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03 agosto 2015

Homilía en el 39° Aniversario de la Muerte de Mons. ENRIQUE ANGELELLI

 (Punta de Los LLanos, 02-08-2015)

Lecturas: Éxodo 16,2-4.12-15; Efesios 4,17.20-24; Evangelio San Juan 6,24-35

Mis queridos hermanos,

  Venimos una vez más a Punta de los Llanos, peregrinos de distintos puntos del país y de la diócesis, donde treinta y nueve años atrás, un cuatro de agosto, murió Enrique Angelelli, pastor de tierra adentro, como se presentó al asumir nuestra diócesis en 1968. Lo evocamos en esta Eucaristía en la cual Cristo nos parte su Palabra y su Pan y nos reconocemos Pueblo de Dios en camino, hermanos en Aquél que nos sale al encuentro y nos abraza con su paz.  Nos decía Francisco hace poco tiempo:

Les pido también a todos, creyentes y no creyentes, que se acuerden de tantos Obispos, sacerdotes y laicos que predicaron y predican la buena noticia de Jesús con coraje y mansedumbre (…), que en su paso por esta vida dejaron conmovedoras obras de promoción humana y de amor, muchas veces junto a los pueblos indígenas o acompañando a los propios movimientos populares incluso hasta el martirio.(Francisco, Mensaje al II Encuentro Mundial de Movimientos Sociales, Santa Cruz de la Sierra)

En la primera lectura, vemos al pueblo que transita los fatigosos caminos de la libertad y afronta sus primeras tensiones fuertes. Salido de la esclavitud de Egipto, comienza a vivir en su interior la contradicción entre animarse y arriesgar confiando en el Señor o preferir las dudosas ventajas de un pasado donde sin dignidad ni vida propia en el que no le faltaban las migajas para alimentarse.

“Y no son pocas las veces que experimentamos el cansancio de este camino… que faltan las fuerzas para mantener viva la esperanza. Cuántas veces vivimos situaciones que pretenden anestesiarnos la memoria y así se debilita la esperanza y se van perdiendo los motivos de alegría. Y comienza a ganarnos una tristeza que se vuelve individualista, que nos hace perder la memoria de pueblo amado, de pueblo elegido. Y esa pérdida nos disgrega, hace que nos cerremos a los demás, especialmente a los más pobres.” (Francisco, Homilía en la Plaza Cristo Redentor, en Santa Cruz de la Sierra)

Contemplando la experiencia del pueblo israelita en camino, advertimos el precio de la libertad, que siempre nos desafía a arriesgar y confiar. Arriesgamos aunque no nos faltan dudas y vacilaciones; creemos con el corazón aunque nuestras fuerzas nos abandonan y somos frágiles.

Ponemos nuestra confianza en Aquél que nos invitó a salir de la cómoda seguridad de no ser, de no vivir, de no poder amar, para comenzar a crecer en nuestra identidad de hijos de Dios, hermanos de todos y señores de las cosas que nos puso a disposición para nuestro bien.

Al pueblo quejoso de su libertad accidentada y en camino, Dios lo invita a “seguir andando”, a comer cada día de su Providencia, a no acaparar ni guardar porque de su mano nunca les faltará el pan, la paz y la libertad. En ese “seguir andando” del pueblo que camina en el desierto, hay una llamada a caminar según su ley, su proyecto de vida y amor.

En Efesios 4,17.20-24, el Señor también quiere recordarnos transitar nuestro propio camino personal de renovación. Por su resurrección nos invita a ser hombres y mujeres nuevos, superando idolatrías y vanidades para vivir “en justicia y santidad verdadera”. Al respecto, Mons. Angelelli nos dice en su Carta de Cuaresma de 1972:

“Si la resurrección de Cristo está en el corazón del Evangelio y constituye nuestro futuro, dejemos que nuestra esperanza en esa promesa se haga realidad en el mundo, a través de una conducta que no está dispuesta a tolerar ningún conformismo, ninguna discriminación entre los hombres, ninguna explotación del hombre por el hombre. Esto es una gracia de Dios, una gran tarea que hemos de realizar. Éste es el hombre nuevo que anunciamos y que infatigablemente buscamos ayudar en cada hombre y mujer de nuestra comunidad diocesana, sin distinción alguna (…) Éste es el hombre nuevo que debemos realizar en cada uno de nosotros, llámese obispo, sacerdote, religioso, religiosa o laico. Éste es el hombre nuevo que ofrecemos a todo hombre de corazón recto.”

El Evangelio nos sitúa en una escena que no por familiar deja de conmovernos: La multitud va en busca de Jesús, lo sigue transitando largas distancias porque sus signos cautivan su fragilidad y cubren su necesidad. Él les da pan hasta saciarse, los hace caminar, ver, dejar las podredumbres y las pestes para ser hombres y mujeres nuevos. Pero les cuesta ver detrás de los signos a Aquél que los prodiga, esa Palabra que no se acalla, aquel Pan que no perece, la Bebida que sacia la eterna sed que nos habita.

Porque nuestros ojos no superan la inmediatez de las necesidades que nos afectan, el Señor nos invita a levantar la mirada, a buscar el encuentro con Él para alimentarnos y vivir. El encuentro con Cristo, con su Palabra y su Pan, siempre nos hace crecer en libertad, en vida y en dignidad. Como el pueblo peregrino en el desierto, nuestras opciones y decisiones se fortalecen cuando nos encontramos con el Señor que nos saca de la esterilidad de nuestras vanidades y omnipotencias para hermanarnos definitivamente en su sangre.

En este nuevo aniversario del asesinato de Mons. Angelelli, no dejemos de agradecer el don de su vida, testimonio entregado a esta Iglesia particular como una herencia sagrada y que siempre nos remite a Cristo, el buen Pastor, el Pan de Vida al que sirvió incansablemente en su pueblo.

Punta de los Llanos, 2 de agosto de 2015.

 +Marcelo Daniel Colombo, Padre Obispo de La Rioja

26 mayo 2015

Invocación al Espíritu

Ven, Espíritu Santo. Despierta nuestra fe débil, pequeña y vacilante. Enséñanos a vivir confiando en el amor insondable de Dios, nuestro Padre, a todos sus hijos e hijas, estén dentro o fuera de tu Iglesia. Si se apaga esta fe en nuestros corazones, pronto morirá también en nuestras comunidades e iglesias.
Ven, Espíritu Santo. Haz que Jesús ocupe el centro de tu Iglesia. Que nada ni nadie lo suplante ni oscurezca. No vivas entre nosotros sin atraernos hacia su Evangelio y sin convertirnos a su seguimiento. Que no huyamos de su Palabra, ni nos desviemos de su mandato del amor. Que no se pierda en el mundo su memoria.
Ven, Espíritu Santo. Abre nuestros oídos para escuchar tus llamadas, las que nos llegan hoy, desde los interrogantes, sufrimientos, conflictos y contradicciones de los hombres y mujeres de nuestros días. Haznos vivir abiertos a tu poder para engendrar la fe nueva que necesita esta sociedad nueva. Que, en tu Iglesia, vivamos más atentos a lo que nace que a lo que muere, con el corazón sostenido por la esperanza y no minado por la nostalgia.
Ven, Espíritu Santo. Purifica el corazón de tu Iglesia. Pon verdad entre nosotros. Enséñanos a reconocer nuestros pecados y limitaciones. Recuérdanos que somos como todos: frágiles, mediocres y pecadores. Libéranos de nuestra arrogancia y falsa seguridad. Haz que aprendamos a caminar entre los hombres con más verdad y humildad.
Ven, Espíritu Santo. Enséñanos a mirar de manera nueva la vida, el mundo y, sobre todo, las personas. Que aprendamos a mirar como Jesús miraba a los que sufren, los que lloran, los que caen, los que viven solos y olvidados. Si cambia nuestra mirada, cambiará también el corazón y el rostro de tu Iglesia. Los discípulos de Jesús irradiaremos mejor su cercanía, su comprensión y solidaridad hacia los más necesitados. Nos pareceremos más a nuestro Maestro y Señor.
Ven, Espíritu Santo. Haz de nosotros una Iglesia de puertas abiertas, corazón compasivo y esperanza contagiosa. Que nada ni nadie nos distraiga o desvíe del proyecto de Jesús: hacer un mundo más justo y digno, más amable y dichoso, abriendo caminos al reino de Dios.
José Antonio Pagola
Pentecostés - B
(Juan 20,19-23)

24 de mayo 2015

11 mayo 2015

No desviarnos del amor

El evangelista Juan pone en boca de Jesús un largo discurso de despedida en el que se recogen, con una intensidad especial, algunos rasgos fundamentales que han de recordar sus discípulos a lo largo de los tiempos para ser fieles a su persona y a su proyecto. También en nuestros días.
«Permaneced en mi amor». Es lo primero. No se trata solo de vivir en una religión, sino de vivir en el amor con que nos ama Jesús, el amor que recibe del Padre. Ser cristiano no es en primer lugar un asunto doctrinal, sino una cuestión de amor. A lo largo de los siglos, los discípulos conocerán incertidumbres, conflictos y dificultades de todo orden. Lo importante será siempre no desviarse del amor.
Permanecer en el amor de Jesús no es algo teórico ni vacío de contenido. Consiste en «guardar sus mandamientos», que él mismo resume enseguida en el mandato del amor fraterno: «Este es mi mandamiento; que os améis unos a otros como yo os he amado». El cristiano encuentra en su religión muchos mandamientos. Su origen, su naturaleza y su importancia son diversos y desiguales. Con el paso del tiempo, las normas se multiplican. Solo del mandato del amor dice Jesús: «Este mandato es el mío». En cualquier época y situación, lo decisivo para el cristianismo es no salirse del amor fraterno.
Jesús no presenta este mandato del amor como una ley que ha de regir nuestra vida haciéndola más dura y pesada, sino como una fuente de alegría: «Os hablo de esto para que mi alegría esté en vosotros y vuestra alegría llegue a plenitud». Cuando entre nosotros falta verdadero amor, se crea un vacío que nada ni nadie puede llenar de alegría.
Sin amor no es posible dar pasos hacia un cristianismo más abierto, cordial, alegre, sencillo y amable donde podamos vivir como «amigos» de Jesús, según la expresión evangélica. No sabremos cómo generar alegría. Aún sin quererlo, seguiremos cultivando un cristianismo triste, lleno de quejas, resentimientos, lamentos y desazón.
A nuestro cristianismo le falta, con frecuencia, la alegría de lo que se hace y se vive con amor. A nuestro seguimiento a Jesucristo le falta el entusiasmo de la innovación, y le sobra la tristeza de lo que se repite sin la convicción de estar reproduciendo lo que Jesús quería de nosotros.
José Antonio Pagola
6 Pascua - B
(Juan 15,9-17)

10 de mayo 2015

17 abril 2015

Creer por experiencia propia

No es fácil creer en Jesús resucitado. En última instancia es algo que solo puede ser captado y comprendido desde la fe que el mismo Jesús despierta en nosotros. Si no experimentamos nunca «por dentro» la paz y la alegría que Jesús infunde, es difícil que encontremos «por fuera» pruebas de su resurrección.
Algo de esto nos viene a decir Lucas al describirnos el encuentro de Jesús resucitado con el grupo de discípulos. Entre ellos hay de todo. Dos discípulos están contando cómo lo han reconocido al cenar con él en Emaús. Pedro dice que se le ha aparecido. La mayoría no ha tenido todavía ninguna experiencia. No saben qué pensar.
Entonces «Jesús se presenta en medio de ellos y les dice: "Paz a vosotros"». Lo primero para despertar nuestra fe en Jesús resucitado es poder intuir, también hoy, su presencia en medio de nosotros, y hacer circular en nuestros grupos, comunidades y parroquias la paz, la alegría y la seguridad que da el saberlo vivo, acompañándonos de cerca en estos tiempos nada fáciles para la fe.
El relato de Lucas es muy realista. La presencia de Jesús no transforma de manera mágica a los discípulos. Algunos se asustan y «creen que están viendo un fantasma». En el interior de otros «surgen dudas» de todo tipo. Hay quienes «no lo acaban de creer por la alegría». Otros siguen «atónitos».
Así sucede también hoy. La fe en Cristo resucitado no nace de manera automática y segura en nosotros. Se va despertando en nuestro corazón de forma frágil y humilde. Al comienzo, es casi solo un deseo. De ordinario, crece rodeada de dudas e interrogantes: ¿será posible que sea verdad algo tan grande?
Según el relato, Jesús se queda, come entre ellos, y se dedica a «abrirles el entendimiento» para que puedan comprender lo que ha sucedido. Quiere que se conviertan en «testigos», que puedan hablar desde su experiencia, y predicar no de cualquier manera, sino «en su nombre».
Creer en el Resucitado no es cuestión de un día. Es un proceso que, a veces, puede durar años. Lo importante es nuestra actitud interior. Confiar siempre en Jesús. Hacerle mucho más sitio en cada uno de nosotros y en nuestras comunidades cristianas.
José Antonio Pagola
3 Pascua - B
(Lucas 24,35-48)

19 de abril 2015

08 abril 2015

Evangelio según San Juan 20,19-31.

