


Un espacio para el crecimiento, la reflexión, la meditacion.

El Domingo de Resurrección o de Pascua es la fiesta más importante para todos los católicos, ya que con la Resurrección de Jesús es cuando adquiere sentido toda nuestra religión.
Su origen se remonta a las fiestas anglosajonas pre-cristianas, cuando el conejo era el símbolo de la fertilidad asociado a la diosa Eastre, a quien se le dedicaba el mes de abril. Progresivamente, se fue incluyendo esta imagen a la Semana Santa y, a partir del siglo XIX, se empezaron a fabricar los muñecos de chocolate y azúcar en Alemania, esto dio orígen también a una curiosa leyenda que cuenta que, cuando metieron a Jesús al sepulcro que les había dado José de Arimatea, dentro de la cueva había un conejo escondido, que muy asustado veía cómo toda la gente entraba, lloraba y estaba triste porque Jesús había muerto.
![]() El texto: tejido El Pueblo fue testigo de la multiplicación de los panes y por nada quieren separase de Jesús. Ven lo que acontece pero no llegan a entender esto como señal de algo mas profundo. Relacionan lo que hace Jesús con Moisés cuando alimentó a todos en el desierto. Quieren que el pasado se repita… pero Jesús les pide que den un paso más: buscar el otro alimento que lo da el Hijo del Hombre… encontrar la señal escondida en el milagro… Así comienza el discurso del Pan de Vida, diálogo bonito, pero exigente. Este discurso parece como un embudo, ya que, en la medida en que avanza, cada vez menos personas acompañan a Jesús. El estilo de Juan es reiterar algunos temas pero para ir en profundidad. La trama vital... “Se subieron a las barcas y fueron a Cafarnaún en busca de Jesús” El Pueblo busca Pan y Vida, por eso lo siguen a Jesús. ¿Conocemos nosotros qué buscan los jóvenes, la gente de la Comunidad...? “Ustedes me buscan no porque vieron signos” La respuesta de Jesús tiene en cuenta las necesidades… pero también los lleva a cuestiones más de fondo… La gente busca el milagro y no el signo escondido en el mismo. ¿Qué Jesús muestran nuestras Comunidades? ¿Qué dificultades tienen hoy, los jóvenes, en nuestras Comunidades para encontrarse con Jesús? “Trabajen no por el alimento perecedero, sino por el que permanece… el que les dará el Hijo del Hombre” Es fácil reconocer el hambre que la gente dice que necesita. Es fácil conocer el hambre que nosotros creemos que necesitan… pero Jesús propone saciar el hambre que realmente tienen, que realmente tenemos… reconocerlo no es fácil… Tratemos de entender las dificultades que el Pueblo tiene hoy para entender quién es Jesús. Es necesario dar también el alimento que perece..., no desestimó el clamor de esa hambre… Pero también dio del otro, del que perdura, el que da el Hijo de Dios. Los jóvenes, la gente, junto con el hambre de pan, tiene hambre de Jesús, hambre de justicia, de paz y libertad; hambre de escucha y de tiempo, hambre de educación de la buena, hambre de perdón y de misericordia, hambre de presencia entre ellos… “¿Qué debemos hacer para realizar las obras de Dios?” Creer en Jesús. Esta es la gran obra que Dios nos pide. Y quien cree en Jesús lo reconoce en el hermano, en el joven que tiene hambre y que llega a nuestras casas… en busca del alimento verdadero… ... y su hilo donboscano “…Don Bosco penetró en el interior de la ciudad de Turín, girando de un lado para otro en las calles y plazas para buscar y encontrar a los niños y jóvenes… Allí estaba su puesto preferido para desarrollar su misión de pastor y evangelizador: tomar a los jóvenes en el lugar donde están, pero abriendo sus sentidos hacia “lo alto” y encaminándolos hacia “el cielo”. Por decirlo de alguna manera, Don Bosco con los pies en al tierra, en el mundo real, y con las manos hacia el cielo; y jamás olvidó ni la una ni el