06 enero 2016

Sus corazones buscan la verdad

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Ante el nacimiento de Jesús se pueden adoptar actitudes muy diferentes. El relato de los magos nos habla de la reacción de tres grupos de personas. Unos extranjeros -paganos- que lo buscan, guiados por la pequeña luz de una estrella. Los representantes de la religión del Templo -los Sumos Sacerdotes-, que permanecen indiferentes. El poderoso rey Herodes que solo ve en él un peligro.
A los Sumos Sacerdotes su seguridad religiosa los ciega. Conocen dónde tiene que nacer el Mesías, pero ninguno de ellos se acercará a Belén. Se dedican a dar culto a Dios, pero no sospechan que su misterio es más grande que todas las religiones, y tiene sus caminos para encontrarse con todos sus hijos e hijas. De esta manera nunca podrán reconocer a Jesús.
El rey Herodes, poderoso y brutal, solo ve en Jesús una amenaza para su poder y su crueldad. Hará todo lo posible para eliminarlo. Desde el poder opresor solo se puede “crucificar” a quien trae liberación.
Mientras tanto, los magos, que no pertenecen al pueblo elegido y nada sabemos de su religión, prosiguen su búsqueda: La pequeña luz de la estrella los atrae hacia el pequeño pueblo de Belén, lejos de todo centro de poder. Sus corazones buscan la verdad.
Al llegar, lo único que ven es al “niño con María, su madre”. Nada más. Un niño sin esplendor ni poder alguno. Una vida frágil que necesita el cuidado de una madre. Es suficiente para despertar en los magos la adoración.
El relato es desconcertante. A este Dios, escondido en la fragilidad humana, no lo encuentran los que viven instalados en el poder o encerrados en la seguridad religiosa. Se les revela a quienes, guiados por pequeñas luces, buscan incansablemente una esperanza para el ser humano en la ternura y la pobreza de la vida.
A partir de un texto de José Pagola.
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