Al atardecer de ese mismo día, el primero de la semana, estando cerradas las puertas del lugar donde se
encontraban los discípulos, por temor a los judíos, llegó Jesús y poniéndose en medio de ellos, les dijo: "¡La paz esté con ustedes!". 
Mientras decía esto, les mostró sus manos y su costado. Los discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor. 
Jesús les dijo de nuevo: "¡La paz esté con ustedes! Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes". 
Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió: "Reciban el Espíritu Santo. 
Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes se los retengan". 
Tomás, uno de los Doce, de sobrenombre el Mellizo, no estaba con ellos cuando llegó Jesús. 
Los otros discípulos le dijeron: "¡Hemos visto al Señor!". El les respondió: "Si no veo la marca de los clavos en sus manos, si no pongo el dedo en el lugar de los clavos y la mano en su costado, no lo creeré". 
Ocho días más tarde, estaban de nuevo los discípulos reunidos en la casa, y estaba con ellos Tomás. Entonces apareció Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio de ellos y les dijo: "¡La paz esté con ustedes!". 
Luego dijo a Tomás: "Trae aquí tu dedo: aquí están mis manos. Acerca tu mano: Métela en mi costado. En adelante no seas incrédulo, sino hombre de fe". 
Tomas respondió: "¡Señor mío y Dios mío!". 
Jesús le dijo: "Ahora crees, porque me has visto. ¡Felices los que creen sin haber visto!". 
Jesús realizó además muchos otros signos en presencia de sus discípulos, que no se encuentran relatados en este Libro. 
Estos han sido escritos para que ustedes crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y creyendo, tengan Vida en su Nombre. 

VIVIR DE SU PRESENCIA
El relato de Juan no puede ser más sugerente e interpelador. Sólo cuando ven a Jesús resucitado en medio de ellos, el grupo de discípulos se transforma. Recuperan la paz, desaparecen sus miedos, se llenan de una alegría desconocida, notan el aliento de Jesús sobre ellos y abren las puertas porque se sienten enviados a vivir la misma misión que él había recibido del Padre.
La crisis actual de la Iglesia, sus miedos y su falta de vigor espiritual tienen su origen a un nivel profundo. Con frecuencia, la idea de la resurrección de Jesús y de su presencia en medio de nosotros es más una doctrina pensada y predicada, que una experiencia vivida.
Cristo resucitado está en el centro de la Iglesia, pero su presencia viva no está arraigada en nosotros, no está incorporada a la sustancia de nuestras comunidades, no nutre de ordinario nuestros proyectos. Tras veinte siglos de cristianismo, Jesús no es conocido ni comprendido en su originalidad. No es amado ni seguido como lo fue por sus discípulos y discípulas.
Se nota enseguida cuando un grupo o una comunidad cristiana se siente como habitada por esa presencia invisible, pero real y activa de Cristo resucitado. No se contentan con seguir rutinariamente las directrices que regulan la vida eclesial. Poseen una sensibilidad especial para escuchar, buscar, recordar y aplicar el Evangelio de Jesús. Son los espacios más sanos y vivos de la Iglesia.
Nada ni nadie nos puede aportar hoy la fuerza, la alegría y la creatividad que necesitamos para enfrentarnos a una crisis sin precedentes, como puede hacerlo la presencia viva de Cristo resucitado. Privados de su vigor espiritual, no saldremos de nuestra pasividad casi innata, continuaremos con las puertas cerradas al mundo moderno, seguiremos haciendo «lo mandado», sin alegría ni convicción. ¿Dónde encontraremos la fuerza que necesitamos para recrear y reformar la Iglesia?
Hemos de reaccionar. Necesitamos de Jesús más que nunca. Necesitamos vivir de su presencia viva, recordar en toda ocasión sus criterios y su Espíritu, repensar constantemente su vida, dejarle ser el inspirador de nuestra acción. Él nos puede transmitir más luz y más fuerza que nadie. Él está en medio de nosotros comunicándonos su paz, su alegría y su Espíritu.
José Antonio Pagola

06 abril 2015

Homilía de la Misa Crismal 2015


Hermanas y hermanos:

Hace pocos días realizábamos el Retiro Diocesano para todos los agentes de pastoral y fieles en 
general. Lo hicimos bajo el lema “RENOVAR LA MIRADA”, en este camino hacia la celebración de 
los 40 años de la Diócesis. Durante este año queremos vivir más profundamente la conversión 
pastoral de la mano de nuestra conversión personal a Jesús.

Cada año, en la Misa Crismal, escuchamos este evangelio de san Lucas. Jesús, en la sinagoga de 
Nazareth, lee la profecía de Isaías. Luego, “Jesús cerró el Libro, lo devolvió al ayudante y se sentó. 
Todos en la sinagoga tenían los ojos fijos en Él. Entonces comenzó a decirles: ‘Hoy se ha cumplido 
este pasaje de la Escritura que acaban de oír’”.

En esto consiste RENOVAR LA MIRADA. Se trata de tener los ojos fijos en Jesús. Volver la mirada 
hacia Él, para que Él nos renueve con la suya. Jesús dice: Hoy se ha cumplido la profecía. Es su 
mirada la que atrae todas las miradas. Es el Dios de las misericordias que viene a traer la liberación 
a los hombres. Es el Dios que escucha el clamor de su pueblo, como decía el profeta Daniel: 
“Inclina, Dios mío, tu oído y escucha. Abre tus ojos y mira nuestras ruinas y la ciudad sobre la cual 
se invoca tu nombre”. La mirada de Jesús se vuelve a nosotros para levantar nuestros ojos, y así 
poder contemplar al Dios que nos salva.

Jesús, desde adolescente iba con su padre José a la sinagoga de Nazareth. Cuántas veces allí, 
los habitantes de ese poblado escuchaban las Escrituras. Ese sábado fue un sábado distinto: 
Comenzaba el anuncio de la alegría del Evangelio.

Como aquellos habitantes, en Nazareth, también nosotros podríamos decir hoy: Cuántas años 
hace que nos juntamos acá para celebrar la Misa Crismal. Algunos podrán decir que se acuerdan 
cuando iban a la Catedral de Avellaneda... Otros podrán recordar la primera Misa Crismal del 
Padre Obispo Jorge Novak... otros recordarán años más recientes... Inevitablemente algunos 
podrán decir, que muchos de aquellos ya no están acá... Es la realidad del paso del tiempo. Vamos 
haciendo historia; somos miembros de un pueblo peregrino, de un pueblo que cree y espera. En 
este caminar queremos RENOVAR LA MIRADA. Los sacerdotes y diáconos queremos hacerlo junto 
a nuestro pueblo a quien servimos.

Para nosotros -diáconos, sacerdotes y obispo- RENOVAR LA MIRADA, significa en este día dejarnos 
mirar por Jesús. Y como aquellos paisanos de Jesús: fijar nuestra mirada en él. Necesitamos 
renovar esa mirada nuestra. Solos no podemos levantar la mirada... Necesitamos que el Espíritu 
Santo nos ayude a levantar los ojos, que a veces se posan en tantas cosas que nos encandilan, 
nos engatusan, nos atrapan; porque nos quedamos mirándonos nosotros mismos, llenándonos 
de insatisfacción y de desazón; la mirada se nos envejece dando vuelta sobre las mismas cosas 
y sobre nuestra propia fragilidad, y más pesados se ponen nuestros ojos, y no los podemos 
levantar. 

¡Es tu mirada Jesús, si, es tu mirada Señor...! Es la fuerza de tu mirada, la fuerza de tu Espíritu, 
quien renueva mi mirada. ¡Es tu amor quien me renueva, Señor! Todos en Nazareth te miraban... 
porque vos, Jesús, los amabas, a pesar de sus dudas y de su incredulidad.

Hoy venimos a esta Catedral a renovar nuestro amor. A renovar las promesas de nuestra 
consagración sacerdotal y diaconal. Como peregrinos que somos, como familia que caminamos, 
a todos nos hace bien el buen ejemplo de los demás. Desde ya, el ejemplo de los santos y su 
intercesión, como la del Cura Brochero que veneramos en esta Catedral (hoy sus reliquias están 
sobre el altar); pero, particularmente a nosotros, los sacerdotes, nos hace bien recordar a los 
hermanos curas que concluyeron su caminar en este mundo. Por eso, me pareció oportuno 
compartir con ustedes un testimonio sacerdotal. Se trata de un sacerdote que supo gustar del 
misterio de Dios y nos introducía al mismo con sus sabias reflexiones, particularmente en sus 
clases y charlas, en los más diversos ámbitos del país y más allá de las fronteras. Hablo del P. Lucio 
Gera. El 7 de agosto se cumplirán tres años de su partida. “Maestro en teología” como lo llamó el 
Cardenal Bergoglio, y dispuso que sea sepultado en la Catedral de Buenos Aires. 

Quiero compartir lo que él dijo al celebrar los 50 años de sacerdote. Renovando la mirada sobre su 
vida ministerial. Nos puede ayudar hoy a cada uno de nosotros. Espigaré algunos de los párrafos 
de esa homilía:
“Mi sacerdocio ha sido por cierto una opción que había que pensar bien; porque no es lo mismo 
decidir ser sacerdote que decidir cambiar de casa. Fue una opción mía, es decir, un asunto de mi 
libertad. De nadie más. Pero más allá de mi opción personal, de algo que ha surgido de mi interior, 
ha sido también algo que me sobrevino, es decir, que me vino desde más allá de mí mismo, desde 
fuera y desde arriba, por así decirlo. Algunos lo llaman destino, pero el destino no tiene rostro y yo 
me resisto a creer que mi vida haya podido estar determinada por alguien que no tiene rostro, ni 
conocimiento, ni corazón. Me sobrevino de afuera y de arriba, pero de algo personal. Eso quiere 
decir que fue vocación, llamado. Alguien me llamó; por alguien fui convocado. 

Por eso mi vocación al sacerdocio fue un asunto entre dos, no únicamente una opción mía, 
unilateral. Dios está en el origen, está a mis espaldas de sacerdote. Esto no quiere decir que haya 
tenido revelaciones, o apariciones... Gracias a Dios nunca he tenido una aparición o una revelación 
y sólo he podido moverme en la vida desde mi fe sencilla. Un sacerdote tiene que aprender a vivir 
en soledad. Pero uno aprende y acepta vivir en soledad sólo porque, en definitiva, no se está solo. 

No sólo el sacerdocio, también la existencia humana es una cosa de dos, porque nadie va a la 
nada, sino a Dios. Uno vive siempre en la presencia de Dios. Y esta presencia no es amenazadora. 
Como solemos decir en los Salmos: “Él es la roca”, no el vacío ni el abismo.

Mi opción por el sacerdocio ha nacido de un horizonte pastoral, es decir, en referencia a los 
hombres. En esta opción, mi intención primera no era buscarlo a Dios en la soledad de la 
contemplación, de la ermita, del monasterio... Tampoco mi intención fue entregarme al servicio 
específico de una necesidad humana: el hospital, la cárcel... Todo eso estaba, pero no como 
intención primera, no como lo determinante. No estaba excluido, pero lo que me determinó fue 
simplemente una cierta inclinación al ser humano, considerado desde su necesidad religiosa; no 
desde su necesidad médica o su necesidad de libertad, de hacer justicia... Me pareció con sencillez 
que Dios era un bien, y que sería un bien dedicar la vida a comunicar a Dios a los demás. Y eso 
decidió taxativamente sobre mi vocación. Pensé que estar privado de Dios puede ser un gran vacío, 
o una gran distracción. Por eso me pareció que debía entrar en esta vocación en la que uno tiene 
que ser memoria de Dios, recordarlo para que Él no caiga en el olvido.