otro…” (Pascual Chávez, Aguinaldo 2010, Pág. 28). Enlazándonos al hilo primordial Volvamos oración lo que reflexionamos sobre el Evangelio y la Vida. ¿Qué significa para nosotros, para nuestra comunidad, creer en Jesús? Pensemos en las pibas y los pibes tratando de descubrir cuál es el alimento que están necesitando, el que perdura y el que no perdura, pero por el cual muchas veces se nos acercan… Busquemos estrategias creativas y generosas… Pongamos en el corazón de Jesús estos buenos propósitos. Sugerencia: escuchar la canción “El ángel de la Bicicleta” de León Gieco, y conocer un poco más sobre la vida de Pocho Lepratti con el video “Pocho, de Ludueña”, elaborado por el Boletín Salesiano. |
![]() Lo reconocieron al partir el pan. Ese mismo día, dos de ellos iban a un pequeño pueblo llamado Emaús, situado a unos diez kilómetros de Jerusalén. En el camino hablaban sobre lo que había ocurrido. Mientras conversaban y discutían, el mismo Jesús se acercó y siguió caminando con ellos. Pero algo impedía que sus ojos lo reconocieran. Él les dijo: “¿Qué comentaban por el camino?”. Ellos se detuvieron, con el semblante triste,y uno de ellos, llamado Cleofás, le respondió: “¡Tú eres el único forastero en Jerusalén que ignora lo que pasó en estos días!”. “¿Qué cosa?”, les preguntó. Ellos respondieron: “Lo referente a Jesús, el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y en palabras delante de Dios y de todo el pueblo, y cómo nuestros sumos sacerdotes y nuestros jefes lo entregaron para ser condenado a muerte y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que fuera él quien librara a Israel. Pero a todo esto ya van tres días que sucedieron estas cosas. Es verdad que algunas mujeres que están con nosotros nos han desconcertado: ellas fueron de madrugada al sepulcro y al no hallar el cuerpo de Jesús, volvieron diciendo que se les habían aparecido unos ángeles, asegurándoles que él está vivo. Algunos de los nuestros fueron al sepulcro y encontraron todo como las mujeres habían dicho. Pero a él no lo vieron”. Jesús les dijo: “¡Hombres duros de entendimiento, cómo les cuesta creer todo lo que anunciaron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías soportara esos sufrimientos para entrar en su gloria?” Y comenzando por Moisés y continuando con todos los profetas, les interpretó en todas las Escrituras lo que se refería a él. Cuando llegaron cerca del pueblo adonde iban, Jesús hizo ademán de seguir adelante. Pero ellos le insistieron: “Quédate con nosotros, porque ya es tarde y el día se acaba”. El entró y se quedó con ellos. Y estando a la mesa, tomó el pan y pronunció la bendición; luego lo partió y se lo dio. Entonces los ojos de los discípulos se abrieron y lo reconocieron, pero él había desaparecido de su vista. Y se decían: “¿No ardía acaso nuestro corazón, mientras nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?”. En ese mismo momento, se pusieron en camino y regresaron a Jerusalén. Allí encontraron reunidos a los Once y a los demás que estaban con ellos, y estos les dijeron: “Es verdad, ¡el Señor ha resucitado y se apareció a Simón!”. Ellos, por su parte, contaron lo que les había pasado en el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan. El texto: tejido Este texto es un relato catequístico que muestra un camino paradigmático de conversión. ¿Cuáles son las actitudes que tanto Jesús, como los “dos de ellos” tienen al inicio, durante y al final del camino? ¿Qué etapas pueden evidenciarse en este camino? ¿Hay un punto nodal en la narración? ¿Cuál es? La trama vital... “Iban a un pequeño pueblo”: Ante el fracaso de toda expectativa, ante la contundencia de la muerte, ante la pérdida de los sueños... lo más razonable parece volver a lo concreto, a la vida de antes, a las