a Dios, su amigo y aliado, pero, sobre todo, es el mejor lugar para escuchar la llamada a la conversión.
Allí el pueblo toma conciencia de la situación en que viven; experimentan la necesidad de cambiar; reconocen sus pecados sin echarse las culpas unos a otros; sienten necesidad de salvación. Según Marcos, «confesaban sus pecados» y Juan «los bautizaba».
La conversión que necesita nuestro modo de vivir el cristianismo no se puede improvisar. Requiere un tiempo largo de recogimiento y trabajo interior. Pasarán años hasta que hagamos más verdad en la Iglesia y reconozcamos la conversión que necesitamos para acoger más fielmente a Jesucristo en el centro de nuestro cristianismo.
Esta puede ser hoy nuestra tentación. No ir al «desierto». Eludir la necesidad de conversión. No escuchar ninguna voz que nos invite a cambiar. Distraernos con cualquier cosa, para olvidar nuestros miedos y disimular nuestra falta de coraje para acoger la verdad de Jesucristo.
La imagen del pueblo judío «confesando sus pecados» es admirable. ¿No necesitamos los cristianos de hoy hacer un examen de conciencia colectivo, a todos los niveles, para reconocer nuestros errores y pecados? Sin este reconocimiento, ¿es posible «preparar el camino del Señor»?
José Antonio Pagola
2 Domingo de Adviento - B
(Marcos 1,1-8)

26 noviembre 2014

Evangelio San Marcos 13,33-37. Comentario

Amig@s: comenzamos el año nuevo litúrgico y la preparación para celebrar la Natividad de Jesús. Ojalá podamos "bajar un cambio" y podamos ir haciendo espacio en nuestras vidas y en nuestro corazón para Él.
Abrazo
Félix


Evangelio según San Marcos 13,33-37. 
Tengan cuidado y estén prevenidos, porque no saben cuándo llegará el momento. 
Será como un hombre que se va de viaje, deja su casa al cuidado de sus servidores, asigna a cada uno su tarea, y recomienda al portero que permanezca en vela. 
Estén prevenidos, entonces, porque no saben cuándo llegará el dueño de casa, si al atardecer, a medianoche, al canto del gallo o por la mañana. 
No sea que llegue de improviso y los encuentre dormidos. 
Y esto que les digo a ustedes, lo digo a todos: ¡Estén prevenidos!". 



DOMINGO 1º DE ADVIENTO /B: 
SIGNOS DE LOS TIEMPOS

Los evangelios han recogido, de diversas formas, la llamada insistente de Jesús a vivir despiertos y vigilantes, muy atentos a los signos de los tiempos. Al principio, los primeros cristianos dieron mucha importancia a esta "vigilancia" para estar preparados ante la venida inminente del Señor. Mas tarde, se tomó conciencia de que vivir con lucidez, atentos a los signos de cada època, es imprescindible para mantenernos fieles a Jesús a lo largo de la historia. 
Así recoge el Vaticano II esta preocupación: "Es deber permanente de la Iglesia escrutar a fondo los signos de esta época e interpretarlos a la luz del Evangelio, de forma que, acomodándose a cada generación, pueda responder a los perennes interrogantes de la humanidad sobre el sentido de la vida presente y futura...". Entre los signos de estos tiempos, el Concilio señala un hecho doloroso: "Crece de día en día el fenómeno de masas que, practicamente, se desentienden de la religión". ¿Cómo estamos leyendo este grave signo? ¿Somos conscientes de lo que está sucediendo? ¿Es suficiente atribuirlo al materialismo, la secularización o el rechazo social a Dios? ¿No hemos de escuchar en el interior de la Iglesia una llamada a la conversión? La mayoría se ha ido marchando silenciosamente, sin sacar ruido alguno. Siempre han estado mudos en la Iglesia. Nadie les ha preguntado nada importante. Nunca han pensado que podían tener algo que decir. 
Ahora se marchan calladamente. ¿Qué hay en el fondo de su silencio? ¿Quién los escucha? ¿Se han sentido alguna vez acogidos, escuchados y acompañados en nuestras comunidades? Muchos de los que se van eran cristianos sencillos, acostumbrados a cumplir por costumbre sus deberes religiosos. La religión que habían recibido se ha desmoronado. No han encontrado en ella la fuerza que necesitaban para enfrentarse a los nuevos tiempos. ¿Qué alimento han recibido de nosotros? ¿Dónde podrán ahora escuchar el Evangelio? ¿Dónde podrán encontrarse con Cristo? Otros se van decepcionados. Cansados de escuchar palabras que no tocan su corazón ni responden a sus interrogantes. Apenados al descubrir el "escándalo permanente" de la Iglesia. Algunos siguen buscando a tientas. ¿Quién les hará creíble la Buena Noticia de Jesús? Benedicto XVI viene insistiendo en que el mayor peligro para la Iglesia no viene de fuera, sino que está dentro de ella misma, en su pecado e infidelidad. Es el momento de reaccionar. La conversión de la Iglesia es posible, pero empieza por nuestra conversión, la de cada uno.