La Carta a los Hebreos habla sobre la debilidad del sacerdote. Es tomado de entre los hombres, 
porque así puede, en su debilidad, compadecerse de los hombres... Es un hombre, no es Dios. 
La fragilidad no es algo que se declama, que se recita, sino algo que uno vive y que ha vivido. 
Es verdad, es real. Esto yo se lo digo particularmente a los seminaristas; la fragilidad es real y 
permanece después de la ordenación. Es verdad que uno tiene que aprender a no descansar en 
la propia fragilidad, a no pactar con la propia fragilidad, ni tampoco escudarse en ella para hacer 
cualquier disparate, o para vivir en la mera mediocridad.

No me interpreten esto de la fragilidad refiriéndolo solamente al campo de la sexualidad humana. 
Sólo quien tiene un gran respeto por la relación del varón y la mujer, por el amor esponsal y sexual, 
puede renunciar auténticamente a él. Quien desconoce ese valor que no entre en el sacerdocio. 
Pero ha de saber que su misma renuncia está tocada por la fragilidad. Pero el espectro de la 
fragilidad también en el sacerdote es más amplio y la peor fragilidad de uno es aquella que 
aparenta ser fuerte: la fragilidad de la propia soberbia, del orgullo, de la vacía vanidad, de la 
explosión fugaz de la ira, de la pereza, del “no me molesten”. Sí, también el sacerdote descubre la 
malicia en el propio corazón y no solamente fuera de sí mismo.

Uno se ha sabido sacerdote, entre Dios y los hombres, animado y a la vez implorante, situado entre 
la propia disponibilidad y la propia fragilidad. Pero de la fragilidad uno también ha aprendido. 
No porque tenga valor la fragilidad en sí misma, sino porque a lo largo de la vida uno ha podido 
también, con la gracia de Dios, convertir la propia fragilidad en aprendizaje, comprender la 
fragilidad humana, respetar al hombre caído, respetar a la mujer caída”.(L. Gera.”Meditaciones 
Sacerdotales”. Agape; pgs. 111-119)

Este testimonio del P. Gera lo he tomado de un libro editado en estos días llamado 
“MEDITACIONES SACERDOTALES”, a 50 años del Concilio Vaticano II, del que participó el P. Gera 
como perito y uno de sus mejores intérpretes en la Argentina y América Latina. Me pareció que 
en este DIA DEL SACERDOTE, regalarles un ejemplar a cada uno sería un hermoso homenaje a la 
memoria del P. Lucio Gera, pero también un signo de afecto personal por cada uno de ustedes 
sacerdotes.

La celebración de hoy, nos ayude a RENOVAR LA MIRADA sobre el misterio del sacerdocio de 
Jesús. La Virgencita, “mi Purísima” (al decir de Brochero), ampare nuestra fidelidad.

+ Carlos José Tissera
Obispo de Quilmes

26 marzo 2015

Domingo de Ramos


Jesús contó con la posibilidad de un final violento. No era un ingenuo. Sabía a qué se exponía si seguía insistiendo en el proyecto del reino de Dios. Era imposible buscar con tanta radicalidad una vida digna para los «pobres» y los «pecadores», sin provocar la reacción de aquellos a los que no interesaba cambio alguno.
Ciertamente, Jesús no es un suicida. No busca la crucifixión. Nunca quiso el sufrimiento ni para los demás ni para él. Toda su vida se había dedicado a combatirlo allí donde lo encontraba: en la enfermedad, en las injusticias, en el pecado o en la desesperanza. Por eso no corre ahora tras la muerte, pero tampoco se echa atrás.
Seguirá acogiendo a pecadores y excluidos aunque su actuación irrite en el templo. Si terminan condenándolo, morirá también él como un delincuente y excluido, pero su muerte confirmará lo que ha sido su vida entera: confianza total en un Dios que no excluye a nadie de su perdón.
Seguirá anunciando el amor de Dios a los últimos, identificándose con los más pobres y despreciados del imperio, por mucho que moleste en los ambientes cercanos al gobernador romano. Si un día lo ejecutan en el suplicio de la cruz, reservado para esclavos, morirá también él como un despreciable esclavo, pero su muerte sellará para siempre su fidelidad al Dios defensor de las víctimas.
Lleno del amor de Dios, seguirá ofreciendo «salvación» a quienes sufren el mal y la enfermedad: dará «acogida» a quienes son excluidos por la sociedad y la religión; regalará el «perdón» gratuito de Dios a pecadores y gentes perdidas, incapaces de volver a su amistad.Esta actitud salvadora que inspira su vida entera, inspirará también su muerte.
Por eso a los cristianos nos atrae tanto la cruz. Besamos el rostro del Crucificado, levantamos los ojos hacia él, escuchamos sus últimas palabras... porque en su crucifixión vemos el servicio último de Jesús al proyecto del Padre, y el gesto supremo de Dios entregando a su Hijo por amor a la humanidad entera.
Es indigno convertir la semana santa en folclore o reclamo turístico. Para los seguidores de Jesús celebrar la pasión y muerte del Señor es agradecimiento emocionado, adoración gozosa al amor «increíble» de Dios y llamada a vivir como Jesús solidarizándonos con los crucificados.
Domingo de Ramos - B
(Marcos 14,1-15,47)

29 de marzo 2015
José Antonio Pagola

19 marzo 2015

Atraídos por el Crucificado

Un grupo de «griegos», probablemente paganos, se acercan a los discípulos con una petición admirable:«Queremos ver a Jesús». Cuando se lo comunican, Jesús responde con un discurso vibrante en el que resume el sentido profundo de su vida. Ha llegado la hora. Todos, judíos y griegos, podrán captar muy pronto el misterio que se encierra en su vida y en su muerte: «Cuando yo sea elevado sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí».
Cuando Jesús sea alzado a una cruz y aparezca crucificado sobre el Gólgota, todos podrán conocer el amor insondable de Dios, se darán cuenta de que Dios es amor y solo amor para todo ser humano. Se sentirán atraídos por el Crucificado. En él descubrirán la manifestación suprema del Misterio de Dios.
Para ello se necesita, desde luego, algo más que haber oído hablar de la doctrina de la redención. Algo más que asistir a algún acto religioso de la Semana Santa. Hemos de centrar nuestra mirada interior en Jesús y dejarnos conmover, al descubrir en esa crucifixión el gesto final de una vida entregada día a día por un mundo más humano para todos. Un mundo que encuentre su salvación en Dios.
Pero, probablemente a Jesús empezamos a conocerlo de verdad cuando, atraídos por su entrega total al Padre y su pasión por una vida más feliz para todos sus hijos, escuchamos aunque sea débilmente su llamada: «El que quiera servirme que me siga, y donde esté yo, allí estará también mi servidor».
Todo arranca de un deseo de «servir» a Jesús, de colaborar en su tarea, de vivir solo para su proyecto, de seguir sus pasos para manifestar, de múltiples maneras y con gestos casi siempre pobres, cómo nos ama Dios a todos. Entonces empezamos a convertirnos en sus seguidores.
Esto significa compartir su vida y su destino: «donde esté yo, allí estará mi servidor». Esto es ser cristiano: estar donde estaba Jesús, ocuparnos de lo que se ocupaba él, tener las metas que él tenía, estar en la cruz como estuvo él, estar un día a la derecha del Padre donde está él.
¿Cómo sería una Iglesia «atraída» por el Crucificado, impulsada por el deseo de «servirle» solo a él y ocupada en las cosas en que se ocupaba él? ¿Cómo sería una Iglesia que atrajera a la gente hacia Jesús?
José Antonio Pagola
5 Cuaresma - B
(Juan 3,14-21)

22 de marzo 2015

27 febrero 2015

Evangelio según San Mateo 5,20-26.

Jesús dijo a sus discípulos: 
Les aseguro que si la justicia de ustedes no es superior a la de los escribas y fariseos, no entrarán en el Reino de los Cielos. 
Ustedes han oído que se dijo a los antepasados: No matarás, y el que mata, debe ser llevado ante el tribunal. 
Pero yo les digo que todo aquel que se irrita contra su hermano, merece ser condenado por un tribunal. Y todo aquel que lo insulta, merece ser castigado por el Sanedrín. Y el que lo maldice, merece la Gehena de fuego. 
Por lo tanto, si al presentar tu ofrenda en el altar, te acuerdas de que tu hermano tiene alguna queja contra ti, 
deja tu ofrenda ante el altar, ve a reconciliarte con tu hermano, y sólo entonces vuelve a presentar tu ofrenda. 
Trata de llegar en seguida a un acuerdo con tu adversario, mientras vas caminando con él, no sea que el adversario te entregue al juez, y el juez al guardia, y te pongan preso. 
Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último centavo. 

Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios. 


Leer el comentario del Evangelio por : 

San Agustín (354-430), obispo de Hipona (África del Norte), doctor de la Iglesia 
Sermón 357 

“Si te acuerdas que tu hermano tiene algo contra ti...”

  “Dios haces salir el sol sobre buenos y malos, hace llover sobre justos e injustos” (Mt 5,45) Dios muestra su paciencia; no manifiesta todavía todo su poder. Tú también... renuncia a la provocación, no aumentes el malestar a los ojos hinchados. ¿Eres amigo de la paz? ¡Mantente tranquilo dentro de ti!...¡Deja de lado las querellas y vuélvete a la oración! No te pongas a discutir con nadie, ni siquiera sobre nuestra fe con el blasfema. No respondas a la injuria injuriando, sino ora por esta persona. 


    Querrías hablarle contra él mismo: habla más bien a Dios de él. No digo que te calles: escoge el lugar que conviene y mira a Aquel a quien hablas, en silencio, por un grito salido del corazón. Allí donde tu adversario no te ve, sé bueno para con él. A esta adversario de la paz, a este amigo de la disputa, responde, tú, amigo de paz. “¡Di todo lo que quieras, sea la que fuere tu enemistad, eres mi hermano!” 


    “Ya puedes odiarme y rechazarme, eres mi hermano. Reconoce en ti el signo de mi Padre. Esta es la palabra de nuestro Padre. Hermano, tú que buscas la querella, eres mi hermano, porque tú dices igual que yo: “Padrenuestro que estás en el cielo.” Nuestro lenguaje es el mismo, ¿porqué no nos unimos como el lenguaje que es uno? Te ruego, reconoce lo que tú dices conmigo y rechaza lo que haces contra mí... No tenemos más que una voz delante del Padre. ¿Porqué no vamos a tener una sola paz juntos?

