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11 marzo 2015

Instituto Catequístico “San Pablo Apóstol”


Me pongo en contacto para informarles que está abierta la inscripción para la formación de catequistas en el Instituto Catequístico “San Pablo Apóstol” de la Diócesis de Quilmes.
Para inscribirse, los candidatos deben ser mayores de 18 y tendrán que presentar el aval de la comunidad a través de una carta del párroco o del responsable de la comunidad.
Las inscripciones se realizan durante el mes de marzo en los lugares y horarios donde funciona cada sede:

 
Sede Florencio Varela: COLEGIO SAN JUAN BAUTISTA
25 de Mayo esquina Maipú, Florencio Varela
Viernes de 18:00 a 21:00.
 
Sede Berazategui: SEMINARIO MAYOR
Av. Dr. N. Kirchner (Ex Mitre) 3240, Berazategui
Sábados de 9:00 a 12:00.
 
Sede Quilmes: CASA DE LA CATEQUESIS
Av. Calchaquí 1371, Quilmes Oeste (frente a la parroquia Nuestra Señora de Lourdes)
Sábados de 9:00 a 12:00.
 
Agradezco la difusión de esta información.



20 agosto 2014

Día del Catequista


Hermana, hermano catequista:

¡Alegría y paz en el Señor!

En el “Día del Catequista” te saludo, felicito y agradezco por tu “sí” al Señor. Jesús te ha llamado para ser su discípula/o misionera/o, haciendo sonar fuerte en el corazón de tus hermanos su Buena Noticia. Hoy es un día propicio para renovar la alegría de seguirlo en el camino de la catequesis, como un servicio al pueblo de Dios.

La Iglesia diocesana se llena de alegría en este día, reconociendo en sus catequistas como una de las vertientes de vida que cada día se enriquece con la gracia de Dios y el amor sencillo, perseverante y paciente en la construcción del Reino.

Te agradezco la tarea que realizas en tu parroquia, en tu colegio, en tu capilla, en el comedor, en el hospital, en la cárcel, en la carpa, en tu casa… allí donde el Señor te invitó a servirlo en esos niños, jóvenes, adolescentes, en los adultos o ancianos, en los hermanos y hermanas con capacidades diferentes. Nunca te sientas en soledad. Hay una comunidad que te acompaña y te apoya en esa misión de la que todos tenemos un recuerdo agradecido, porque todos hemos tenido a alguien que nos catequizó, en el hogar y en la comunidad cristiana.

En la Eucaristía del 21 de agosto, conmemorando a San Pío X, te tendré presente con todas tus intenciones.

El pasado lunes 18, en la Casa “Cura Brochero”, compartimos unos hermosos momentos. En ese lugar nos contagiamos de la pasión evangelizadora de este Beato Cura Gaucho, que además de interceder por nosotros, nos enseña a ser catequistas de pura cepa.

Que el Señor te colme de bendiciones y la Virgen santa te cuide.

Fraternalmente te saludo y bendigo


+ Carlos José Tissera
Obispo de Quilmes

26 mayo 2013

Multitudinaria celebración para la clausura de la Misión Popular Diocesana

En vísperas a la celebración de Pentecostés, el sábado 18 de mayo, en el centro de actividades deportivas y recreativas “Roberto De Vicenzo” de Berazategui la Diócesis de Quilmes vivió una multitudinaria y emocionante celebración en donde se realizó la clausura de la Misión Popular Diocesana, en el marco del Año de la Fe.

Al iniciar la celebración, se proyectó un audiovisual con muchos de los "testigos de la Fe" de las distintas comunidades de la diócesis. Un verdadero homenaje a personas que han sabido propagar el mensaje de amor de Jesús.

"Acá estamos los bautizados de Quilmes, Florencio Varela y Berazategui, celebrando con la Iglesia del mundo entero la Fiesta grande de Pentecostés, la fiesta de la venida del Espíritu Santo, verdadero cumpleaños de la Iglesia de Jesucristo", expresó Mons. Carlos José Tissera en su homilía.

Esta celebración fue el fruto del trabajo misionero de las parroquias, las capillas y las comunidades de la Diócesis de Quilmes. "Dejamos la comodidad de nuestra casa, de nuestras comunidades y sus reuniones habituales, para tocar los timbres y golpear las puertas de las casas de nuestros vecinos. Dejamos de lado los prejuicios, la vergüenza, nuestros esquemas mentales, para saludar, dar la mano, escuchar, decir una palabra, identificarnos con la Iglesia de Jesucristo, como creyentes de la mano de la Virgen; experimentar nuestra pobreza, nuestra limitación, nuestra ignorancia; descubrir qué poco podemos decir o hacer frente al dolor, la injusticia, la incomprensión, la soledad, la marginación, la muerte. Sólo llevábamos una certeza, la cruz de Cristo: su amor entregado por vos, por mí, por cada uno; su Evangelio. ¡Y cuánto fruto, hermanos! ¡Cuánta cosecha! Esto que estamos viviendo hoy", expresó el Padre Obispo.

Luego, como fruto de la preparación catequística en los últimos meses, unos 900 adultos reafirmaron su Fe recibiendo el sacramente de la Confirmación.

Antes de finalizar la Misa, el Pbro. Juan José Vasallo recibió el envío misionero hacia Haití, en donde irá a trabajar en distintas actividades solidarias y caritativas que coordina Cáritas Haití. "Queremos compartir con las hermanas y hermanos de Haiti este sacerdote que tanto ha trabajado y sigue trabajando entre nosotros, hasta ahora en la Parroquia de Itatí, en el barrio La Paz, de Quilmes Oeste. Si damos con generosidad, en vez de despojarnos, nos enriquecemos, en lugar de vaciarnos, nos vamos llenando de una riqueza superior, invisible a nuestros ojos".

Esta celebración fue presidida por Mons. Tissera, y concelebrada por Mons. Luis Teodorico Stöckler, Obispo emérito de nuestra diócesis, entre muchos sacerdotes y diáconos de la Diócesis de Quilmes.
                       