UNA IGLESIA DESPIERTA

Las primeras generaciones cristianas vivieron obsesionadas por la pronta venida de Jesús. El resucitado no podía tardar.
Vivían tan atraídos por él que querían enc ontrarse de nuevo cuanto antes. Los problemas empezaron cuando vieron que el tiempo pasaba y la venida del Señor se demoraba.
Pronto se dieron cuenta de que esta tardanza encerraba un peligro mortal. Se podía apagar el primer ardor. 
Con el tiempo,aquellas pequeñas comunidades podían caer poco a poco en la indiferencia y el olvido. Les preocupaba una cosa: «Que, al llegar, Cristo no nos encuentre dormidos».
La vigilancia se convirtió en la palabra clave. Los evangelios la repiten constantemente: «vigilen, estén alerta », vivan despiertos
Según Marcos, la orden de Jesús no es sólo para los discípulos que le están escuchando.
Lo que les digo a ustedes lo digo a todos: Velen».
No es una llamada más. La orden es para todos sus seguidores de todos los tiempos.
Han pasado más de veinte siglos de cristianismo. ¿Qué ha sido de esta llamada de Jesús? ¿Cómo vivimos los cristianos de hoy? ¿Seguimos despiertos? ¿Se mantiene viva nuestra fe o se ha ido apagando en la indiferencia y la mediocridad?
¿No vemos que la Iglesia necesita un corazón nuevo? ¿No sentimos la necesidad de sacudirnos la apatía y el autoengaño?
¿No vamos a despertar lo mejor que hay en la Iglesia? ¿No vamos a reavivar esa fe humilde y limpia de tantos creyentes sencillos?
¿No hemos de recuperar elrostro vivo de Jesús, que atrae, llama, interpela y despierta? ¿Cómo podemos seguir hablando,
escribiendo y discutiendo tanto de Cristo, sin que su persona nos enamore y trasforme un poco más? ¿No nos damos cuenta
de que una Iglesia «dormida» a la que Jesucristo no seduce ni toca el corazón, es una Iglesia sin futuro, que se irá apagando y envejeciendo por falta de vida?
¿No sentimos la necesidad de despertar e intensificar nuestra relación con él? ¿Quién como él puede despertar nuestro cristianismo de la inmovilidad, de la inercia, del peso del pasado, de la falta de creatividad? ¿Quién podrá contagiarnos su alegría? ¿Quién nos dará su fuerza creadora y su vitalidad?
La Iglesia no puede olvidar hoy "la responsabilidad de la esperanza"pues ésa es la misión que ha recibido de Cristo. Antes que " lugar de culto" o "instancia moral", la Iglesia ha de entenderse a sí misma y vivir como " comunidad de la esperanza".
Una esperanza que no es una utopía más, ni una reacción desesperada frente a las crisis e incertidumbres del momento.
Una esperanza que se funda en Cristo resucitado, en él descubrimos los creyentes el futuro último que le espera a la humanidad, el camino que podemos y debemos recorrer hacia su plena humanización y la garantía última frente a los fracasos, la injusticia y la muerte. "Velen, vigilen" 

José Antonio Pagola

12 noviembre 2014

Liturgia 16 de noviembre

Trigésimo tercer Domingo del tiempo ordinario

Libro de los Proverbios 31,10-13.19-20.30-31. 
Una buena ama de casa, ¿quién la encontrará? Es mucho más valiosa que las perlas. Bet
El corazón de su marido confía en ella y no le faltará compensación. Guímel
Ella le hace el bien, y nunca el mal, todos los días de su vida. Dálet
Se procura la lana y el lino, y trabaja de buena gana con sus manos. He
Aplica sus manos a la rueca y sus dedos manejan el huso. Caf
Abre su mano al desvalido y tiende sus brazos al indigente. Lámed
Engañoso es el encanto y vana la hermosura: la mujer que teme al Señor merece ser alabada. Tau
Entréguenle el fruto de sus manos y que sus obras la alaben públicamente.



Salmo 128(127),1-2.3.4-5. 
¡Feliz el que teme al Señor
y sigue sus caminos!
Comerás del fruto de tu trabajo,
serás feliz y todo te irá bien.

Tu esposa será como una vid fecunda
en el seno de tu hogar;
tus hijos, como retoños de olivo
alrededor de tu mesa.

¡Así será bendecido
el hombre que teme al Señor!
¡Que el Señor te bendiga desde Sión
todos los días de tu vida:

que contemples la paz de Jerusalén.



Primera Carta de San Pablo a los Tesalonicenses 5,1-6. 
Hermanos, en cuanto al tiempo y al momento, no es necesario que les escriba.
Ustedes saben perfectamente que el Día del Señor vendrá como un ladrón en plena noche.
Cuando la gente afirme que hay paz y seguridad, la destrucción caerá sobre ellos repentinamente, como los dolores de parto sobre una mujer embarazada, y nadie podrá escapar.
Pero ustedes, hermanos, no viven en las tinieblas para que ese Día los sorprenda como un ladrón:
todos ustedes son hijos de la luz, hijos del día. Nosotros no pertenecemos a la noche ni a las tinieblas.
No nos durmamos, entonces, como hacen los otros: permanezcamos despiertos y seamos sobrios.