No confundir a nadie con Jesús

Según el evangelista, Jesús toma consigo a Pedro, Santiago y Juan, los lleva aparte a una montaña, y allí «se transfigura delante de ellos». Son los tres discípulos que, al parecer, ofrecen mayor resistencia a Jesús cuando les habla de su destino doloroso de crucifixión. Pedro ha intentado incluso quitarle de la cabeza esas ideas absurdas. Los hermanos Santiago y Juan le andan pidiendo los primeros puestos en el reino del Mesías. Ante ellos precisamente se transfigurará Jesús. Lo necesitan más que nadie.
La escena, recreada con diversos recursos simbólicos, es grandiosa. Jesús se les presenta «revestido» de la gloria del mismo Dios. Al mismo tiempo, Elías y Moisés, que según la tradición, han sido arrebatados a la muerte y viven junto a Dios, aparecen conversando con él. Todo invita a intuir la condición divina de Jesús, crucificado por sus adversarios, pero resucitado por Dios.
Pedro reacciona con toda espontaneidad: «Señor, ¡qué bien se está aquí! Si quieres, haré tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías». No ha entendido nada. Por una parte, pone a Jesús en el mismo plano y al mismo nivel que a Elías y Moisés: a cada uno su tienda. Por otra parte, se sigue resistiendo a la dureza del camino de Jesús; lo quiere retener en la gloria del Tabor, lejos de la pasión y la cruz del Calvario.
Dios mismo le va a corregir de manera solemne: «Este es mi Hijo amado». No hay que confundirlo con nadie. «Escuchadle a él», incluso cuando os habla de un camino de cruz, que termina en resurrección.
Solo Jesús irradia luz. Todos los demás, profetas y maestros, teólogos y jerarcas, doctores y predicadores, tenemos el rostro apagado. No hemos de confundir a nadie con Jesús. Solo él es el Hijo amado. Su Palabra es la única que hemos de escuchar. Las demás nos han de llevar a él.
Y hemos de escucharla también hoy, cuando nos habla de «cargar la cruz» de estos tiempos.El éxito nos hace daño a los cristianos. Nos ha llevado incluso a pensar que era posible una Iglesia fiel a Jesús y a su proyecto del reino, sin conflictos, sin rechazo y sin cruz. Hoy se nos ofrecen más posibilidades de vivir como cristianos «crucificados». Nos hará bien. Nos ayudará a recuperar nuestra identidad cristiana.
José Antonio Pagola
2 Cuaresma - B
(Marcos 9,2-10)

01 de marzo 2015

23 febrero 2015

HOMILÍAS DE DIFUNTOS

1. " Si me voy antes que tú ". 
2. Funeral de Ama. 
3. Muerte Joven.     
4. La muerte el  " Aguafiestas ".
5. Chico Joven.                         
6. Chica joven y deficiente mental.
7. La resurrección.                         
8. Tristeza y esperanza.                 
9. Aniversario,                                 
10. Aniversario.                                    
11. Aniversario,  Un difunto.                 
12. Aniversario.  Varios difuntos.          
13. ¿ Celebrar la muerte ?.                   
14. Muerte joven.                                  
15. Una oración  ......  y  hasta luego.   
16. Muerte joven.                                  
17. ¿ La última palabra ?.                     
18. Preparar un sitio. 
19. La vida es un valor.  Una vela que se consume. 
20. Difuntos - 96.             
21. Cuando ni la ciencia ni la medicina nos salvan ....    
22. Hoy estarás conmigo en mi Reino  ...             
23. Persona adulta  .... pero aun joven.                
24. Cántaro
25. Amén. Aleluia
26. Cuando la muerte de un familiar  ....                     
27. Los cristianos nos reunimos.                 
28. No hay duda de que el dolor  .........      
29. Muerte violenta.  Asesinato.                 
30. La vida es un camino.                
31. Nuestra vida está llena de problemas.       
32. Madre joven.               
33. Uno de los mejores textos.  la Muerte de Jesús.    
34. Amigos, hay dos realidades  .
35. Hermanos,  un acontecimiento triste y  ...........  
36. El hombre de hoy ha llegado  .......   


1. Para  Diversas  Ocasiones.
SI  ME  VOY  ANTES  QUE  TÚ. ( Joven, casado )
     Si me voy antes que tú, no llores por mi ausencia; alégrate por todo lo que hemos amado juntos.


     No me busques entre los muertos, en donde nunca estuvimos, encuéntrame en todas aquellas cosas que no habrían existido si tú y yo no nos hubiésemos conocido y amado.
     Yo estaré a tu lado, sin duda alguna, en todo lo que hemos creado juntos: en nuestros hijos, por supuesto, pero también en el sudor compartido en los trabajos y fatigas, y en las lágrimas que intercambiamos día tras día.
     Y en todos aquellos que pasaron a nuestro lado: siempre recibieron algo de nosotros y llevan incorporado, sin saberlo ellos ni notarlo nosotros, algo de mí y de ti.
     También nuestros fracasos, nuestras indiferencias y nuestros fallos serán testigos permanentes de que estuvimos vivos y no fuimos ángeles sino humanos.
     No te ates a los recuerdos ni a los objetos. Porque dondequiera que mires y hayamos estado juntos, con quienquiera que hables y nos conociese, allí habrá algo mío, algo nuestro.  Aquello sería distinto si tú y yo no hubiésemos aceptado vivir juntos nuestro amor durante estos años.  El mundo estará ya siempre salpicado de nosotros.
     No llores mi falta, porque sólo te faltará mi palabra nueva y mi calor de ese momento.  Llora si quieres porque el cuerpo se llena de lágrimas ante todo aquello que es más grande que él, que no es capaz de comprender, pero que entiende como algo grandioso.  
     Porque, cuando la lengua no es capaz de expresar una emoción, ya sólo pueden hablar los ojos.
     Y vive.  Vive creando cada día y más que antes.  Porque yo no sé cómo, pero estoy seguro que desde mi otra presencia yo también estaré creando junto a ti.
     Así, con esta esperanza, deberás continuar dejando tu huella, para que cuando tu muerte nos vuelva a dar la misma voz, cuando nuestro próximo abrazo nos incorpore, ya sin ruptura, a la Única Creación, muchos puedan decir de nosotros :  si no se hubiesen amado, ¡ Qué hubiera sido de nosotros!.

  
2. HOMILíA  DE  FUNERAL.   
                             ( Ama  :  22  de  Enero  de  1.995)

     Muchas veces, en ocasiones - momentos - como el que estamos viviendo esta tarde, he intentado trasmitir el mensaje consolador y de esperanza del Evangelio, que nos habla de la Resurrección y Vida Nueva.
     Hoy que siento en mi propia carne el dolor y la tristeza de la muerte: se trata de mi ama, no puedo defraudaros. Me cuesta hablar, pero necesito hacerlo: hablar de la Resurrección y de la Nueva Vida, de Esperanza.
     Para todos nosotros - Dolores - Ama - ha muerto, nos ha dejado... Para Dios y ante nuestra fe: ha resucitado, ha nacido a la Nueva Vida, junto a Dios.
     Es como esa rama cargada de frutos que cae a tierra debido al peso de los frutos que ha producido. Y, al mismo tiempo, esos frutos son semilla de nuevos árboles y alimento para otros.
     Hermosa comparación.
     Ama, sabemos que has luchado en la vida.... ¿Por qué no decirlo?. Has hecho el bien a tu familia y a los demás. Eso no lo arrebata la muerte: sino que lo transforma. Es tu mayor corona.
     Dios Padre no puede olvidar a su hija. Estoy seguro que ya te ha recibido, te ha abrazado y estás ahora gozando de su amistad y de esa felicidad para siempre.
     Nuestra fe en Dios Padre, que ha resucitado a su Hijo, nos garantiza, nos asegura que a todos nos espera la misma suerte: morir para resucitar.
     Esto es lo que da sentido y valor a nuestra vida humana: La promesa de Dios siempre se cumple y no puede fallar su Palabra.



3. HOMILíA  DE  FUNERAL. 
                                       ( Muerte joven : J )
     * Estoy seguro de que muchos de vosotros estáis pensando en este momento el absurdo de la vida, y posiblemente también muchos os habéis rebelado contra Dios, diciendo que no hay derecho, que es injusto.
     * Ayer mismo comentaba con un grupo de amigos de Jon estas cosas. Es cierto que estaban afectados profundamente.
     Y os voy a decir una cosa: De verdad que la vida, esta vida que nos estamos construyendo y que nos están programando... no tiene sentido, es un absurdo, no se si merece la pena vivir como estamos viviendo o nos están haciendo vivir.
     * Y es que la vida humana es un misterio, es un don, es un mundo por descubrir.
     Y en nuestro orgullo y infantilismo humano: con la ciencia y el progreso se nos ha subido a todos los humos a la cabeza y creemos dominar todo: la propia vida humana. Pensamos que ya no hay nada que se nos resista, somos los dueños de todo.
     * Lo doloroso, lo triste es que tienen que llegar estos momentos, Dios no es culpable. Dios no lo ha querido ni permitido para que caigamos en la cuenta de lo que somos, y a dónde hemos llegado y a dónde vamos.
     * La vida tiene sentido, no es un absurdo, ni un capricho de Dios... pero no el que nosotros le damos. Aún, con todo lo que nos creemos, no hemos encontrado el valor y el sentido de la vida.
     * Tanto dinero invertido en armas, en técnica, en progreso y qué estamos haciendo de la persona, de la vida  ......
     Ese es el absurdo que estamos cometiendo. Contra esto hay que rebelarse como lo hizo Jesús.
     * La vida de Cristo tuvo sentido. Y su muerte. Claro que sí. Por qué no le damos ese sentido de amor, convivencia.
 


4. H O M I L Í A     D E    F U N E R A L    

     Una vez más la muerte de un familiar, de un amigo, nos ha reunido en este Templo de  ...............  Y nos hemos reunido para orar y darle el último adiós.
     La muerte parece querer ser "el aguafiestas" de nuestra vida. Por muchos que sean los adelantos de la humanidad, nuestra vida sigue dominada por la muerte.
     No sabemos cómo afrontar esta realidad. Y pensamos que es mejor olvidarla. No hablar de ella.  Nos parece arriesgado tratar de penetrar en sus enigmas.

     No nos atrevemos a plantearnos de frente la pregunta más lógica:  " La muerte ¿Es o no es el final de todo?."
     Si es el final de todo, entonces nuestra existencia, nuestra vida queda mutilada y sin sentido.
     Si no es el fin, sino el paso a otra vida, entonces nuestra muerte y nuestra vida adquieren una nueva dimensión, tienen un sentido.

     Somos cristianos  y la fe nos dice que con la muerte no acaba todo. Jesús nos promete otra vida: la vida de resucitados como Él y junto a Él.    Aunque no sabemos cómo es esa vida.
     Esta fe en la resurrección es la que nos da fuerzas para seguir viviendo y para trabajar con nueva ilusión en esta vida.
     Porque nuestra vida y nuestra muerte tienen un sentido, son un paso hacia esa otra vida que nos promete Jesús.
     En medio de esta vida dolorosa, y apasionante de la humanidad, se abre un camino hacia la liberación, hacia la resurrección.
     Nos espera un Padre, capaz de resucitar lo muerto. Nuestro futuro es una fraternidad feliz y en paz.
     Entonces, esta reunión nuestra tiene también un sentido. El sentido cristiano de la reunión de los hermanos en los momentos importantes de la vida de la Comunidad.

     Vamos a continuar esta Celebración, y vamos a pedir a Dios, que lo mismo que estamos reunidos aquí, podamos continuar en la vida, en la tarea de cada día, unidos entre nosotros, unidos a ..........
y unidos a Dios.
 


5. HOMILíA  DE  FUNERAL.   (Chico  joven).

     Nos hemos reunido para dar el último adiós a  ............. Nos hemos reunido para tener un rato de oración acompañando a sus padres y familiares.
     Jesús nos enseña a vivir unidos y a ayudarnos en los momentos duros y dolorosos de la vida.
     Somos cristianos, somos seguidores de Jesús y queremos seguir sus pasos.
     A lo largo de los pocos años de la vida de Jesús, también Él murió joven, le vemos , a menudo, ayudando a los enfermos y acompañando a los que sufren.
     También vemos a su Madre María, sufriendo a su lado, sobre todo en su Pasión y en su Muerte en la Cruz.
     María acompaña a su Hijo en los momentos de sufrimiento y siente una gran alegría al verle Resucitado el Domingo de Pascua.
     Nos enseñan así a ayudarnos en los momentos duros y difíciles de la vida.
      Es lo que nosotros estamos haciendo en estos momentos : orar por nuestro familiar y amigo difunto y acompañar a sus padres y familiares en  el dolor.
          Vamos a aprovechar  esta Celebración para sentirnos más unidos y más solidarios.
     Vamos a aprovechar esta Celebración para tener un rato de oración juntos.
     Vamos a aprovechar esta Celebración para acompañar a los padres y familiares de Juan  Carlos  en el dolor y en la tristeza por la pérdida de un ser querido.
     Como personas y como cristianos es lo mejor que podemos hacer en estos momentos.
     Vamos a ponernos de pie y vamos a hacer esta Oración  Universal en la que queremos recordar a todos y no olvidar a nadie.
 