14 septiembre 2012

Catequistas se necesitan

Saludo de Mons. Lozano , en letra mas clara. Si alguno no lo puede visualizar, avísennos que lo mandamos x mail
Catequistas se necesitan
18/08/12 |Por monseñor Jorge Eduardo Lozano (*)


Esta semana se celebra el Día del Catequista. Ellos desarrollan una tarea irrenunciable. ¡Qué sería de nuestras comunidades sin catequistas! ¡Qué sería de la Iglesia!
Ser catequista es tener una vocación, un llamado. Jesús mismo les convoca en su Iglesia, y por medio de ella.
Después de la resurrección, el Señor reunió a los discípulos y les dijo: “Vayan, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a cumplir todo lo que yo les he mandado. Y yo estaré siempre con ustedes hasta el fin del mundo”. (Mt. 28, 19-20)
Este mandato-envío de Jesús es para todos los bautizados. Los catequistas asumen esta misión en nombre de la Iglesia.
Vos, catequista, realizás un hermoso y enorme servicio a la Iglesia y a la sociedad.
A la Iglesia porque colaborás en la evangelización, en la educación en la fe, en la pertenencia a la comunidad cristiana. A la sociedad, porque necesitamos hombres y mujeres que aprendan a jugarse por la verdad y la justicia; a mirar a los demás como hermanos y al Planeta como casa de toda la familia humana. Tu servicio busca que cada niño, joven, familia abra el corazón al amor de Dios, lo mejor que nos puede pasar en la vida.
En el Documento conclusivo de la Asamblea de obispos realizada en Aparecida —Brasil— en el 2007, se dice: “Ser discípulo es un don destinado de crecer. La iniciación cristiana da la posibilidad de un aprendizaje gradual en el conocimiento, amor y seguimiento de Jesucristo. Así, forja la identidad cristiana con las convicciones fundamentales y acompaña la búsqueda del sentido de la vida”. (DA 291)
Necesitás hacer el camino de discipulado junto a tus hermanos en el seguimiento de Jesús. Escuchar, acoger y contemplar la Palabra de Vida que tenés que comunicar. Rezar, compartir. Formarte para conocer más y fortalecer tu vocación exigente.
Tenés la gran misión de compartir tu fe y ayudar a creer; esto es a encontrarse con Jesús. La Carta de San Juan lo expresa bellamente: “Lo que existía desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado y lo que hemos tocado con nuestras manos acerca de la Palabra de Vida, es lo que les anunciamos” (I Jn 1,1) . Y sigue diciendo la Carta “para que vivan en comunión con nosotros” y “nuestra alegría sea completa”.
La fe nos colma de alegría, pero no es “completa” hasta que no la compartimos.
La misión es hermosa, pero también exigente y por momentos ardua. La falta de respuesta proporcionada a los esfuerzos, la poca participación de algunas familias, o las dificultades en la comunión, suelen ser piedras en el camino. No te dejes doblegar por la decepción o ante las incomprensiones. El Señor nos llama a mirar los frutos más que los resultados. La misión es sembrar; los frutos tal vez no los veamos nosotros. Debemos provocar el Encuentro entre cada catecúmeno y Jesús. Y el camino requiere del misterioso intercambio entre la gracia de Dios y la respuesta libre de cada uno.
El contexto en que se desarrolla tu vocación es variado: la parroquia, capilla, escuela, cárcel, universidad, hospital, ciudad, campo; con niños, jóvenes, adultos... Pero siempre la misma certeza: Dios nos llama para ser sus testigos y preparar el camino para el encuentro.
Yo también soy catequista. Compartimos la misión y el envío. Mi fidelidad necesita de la tuya, y viceversa. Gracias por tu respuesta generosa. Tengamos también un momento de memoria agradecida por quienes nos ayudaron en la vida a crecer en la fe.
Mañana tenemos una instancia importante en este camino de Asamblea diocesana que estamos recorriendo. Recemos y renovemos el compromiso del lema que nos congrega “Seamos uno para que el mundo crea”. Con mi cariño y bendición.

(*) Monseñor Jorge Eduardo Lozano es obispo de Gualeguaychú y presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral Social.

21 agosto 2012

Coplas de Yaravi



Letra:
del Padre Osvaldo Catena

Señor que nuestra vida sea
como una quena simple y recta,
para que Tú puedas llenarla;
llenarla con tu música.

Señor que nuestra vida sea
arcilla blanda entre tus manos,
para que tu puedas formarla,
formarla a tu manera.

Señor, que nuestra vida sea
semilla suelta por el aire,
para que Tú puedas sembrarla,
sembrarla donde quieras.

Señor que nuestra vida sea
leñita humilde y siempre seca,
para que Tú puedas quemarla,
quemarla para el pobre.

20 agosto 2012

Una reflexión para compartir en el día del catequista 21 de agosto. San Pío X

FECHAS, FECHAS, FECHAS...
Una reflexión para compartir en el día del catequista 21 de agosto. San Pío X

Celebrar es, sobre todo, decir "gracias". Celebramos la vida en cada cumpleaños, celebramos la salud, una intervención médica que salió bien, la sonrisa de nuestros hijos… Cada hecho que celebramos va unido a la gratitud. En el día del catequista demos gracias por ellos, por su identidad y vocación que, con silencio y mucha humildad, van construyendo el Reino de Jesús.
 
El catequista está llamado a ser entrañablemente él mismo. En la verdad y en la hondura de su identidad resuena el llamado de Dios que lo convoca a ser eco de Cristo, para que muchos hombres y mujeres se encuentren con Él. ¡Cuánta sintonía y cuánta fidelidad! ¿Cómo hacerse eco auténtico? ¿Cómo no ser una caja de resonancia de otras voces y de otros ruidos capaces de distorsionar la verdadera identidad?