Evangelio según San Mateo 25,14-30. 
El Reino de los Cielos es también como un hombre que, al salir de viaje, llamó a sus servidores y les confió sus bienes.
A uno le dio cinco talentos, a otro dos, y uno solo a un tercero, a cada uno según su capacidad; y después partió. En seguida,
el que había recibido cinco talentos, fue a negociar con ellos y ganó otros cinco.
De la misma manera, el que recibió dos, ganó otros dos,
pero el que recibió uno solo, hizo un pozo y enterró el dinero de su señor.
Después de un largo tiempo, llegó el señor y arregló las cuentas con sus servidores.
El que había recibido los cinco talentos se adelantó y le presentó otros cinco. 'Señor, le dijo, me has confiado cinco talentos: aquí están los otros cinco que he ganado'.
'Está bien, servidor bueno y fiel, le dijo su señor, ya que respondiste fielmente en lo poco, te encargaré de mucho más: entra a participar del gozo de tu señor'.
Llegó luego el que había recibido dos talentos y le dijo: 'Señor, me has confiado dos talentos: aquí están los otros dos que he ganado'.
'Está bien, servidor bueno y fiel, ya que respondiste fielmente en lo poco, te encargaré de mucho más: entra a participar del gozo de tu señor'.
Llegó luego el que había recibido un solo talento. 'Señor, le dijo, sé que eres un hombre exigente: cosechas donde no has sembrado y recoges donde no has esparcido.
Por eso tuve miedo y fui a enterrar tu talento: ¡aquí tienes lo tuyo!'.
Pero el señor le respondió: 'Servidor malo y perezoso, si sabías que cosecho donde no he sembrado y recojo donde no he esparcido,
tendrías que haber colocado el dinero en el banco, y así, a mi regreso, lo hubiera recuperado con intereses.
Quítenle el talento para dárselo al que tiene diez,
porque a quien tiene, se le dará y tendrá de más, pero al que no tiene, se le quitará aun lo que tiene.
Echen afuera, a las tinieblas, a este servidor inútil; allí habrá llanto y rechinar de dientes'. 



La gratuidad del Reino y su contraste imperial
DOMINGO TRIGÉSIMO TERCERO - "A"

Eduardo de la Serna
  
Lectura del libro de los Proverbios     31, 10-13. 19-20. 30-31

Resumen: el libro de los proverbios concluye con un salmo que canta a la mujer – sabiduría perfecta por lo que el marido es alabado. El comportamiento de la mujer “fuerte” en la casa es celebrado.

El libro de los proverbios – una colección bastante heterogénea en tiempo, temas y origen – finaliza con un poema acróstico (cada versículo, del 10 al 31 comienza con las letras del alefeto hebreo: es decir el v.10 comienza con “alef”, el v.11 con “bet” para terminar el v.31 con “tau”; algunas biblias lo indican en un costado del texto para que el lector lo sepa). Obviamente esto indica que el salmo tiene muy claramente el comienzo y el final. Este salmo canta a una mujer “hail”. El adjetivo hebreo “hail” indica fuerza, vigor, e incluso armamento. La Biblia griega lo traduce por “viril” (andreían). El texto está escrito desde la mirada del varón, y refiere a la mujer campesina. Se habla de la mujer “fuerte” en la sociedad patriarcal, es mujer “de varones”. Pero es muy probable (por el libro en general, y – especialmente por ser la conclusión – que se esté refiriendo a la “sabiduría” planteada como “mujer” (cf. Pr 8). Para el pueblo de Israel que regresa del exilio (al componerse la edición definitiva del libro) se lo invita a ser sabio: fuerte, libre, debe saber manejar su casa, y hacerlo con “respeto a Yahvé”. Lo que cuenta es la opinión del marido (vv.11.28-31) que elogia a esta mujer.
El trabajo doméstico de la mujer logra que el marido sea alabado “en la plaza” (v.23; v.31)
Así está estructurada esta parte central:
            A.- “no teme la nieve” (v.21)
                        B.- se confecciona mantas, viste de lino y púrpura (v.22)
                                   C.- Su marido es reconocido en la plaza (v.23)
                        B’.- teje y vende prendas de lino (v.24)
            A’.- se reviste de fuerza y dignidad y no le preocupa el mañana (v.25)
El marido puede estar en la “calle” porque la mujer se ocupa de la “casa” (el patriarcalismo es evidente). 
La opinión del marido, con lo que empezaba el salmo (vv.10-12), se retoma al final. Es una mujer sabia (para Proverbios el “temor de Yahvé es la fuente de la sabiduría, 1,7; 23,30-31)
Muchos temas centrales del libro se concentran en esta “mujer- sabiduría”: es fuerte, es ejemplo del discernimiento en la vida diaria, “abre la boca con sabiduría, y su lengua instruye (torah) con amor (jesed)” (v.26), se ocupa de los pobres y necesitados. 

Lectura de la primera carta de san Pablo a los cristianos de Tesalónica     5, 1-6