6. HOMILÍA  DE  FUNERAL.
                    (Chica joven, inválida y deficiente mental).

     La muerte de un ser querido nos ha vuelto a reunir en este templo, junto a Jesús,  y su Madre María.
     La pérdida de un ser querido es un duro golpe en la vida, y muchas veces nos cuesta superarlo.  Pero este hecho nos ha reunido y nos debe hacer más solidarios  .
     María, la Madre de Jesús, la Madre Cariñosa y comprensiva, también pasó duros momentos junto a su Hijo.  Además pasó el más duro y fatal.  La muerte de su Hijo en la Cruz y ajusticiado.
     Ella sabe mucho de dolor y de sufrimientos.  Por eso puede, y debe ser nuestra mejor ayuda en estos momentos ........
     María aguantó al pie de la Cruz, como Madre Dolorosa.  Pero el Día de Pascua  vio una luz, y la felicidad completa al ver a su Hijo Resucitado y Triunfador de la Muerte.
     Este es el preludio, el anticipo de lo que debe suceder en nuestras vidas, si somos creyentes, si tenemos fe.
     Pasamos por el duro trance de la separación, de la pérdida de un ser querido.  tenemos que aguantar el duro paso de la muerte.
     Pero, si tenemos fe, nos damos cuenta de que la separación no es para siempre, porque volveremos a reunirnos un día en el Reino de Dios, que es Reino de Paz y de Felicidad.
     Y mientras llega ese día, la fe nos dice que hemos enviado allí un intercesor, un intermediario que vela y pide a Dios por nosotros, sobre todo por vosotros, sus padres.
     Vuestra vida ha sido una entrega total e incondicional al servicio de vuestra hija. Ahora, ¡Cómo no va a pedir e interceder por todos, y sobre todo por vosotros ante el Padre - Dios.
     Tenéis, ya, un adelantado, un emisario, una intercesora que vela por vosotros, y trata de devolveros todos los trabajos y desvelos que habéis realizado con ella.
     Vuestra hija  ............  es vuestra mejor garantía ante Dios.
     Este debe ser, en este momento vuestro consuelo y el nuestro como creyentes, como seguidores de Jesús.
     Por eso, vamos a continuar esta Celebración, y vamos a continuar orando unidos.
     Vamos a pedir por  ............ pero sobre todo, vamos a pedirle que, lo mismo que nos ha reunido aquí, en este templo, y nos mantenía unidos en la vida, nos siga manteniendo unidos entre nosotros y junto a Dios.
     Así, podremos todos juntos, gozar como ella de la compañía de Jesús,  y gozar todos juntos de la Felicidad Total del Reino de Dios.
 

    
7. Homilía  de  Funeral  :-  Resurrección.

     Para nosotros los creyentes, ante el dolor y la muerte, siempre hay una luz de esperanza y de consuelo. Y es porque nosotros creemos en un Dios que ha sufrido y ha muerto,  pero sobre todo creemos en un Dios que ha Resucitado, y que ahora vive junto a nosotros.
     Nuestro Dios en el que creemos, no es un Dios ajeno a los problemas humanos. Ha experimentado en su misma carne, las dificultades y dolores de la vida humana.
     Ha querido compartir todo con nosotros, ha querido saber lo que cuesta ser persona y ha querido comprobar la dura tensión que se da entre nosotros.
     É L SUFRIÓ, PADECIÓ Y MURIÓ AJUSTICIADO EN UNA cRUZ.  Pero amó a todos, incluso a sus verdugos.
     Su amor ha sido más fuerte que la muerte y por eso ha Resucitado y vive ahora entre nosotros.
     Vive para animarnos a nosotros a seguir su ejemplo de amor y servicio a los demás.
     Vive para enseñarnos que si somos capaces de ir venciendo las dificultades y trabajos de la vida; para enseñarnos que, si somos capaces de ayudar a los demás y de compartir las penas y alegrías, como Él;  entonces también nosotro resucitaremos como Jesús.
     Esta es nuestra fe, esta es nuestra esperanza.
     Esto es lo que nos da fuerzas para seguir viviendo a pesar de las dificultades de la vida.
     Y esto es, también,  lo que nos da fuerzas para aceptar la muerte de un ser querido.
     Sabemos que si nos unimos a Jesús, en vida, también Él nos recibirá y nos asociará a su Resurrección.
     Sólo así tiene sentido nuestra vida. Sólo así tienen sentido los sufrimientos y dolores. Sólo así tiene sentido el trabajo en favor de los demás.
     Si todo no termina con la muerte, sino que pasamos a vivir junto a Dios, tiene sentido nuestra vida; tienen sentido nuestros esfuerzos, tiene sentido el colaborar para que, también en este mundo se viva cada vez mejor.
     Vamos a continuar celebrando esta Eucaristía.  Vamos a seguir orando, para que Dios reciba ya junto a Él a nuestro hermano ............  y para que lo mismo que hoy nos ha reunido aquí, para darle el último adiós, nos siga manteniendo unidos y solidarios en la tarea de la vida.
 


8. HOMILíA  DE  FUNERAL.  

     Nos reúne hoy la tristeza de tener que despedir a nuestro hermano. La verdad es que no quisiéramos tener que separarnos de él y por eso este adiós es triste y doloroso.
     Sin duda estos son los ratos más amargos que soportamos en la vida: Nos sentimos incapaces de hacer nada por nuestro hermano.
     Sin embargo, hemos venido a la Iglesia. Esto quiere decir que no hemos perdido la esperanza.  Hay alguien que aún puede hacer algo por nuestro hermano.
     Queda en nosotros la esperanza que nos hace creer por encima de todo en la fuerza del amor. Una esperanza que nos asegura que todo aquello que es amor, bondad, servicio, comprensión, por pequeño que sea, no se pierde; no se puede perder para siempre, porque Dios no quiere que se pierda.
     Y todos hemos hecho algo bueno en la vida. Todos hemos amado, hemos ayudado, hemos perdonado más de una vez. Hemos procurado poner un poco más de amor en el mundo, hemos intentado servir y ayudar a nuestro alrededor.
     Pues, ahora, Jesús nos dice que eso no puede perderse, sino que vivirá para siempre.
     Esta es la esperanza y el consuelo que nos da la fe en estos momentos. Dios no puede abandonar para siempre a quienes han amado y han sufrido, han servido y han vivido abiertos a los demás.
     Eso no puede morir. No puede perderse. Eso es la llave que nos abre las puertas del cielo.
     Es la garantía de nuestra resurrección. Ello ha dado sentido y calidad a nuestra vida humana.
 


9. HOMILíA  de  Aniversario. 
                                 ( Aniversario Difuntos)

     Nos hemos reunido, en el primer aniversario de nuestros difuntos, para celebrar y participar de la Resurrección de Cristo. Los cristianos no celebramos la muerte, ninguna muerte, nosotros celebramos la Resurrección de nuestros difuntos.
     La Eucaristía es el encuentro con Cristo Resucitado que nos invita a todos a participar de su nueva vida. Esa vida nueva que se nos ha dado en semilla en el Bautismo y hemos de hacerla crecer y dar frutos que perduren para siempre.
     Nuestros queridos difuntos han participado ya plenamente de la Felicidad. Su vida en la tierra ha dado ya el fruto y ahora gozan de la Amistad y compañía de Dios.
     Nuestra fe nos dice que la vida de los que creen en Dios, no termina, sino que se transforma y al deshacerse nuestra morada terrenal, adquirimos una mansión eterna en el cielo.
     Por eso, aunque la certeza de amor nos estremece, nos consuela la Promesa de la Felicidad para siempre.
 


10. HOMILíA  DE  Aniversario. 
                                   ( Aniversario Difuntos)

     Hoy recordamos después de un año, a nuestros queridos difuntos. Nos encontramos ya más serenos, más tranquilos. El vacío que dejaron en nuestra vida perdura. Nos consuela que están en las manos de Dios. Sabemos también que contamos ahora con su intercesión y su ayuda desde el cielo: su nueva patria.
     Hoy, un año después, podemos orar con más calma y con mayor esperanza. Depositamos en Dios Padre nuestra confianza de hijos.
     Señor, Tú has dicho: "el que cree en  Mi no morirá para siempre; y todo el que vive y cree en Mi, aunque haya muerto, vivirá".
     Confiamos, Señor, en tu Palabra. Sabemos que resucitaste y vives ya para siempre. Tu amor era más fuerte que la misma muerte y venciste al poder de la muerte en su mismo terreno.
     Abriste las puertas del Cielo, de la vida para siempre. Lo mismo que has creado este mundo y esta vida humana, has creado también un Paraíso, un Nuevo Mundo y una Nueva Vida para tus hijos.
     Eres así de Bueno con nosotros. No quieres que nada ni nadie se pierda.
     Te pedimos perdón ,Señor, porque a veces nos rebelamos contra Ti; porque, a veces, dudamos de tu Amor.
 


11. HOMILíA  DE  Aniversario. 
                         ( Aniversario Difuntos :  Uno)
     Nos hemos reunido, hoy, en esta Iglesia de  ..............  porque queremos tener un recuerdo cariñoso para nuestro familiar y amigo  ............ que nos fue tan querido.
     El vacío que dejó en nuestras vidas se mantiene, pero queremos llenar ese hueco con estos recuerdos junto a Dios.
     Nos encontramos ya más serenos, más tranquilos. Nos consuela que está en las manos de Dios. Sabemos también que contamos ahora con su intercesión y su ayuda desde el cielo: su nueva patria.
     Hoy, un año después, podemos orar con más calma y con mayor esperanza. Depositamos en Dios Padre nuestra confianza de hijos.
     Señor, Tú has dicho: "el que cree en  Mi no morirá para siempre; y todo el que vive y cree en Mi, aunque haya muerto, vivirá".
     Confiamos, Señor, en tu Palabra. Sabemos que resucitaste y vives ya para siempre. Tu amor era más fuerte que la misma muerte y venciste al poder de la muerte en su mismo terreno.
     Nuestros seres queridos están ya gozando de la felicidad junto a Dios.  Su vida en la tierra ha dado ya el fruto y gozan del cariño y la amistad de Dios.
     Nuestra fe de cristianos, seguidores de Jesús, nos dice que la vida de los que creemos en Dios no termina, se transforma.
     Jesús, con su Muerte y Resurrección nos abrió las puertas del Cielo, de la vida para siempre. Lo mismo que has creado este mundo y esta vida humana, has creado también un Paraíso, un Nuevo Mundo y una Nueva Vida para tus hijos.
     Eres así de Bueno con nosotros. No quieres que nada ni nadie se pierda.   En esta celebración vamos seguir unidos, orando juntos por nuestro familiar y amigo  .............
 


12. HOMILíA  DE  Aniversario. 
                            ( Aniversario Difuntos :  Varios)

     Nos hemos reunido, hoy, en esta Iglesia de  ..............  porque queremos tener un recuerdo cariñoso para nuestros familiares y amigos que nos fueron tan queridos.
     El vacío que dejaron en nuestras vidas se mantiene, pero queremos llenar ese hueco con estas oraciones y estos recuerdos junto a Dios.
     Nos consuela que está en las manos de Dios. Sabemos también que contamos ahora con su intercesión y su ayuda desde el cielo: su nueva patria.
     Señor, Tú has dicho: "el que cree en  Mi no morirá para siempre; y todo el que vive y cree en Mi, aunque haya muerto, vivirá".
     Confiamos, Señor, en tu Palabra. Sabemos que resucitaste y vives ya para siempre. Tu amor era más fuerte que la misma muerte y venciste al poder de la muerte en su mismo terreno.
     Nuestros seres queridos están ya gozando de la felicidad junto a Dios.  Su vida en la tierra ha dado ya el fruto y gozan del cariño y la amistad de Dios.
     Nuestra fe de cristianos, seguidores de Jesús, nos dice que la vida de los que creemos en Dios no termina, se transforma.
     Jesús, con su Muerte y Resurrección nos abrió las puertas del Cielo, de la vida para siempre. Lo mismo que has creado este mundo y esta vida humana, has creado también un Paraíso, un Nuevo Mundo y una Nueva Vida para tus hijos.
     Eres así de Bueno con nosotros. No quieres que nada ni nadie se pierda.   En esta Celebración vamos seguir unidos, orando juntos por nuestros familiares y amigos  .............
 