En esta disyuntiva existencial: ser o no ser lo que Dios lo invita a ser, queda implicada la naturaleza humana del catequista. Caída y redimida. Débil y fuerte. Imperfecta y llamada a la plenitud. Sería impensable un catequista desprovisto de la gracia de Dios. Sería impensable un catequista errante, náufrago de procesos educativos incapaces de albergarlo.

La naturaleza humana, abierta al auxilio divino de la gracia y al auxilio humano de la educación, se perfecciona y se hace más imagen y semejanza de Dios. Se hace tierra fértil en la cual Cristo crece, configurando en la personalidad del catequista todas las virtudes que lo hacen capaz de ser lo que Dios lo invita a ser.

En este proceso educativo, la catequesis ocupa un lugar propio e inconfundible. A ella le corresponde la educación de la fe. Y el catequista, como hombre de fe, necesita ser permanentemente educado en esa misma fe que profesa.

Para ser entrañablemente él mismo, el catequista necesita hacerse destinatario de la catequesis. Destinatario de itinerarios formativos diseñados para él, en los cuales la educación en la fe sea intencional y sistemáticamente favorecida. En el integral entramado de dimensiones diversas asumidas por la formación de los catequistas, tendrá un lugar privilegiado la educación de la fe, como virtud teologal que ha de ser sostenida, fortalecida, animada, informada y testimoniada a lo largo de toda la vida.

Pero, para ser entrañablemente él mismo, el catequista necesita hacerse destinatario, también, de los procesos catequísticos diseñados para sus catequizandos y catecúmenos. Allí, en la siempre nueva dinámica del encuentro y del proceso catequístico, allí Dios obra produciendo siempre lo inimaginable. Allí, en el misterio de una metodología y de unos recursos siempre imperfectos, Dios logra, una vez más, como aquel día junto al pozo de Zicar, que los discípulos sean testigos. Y el catequista se hace destinatario de lo que los catequizandos y catecúmenos dicen.

Pbro. José Luis Quijano

31 mayo 2012

Mi Cristo Roto (Libro)

MI CRISTO ROTO (TEXTO)

A continuación ponemos a disposición de nuestros lectores, la grabación original de la obra del padre Ramón Cué S. J, en la voz de su autor.
Sin ninguna duda es la mejor versión de esta obra. Te invitamos a escucharla con frecuencia, pues cada vez que se oye se alcanzan nuevas y profundas consideraciones.
Se colocan los cuatro temas que componen a Mi Cristo Roto. Ocasionalmente llega a tardar un rato antes de reproducirse la grabación.
Abajo publicamos, en texto, un buen resumen.

.Compraventa de Cristos

A mi Cristo roto lo encontré en Sevilla. Dentro del arte me subyuga el tema de Cristo en la cruz. Se llevan mi preferencia los cristos barrocos españoles. La última vez, fui en compañía de un buen amigo mío. Al Cristo, ¡Qué elección! Se le puede encontrar entre tuercas y clavos, chatarra oxidada, ropa vieja, zapatos, libros, muñecas rotas o litografías románticas. La cosa, es saber buscarlo. Porque Cristo anda y está entre todas las cosas de este revuelto e inverosímil rastro que es la Vida.

Pero aquella mañana nos aventuramos por la casa del artista, es más fácil encontrar ahí al Cristo, ¡Pero mucho más caro!, es zona ya de anticuarios. Es el Cristo con impuesto de lujo, el Cristo que han enriquecido los turistas, porque desde que se intensificó el turismo, también Cristo es más caro.

Visitamos únicamente dos o tres tiendas y andábamos por la tercera o cuarta.

- Ehhmm ¿Quiere algo padre?

- Dar una vuelta nada más por la tienda, mirar, ver.

De pronto… frente a mí, acostado sobre una mesa, vi un Cristo sin cruz, iba a lanzarme sobre él, pero frené mis ímpetus. Miré al Cristo de reojo, me conquistó desde el primer instante. Claro que no era precisamente lo que yo buscaba, era un Cristo roto. Pero esta misma circunstancia, me encadenó a Él, no sé por qué. Fingí interés primero por los objetos que me rodeaban hasta que mis manos se apoderaron del Cristo, ¡Dominé mis dedos para no acariciarlo! No me habían engañado los ojos… no. Debió ser un

Cristo muy bello, era un impresionante despojo mutilado. Por supuesto, no tenía cruz, le faltaba media pierna, un brazo entero, y aunque conservaba la cabeza, había perdido la cara.

Se acercó el anticuario, tomó el Cristo roto en sus manos y…

- Ohhh, es una magnífica pieza, se ve que tiene usted gusto padre, fíjese que espléndida talla, qué buena factura…

- ¡Pero… está tan rota, tan mutilada!

- No tiene importancia padre, aquí al lado hay un magnífico restaurador, amigo mío y se lo va a dejar a usted, ¡Nuevo!

Volvió a ponderarlo, a alabarlo, lo acariciaba entre sus manos, pero… no acariciaba al Cristo, acariciaba la mercancía que se le iba a convertir en dinero.

Insistí, dudó, hizo una pausa, miró por última vez al Cristo fingiendo que le costaba separarse de Él y me lo alargó en un arranque de generosidad ficticia, diciéndome resignado y dolorido:

- Tenga padre, lléveselo, por ser para usted y conste que no gano nada 3000 pesetas nada más, ¡Se lleva usted una joya!

El vendedor exaltaba las cualidades para mantener el precio. Yo, sacerdote, le mermaba méritos para rebajarlo… Me estremecí de pronto. ¡Disputábamos el precio de Cristo, como si fuera una simple mercancía! Y me acordé de Judas… ¿No era aquella también una compraventa de Cristo? ¡Pero cuántas veces vendemos y compramos a Cristo, no de madera, de carne, en él y en nuestros prójimos! Nuestra vida es muchas veces una compraventa de cristos.