Resumen: Pablo destaca la cercanía de la venida de Jesús, por lo que ese “Día” está próximo, es inminente. Esto supone un modo de vida en los discípulos coherentes con el día, y no con la noche.
La carta a los Tesalonicenses está llegando a su fin. Luego de haber señalado Pablo que Cristo vendrá pronto, e incluso muchos estarán vivos – como él mismo espera estarlo – cuando ocurra esta venida, intenta dar respuesta a la pregunta obvia: ¿y esto cuándo ocurrirá? La frase “tiempo y momento” alude a los dos términos griegos que refieren al tiempo: jronos y kairós y se ha utilizado para aludir a un momento específico del plan de Dios (Dan 2,21; 7,12; Hch 1,7: “no les corresponde a ustedes conocer el tiempo y el momento que el Padre ha fijado con su autoridad”). En este caso Pablo señala que no es necesario escribir de esto, como ya lo ha dicho acerca del amor mutuo (4,9). Se refiere, evidentemente, a algo que los tesalonicenses ya saben porque Pablo les ha hablado de ello en su breve paso por la comunidad. Por eso lo refuerza con el “ustedes saben”. La fórmula ya la ha usado en la carta: “saben” del paso de Pablo por Tesalónica (2,1), “saben” que las tribulaciones forman parte de la vida que les espera a los seguidores de Jesús (3,3). 
El “Día del Señor” se refiere a un término habitual en los profetas: el momento que Dios mismo ha determinado actuar en la historia de su pueblo. Generalmente para sancionar, para intervenir drásticamente: Am 5,18-20; Joel 2,1-2; Sof 1,14-18; Mal 3,19.23. Pablo refiere a él como el día en que Dios intervendrá enviando la salvación: Rom 2,16; 13,12; 1 Cor 1,8; 3,13; 5,5; 2 Cor 1,14; 6,2; Fil 1,6.10; 2,16), día ciertamente ligado a Cristo. En este caso – y en otros – se refiere al “día” de la futura “venida” de Jesús, algo que Pablo debe anunciar, como una suerte de Elías.
La imagen del “ladrón en la noche” es frecuente en el ambiente apocalíptico para destacar lo imprevisible (2 Pe 3,10; Ap 3,3; 16,15; cf. Job 24,14; Lc 12,39). 
Abruptamente, entonces, el dicho romano de “paz y seguridad”, que alude a lo que se supone que el imperio garantiza a los suyos, se verá quebrado. Ciertamente está “pax romana” y la “seguridad” que garantiza a los súbditos del imperio, en nada se asemejan a los bienes definitivos que trae Cristo en su Día, ahora presentado como “dolores de parto”. La vida que trae Jesús (“parto”) en nada se asemeja a la “paz del imperio”, no es vida lo que éste trae. Y es “seguridad” sólo para los súbditos, no para las víctimas.
Las metáforas que siguen: tinieblasdía, “hijos de la luz” son también tomadas del ambiente apocalíptico (eso no implica que el contenido lo sea; Pablo no parece tener una teología apocalíptica aunque en estos casos utilice su vocabulario). El clásico dualismo apocalíptico luz-tinieblas, día-noche se transforma también en “modo de vida”: “hijos de la luz”, “vivir en tinieblas”, velardormirser sobrios… aquí Pablo lo utiliza luego de haber hablado del “Día” para continuar con la imagen (en v.7 continúa la metáfora: “los que duermen, de noche duermen, los que se embriagan [contrapuesto a la sobriedad] de noche se embriagan”).

Evangelio según san Mateo     25, 14-30

Resumen: en una nueva parábola Jesús presenta un ejemplo mostrando por la contraria cómo es el reino de Dios. Totalmente diferente al señor del relato que es usurero y explotador. La dinámica del reino de Dios se mueve en un ambiente totalmente diferente.

La parábola del Evangelio se ha interpretado habitualmente de un modo estricto, en el que se destacarían las exigencias y responsabilidades que tenemos para con Dios. Sin embargo, recientemente se ha propuesto otra interpretación que parece dar respuesta a muchos temas que quedaban sin respuesta.
Para empezar el inicio no es el frecuente en otras parábolas en las que se afirmaba que el reino “es semejante a” (cf. 25,1; cf. 20,1; 13,31.33.44.45.47), aquí se afirma que “así cómo”, con lo que no es evidente que se refiera a algo “semejante”. Y – como veremos – no lo es.
El tema del “propietario ausente” es importante en los estudios desde las ciencias sociales: la tierra no es de los campesinos que la trabajan sino de miembros de las elites gobernantes que se han apoderado de ellas por impuestos, usura, préstamos y deudas… Es habitual que los ricos presten a los campesinos a usura sabiendo que no podrán pagar y más temprano que tarde se apropiarán de las tierras. Para que la tierra sea productiva debe ser trabajada, para lo que recurrirán a campesinos desocupados, esclavos (doulos), jornaleros. Era frecuente, en Oriente especialmente, que los que se habían empeñado trabajaran la tierra para seguir intentando pagar lo adeudado.
Es importante entender que – el castellano ayuda a confundir – el “talento” no es referencia a la capacidad de cada uno, sino que se trata de un valor monetario. Es interesante recordar que en los ambientes campesinos las transacciones se realizaban por canje o trueque, sólo en los ambientes de la burocracia se utilizaba moneda. Originalmente el talento es una medida de peso (de gran peso) y las había de oro, plata o cobre. Se ha calculado, en general, un valor de 6.000 jornales por talento. 
La “producción” de los dos primeros personajes de la parábola es llamativa. No es habitual que algo produzca un 100%; pero eso sí es comprensible en el caso de usura. Sin embargo se lo señala casi con normalidad. Pero el tercer siervo (doulos) no ha puesto a “producir” el talento, sino que lo devuelve intacto. Pero lo hace por “miedo” a su “señor” porque es “un hombre duro que cosecha donde no sembró y recoge donde no esparció” (v.24). Sorpresivamente, el señor le reconoce esta parte: “sabías que cosecho donde no sembré…” (v.6). En este caso, lo que “debería” era dar el dinero a los “banqueros” para recibir “intereses” (tokos). El término “intereses” en el NT sólo se encuentra en este texto y su paralelo de Lucas 19,23; y en todos los casos del Antiguo Testamento se trata de algo definitivamente contrario a la voluntad de Dios: Ex 22,24; Lev 25,36.37; Dt 23,20; Sal 14,5; Jer 9,5; Ez 18,8.13.17; 22,12… el ambiente no parece amable, sino el de la usura: el dueño ausente cosecha donde otros han sembrado y se han endeudado y empobrecido, y – por eso mismo – se ha quedado con sus tierras. 
Como castigo ante esto, al que no supo hacer producir el dinero, se le quita el talento para dárselo al que más tiene, y a este se lo expulsa. Fuera, a las “tinieblas de fuera”, al “llanto y rechinar de dientes”, algo muy parecido a la cárcel. La frase se encuentra también en 8,12 señalando que “los hijos del reino” serán arrojados allí, y el rey vengativo de 22,13 arroja al que no tiene vestido de fiesta. En estos casos el contexto parece aludir a la situación presente de las autoridades judías en tiempos de Mateo en la que resulta patente la violencia que Roma ha ejercido contra la ciudad y las autoridades al finalizar la guerra judía. El rechazo de Israel a Jesús ha permitido que los paganos se sienten a la mesa (8,12) y la ciudad es destruida e incendiada por el rechazo a los enviados del rey. Estar sin vestido de fiesta es un nuevo rechazo (22,7.13).
Podemos afirmar, entonces, que el propietario ausente y su actitud en nada se asemejan al “reino” (recordar el comienzo de la parábola). Es muy parecido, precisamente, a lo que la dinámica imperial y su economía esperan: usura, préstamos, premio al que produce, torturas y cárcel. La dinámica de la gratuidad del reino es exactamente lo contrario. El reino no se asemeja a ese señor, sino que está en las antípodas. El que es coherente con el reino es el que no presta el dinero a usura es, el último, el que es expulsado, torturado y rechazado por el capitalista.