13. HOMILíA  DE  FUNERAL. 
                                     ( Celebrar la muerte ? )

     Muchos no creyentes nos miran a los cristianos como unos bichos raros. Les extraña nuestra forma de vivir y sobre todo, les llama la atención que celebramos la muerte de un ser querido. Se puede celebrar, dicen, el nacimiento a la vida, el matrimonio... porque son momentos de alegría y de gozo... pero celebrar la muerte, la perdida de un ser querido, no tiene ningún sentido.
     Estamos locos dicen. No valoramos la vida humana. No apreciamos los grandes valores de la vida. Despreciamos lo de aquí para dar importancia al más allá.
     No es cierto. Nosotros apreciamos y valoramos la vida como los demás, como todos. Nosotros no celebramos la muerte, celebramos la Vida con mayúscula, la vida eterna y definitiva. Celebramos la Resurrección de nuestros hermanos y su entrada, su paso a la Vida de Felicidad, de Luz y de Paz.
     Sentimos como cualquiera la pérdida, la separación de un ser querido. Sufrimos y nos apenamos y lloramos porque somos de carne y hueso como todos.
     Pero no perdemos la esperanza, porque sabemos que no perdemos para siempre a nuestros seres queridos. Sabemos que han pasado a la Vida con Dios. Sabemos que esta vida no lo es todo. No es toda la Vida. Esta vida tiene sentido precisamente porque no acaba todo con la muerte, sino que continúa en el más allá.


14. HOMILíA  DE  FUNERAL. 
                                       ( Muerte joven )
     * Estoy seguro de que muchos de vosotros estáis pensando en este momento el absurdo de la vida, y posiblemente también muchos os habéis rebelado contra Dios, diciendo que no hay derecho, que es injusto.
     * Ayer mismo comentaba con un grupo de amigos de ........... estas cosas. Es cierto que estaban afectados profundamente.
     Y os voy a decir una cosa: De verdad que la vida, esta vida que nos estamos construyendo y que nos están programando... no tiene sentido, es un absurdo, no se si merece la pena vivir como estamos viviendo o nos están haciendo vivir.
     * Y es que la vida humana es un misterio, es un don, es un mundo por descubrir.
     Y en nuestro orgullo y infantilismo humano: con la ciencia y el progreso se nos ha subido a todos los humos a la cabeza y creemos dominar todo: la propia vida humana. Pensamos que ya no hay nada que se nos resista, somos los dueños de todo.
     * Lo doloroso, lo triste es que tienen que llegar estos momentos, Dios no es culpable. Dios no lo ha querido ni permitido para que caigamos en la cuenta de lo que somos, y a dónde hemos llegado y a dónde vamos.
     * La vida tiene sentido, no es un absurdo, ni un capricho de Dios... pero no el que nosotros le damos. Aún, con todo lo que nos creemos, no hemos encontrado el valor y el sentido de la vida.
     * Tanto dinero invertido en armas, en técnica, en progreso y qué estamos haciendo de la persona, de la vida  ......     Ese es el absurdo que estamos cometiendo. Contra esto hay que rebelarse como lo hizo Jesús.
     * La vida de Cristo tuvo sentido. Y su muerte. Claro que sí. Por qué no le damos ese sentido de amor, convivencia.



15. HOMILíA  DE  FUNERAL. 
( Una oración y .....  hasta luego )

     En los cementerios, a veces, se encuentra uno con frases que hacen pensar. En un cementerio leía yo escrita en una lápida esta frase: "Una oración y ... hasta luego".
     No cabe duda de que cada uno tenemos una actitud distinta ante la muerte: la esperamos o rechazamos de distinta forma.
     Personalmente me hizo pensar mucho aquella frase. "Una oración y hasta luego". Estaba significando a una persona profundamente creyente, que mira la muerte como algo muy natural. Se despide como quien sale de viaje y piensa encontrarse pronto con los suyos. Solo les pide un recuerdo, una oración.
     Es difícil aceptar la muerte con esa sencillez, con esa naturalidad. Yo añado: con esa confianza tan grande en Dios.
     Y la verdad es que la muerte es eso: un viaje, una despedida, un hasta luego. Con la muerte lo que hacemos es cambiar de lugar, llegar a nuestra patria definitiva donde volveremos todos a encontrarnos, libres de los problemas y sufrimientos de esta vida.
 


16. HOMILíA  DE  FUNERAL. 
( Muerte joven )

     Posiblemente muchos de nosotros nos hemos rebelado contra Dios. Esta muerte no tenía que haber sucedido. Un chico que estaba empezando a vivir. Con todo un futuro por delante. Cargado de ilusiones y esperanzas.
     Nos sentimos con derecho de rebelarnos ante una muerte así. Muerte absurda, injusta.
     Pero no. Dios no ha querido, ni deseado, ni permitido esta muerte. Dios estaba tan interesado como nosotros en que esto no sucediera. Debemos admitir que, por lo menos, es tan humano, tan sensible como cualquiera de nosotros. Dios no quiso la muerte de Jesús. No le llevó a una muerte tan dura. Fue injustamente condenado.
     Y ¿qué podemos nosotros pedir ni exigir a un Dios que vemos clavado y muerto en una cruz?. Un Dios que ha sufrido la muerte más absurda que puede darse: condenado por hacer el bien; por ayudar, por servir, por amor a los demás.
     Lo que es un absurdo es la vida que estamos viviendo. Una vida sin sentido: Una vida donde lo que menos importa es la persona. Una vida en la que nadie se interesa por nadie. Donde se emplean millones en armas para matar en cosas absurdas e innecesarias pero que las compramos y empleamos el dinero en ello.



17. HOMILíA  DE  FUNERAL. 
( ¿La última palabra? )

     Los médicos con su ciencia y su técnica han dicho la última palabra sobre nuestro hermano. Ellos han hecho todo lo que la ciencia y la medicina son capaces de conseguir sobre la vida humana.
     Estamos seguros de que todos se han esforzado por alargar la vida de nuestro hermano. Y su última palabra ha sido triste y dolorosa: Ha muerto.
     Pero Dios, no ha dicho la última palabra. O, si preferís, su última palabra no es ha muerto, sino todo lo contrario: ¡Vive, vive para siempre!.
     Y, es que, para Dios no hay muerte, sino vida eterna. Si, a través de la fe, que es como los ojos de Dios, fuésemos capaces de ver la vida, nos daríamos cuenta de que la muerte es una transformación, un cambio de vida, un paso a otra vida.
     Este es el mensaje del Evangelio: Dios, que es Amor, es más fuerte que la muerte. Cristo ha vencido el poder de la muerte y ha resucitado y vive para siempre.
     Esto es lo que celebramos: la resurrección de Cristo que ha dado su fruto también en nuestro hermano.
 

    
 18. HOMILíA  DE  FUNERAL. 
( Difuntos 96. Prepararos sitio )

     La esperanza es la gran suerte que tenemos los cristianos: De una manera sencilla nos dice Jesús en el Evangelio: "me voy a prepararos sitio... para que donde estoy yo, estéis también vosotros". En momentos así, estas palabras son consoladoras y alimentan nuestra esperanza y confianza en Dios. Nuestra meta definitiva es la misma de Jesús. También Él murió. También Él tuvo miedo a la muerte y oró a su Padre. Ahora está y vive resucitado y nos prepara el sitio para cada uno de nosotros.
     La muerte es seria. Muchas veces nos llena de dolor. También para nosotros los cristianos. Pero lo que nos distingue de los demás es que miramos a la muerte con fe y esperanza. Es lo que rezamos en las misas por los difuntos: "La vida es de los que en Ti creemos, Señor, no termina; se transforma".
     Cuando un niño nace del seno materno, por una parte siente que se muere, que se asfixia, pero por otra, nace a una vida nueva, distinta, libre. El corte del cordón umbilical no es una tragedia, una muerte; sino un nacimiento a una forma de vida nueva y mejor.
     Algo así nos pasa al morir. No todo se termina, sino que nos transformamos y empezamos una nueva etapa, la vida definitiva junto a Dios Padre.
     Repito lo del principio: La esperanza es la gran suerte que tenemos los cristianos. Ella nos ayuda en momentos así: Dios Padre no defraudó a Jesús. Lo resucitó. Y eso mismo ha prometido a todos sus hijos.
 


19. HOMILíA  DE  FUNERAL. 
           (  La vida es un valor.   Una vela que se consume y alumbra)

     Ante la muerte de un familiar, amigo, conocido, de alguien que apreciamos...
     Surge con frecuencia en nosotros la pregunta sobre el valor y el sentido de la vida. ¿Para qué ? para qué vivimos? y porqué tenemos que morir?.
     La vida humana, yo me imagino, que es algo así como una vela: una Vela Encendida. Una vela encendida de luz, alumbra, y da calor, calienta. La vela es para alumbrar, iluminar alrededor y, al mismo tiempo da calor.
     Pero eso hace que la vela se vaya consumiendo, se vaya gastando, se vaya derritiendo y "muriendo". Y así en ese consumirse poco a poco está cumpliendo una tarea importante y necesaria.
     Es cierto que una vela apagada no se consume, no se gasta, no muere... pero tampoco vive, no tiene vida. Podemos decir que está muerta. No sirve. No cumple ninguna misión.
     Estamos llamados. Hemos sido creados. Vivimos para ser luz y calor entre los que nos rodean. Para eso vivimos. Eso es la vida de cada persona. Es cierto que esto tiene un precio: consumirse, morir. Pero hemos hecho algo por los demás y después de la muerte nos espera una nueva vida. Una vida que ya no tendrá fin, será eterna.
 


 20. HOMILíA  DE  FUNERAL. 
( Día de Difuntos 96 )

     Hoy recordamos a todos los Fieles Difuntos. Los de cada familia, los de nuestra Parroquia y nuestro Pueblo y a todos los demás. Esto nos hace bien a todos. Nos recuerda que somos peregrinos, que vamos caminando hacia una meta, que estamos llamados e invitados por Dios a la Felicidad. No tenemos aquí nuestra casa definitiva, sino que nos espera una vida mucho mejor junto a Dios, nuestro Padre.
     Por eso, la esperanza es la gran virtud cristiana. Nos lo dice Cristo: "En la casa de mi Padre hay muchas estancias y me voy a prepararos sitio". "No perdáis la calma; creed en Dios y creed también en Mi". Es la promesa más consoladora que nos hace Cristo. Consoladora para nosotros y consoladora para nuestros difuntos. Humanamente no sabemos responder al misterio. Pero Jesús nos invita a confiar en Él y en Dios, Padre. Al final de esta vida, no hay muerte sino resurrección, vida eterna y feliz. Cristo a ido por delante a prepararnos sitio. El Padre Arrupe, ante la inminencia de su muerte, expresó así su admirable fe: "veo la muerte como el último Amen de esta vida y el primer Aleluia de la nueva vida".
     Esto mismo nos lo dice S. Pablo en su Carta a los Filipenses: "Cristo transformará nuestra condición humilde, según el modelo de su condición gloriosa, con esa energía que posee para sometérselo todo".
     En Él, en Cristo, tenemos el modelo: que también murió pero que Dios Padre le resucitó y entró en esa "condición gloriosa". La muerte no es una tumba, ni un muro; sino una puerta de paso. Jesús, con su energía de Resucitado, nos hace participar para siempre de su condición gloriosa.
 