Bien… cedimos los dos… lo rebajó a 800 pesetas. Antes de despedirme, le pregunté si sabía la procedencia del Cristo y la razón de aquellas terribles mutilaciones. En información vaga e incompleta me dijo que creía procedía de la sierra de Arasena, y que las mutilaciones se debían a una profanación en tiempo de guerra.

Apreté a mi Cristo con cariño… y salí con Él a la calle. Al fin, ya de noche, cerré la puerta de mi habitación y me encontré solo, cara a cara con mi Cristo. Qué ensangrentado despojo mutilado, viéndolo así me decidí a preguntarle:

- Cristo, ¡¿Quién fue el que se atrevió contigo?! ¡¿No le temblaron las manos cuando astilló las tuyas arrancándote de la cruz?! ¿Vive todavía? ¿Dónde? ¿Qué haría hoy si te viera en mis manos? …¿Se arrepintió?

– ¡CÁLLATE!— me cortó una voz tajante.

- ¡CÁLLATE, preguntas demasiado! ¡¿Crees que tengo un corazón tan pequeño y mezquino como el tuyo?!

¡CÁLLATE! No me preguntes ni pienses más en el que me mutiló, déjalo, ¿Qué sabes tú? ¡Respétalo!, Yo ya lo perdoné. Yo me olvidé instantáneamente y para siempre de sus pecados. Cuando un hombre se arrepiente, Yo perdono de una vez, no por mezquinas entregas como vosotros.

- ¡CÁLLATE! ¿Por qué ante mis miembros rotos, no se te ocurre recordar a seres que ofenden, hieren, explotan y mutilan a sus hermanos los hombres? ¿Qué es mayor pecado? Mutilar una imagen de madera o mutilar una imagen mía viva, de carne, en la que palpito Yo por la gracia del bautismo. ¡Ohh hipócritas! Os rasgáis las vestiduras ante el recuerdo del que mutiló mi imagen de madera, mientras le estrecháis la mano o le rendís honores al que mutila física o moralmente a los cristos vivos que son sus hermanos.

Yo contesté: “No puedo verte así, destrozado, aunque el restaurador me cobre lo que quiera ¡Todo te lo mereces! Me duele verte así. Mañana mismo te llevaré al taller.

¿Verdad que apruebas mi plan? ¿Verdad que te gusta?”

- ¡NO, NO ME GUSTA!— Contestó el Cristo, seca y duramente.

- ¡ERES IGUAL QUE TODOS Y HABLAS DEMASIADO!

Hubo una pausa de silencio. Una orden, tajante como un rayo, vino a decapitar el silencio angustioso:

- ¡NO ME RESTAURES, TE LO PROHIBO! ¡¿LO OYES?!

- Si Señor, te lo prometo, no te restauraré.

- Gracias— me contest
ó el Cristo. Su tono volvió a darme confianza.

- ¿Por qué no quieres que te restaure? No te comprendo. ¿No comprendes Señor, que va a ser para mí un continuo dolor cada vez que te mire roto y mutilado? ¿No comprendes que me duele?


- Eso es lo que quiero, que al verme roto te acuerdes siempre de tantos hermanos tuyos que conviven contigo; rotos, aplastados, in
digentes, mutilados. Sin brazos, porque no tienen posibilidades de trabajo. Sin pies, porque les han cerrado los caminos. Sin cara, porque les han quitado la honra. Todos los olvidan y les vuelven la espalda. ¡No me restaures, a ver si viéndome así, te acuerdas de ellos y te duele, a ver si así, roto y mutilado te sirvo de clave para el dolor de los demás! Muchos cristianos se vuelven en devoción, en besos, en luces, en flores sobre un Cristo bello, y se olvidan de sus hermanos los hombres, cristos feos, rotos y sufrientes.

Hay muchos cristianos que tranquilizan su conciencia besando un Cristo bello, obra de arte, mientras ofenden al pequeño Cristo de carne, que es su hermano. ¡Esos besos me repugnan, me dan asco!, Los tolero forzado en mis pies de imagen tallada en madera, pero me hieren el corazón. ¡Tenéis demasiados cristos bellos! Demasiadas obras de arte de mi imagen crucificada. Y estáis en peligro de quedaros en la obra de arte.

Un Cristo bello puede ser un peligroso refugio donde esconderse en la huida del dolor ajeno, tranquilizando al mismo tiempo la conciencia, en un falso cristianismo. Por eso

¡Debieran tener más cristos rotos, uno a la entrada de cada iglesia, que gritara siempre con sus miembros partidos y su cara sin forma, el dolor y la tragedia de mi segunda pasión, en mis hermanos los hombres! Por eso te lo suplico, no me restaures, déjame roto junto a ti, aunque amargue un poco tu vida.

- Si Señor, te lo prometo— contesté. Y un beso sobre su único pie astillado, fue la firma de mi promesa. Desde hoy… viviré con un Cristo roto.
.
Dios tiene mano izquierda

La misma tarde que compré mi Cristo, le pregunté al anticuario dónde estaría el brazo derecho.

- ¡Oh, imposible encontrarlo! –me contestó— Y no crea usted que no revolvimos ya todo el pajar en donde estaba tirada la imagen mutilada. Encontramos, eso sí, la pierna izquierda y se la pegamos pero de la mano derecha ¡Ni rastro!


El anticuario no sabía Señor por dónde andaba tu mano derecha, pero Tú, Tú sí que lo sabes, la estás desclavando continuamente y se te escapa siempre. No, no me extraña que no la tengas, anda por ahí, invisible pero eficaz.


¡¿Quién no siente de vez en cuando, el suave roce de la mano llagada de Cristo?! Esa mano invisible que, sin llamar a la puerta, se mete en todas partes; en el hospital, en el lecho de muerte, en la oficina, en el despacho, en la fábrica, en el cine, en el teatro. Se cuela de puntillas como una ráfaga luminosa y musical. No podemos dar un paso por la vida sin tropezar con la mano de Dios. Pero tú, Cristo mío roto, sólo tienes mano izquierda.