seguridades pequeñas pero palpables. Comparo esta reacción de los dos caminantes con mi actitud frente a los golpes y desencantos de la vida. Mirando todo el camino-proceso que recorren los discípulos, trato de ubicarme en aquel tramo donde hoy me descubro andando. “El mismo Jesús se acercó”: Me detengo en las actitudes de Jesús. ¿Qué hace Él ante la incertidumbre, la desesperación, la sensación de fracaso de los suyos? ¿Qué pasos va dando? Contemplo el proceso que Él acompaña. “Y estando a la mesa”: “Quizás la escena de Emaús sea una de las que más calma transmite en los evangelios: Jesús no tiene apuro por darse a conocer, gasta tiempo en conversar, les hace preguntas de esas que, más que contestación, buscan entrar en contacto... les explica las Escrituras y se sienta a cenar con ellos aunque, menudo fallo, no tuvieron tiempo para la sobremesa” (D. Aleixandre). Comparo mis tiempos y los de Jesús, me pregunto cómo respeto el camino y los procesos de los demás, cómo conjugo la paciencia del que ama con la urgencia de evangelizar. “Entonces los ojos de los discípulos se abrieron”: Al final, la fe que es reconocimiento, trae consigo “conversión”: el encuentro con Jesús los hizo regresar al lugar de donde venían. Pero, primero, Jesús se acercó y caminó con ellos en su misma dirección, en su mismo sentido. Se juntó con ellos allí donde estaban. Y ellos, que no habían comprendido las palabras, recuperaron la memoria ante el memorial y el gesto. “¿No ardía acaso nuestro corazón, mientras nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?”. Me quedo un momento ante esta pregunta. Repaso invitaciones que se están acallando, ardores que se han detenido, búsquedas que ya no me interesan… ¿Cómo reencontrarme con esa pasión apostólica que un día me puso en camino? ¿Cómo desandar los senderos del desánimo, la rutina y el aburguesamiento? ¿Cuál es aquella palabra-presencia que en este momento puede reencender el fuego de mi corazón, de nuestro corazón? “Contaron lo que les había pasado en el camino”: En el camino, siento que Jesús me acompaña y me interpela en la vida de los jóvenes. No me pongo yo en el lugar de Jesús... los pongo a ellos, que me evangelizan. Y reconozco gestos, palabras, silencios, presencias de los jóvenes que hacen reencender en mí el fuego de la pasión por el evangelio. ... y su hilo donboscano Don Bosco y su pasión por anunciar la Vida Plena a los jóvenes (su urgencia de evangelizar). La Pascua en Valdocco (12 de abril de 1846), punto final del tortuoso camino inicial del Oratorio “ambulante”. Don Bosco y la Eucaristía, lugar de encuentro, fiesta y reconocimiento pleno del Resucitado. Enlazándonos al Hilo Primordial Muchas veces, Jesús, me siento como los peregrinos del relato... y hago mías sus palabras desalentadas: “Nosotros esperábamos... pero...”. Por eso te rezo también desde lo que hay de desesperanza en mí y en muchos hermanos. También nosotros podemos sentirnos como si siguiéramos aún en el anochecer del viernes, volviendo con ánimo abatido de enterrar en el sepulcro proyectos, ilusiones y promesas… “torpe y lento de corazón“, me dejo interpelar por tu firmeza cariñosa. Y te pido que hagas camino conmigo, que me expliques las Escrituras, que me hagas comprender el sentido de tu Pascua y de la mía… Durante el día recuerdo la invitación-oración que surge de lo más profundo: “¡Quédate con nosotros!” Te agradezco la posibilidad de seguir encontrándote hoy al participar en la Eucaristía, al escuchar tu Palabra y al verte en todos los “forasteros” que se cruzan en mi camino. Y hago memoria de los momentos en que hiciste arder mi corazón. Te agradezco por ellos y te pido que me ayudes a descubrir por dónde pasa hoy mi verdadera conversión para que pueda anunciarte plena y eficazmente vivo. |