11 noviembre 2014

Evangelio según San Juan 2,13-22.

Se acercaba la Pascua de los judíos. Jesús subió a Jerusalén
y encontró en el Templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas y a los cambistas sentados delante de sus mesas.
Hizo un látigo de cuerdas y los echó a todos del Templo, junto con sus ovejas y sus bueyes; desparramó las monedas de los cambistas, derribó sus mesas
y dijo a los vendedores de palomas: "Saquen esto de aquí y no hagan de la casa de mi Padre una casa de comercio".
Y sus discípulos recordaron las palabras de la Escritura: El celo por tu Casa me consumirá.
Entonces los judíos le preguntaron: "¿Qué signo nos das para obrar así?".
Jesús les respondió: "Destruyan este templo y en tres días lo volveré a levantar".
Los judíos le dijeron: "Han sido necesarios cuarenta y seis años para construir este Templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?".
Pero él se refería al templo de su cuerpo.
Por eso, cuando Jesús resucitó, sus discípulos recordaron que él había dicho esto, y creyeron en la Escritura y en la palabra que había pronunciado.

Dedicación de la Basílica de S. Juan de Letrán
¿CÓMO ES NUESTRA RELIGIÓN? UN TEMPLO NUEVO

El episodio de la intervención de Jesús en el templo de Jerusalén ha sido recogido por los cuatro evangelios. Es Juan quien describe su reacción de manera más gráfica: con un látigo Jesús expulsa del recinto sagrado a los animales que se están vendiendo para ser sacrificados, vuelca las mesas de los cambistas y echa por tierra sus monedas. De sus labios sale un grito: “No convirtáis en un mercado la casa de mi Padre”.

Este gesto fue el que desencadenó su detención y rápida ejecución. Atacar el templo era atacar el corazón del pueblo judío: el centro de su vida religiosa, social y económica. El templo era intocable. Allí habitaba el Dios de Israel. Jesús, sin embargo, se siente un extraño en aquel lugar: aquel templo no es la casa de su Padre sino un mercado.

A veces, se ha visto en esta intervención de Jesús su esfuerzo por “purificar” una religión demasiado primitiva, para sustituirla por un culto más digno y unos ritos menos sangrientos. Sin embargo, su gesto profético tiene un contenido más radical: Dios no puede ser el encubridor de una religión en la que cada uno busca su propio interés. Jesús no puede ver allí esa “familia de Dios” que ha comenzado a formar con sus primeros discípulos y discípulas.

En aquel templo, nadie se acuerda de los campesinos pobres y desnutridos que ha dejado en las aldeas de Galilea. El Padre de los pobres no puede reinar desde este templo. Con su gesto profético, Jesús está denunciando de raíz un sistema religioso, político y económico que se olvida de los últimos, los preferidos de Dios.

La actuación de Jesús nos ha de poner en guardia a sus seguidores para preguntarnos qué religión estamos cultivando en nuestros templos. Si no está inspirada por Jesús, se puede convertir en una manera “santa” de cerrarnos al proyecto de Dios que él quería impulsar en el mundo. La religión de los que siguen a Jesús ha de estar siempre al servicio del reino de Dios y su justicia.

Por otra parte, hemos de revisar si nuestras comunidades son un espacio donde todos nos podemos sentir en “la casa del Padre”. Una comunidad acogedora donde a nadie se le cierran las puertas y donde a nadie se excluye ni discrimina. Una casa donde aprendemos a escuchar el sufrimiento de los más desvalidos y no solo nuestro propio interés.

No olvidemos que el cristianismo es una religión profética nacida del Espíritu de Jesús para abrir caminos al reino de Dios construyendo un mundo más humano y fraterno, encaminado así hacia su salvación definitiva en Dios.


UN TEMPLO NUEVO

Los cuatro evangelistas se hacen eco del gesto provocativo de Jesús expulsando del Templo a «vendedores» de animales y «cambistas» de dinero. No puede soportar ver la casa de su Padre llena de gentes que viven del culto. A Dios no se le compra con «sacrificios».

Pero Juan, el último evangelista, añade un diálogo con los judíos en el que Jesús afirma de manera solemne que, tras la destrucción del Templo, él «lo levantará en tres días». Nadie puede entender lo que dice. Por eso el evangelista añade: «Jesús hablaba del templo de su cuerpo».

No olvidemos que Juan está escribiendo su evangelio cuando el Templo de Jerusalén lleva veinte o treinta años destruido. Muchos judíos se sienten huérfanos. El Templo era el corazón de su religión. ¿Cómo podrán sobrevivir sin la presencia de Dios en medio de su pueblo?