Y me imaginé que decía, después de sentir que mi Cristo sonreía silencioso: “Qué poco y mal me conocéis, ¿Qué sería de vosotros los hombres si yo no tuviera mano izquierda?, La tengo, pero no para evitar que me crucifiquen, sino para conseguir que mi padre no os condene, Yo no uso mi mano izquierda para salvarme de la cruz, sino para salvaros del infierno, ¿Lo comprendes ahora?”

Toda la aventura trágica y divina de nuestra vida, está en dejarnos guiar por las manos de Dios. Pero hay en nosotros un elemento difícil, esquivo, peligroso: la libertad. Y Dios la respeta misteriosamente, infinitamente.


Para conquistarnos dispone Dios de dos manos, la derecha y la izquierda que representan dos técnicas y dos tácticas. La mano derecha es clara, abierta, transparente, luminosa. La mano izquierda busca atajos, da rodeos, es cálculo, diplomacia, no tiene prisa, si es necesario actúa a distancia y finge la voz, pero aunque izquierda no es maquiavélica ni traidora, porque la mueve el amor.

Para cada alma Dios tiene dos manos, pero las emplea de modo distinto porque todas las almas son diferentes. Con la derecha, como a palomas blancas o a ovejas dóciles,


Dios guiaba a Juan Evangelista, a Francisco de Asís, a Juan de la Cruz, a Francisco Javier, a las dos Teresas...


Para conquistar a Pedro, a Pablo, a Magdalena, a Agustín, a Ignacio de Loyola, Dios tuvo que emplear la izquierda. Ante la mano derecha, se rebelan, entonces entra en juego la izquierda, busca un disfraz y se trueca en rayo, en bala, trata de ser freno que nos detenga, quiere alzarnos del barro en que caímos, se nos mete en el pecho para ver si logra ablandar nuestros corazones. Sus recursos son infinitos, hoy la disimula con modernos y actuales disfraces, es el ser más actual...


¡Se rompe una presa que arrastra mis fincas! Tengo un descuido inexplicable en el trabajo, y la máquina me siega un brazo. Íbamos en coche a 100 por hora, nos salió inesperadamente un camión, murieron en el acto mi mujer y un hijo, y quedé solo en la vida. Jamás he tenido una enfermedad, pero me dice el médico que tengo algo incurable...


Ante la mano izquierda de Dios, la primera reacción es un grito de rebeldía y desesperación, olvidamos la presa, el coche, el traidor, la muerte, porque adivinamos que ellos no tienen en definitiva la culpa, presentimos a Dios como responsable de ese dolor, que por ser tan terriblemente profundo, no puede venir de las criaturas y lógicamente nos encaramos a Dios. ¡Le gritamos, le emplazamos, le protestamos, le exigimos, le desafiamos, le condenamos! “¡PADRE…! ¡SI FUERAS PADRE, NO ME TRATARÍAS ASÍ!” Gritamos, protestamos, nos rebelamos y luego… nos quedamos solos.


Y vienen las primeras lágrimas nerviosas y quemantes, y sin darnos cuenta, la primera oración. Volvemos a protestar contra Dios, contra nuestra primera oración... Sucede el cansancio, las lágrimas ya son más serenas, ya rezamos sin protestar, tenemos ganas de besar algo, ¿Qué? Oh sí, eso, ya lo encontramos, un crucifijo, y con un beso le decimos a Dios, que está bien lo que Él disponga...


Terrible, violenta, dura, implacable, pero bendita mano izquierda de Dios. Se formulan absurdas expresiones: “Bendita presa que se rompió, arrasó mi fábrica, pero me acercó a Dios, yo andaba muy lejos de Él”.


Cristo mío roto, te lo digo en nombre mío y de todos, porque todos somos valientes para pedírtelo desde ahora: Señor, si no basta para salvarnos la ternura de tu mano derecha, desclava tu izquierda, disfrázala de lo que quieras: fracaso, calumnia, ruina, accidente, muerte. Cristo, que seamos hijos de tu mano, de tu derecha o de tu izquierda.

A la cabecera de tu cama, amigo, o en tu mesita de noche, tienes un Cristo clavado en la cruz, ¿Por qué esta noche, antes de acostarte, no le besas la mano izquierda? Dios sabrá compensarte ese gesto de valor y resignación cristiana.
 
Se ha perdido una Cruz
¡Atención! Se ha perdido una cruz y no se da con ella, es la de mi Cristo roto. ¿Alguno de vosotros, ha encontrado una cruz? ¿Queréis las señas? ¿El tamaño? No es muy grande, pero es una cruz y no hay cruz pequeña, además es una cruz para Cristo y entonces no hay modo de medirla, con estas señas basta porque en definitiva todas las cruces son iguales.
Perdonad pues mi insistencia, ¿Quién de nosotros no ha encontrado una cruz? Mejor dicho: ¿Quién no tiene una cruz? Es un derecho de propiedad irrenunciable que se está ejerciendo siempre, todos la llevamos. La llevamos encima, a cuestas, aunque no se nos vea, aunque sonriamos.
A veces por oculta, es más pesada. Esta noche al acostarnos, no podremos dejarla colgada en la percha, al levantarnos mañana, no será necesario vestírnosla, saltaremos de la cama con ella ya puesta.
¿Que quién ha encontrado una cruz? Todos… todos, buenos y malos, santos y criminales, sanos y enfermos, ni siquiera respeta a los que parecen desafiar el dolor con las carcajadas y juergas de su vida.
Esa pobre mujer, que repintada y aburrida espera sentada a la barra de la cafetería o arrimada a la esquina estratégica, lleva una pavorosa cruz a cuestas, pesa tanto, que se apoya recostándose en la esquina, es una cruz más pesada de lo que sospechamos y el que se acerca a ella buscando el placer, lo hace por huir de otra cruz. Hablan los dos, regatean, prometen, se arreglan al fin y allá van por la calle adelante, con prisa y con la cruz a cuestas, y cuando regresan, cuando ya han tratado de aplacar su hambre de felicidad, sienten defraudados que ha aumentado su cruz, que es mayor. En ella, asco y envilecimiento, en él, desolación.
Toda ciudad en definitiva es un bosque, una selva, una colmena de cruces, ¿Y sabes amigo por qué a veces nuestra cruz resulta intolerable? ¿Sabes por qué llega a convertirse en desesperación y suicidio? Porque entonces nuestra cruz, es una cruz sola, sin Cristo, solamente se puede tolerar cuando lleva un Cristo entre sus brazos.
Una cruz laica, sin sangre ni amor de Dios, es absurda, no tiene sentido, por eso, se me ocurre una idea: Yo tengo un Cristo sin cruz y tú tienes, tal vez, una cruz sin Cristo. Los dos están incompletos. Mi Cristo no descansa, porque le falta su cruz, tú no resistes tu cruz porque te falta Cristo. ¿Por qué no le das esta noche tu cruz vacía al Cristo? Tú tienes una cruz sola, vacía, helada, negra, sin sentido. Te comprendo, sufrir así es irracional y no me explico ¿Cómo has podido tolerarla tanto tiempo? Tienes el remedio en tus manos… anda, dame esa cruz tuya, dámela, te doy en cambio, este Cristo sin reposo y sin cruz. Tómalo, es tuyo, dale tu cruz, toma mi Cristo; júntalos, clávalos, abrázalos y todo habrá cambiado.
Mi Cristo roto descansa en tu cruz, tu cruz se ablanda con mi Cristo en ella. Hemos encontrado una cruz, la nuestra, que resulta ser la de Cristo...