21. HOMILíA  DE  FUNERAL. 

     Cuando todo nos falta en esta vida. Cuando ni la ciencia, ni la medicina pueden salvarnos. Cuando incluso el dinero o el poder no nos sirven ya para salvar nuestra propia vida. Cuando ni el amor es capaz de hacer nada ante la muerte de un ser querido... Es cuando la fe alcanza su mayor fuerza y nos consuela, y nos ilumina y nos ofrece una esperanza.
     Cuando todo nos falta en esta vida, es cuando vemos la necesidad de la fe y el valor que tiene la fe.
     Por que es precisamente la fe la que nos asegura que la muerte no es el final, el paso a la nada, la desaparición total y definitiva de nuestros seres queridos.
     La fe nos recuerda, sobre todo en esos momentos, que cada uno llevamos dentro una semilla de vida y de Resurrección. Necesitamos morir, ser sepultados, para renacer y resucitar a una vida nueva: mucho más hermosa, mucho más feliz.
     Es cierto que la fe no nos elimina el dolor, el sufrimiento, la muerte, como tampoco lo hizo en Jesús; pero sí nos hace ver todo ello con esperanza y hasta con confianza.
     La fe en Cristo, muerto y resucitado, es consuelo para saber aceptar estos tragos amargos de la vida.
     Por eso, hoy, a pesar del dolor mantenemos viva la esperanza en que nuestro hermano no nos ha abandonado par siempre. La muerte no es un adiós definitivo, sino un hasta luego. Él nos está ya esperando con los brazos abiertos para continuar un día junto a nosotros en esa vida feliz, junto a Dios y en compañía de todos los hombres.
     La fe nos ofrece el único consuelo posible en estos momentos porque nos abre a la esperanza, al encuentro con alguien, Jesucristo, que ha vencido el poder de la muerte para resucitar a una vida nueva: feliz y eterna.
 


22. Homilía de Funeral.
( "Hoy estarás conmigo..." )

     Ante la muerte de un familiar, de un ser querido, no hay palabras más consoladoras que las que acabamos de escuchar de labios de Cristo: "Te lo aseguro: Hoy estarás conmigo en al Paraíso". Estoy seguro que nuestro hermano ................  ya les ha escuchado en el momento mismo de su muerte. Él está ya viviendo y gozando de la amistad y de la compañía de Dios Padre.
     Su muerte nos ha dejado tristes. Para él es al revés: ha conseguido el amor de Dios para siempre: la nueva vida que ya no tiene fin.
     Dios Padre ha resucitado a su hijo con los brazos abiertos, con ese abrazo cariñoso de Padre y le tiene ya para siempre entre sus hijos queridos.
     Esto es lo que estamos celebrando como creyentes. Que el amor de Dios no tiene límites y que entre sus abrazos cabemos todos.
     Celebramos que nuestro hermano ............... ha sido acogido, ha resucitado con Cristo Resucitado.
     En estos momentos de dolor y de tristeza, ante la muerte de un familiar, ser querido, un conocido, la fe alcanza toda su fuerza. Sabemos - por la fe - que todo el bien que ha hecho aquí, por pequeño que parezca, Dios lo ha aceptado como hecho a Él en persona. "Todo lo que hacéis a los demás, a Mi, me lo hacéis" son palabras del mismo Cristo.
     Y termino con las palabras, no mías, sino del mismo Cristo: "Te lo aseguro: Hoy estarás conmigo en el Paraíso".
 


 23. Homilía de Funeral.
( Persona Adulta - Joven )

     La muerte de una persona en la plenitud de su vida es un duro golpe para todos. Y no es nada fácil encajar un golpe así. Nos resulta incomprensible que pueda desaparecer una vida en lo mejor de su crecimiento y vitalidad.
     Dentro de cada uno aflora un sentimiento de rebeldía. No sabemos ni contra qué ni contra quién.
     Nos da la impresión de que se desbarata todo un proyecto de vida, cargado de posibilidades que no se han podido realizar. Todo se nos viene abajo como un castillo de naipes. Todos los planes, las esperanzas, las opciones que ha hecho nos parecen que son como humo que se lleva el viento y desaparece.
     Tenemos la impresión de que hemos trabajado y caminado en balde. ¿Para qué tantos afanes? ¿Para qué empeñarnos en una causa bonita, si todo se desvanece?.
     Pero, cuando los creyentes nos reunimos para despedir a un difunto, el centro de nuestra atención no debe ser el difunto, sino Cristo, muerto y resucitado. No celebramos la muerte, sino la vida.
     Un Cristo que también murió joven, en la plenitud de su vida, cuando aún le quedaba mucho por hacer, pero que había llenado su vida con una carga de amor, de entrega y de servicio a los demás.
     Este es el gran misterio de la muerte y de la vida. Puede haber vidas jóvenes llenas, completas ante Dios y puede haber vidas adultas, cargadas de años que no han llegado a madurar en amor.
 


24. Homilía de Funeral.
( Cántaro/ Jon )

     Con un profundo dolor en el corazón, con las lágrimas apuntando en los ojos, con la voz cascada y entrecortada por la tristeza; pero , eso sí, con toda la esperanza que da la fe y toda la confianza depositada en Dios que es Padre siempre, pero especialmente sensible en momentos con éstos que estamos viviendo... os invito a todos a hacer esta oración:
     Señor y Padre de bondad, Tú nos has regalado la vida como un cántaro lleno de agua fresca que nos sirva para caminar por esta tierra. Hoy el cántaro se ha roto, ya gastado, y el agua de la vida se derrama y corre como un río de gracia y amor hacia tu encuentro. Nos hiciste, Señor, para Ti y nuestro corazón no descansa plenamente hasta encontrarte definitivamente en el cielo. Sabemos que has recibido ya a nuestro hermano ... Sabemos que le has dado un abrazo de amor, que goza para siempre de Tu amistas y comparte tu Felicidad con todos tus hijos.
     Gracias, Padre de bondad, por sentarle a tu lado en el hogar caliente de tu casa: el cielo.
     Danos ánimos para seguir caminando y viviendo, para seguir adelante con fe y esperanza. Ayúdanos a no caer en la desesperación. Haz que caminemos juntos y unidos hasta volvernos a encontrar todos en el cielo que es nuestra casa definitiva.
     Con dolor y tristeza, pero con esperanza, te decimos: Gracias, Señor, Padre de Bondad.



 25. Homilía de Funeral.
                                   (Amén. Aleluia)

     Alguien ha dicho que la muerte es el último Amén de esta vida y el primer Aleluia de la nueva vida. Esta frase para el cristiano es una verdad y, sobre todo, una realidad. El cristiano sabe que es un peregrino que camina hacia una meta definitiva. A todos nos gustaría que la vida fuese para siempre, eterna; sin fin. En el fondo ese deseo es el que nos mueve y nos da ilusión y esperanza en esta vida.
     Y nuestra fe cristiana nos viene a asegurar que tenemos toda la razón en desear que la vida no acabe, que sea eterna. Pero, al mismo tiempo, nos dice también la fe que la vida esta en dos etapas: esta que vivimos  en la tierra y la que continúa después de la muerte en el cielo.
     Por eso la muerte es el último Amén y el primer Aleluia. Es como cerrar una puerta para abrir la otra.  Es como pasar de una sala a otra para seguir viviendo ya para siempre.
     Es cierto que no queremos morir, que nos entristece y produce dolor. Y es natural, es humano. También el mismo Jesús sintió miedo ante la muerte. Nos hemos ido acostumbrando a esta vida. Con los años nos vamos apegando a muchas cosas, sentimos cariño de muchas personas. Por eso nos cuesta despegarnos de las personas que amamos y nos aman y de todo lo que hemos conseguido.
     Lo que no vemos es lo que alcanzamos y recibimos después de la muerte. La Biblia. la Palabra de Dios, nos dice que no tiene comparación: que es mucho mejor lo que recibimos que todo lo que dejamos.



26. Homilía de Funeral.

     La muerte de una persona, y cuando esta persona es un familiar, un ser querido, nos produce un desgarrón en el alma. Nos hace sufrir y llorar. Nos llena de dolor y tristeza. A los que hemos amado a esa persona sentimos que nuestro corazón se desgarra y nos deja un profundo vacío. Y es que el amor sólo busca y desea el bien y la felicidad para los que se ama. Queremos que el amor sea más poderoso, mas fuerte que la muerte. Que el amor sea capaz de librar de la muerte a nuestros seres queridos.
     Y tenemos razón. El amor, cuando es total, cuando es perfecto, cuando es desinteresado... como fue el amor de Jesús de Nazaret, vence a la misma muerte y resucita. Es decir, continúa más allá de la muerte.
     Por eso estamos aquí reunidos. Estamos celebrando el triunfo del Amor de Dios sobre la muerte, al resucitar a su Hijo, Jesús. Y estamos también despidiendo a nuestro hermano con un adiós, que es un hasta pronto, cargado de esperanza.
     Confiados en la Promesa de Dios Padre, esperamos, con tristeza sí, pero con esperanza, que nuestro hermano no nos ha abandonado para siempre. Nuestra fe en Dios nos dice que Dios ha resucitado a su Hijo Jesús y también a nuestro hermano.
     Dios nos acoge a todos sus hijos en su Reino, para continuar viviendo con Él para siempre.



27. Homilía de Funeral.

     Los cristianos nos reunimos en el templo cuando muere un familiar, un amigo, un conocido. Y celebramos la Eucaristía que es el
Misterio de la Muerte y Resurrección de Cristo, nuestro hermano mayor: El familiar por excelencia.
     Esto tiene un sentido profundo de fe y esperanza. Porque no celebramos la muerte sin ir acompañada de la Resurrección.
     Tampoco venimos hoy al templo para dar el último adiós, sino el primer saludo de eternidad.
     Nuestra fe nos asegura que si nuestro hermano ha padecido la muerte - se ha asemejado a Cristo en la muerte - también se asemeja a Él en la Resurrección.
     Por eso podemos decir que, junto al adiós de despedida, también estamos convencidos que Dios le ha dado el saludo de Nueva vida, el saludo de eternidad.
     Eso es lo que queremos expresar con nuestra presencia en el templo y con la Celebración de la Eucaristía: Dios Padre ha recuperado para siempre a su hijo, lo mismo que recuperó a Jesús, al
resucitarlo para siempre. Es la esperanza, y el consuelo que nos infunde la fe.
 


28. Homilía de Funeral.

     No hay duda de que el dolor, la enfermedad y, sobre todo, la muerte parecen ser algunas de las pocas situaciones que nos acercan a las personas. Estimulan nuestra solidaridad y nuestra sensibilidad.
     Porque es cierto también que la vida nos aísla, nos separa y hasta nos divide. Cada uno vamos a lo nuestro indiferentes ante casi todos los que nos rodean. Al menos vivimos distantes unos de otros.
     Hoy nos hemos reunido en un sentimiento solidario. En buena parte queremos expresar con nuestra presencia todo lo que no hemos sido capaces de manifestar a nuestro hermano ...........  mientras ha vivido entre nosotros y a su familia.
     Nuestra presencia de hoy también quiere manifestar que sentimos el dolor de esta familia y que estamos a su lado, cerca de ellos. Que pueden disponer de nosotros.  Tal vez estos sentimientos sean poco duraderos. Pronto nos envuelve la vida diaria con sus problemas y preocupaciones. Pero eso no quita que ahora nuestro sentimiento sea sincero. A todos nos une ahora un sentimiento de amistad, de dolor.
     Para los creyentes es esperanzador saber que ha habido Alguien: Jesús de Nazaret que fue Resucitado por Dios.  Y estamos convencidos, por la fe, que también nosotros vamos a ser resucitados.
          Por eso, la muerte no tiene la última palabra.  la última la tiene Dios Padre y es Resurrección.



 29. Homilía de Funeral.
                        ( Muerte violenta -  Asesinato ).

     Nos horrorizamos cuando oímos que los antiguos ofrecían vidas humanas a sus dioses. Hoy día, aunque de otra forma, seguimos sacrificando personas, vidas humanas a nuestros dioses modernos: el dinero, el odio, el interés personal.
     Dios hecho hombre en Jesús ha dejado de ser Dios y otros dioses se han adueñado de nuestro corazón. Y les hacemos altares ofrendas; incluso vidas humanas.
     Estas son las consecuencias, esto es lo que nos exigen los dioses que hemos fabricado para satisfacer nuestros intereses egoístas.
     El hombre, la persona humana, la vida humana, ya no son el bien, el valor fundamental que hay que defender y conservar por encima de todo lo demás. Otros dioses se han apoderado de nosotros
y les damos más valor.
     Jesús, el Hijo de Dios, no tuvo ningún miedo en poner a la persona humana por encima de todo, de la Ley, la Religión y el Templo, del dinero y el poder.
     Luchó contra la injusticia como el que más, luchó por la libertad y la paz. Defendió la solidaridad humana y, al mismo tiempo, 1a pluralidad y la dignidad de cada persona.
     No usó armas, mejor dicho, sus armas preferidas fueron el amor
y el perdón. Sólo con ellas se puede llegar a crear un mundo mejor para todos.
     Desterremos el odio y llenemos el vacío de amor. Dejemos 1a venganza y pongamos en práctica el perdón.