El evangelista recuerda a los seguidores de Jesús que ellos no han de sentir nostalgia del viejo Templo. Jesús, «destruido» por las autoridades religiosas, pero «resucitado» por el Padre, es el «nuevo templo». No es una metáfora atrevida. Es una realidad que ha de marcar para siempre la relación de los cristianos con Dios.

Para quienes ven en Jesús el nuevo templo donde habita Dios, todo es diferente. Para encontrarse con él no es suficiente entrar en una iglesia. Es necesario acercarse a Jesús, entrar en su proyecto, seguir sus pasos, vivir con su espíritu.

En este nuevo templo que es Jesús, para adorar a Dios no basta el incienso, las aclamaciones ni las liturgias solemnes. Los verdaderos adoradores son aquellos que viven ante Dios «en espíritu y en verdad». La verdadera adoración consiste en vivir con el «Espíritu» de Jesús en la «verdad» del evangelio. Sin esto, el culto es «adoración vacía».

Las puertas de este nuevo templo que es Jesús están abiertas a todos. Nadie está excluido. Pueden entrar en él los pecadores, los impuros e incluso los paganos. El Dios que habita en Jesús es de todos y para todos. En este templo no se hace discriminación alguna. No hay espacios diferentes para hombres y para mujeres. No hay razas elegidas ni pueblos excluidos. Los únicos preferidos son los necesitados de amor y de vida.

31 octubre 2014

Evangelio según San Mateo 25,31-46.


Jesús dijo a sus discípulos:
"Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria rodeado de todos los ángeles, se sentará en su trono glorioso.
Todas las naciones serán reunidas en su presencia, y él separará a unos de otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos,
y pondrá a aquellas a su derecha y a estos a su izquierda.
Entonces el Rey dirá a los que tenga a su derecha: 'Vengan, benditos de mi Padre, y reciban en herencia el Reino que les fue preparado desde el comienzo del mundo,
porque tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; estaba de paso, y me alojaron;
desnudo, y me vistieron; enfermo, y me visitaron; preso, y me vinieron a ver'.
Los justos le responderán: 'Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te dimos de comer; sediento, y te dimos de beber?
¿Cuándo te vimos de paso, y te alojamos; desnudo, y te vestimos?
¿Cuándo te vimos enfermo o preso, y fuimos a verte?'.
Y el Rey les responderá: 'Les aseguro que cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo'.
Luego dirá a los de su izquierda: 'Aléjense de mí, malditos; vayan al fuego eterno que fue preparado para el demonio y sus ángeles,
porque tuve hambre, y ustedes no me dieron de comer; tuve sed, y no me dieron de beber;
estaba de paso, y no me alojaron; desnudo, y no me vistieron; enfermo y preso, y no me visitaron'.
Estos, a su vez, le preguntarán: 'Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento, de paso o desnudo, enfermo o preso, y no te hemos socorrido?'.
Y él les responderá: 'Les aseguro que cada vez que no lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, tampoco lo hicieron conmigo'.
Estos irán al castigo eterno, y los justos a la Vida eterna". 



Comentario
DIA DE LOS DIFUNTOS
EN LAS MANOS DE DIOS 

Los hombres de hoy no sabemos qué hacer con la muerte. A veces, lo único que se nos ocurre es ignorarla y no hablar de ella. Olvidar cuanto antes ese triste suceso, cumplir los trámites religiosos o civiles necesarios y volver de nuevo a nuestra vida cotidiana.

Pero tarde o temprano, la muerte va visitando nuestros hogares arrancándonos nuestros seres más queridos. ¿Cómo reaccionar entonces ante esa muerte que nos arrebata para siempre a nuestra madre? ¿Qué actitud adoptar ante el esposo querido que nos dice su último adiós? ¿Que hacer ante el vacío que van dejando en nuestra vida tantos amigos y amigas?

La muerte es una puerta que traspasa cada persona en solitario. Una vez cerrada la puerta, el muerto se nos oculta para siempre. No sabemos qué ha sido de él. Ese ser tan querido y cercano se nos pierde ahora en el misterio insondable de Dios. ¿Cómo relacionarnos con él?

Los seguidores de Jesús no nos limitamos a asistir pasivamente al hecho de la muerte. Confiando en Cristo resucitado, lo acompañamos con amor y con nuestra plegaria en ese misterioso encuentro con Dios. En la liturgia cristiana por los difuntos no hay desolación, rebelión o desesperanza. En su centro solo una oración de confianza: “En tus manos, Padre de bondad, confiamos la vida de nuestro ser querido”

¿Qué sentido pueden tener hoy entre nosotros esos funerales en los que nos reunimos personas de diferente sensibilidad ante el misterio de la muerte? ¿Qué podemos hacer juntos: creyentes, menos creyentes, poco creyentes y también increyentes?

A lo largo de estos años, hemos cambiado mucho por dentro. Nos hemos hecho más críticos, pero también más frágiles y vulnerables; somos más incrédulos, pero también más inseguros. No nos resulta fácil creer, pero es difícil no creer. Vivimos llenos de dudas e incertidumbres, pero no sabemos encontrar una esperanza.

A veces, suelo invitar a quienes asisten a un funeral a hacer algo que todos podemos hacer, cada uno desde su pequeña fe. Decirle desde dentro a nuestro ser querido unas palabras que expresen nuestro amor a él y nuestra invocación humilde a Dios:

“Te seguimos queriendo, pero ya no sabemos cómo encontrarnos contigo ni qué hacer por ti. Nuestra fe es débil y no sabemos rezar bien. Pero te confiamos al amor de Dios, te dejamos en sus manos. Ese amor de Dios es hoy para ti un lugar más seguro que todo lo que nosotros te podemos ofrecer. Disfruta de la vida plena. Dios te quiere como nosotros no te hemos sabido querer. Un día nos volveremos a ver”.