¡¿Quién te partió la cara?!
Cristo, yo había oído muchas veces esta amenaza en labios trémulos por el odio:

“¡MIRA QUE TE PARTO LA CARA!” Y siempre pensé que todo suele quedar en un puñetazo, un bofetón, una cuchillada en la mejilla. Sólo en Ti se ha cumplido literalmente la brutal amenaza, te han partido la cara de un solo tajo.

Yo se la hubiera restaurado, pero Él me lo prohibió. Por eso me dedico en un juego de fantasía y cariño, a restaurársela idealmente, colocando sobre su cabeza sin facciones, las caras que para mi Cristo, ha soñado el arte universal. Consumo en este juego, museos, colecciones, galerías, catedrales, pinacotecas. Todo va pasando por el tajo de su cara en un desfile lento, y me siento Velázquez o Juan de Meza, con un patetismo barroco, o Montañés con olímpica belleza, o Leonardo, de infinita tristeza.

Pero desde hace unos días, he tenido que renunciar también al consuelo de este juego, ¡el Cristo roto es terrible en su exigencia!, no concibe treguas, y me lo ha prohibido también. Yo creí al principio que le gustaba, al menos lo toleraba silencioso, hasta que un día me interrumpió severamente:

- ¡BASTA! No me pongas ya más caras, he tolerado tu juego demasiado tiempo. ¿No acabas de comprenderlo? No me pongas más esas caras que pides de limosna, al arte de los hombres. ¡Quiero estar así, sin cara! Prometiste que jamás me restaurarías… a no ser, que quieras ensayar otro juego, ponerme otras caras. Esas… sí las aceptaré.

- ¿Cuáles Señor? Te las pondré enseguida. Dime qué caras y te las pongo.

- Temo que no lo entiendas, incluso que te escandalices como los fariseos... Me refiero a otros rostros, pero reales, no fingidos como los que inventabas, y que son también míos, como el que me cortaron de un tajo.

- Ahh, ya creo adivinar Señor, te refieres a las caras de los santos, de los apóstoles, de los mártires…

- Esas caras en verdad, son mías. Nadie me las niega ni me las regatea. Pero yo quiero otras, las reclamo, muy pocos se atreverían a ponérselas, Yo sí.

Hizo un descanso, como para tomar fuerzas. Respiró profundamente. Yo estaba asustado, tenía miedo, pero no había remedio. Entonces me dijo:

- Oye, ¿No tienes por ahí un retrato de tu enemigo? De ese que te tiene envidia y que no te deja vivir; del que interpreta mal por sistema todas tus cosas, del que siempre va hablando mal de ti, del que te arruinó, del que dio malos y decisivos informes sobre ti, del traidor que te puso una zancadilla, del que logró echarte del puesto que tenías, del que te denunció, del que te metió en la cárcel...

- Cristo, ¡no sigas!

- Es demasiado, ¿Verdad?

- Es inhumano, es absurdo…

- ¿Te has fijado bien en la cara de los leprosos, de los anormales, de los idiotizados, de los mendigos sucios, de los imbéciles, de los locos...?

- ¿Y...? ¿Y me vas a decir Cristo, que esas caras son tuyas y… y que te las ponga? No, no, imposible.

- ¡Espera! no acabo aún... Toma bien nota de esta última lista y no olvides ningún rostro: Tienes que ponerme la cara del blasfemo, del suicida, del degenerado, del ladrón, del borracho, del asesino, del criminal, del traidor, del vicioso. ¿No has oído?

¡Necesito que pongas todos esos rostros sobre el mío!

- …No, no Señor… -contesté— ¡No entiendo nada! ¿Todos esos rostros miserables y corruptos sobre el tuyo, sagrado y divino?

- ¡Sí, así lo quiero! ¿No ves que todos ellos pertenecen a esta pobre humanidad doliente creada por mi padre? ¿No te das cuenta que yo he dado la vida por todos?

Quizá ahora comprendas lo que fue la Redención.