30. Homilía de Funeral.
                         ( La vida es un camino ).

     Todos sabemos que la vida humana es un camino que hay que recorrer y llegar a la meta.
     Resulta curioso y extraño, al mismo tiempo, que a todos nos suceda lo mismo: a nadie le gusta llegar al final de la vida, a la meta.
     La gran ilusión cuando emprendemos un viaje es llegar al destino cuanto antes; si salimos al monte la ilusión es llegar a la cima; si se trata de una carrera todos quieren llegar los primeros a la meta.
     Algo nos pasa en la vida que nadie queremos llegar a la meta. Preferimos que el camino sea lo más largo posible y que la muerte  esté lo más lejana posible.
     Tiene su explicación: la vida es un valor. Sin duda el mayor valor que podemos poseer. Dios nos ha hecho este gran regalo de la vida y nadie queremos perderlo. Queremos conservarlo y disfrutar del don de la vida.  Sacarle todo el jugo posible. No perderlo nunca. Es natural, es muy humano.
     Sólo hay un punto que olvidamos: que la vida es eterna, es para siempre.  Incluso para después de la muerte.
     La vida continúa después de esta etapa y de esa meta que es la muerte.
     La vida no termina, se transforma y continúa incluso después de la muerte.



31. Homilía  de  Funeral.

     Nuestra vida está llena de problemas, de dificultades, de malos ratos; pero ninguno alcanza el dolor y la tristeza de la muerte. Podemos decir que todo es soportable y llevadero comparado con la muerte.
     Un ser querido que se nos pierde en este misterio de la muerte.
La Iglesia, como madre que es, siente y se duele ante la muerte de un
hijo suyo. También para la Iglesia es un duro golpe la muerte de un
hijo suyo.
     Por eso, la Comunidad Parroquial rodea al que muere, pide por él y le acompaña con su amor y su plegaria para su encuentro con Dios.
     "En tus manos, Padre de bondad, encomendamos el alma de nuestro hermano".  Es como decirle ahora a nuestro hermano .............
te seguimos queriendo y amando; pero tú te vas y tu partida nos deja
tristes. Sin embargo, a pesar de nuestro dolor, sabemos que te dejamos en mejores manos. Esas manos de Dios que te reciben y te abrazan son un lugar mas seguro que todo lo que nosotros te podemos ofrecer ahora.
     Dios Padre, te quiere como nosotros no hemos sido capaces de
amarte. En Él te dejamos confiados.
     Y esta confianza que depositamos en Dios no es un puro sentimiento; confiamos en Dios porque Él ha Resucitado a Jesucristo v nos ha dado su palabra divina de resucitar también a todos nosotros.
     Por eso decimos ahora confiados: "Recuerda a tu hijo a quien has llamado a tu presencia. Concédele que así como ha compartido ya la Muerte de Jesucristo, comparta también con Él la gloria de su Resurrección" .



32. Homilía  de  Funeral.
                              ( Madre  joven )

     "Hoy estarás conmigo en el Paraíso". En momentos como este es cuando la fe; nuestra fe cristiana adquiere todo su valor y su fuerza.
     Esta fe que, es cierto, no nos evita el dolor, el sufrimiento, la amargura; como no le evitó a Cristo en la Cruz. Pero que sí nos da un
consuelo, una esperanza que nos ayuda a seguir viviendo, porque sabemos que no te hemos perdido para siempre. Que volveremos encontrarnos un día.
      Estoy seguro de que tú ..........    no quieres vernos tristes.
     Quieres que sigamos viviendo con esperanza, con ilusión. Nos  quieres ver felices, con la felicidad que Tú, ahora tienes. Tú te has adelantado. Y sufrimos por tu ausencia, porque te queríamos junto a nosotros. Te necesitábamos junto a nosotros.
          Nosotros pedimos por ti, y tú pides por nosotros.  Desde el cielo nos ves y nos animas. Seguiremos tus consejos:  esos consejos que siempre nos estabas dando. No lo vamos a olvidar.
     Nos hubiese gustado seguir viviendo contigo.  No ha podido ser así.  Pero no te vamos a olvidar. Sabemos que tampoco tú nos vas a olvidar.
     Nos estás esperando con los brazos abiertos.  Como nos esperabas a la salida del cole y te ponías intranquila cuando llegábamos un poco tarde.
     Volveremos a encontrarnos para se siempre felices y estar siempre juntos.
 


33. Homilía  de  Funeral.

     Amigos: uno de los mejores textos del evangelio que podemos leer en la Celebración Cristiana de la muerte es, ciertamente, este que acabamos de escuchar: la narración sobria e impresionante de la muerte de Jesús de Nazaret. No hay nada que pueda iluminarnos mejor el sentido de la muerte, ni nada que nos pueda consolar tanto, como este relato de los últimos momentos de la viva de nuestro Salvador. Porque todo lo que podemos decir, en cristiano, acerca de la muerte, lo debemos referir a la Muerte de Cristo y todo lo que debemos hacer para aceptarla como cristianos es imitar la muerte de Cristo, no precisamente en sus detalles externos, pero sí en su actitud profunda.
     Y la razón de ello la tenemos en que el Señor no ha querido ofrecemos explicaciones sobre el por qué de la muerte, ni tampoco respuestas teóricas a la cantidad de preguntas que se nos presentan sobre la muerte; pero sí ha hecho mucho. Y ha hecho mucho, porque durante su vida la combatió duramente: curando enfermos y resucitando muertos. Y, por si ello fuera poco, Él mismo quiso morir como muere toda persona humana. Y su Muerte fue y es la mejor lección que nos podía dar para disipar nuestros temores ante la dura y triste realidad de la muerte.
     Ante la Muerte de Cristo no cabe otra cosa,  sino  el silencio y la gratitud. Silencio porque nunca llegaremos a comprender el Misterio de su Muerte como un malhechor. Gratitud, porque, a partir de la Muerte de Cristo, la muerte del hombre adquiere un sentido nuevo, insospechado. Se puede decir que la muerte ya no es la muerte, es decir, el fracaso total, la aniquilación de la persona, el final. La muerte es el paso a la vida.
     Podemos afirmar que  Cristo murió para matar, para vencer a la misma muerte:  por eso la vida  de Cristo no terminó en la Cruz, sino
en el triunfo de la Resurrección.  Su Muerte no fue mas que el paso definitivo a la verdadera vida.
 


34. Homilía  de  Funeral.

     Amigos: Hay dos realidades que las estamos viendo continuamente y que, sin embargo, no acabamos de aceptarlas ni siquiera de comprenderlas totalmente. Se trata de la vida y la muerte.
     Vivimos y no sabemos ni para qué vivimos, no comprendemos el sentido profundo de nuestra existencia en la vida. Aspiramos a vivir, queremos todos vivir y muchos no sabemos para qué.
     Y la muerte es la otra realidad que, a pesar de estar viendo con tanta frecuencia, tampoco la comprendemos.
     Es que una y otra, vida y muerte, están tan unidas, tan relacionadas entre si que podemos decir que son dos partes, dos momentos de la persona, que no se pueden separar.
     Vivimos para morir y morimos para vivir.  No es un juego de palabras. Es una de las verdades fundamentales de nuestra fe.  " El que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida, por mi, la encontrara". (Mt. 16,25).
     "En verdad, en verdad os digo que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, quedara solo; pero si muere, dará mucho fruto". (Jn.12, ). "El que ama su vida, la pierde; pero el que aborrece su vida en este mundo, la conservará para la vida eterna". ( Jn. 12, ).
     De la muerte brota la vida; como de la muerte de Cristo en la Cruz brotó la Resurrección a la vida eterna. La vida del hombre es como la semilla, como ese grano de trigo que se siembra bajo tierra, que se pudre y muere, pero que al punto brota par una nueva vida mucho mas fructífera y productiva.
     ¿Qué es lo que tiene que morir en nosotros para vivir eternamente?.
     Tiene que morir todo lo que tendremos que dejar con la muerte.
     La vida, pues, de la persona debe ser una lucha constante contra el egoísmo que es la raíz de todo pecador y de todo el mal que existe en la Humanidad.
     Tenemos que ir matando en nosotros diariamente todo lo que vaya contra el amor y la verdadera felicidad.
     Esto puede parecer, a primera vista, que vivimos para sufrir, para sacrificarnos y no es cierto.



35. Homilía de Funeral.

     Hermanos: un acontecimiento triste y doloroso nos ha reunido en este lugar: la muerte de un familiar, amigo, conocido nuestro.
     Ya es algo tristemente significativo que tengan que ser estas la únicas ocasiones en las que llegamos a reunirnos, a vernos, a poder charlar un rato, los que tropezamos muchas veces en la calle, en el trabajo y no nos detenemos ni un solo momento para hablar.
     Estamos metidos en una vida tan ocupada, tan atareada que tienen que llegar estas ocasiones para poder detenernos un rato, dejando incluso las cosas y trabajos que nos parecen imprescindibles y urgentes.
     Digo que es tristemente significativo, porque, me parece que, como cristianos, también es triste que para muchos sean los entierros
los únicos momentos en los que entramos en la iglesia; para otros, bastantes también, los únicos momentos en los que nos paramos a pensar en otra cosa que no sea el dinero, el bienestar, la comodidad, el vivir bien.
     Para algunos puede que sea el momento en que caen en la cuenta de que esta vida no es todo para la persona, porque la muerte acaba con todos los proyectos y todas las ilusiones de la persona.
     Sí, amigos, la muerte es algo duro y triste, pero puede ser una llamada de Dios a quienes no escuchamos todas las demás llamadas que nos hace en la vida ajetreada que llevamos.
     No penséis que quiero meter miedo: lo que trato es de haceros pensar que las personas estamos para algo mas que comer, ganar divertirnos.
     Podemos hacer cosas mucho mas importantes en esta vida, como son la preocupación por los demás, construir una sociedad más justa y más libre y, sobre todo, podemos amarnos unos a otros haciendo que esta vida sea más feliz, más alegre, más digna para todos.
     ¿Por qué encerrarnos en nuestro orgullo o en nuestro egoísmo?     ¿Por qué separarnos u odiarnos, si podemos unirnos y amarnos .
 


36. Homilía  de  Funeral.
     El hombre de hoy ha llegado o está llegando a creerse dueño y señor de todo. La ciencia, la técnica, el progreso y sobre todo, el dinero nos están dando una seguridad ante la vida y los problemas.         
Estamos convencidos de que tarde o temprano seremos dueños de todo lo que nos rodea y dominaremos todo.
     Pero llega la muerte y nos deja tambaleando. La muerte rompe todos nuestros proyectos y termina con esa seguridad que creíamos tener.
     Y la muerte no es más que el aviso de que somos personas, somos criaturas; es decir, somos de Dios. Querámoslo o no; la vida no nos pertenece en propiedad absoluta. Sólo Dios es dueño y señor de la vida y de la muerte.
     Esto que parece una tragedia inevitable para la persona humana,
no lo es para quien tiene fe: Porque la fe nos asegura que es posible poseer la vida y hasta dominar la muerte misma.
     La fe nos muestra a Cristo como el hombre que has sido capaz de vencer a la muerte, porque en todo momento ha sido dueño de si mismo durante su vida.
     Es más. Él ha prometido ese mismo poder sobre la muerte todo el que siga sus pasos en la vida, porque todo el que cree en Él ya tiene la vida eterna.
     Por eso no hay mas que un medio de vencer a la muerte, de resucitar a una vida eterna: Creer en Cristo es la condición para vivir con la seguridad de resucitar.
     Y creer en Cristo es más que admitir unas verdades o cumplir unos ritos y obligaciones. Creer en Cristo es tratar de vivir su misma vida, es comprometerse, como Él, por la defensa de los pobres y necesitados.
     Es abrirse a los demás, no para servirse de ellos, sino para servirles y ayudarles.
     Una persona así, una vida así, no puede terminar en la muerte, sino en la Resurrección, como Cristo.