21 octubre 2014

Evangelio según San Mateo 22,34-40.


Cuando los fariseos se enteraron de que Jesús había hecho callar a los saduceos, se reunieron en ese lugar,
y uno de ellos, que era doctor de la Ley, le preguntó para ponerlo a prueba:
"Maestro, ¿cuál es el mandamiento más grande de la Ley?".
Jesús le respondió: "Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todo tu espíritu.
Este es el más grande y el primer mandamiento.
El segundo es semejante al primero: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.
De estos dos mandamientos dependen toda la Ley y los Profetas". 

DOMINGO 30 DEL TIEMPO ORDINARIO /A
CREER EN EL AMOR

La religión cristiana les resulta a no pocos un sistema religioso difícil de entender y, sobre todo, un entramado de leyes demasiado complicado para vivir correctamente ante Dios. ¿No necesitamos los cristianos concentrar mucho más nuestra atención en cuidar antes que nada lo esencial de la experiencia cristiana?

Los evangelios han recogido la respuesta de Jesús a un sector de fariseos que le preguntan cuál es el mandamiento principal de la Ley. Así resume Jesús lo esencial: lo primero es “amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todo tu ser”; lo segundo es “amarás a tu prójimo como a ti mismo”.

La afirmación de Jesús es clara. El amor es todo. Lo decisivo en la vida es amar. Ahí está el fundamento de todo. Lo primero es vivir ante Dios y ante los demás en una actitud de amor. No hemos de perdernos en cosas accidentales y secundarias, olvidando lo esencial. Del amor arranca todo lo demás. Sin amor todo queda pervertido.

Al hablar del amor a Dios, Jesús no está pensando en los sentimientos o emociones que pueden brotar de nuestro corazón; tampoco nos está invitando a multiplicar nuestros rezos y oraciones. Amar al Señor, nuestro Dios, con todo el corazón es reconocer a Dios como Fuente última de nuestra existencia, despertar en nosotros una adhesión total a su voluntad, y responder con fe incondicional a su amor universal de Padre de todos.

Por eso añade Jesús un segundo mandamiento. No es posible amar a Dios y vivir de espaldas a sus hijos e hijas. Una religión que predica el amor a Dios y se olvida de los que sufren es una gran mentira. La única postura realmente humana ante cualquier persona que encontramos en nuestro camino es amarla y buscar su bien como quisiéramos para nosotros mismos.

Todo este lenguaje puede parecer demasiado viejo, demasiado gastado y poco eficaz. Sin embargo, también hoy el primer problema en el mundo es la falta de amor, que va deshumanizando, uno tras otro, los esfuerzos y las luchas por construir una convivencia más humana.

Hace unos años, el pensador francés, Jean Onimus escribía así: “El cristianismo está todavía en sus comienzos; nos lleva trabajando solo dos mil años. La masa es pesada y se necesitarán siglos de maduración antes de que la caridad la haga fermentar”. Los seguidores de Jesús no hemos de olvidar nuestra responsabilidad. El mundo necesita testigos vivos que ayuden a las futuras generaciones a creer en el amor pues no hay un futuro esperanzador para el ser humano si termina por perder la fe en el amor.

José Antonio Pagola

09 octubre 2014

Invitación

Jesús comenzó a hablarles otra vez en parábolas, diciendo: El reino de los cielos puede compararse a[a] un rey[b] que hizo un banquete de bodas para su hijo.  Y envió a sus siervos a llamar a los que habían sido invitados a las bodas, pero no quisieron venir. De nuevo envió otros siervos, diciéndoles: ‘Digan a los que han sido invitados: “Ya he preparado mi banquete; he matado mis novillos y animales cebados, y todo está preparado; vengan a las bodas.”’ Pero ellos no hicieron caso y se fueron: uno a su campo, otro a sus negocios, y los demás, echando mano a los siervos, los maltrataron y los mataron.
Entonces el rey se enfureció, y enviando sus ejércitos, destruyó a aquellos asesinos e incendió su ciudad. Luego dijo a sus siervos: ‘La boda está preparada, pero los que fueron invitados no eran dignos. Vayan, por tanto, a las salidas de los caminos, e inviten a las bodas a cuantos encuentren.’ Aquellos siervos salieron por los caminos, y reunieron a todos los que encontraron, tanto malos como buenos; y el salón de bodas se llenó de invitados[c].
“Pero cuando el rey entró a ver a los invitados, vio allí a uno que no estaba vestido con traje de boda, y le dijo: ‘Amigo, ¿cómo entraste aquí sin[d] traje de boda?’ Pero el hombre se quedó callado. El rey entonces dijo a los sirvientes: ‘Atenle las manos y los pies, y échenlo a las tinieblas de afuera; allí será el llanto y el crujir de dientes.’ Porque muchos son llamados[e], pero pocos son escogidos.”