Escucha: Yo, como hijo de Dios, me hice responsable voluntariamente de todos los errores y pecados de la humanidad. Todo pesaba sobre Mí, mi Padre se asomó desde el cielo para verme en la cruz y contemplarse en Mi rostro, clavó sus ojos en Mí y su pasmo fue infinito. Sobre mi rostro, vio sobrepuesta sucesiva y vertiginosamente las caras de todos los hombres. Desde el cielo, durante aquellas tres horas terribles de mi agonía en la cruz, contemplaba el desfile trágico de la humanidad vencida, mientras tanto Yo le decía:

“¡Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen!” No era Yo sólo quien moría en la cruz, eran miles y miles de dolientes seres humanos, derrotados muchos por sus propias pasiones, por sus errores, por sus pecados. El desfile era terrible, repugnante, grosero. Mi Padre vio pasar sobre mi rostro la cara del soberbio; la del sectario, imaginando la destrucción de Dios, la del asesino frío y desalmado...

Había labios repugnantes, ojeras hundidas marcadas con fuego de lujuria, alientos insoportables de ebriedad, palidez de madrugadas encenagadas en el vicio, sórdidos rictus de amargura y desesperación, turbadoras miradas de perversión y delito, de subterráneas anormalidades inconfesables y oscuras. Toda la derrota y las lacras de una humanidad irredenta, la agonía, la muerte. Y mi Padre… Dios, las amó a todas y perdonó sus pecados”.

Mi Cristo calló, qué pobre y ridículo me pareció el arte de los hombres y qué profundo e insondable el amor de Dios. Y desde entonces, enmudeció. No volvió a hablarme más.

No olvidemos nunca esta suprema y difícil lección. No olvidemos nunca la superficie lisa del rostro de mi Cristo, tajado verticalmente. Podríamos compararlo con un portarretrato vacío. En él se nos ofrece la oportunidad de colocar la cara de aquél o aquellos que nos han hecho daño o que odiamos profundamente, haciéndonos más daño a nosotros mismos que a quien es objeto de nuestro rencor.

¡Sí…, sí, seamos valientes! Recordemos el rostro que mayor odio y antipatía nos produzca, acerquémoslo a Cristo, aunque sintamos temblar nuestro pulso. Coloquémoslo sobre el suyo e imaginemos que nuestro enemigo, ese ser que odiamos, ocupa su lugar en la cruz. Cerremos los ojos, acerquémonos al crucificado y besemos reverentes y humildes su figura.

Al besar un Cristo, con el rostro de nuestro enemigo, nos envolverá una voz cálida y musical, paternal y bondadosa. Aquélla que hace muchos siglos nos dejara la más grande y maravillosa herencia que hombre alguno pueda tener, encerrada en sólo seis sencillas palabras:
.
“Amaos los unos a los otros”..

28 mayo 2012

Mi cristo roto

"Es una charla íntima, sencilla, insignificante". Así comienza el P. Ramón Cué,S.J. este relato conmovedor, entrañable y profundo. El relato del encuentro del hombre con Cristo. Un Cristo manco, cojo, sin cara, sin cruz. Un Cristo que no quiere ser restaurado porque desea que le prestemos nuestros brazos para encerrar en ellos a todos los hombres, nuestras piernas para que le llevemos por todos los caminos, nuestros ojos para mirar todas las desdichas, nuestros oídos para escuchar todas las quejas. Un Cristo que no quiere ser restaurado porque quiere que en su rostro veamos todos los rostros, que sobre sus espaldas carguemos todas nuestras cruces. Entremos con el P. Cué en este profundo diálogo con el pequeño Cristo roto y dejemos que nos conduzca con él por esta visión nueva y al mismo tiempo repetida, del amor insondable de Dios.

23 mayo 2012

En que tiempos Señor


Les comparto una pequeña meditación a modo de Oración.

En que tiempo señor me pides ser tu voz
en que tiempo señor me pides pronunciar tu evangelio
en que tiempo señor soy testimonio de ti.
Si a veces no se quien soy,
si no tengo vos,
si a veces tengo miedo y te escapo,
si en otras ocasiones no te tengo en cuenta.
Y sentí que me decías, que me conoces, que confías en mí,
Que estas con migo y que por eso me llamas hermana/o.
Gracias Señor por tu abrazo y compañía.
Te pido que no me sueltes,
Ahora siento que estos tiempos, son nuestros tiempos.
                                                                       Amén.

Luis Martín Albarracín.-

22 mayo 2012

Te ofrezco

Esta Oracion la rezamos años pasados los catequistas, como novena previo al retiro de Confirmación.
Dentro de unos dias, nuevamente saldremos al encuentro de Dios con los Chicos. Los que quieran acompañarnos en Oracion, les comparto:


 Hola señor mío.

Así quería empezar esta oración.

Siempre te estoy pidiendo perdón o algo o te doy gracias por esto, por lo otro.

Pero muy pocas veces te ofrezco, me ofrezco.

Por esto señor mío.

Te ofrezco mis dudas, para que hagan firme mi amor por vos.

Te ofrezco mis aciertos, porque ellos me hacen libre.

Te ofrezco mis penas, para no olvidar las lagrimas que te cause.

Te ofrezco mis alegrías, para dar testimonio de tu amor.

Te ofrezco mis vergüenzas, para que no me esconda de tu verdad.

Te ofrezco mis orgullos, por abrazar y besar la cruz.

Te ofrezco mis derrotas, porque me hacen fuerte.

Te ofrezco mis triunfos, porque me hacen humilde ante El hermano.

Te ofrezco todo, aunque no me corresponda, porque es tuyo, siempre fui tuyo.

Pero con esta oración quiero que te quede claro, que fui, soy y seré un alma libre que LUCHA y VIVE POR TU AMOR.


Luis Martín Albarracín.

08 mayo 2012

El muñeco de Sal.



Al perder, ganamos y al vaciarnos nos llenamos. Hay quien dice que esta fue la trayectoria de Jesús, de Buda, de Francisco de Asís, de Gandhi, y de la Madre Teresa, entre otras personas.

Tal vez una historia de los maestros espirituales antiguos nos aclare el sentido de esta pérdida que se transforma en ganancia.

«Había una vez un muñeco de sal. Después de peregrinar por tierras áridas llegó a descubrir el mar que nunca antes había visto y por eso no conseguía comprenderlo. El muñeco de sal le preguntó: «¿Tú quien eres?» Y el mar le respondió: «Soy el mar». El muñeco de sal volvió preguntar: «¿Pero qué es el mar?» Y el mar contesto: «Soy yo». «No entiendo», dijo el muñeco de sal, «pero me gustaría mucho entenderte. ¿Qué puedo hacer?» El mar simplemente le dijo: «Tócame». Entonces el muñeco de sal, tímidamente, tocó el mar con la punta de los dedos del pie y notó que aquello empezaba a ser comprensible, pero luego se dio cuenta de que habían desaparecido las puntas de los pies. «¡Uy, mar, mira lo que me hiciste!» Y el mar le respondió: «Tú me diste algo de ti y yo te di comprensión. Tienes que darte todo para comprenderme todo». Y el muñeco de sal comenzó a entrar lentamente mar adentro, despacio y solemne, como quien va a hacer la cosa más importante de su vida. A medida que iba entrando, iba también diluyéndose y comprendiendo cada vez más al mar. El muñeco de sal seguía preguntando: «Qué es el mar?». Hasta que una ola lo cubrió por entero. En el último momento, antes de diluirse en el mar, todavía pudo decir: «Soy yo».

Se desapegó de todo y ganó todo: el verdadero yo.

07 mayo 2012

El pez sin samaritano

El pez sin samaritano


He aquí que un pez es arrojado a la playa por una ola. El mar está muy picado. Por mas intentos que hace, no puede volver al agua. Un señor muy bien vestido, portando un maletín pasa por allí. Es un ejecutivo.

-¡Eh, oiga! Por favor, un momento...¿me podría ayudar? Estoy fuera del agua y....

-Si, quisiera ayudarte, pero voy rápido a buscar un crédito para la asociación. Lo siento.

-La verdad que eso suena a causa noble, evidentemente, y no puede perder tiempo –quiere justificarlo el pez.

Alguien se acerca. Es un varón.

-¡Oiga, oiga! –a ver si este me echa una mano-

¡Oiga! Por favor, ¿puede devolverme al agua?

-¡Es que, es que yo, yo no sé, si tal vez yo tuviera....

-No importa, utilice un palo o cualquier cosa o empújeme con el pie- precisa el pez.

-A ver, si lo tiro al agua, él puede.....pero también si no lo tiro probablemente....pues...yo no sé...

-¡Vaya! Este es un hombre que mira demasiado los "pros" y "los contras". Quiso ayudarme, es obvio. Si se hubiera dado cuenta de que se me está haciendo un poco difícil respirar.....-musita el pez que sigue buscando ayuda.

Una mujer se avecina.....

-¡Señora! ¡Perdóneme, pero....estoy en apuros porque ...aquí fuera del agua...y yo necesito cuanto antes volver al mar! ¡Es más, tiene que ser cuanto antes porque comienzo a tener dificultad, dificultad de respirar!

-¡Oye! Pero antes de echarte una mano, ¿has pensado si tienes tú alguna culpa en esto que te está pasando? Porque claro, una vez que vuelvas al agua, ¿qué vas a hacer para que esto no suceda de nuevo? Pues no vas a estar dependiendo siempre de los demás, porque sería perjudicial. Y claro, ¿has pensado también que puedes hacer para ayudarte a ti mismo? Mira, yo volveré dentro de un rato para saber qué has pensado de todo esto.

-¡Mira que si yo tengo la culpa! No había caído en eso. Me parece que esta señora sabe muchísimo más que yo –se dice el pobre pez.

Pero, aunque el tiempo juega en su contra, ¡no hay que desesperar! Un hombre entrado en años se aproxima. El pez sumamente angustiado mendiga de nuevo la ayuda vital.

-¡Ay, ay, ay, me siento....si no puedo pensar, si no veo nada a mi alrededor! ¡Auxilio, auxilio! ¡Señor, ayúdeme por favor!

Pero el hombre no oye nada. Mira al mar y piensa:

-¡El mar es cruel cuando se pone bravo!

Y el pez lo ve alejarse y...muere.

La playa se queda en silencio durante un buen rato. Al subir la marea, una ola amigable lleva al pez otra vez hacia el mar.

Y la mujer que prometió volver, vuelve.

-¡Ya sabía yo que cuando uno lo necesita, se las arregla solo!

(de "Cuentos con valores", Mateo Bautista, SAN PABLO)



Para la reflexión personal y grupal:

-¿Que sensaciones nos generó este relato?

-¿Encontramos similitudes y diferencias entre el cuento y la parábola del samaritano? ¿Cuáles?

-¿Analicemos los personajes que cruzan al pez necesitado: el ejecutivo, el hombre, la mujer, el anciano....¿de que manera reacciona cada uno ante el caso del que sufre?

-¿Cómo reaccionaríamos en un caso similar? ¿nos sentiríamos identificados con alguno de estos personajes?

-¿A quién consideramos habitualmente nuestro prójimo? ¿a todos nuestros hermanos? ¿o solo a aquellos "mas cercanos" a nuestro corazón o nuestros intereses?

-¿Nos cuesta ser "buenos samaritanos"? ¿por que? ¿por prejuicios? ¿por "teorizar" lo que deberíamos llevar a la práctica mas fácilmente?

-¿Qué nos enseñó Jesús al respecto?

No dejen de enviar sus comentarios y reflexiones...

05 mayo 2012

Comunicacion con los demas.

El hombre en ser que se Comunica

La comunicación con los demas.

Objetivos: Que los jovenes descubran el valor de la comunicación.
    - Experimenten el mutuo enriquecimiento que proporciona la comunicación.
    - Lograr mayor comunicación en el grupo.

IDEA CENTRAL:

" El hombre ha sido creado para comunicarse. Se comunica
a traves del cuerpo, de las palabras, de gestos.
Comunicarnos nos hace más personas ".

Video:
El poder del abrazo