Jesús conocía muy bien cómo disfrutaban los campesinos de Galilea en las bodas que se celebraban en las aldeas. Sin duda, él mismo tomó parte en más de una. ¿Qué experiencia podía haber más gozosa para aquellas gentes que ser invitados a una boda y poder sentarse con los vecinos a compartir juntos un banquete de bodas?
Este recuerdo vivido desde niño le ayudó en algún momento a comunicar su experiencia de Dios de una manera nueva y sorprendente. Según Jesús, Dios está preparando un banquete final para todos sus hijos pues a todos los quiere ver sentados, junto a él, disfrutando para siempre de una vida plenamente dichosa.
Podemos decir que Jesús entendió su vida entera como una gran invitación a una fiesta final en nombre de Dios. Por eso, Jesús no impone nada a la fuerza, no presiona a nadie. Anuncia la Buena Noticia de Dios, despierta la confianza en el Padre, enciende en los corazones la esperanza. A todos les ha de llegar su invitación.
¿Qué ha sido de esta invitación de Dios? ¿Quién la anuncia? ¿Quién la escucha? ¿Dónde se habla en la Iglesia de esta fiesta final? Satisfechos con nuestro bienestar, sordos a lo que no sea nuestros intereses inmediatos, nos parece que ya no necesitamos de Dios ¿Nos acostumbraremos poco a poco a vivir sin necesidad de alimentar una esperanza última?
Jesús era realista. Sabía que la invitación de Dios puede ser rechazada. En la parábola de “los invitados a la boda” se habla de diversas reacciones de los invitados. Unos rechazan la invitación de manera consciente y rotunda: “no quisieron ir. Otros responden con absoluta indiferencia: “no hicieron caso”. Les importan más sus tierras y negocios.
Pero, según la parábola, Dios no se desalienta. Por encima de todo, habrá una fiesta final. El deseo de Dios es que la sala del banquete se llene de invitados. Por eso, hay que ir a “los cruces de los caminos”, por donde caminan tantas gentes errantes, que viven sin esperanza y sin futuro. La Iglesia ha de seguir anunciando con fe y alegría la invitación de Dios proclamada en el Evangelio de Jesús.
El papa Francisco está preocupado por una predicación que se obsesiona “por la transmisión desarticulada de una multitud de doctrinas que se intenta imponer a fuerza de insistencia”. El mayor peligro está según él en que ya “no será propiamente el Evangelio lo que se anuncie, sino algunos acentos doctrinales o morales que proceden de determinadas opciones ideológicas. El mensaje correrá el riesgo de perder su frescura y dejará de tener olor a Evangelio”.

José Antonio Pagola
12 de octubre de 2014
28 Tiempo ordinario
Mateo 22, 1-14

02 septiembre 2014

Está entre nosotros

Evangelio según San Mateo 18,15-20.
 

Jesús dijo a sus discípulos:
Si tu hermano peca, ve y corrígelo en privado. Si te escucha, habrás ganado a tu hermano.
Si no te escucha, busca una o dos personas más, para que el asunto se decida por la declaración de dos o tres testigos.
Si se niega a hacerles caso, dilo a la comunidad. Y si tampoco quiere escuchar a la comunidad, considéralo como pagano o publicano.
Les aseguro que todo lo que ustedes aten en la tierra, quedará atado en el cielo, y lo que desaten en la tierra, quedará desatado en el cielo.
También les aseguro que si dos de ustedes se unen en la tierra para pedir algo, mi Padre que está en el cielo se lo concederá.
Porque donde hay dos o tres reunidos en mi Nombre, yo estoy presente en medio de ellos.


Comentario:
Aunque las palabras de Jesús, recogidas por Mateo, son de gran importancia para la vida de las comunidades cristianas, pocas veces atraen la atención de comentaristas y predicadores. Esta es la promesa de Jesús: “Donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”. Jesús no está pensando en celebraciones masivas como las de la Plaza de San Pedro en Roma. Aunque solo sean dos o tres, allí está él en medio de ellos. No es necesario que esté presente la jerarquía; no hace falta que sean muchos los reunidos.
Lo importante es que “estén reunidos”, no dispersos, ni enfrentados: que no vivan descalificándose unos a otros. Lo decisivo es que se reúnan “en su nombre”: que escuchen su llamada, que vivan identificados con su proyecto del reino de Dios. Que Jesús sea el centro de su pequeño grupo.
Esta presencia viva y real de Jesús es la que ha de animar, guiar y sostener a las pequeñas comunidades de sus seguidores. Es Jesús quien ha de alentar su oración, sus celebraciones, proyectos y actividades. Esta presencia es el “secreto” de toda comunidad cristiana viva.
Los cristianos no podemos reunirnos hoy en nuestros grupos y comunidades de cualquier manera: por costumbre, por inercia o para cumplir unas obligaciones religiosas. Seremos muchos o, tal vez, pocos. Pero lo importante es que nos reunamos en su nombre, atraídos por su persona y por su proyecto de hacer un mundo más humano.
Hemos de reavivar la conciencia de que somos comunidades de Jesús. Nos reunimos para escuchar su Evangelio, para mantener vivo su recuerdo, para contagiarnos de su Espíritu, para acoger en nosotros su alegría y su paz, para anunciar su Buena Noticia.
El futuro de la fe cristiana dependerá en buena parte de lo que hagamos los cristianos en nuestras comunidades concretas las próximas décadas. No basta lo que pueda hacer el Papa Francisco en el Vaticano. No podemos tampoco poner nuestra esperanza en el puñado de sacerdotes que puedan ordenarse los próximos años. Nuestra única esperanza es Jesucristo.
Somos nosotros los que hemos de centrar nuestras comunidades cristianas en la persona de Jesús como la única fuerza capaz de regenerar nuestra fe gastada y rutinaria. El único capaz de atraer a los hombres y mujeres de hoy. El único capaz de engendrar una fe nueva en estos tiempos de incredulidad. La renovación de las instancias centrales de la Iglesia es urgente. Los decretos de reformas, necesarios. Pero nada tan decisivo como el volver con radicalidad a Jesucristo.


José Antonio Pagola
7 de septiembre de 2014
23 Tiempo ordinario
Mateo 18, 15-20