Mostrando entradas con la etiqueta Liturgia cotidiana. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Liturgia cotidiana. Mostrar todas las entradas

23 enero 2016

En la misma dirección

Antes de comenzar a narrar la actividad de Jesús, Lucas quiere dejar muy claro a sus lectores cuál es la pasión que impulsa al Profeta de Galilea y cuál es la meta de toda su actuación. Los cristianos han de saber en qué dirección empuja a Jesús el Espíritu de Dios, pues seguirlo es precisamente caminar en su misma dirección.
Lucas describe con todo detalle lo que hace Jesús en la sinagoga de su pueblo: se pone de pie, recibe el libro sagrado, busca él mismo un pasaje de Isaías, lee el texto, cierra el libro, lo devuelve y se sienta. Todos han de escuchar con atención las palabras escogidas por Jesús pues exponen la tarea a la que se siente enviado por Dios.
Sorprendentemente, el texto no habla de organizar una religión más perfecta o de implantar un culto más digno, sino de comunicar liberación, esperanza, luz y gracia a los más pobres y desgraciados. Esto es lo que lee. «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido. Me ha enviado a anunciar la Buena Noticia a los pobres, para anunciar a los cautivos la libertad, y a los ciegos la vista. Para dar libertad a los oprimidos; para anunciar el año de gracia del Señor». Al terminar, les dice: «Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír».
El Espíritu de Dios está en Jesús enviándolo a los pobres, orientando toda su vida hacia los más necesitados, oprimidos y humillados. En esta dirección hemos de trabajar sus seguidores. Esta es la orientación que Dios, encarnado en Jesús, quiere imprimir a la historia humana. Los últimos han de ser los primeros en conocer esa vida más digna, liberada y dichosa que Dios quiere ya desde ahora para todos sus hijos e hijas.
No lo hemos de olvidar. La «opción por los pobres» no es un invento de unos teólogos del siglo veinte, ni una moda puesta en circulación después del Vaticano II. Es la opción del Espíritu de Dios que anima la vida entera de Jesús, y que sus seguidores hemos de introducir en la historia humana. Lo decía Pablo VI: es un deber de la Iglesia «ayudar a que nazca la liberación... y hacer que sea total».
No es posible vivir y anunciar a Jesucristo si no es desde la defensa de los últimos y la solidaridad con los excluidos. Si lo que hacemos y proclamamos desde la Iglesia de Jesús no es captado como algo bueno y liberador por los que más sufren, ¿qué evangelio estamos predicando? ¿A qué Jesús estamos siguiendo? ¿Qué espiritualidad estamos promoviendo? Dicho de manera clara: ¿qué impresión tenemos en la iglesia actual? ¿Estamos caminando en la misma dirección que Jesús?
José Antonio Pagola
3 Tiempo ordinario - C
(Lucas 1,1-4; 4,14-21)

09 junio 2015

Domingo 14 de junio es la Colecta Anual de CARITAS.

Evangelio según San Marcos 4,26-34. 

Y decía: "El Reino de Dios es como un hombre que echa la semilla en la tierra: 
sea que duerma o se levante, de noche y de día, la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo. 
La tierra por sí misma produce primero un tallo, luego una espiga, y al fin grano abundante en la espiga. 
Cuando el fruto está a punto, él aplica en seguida la hoz, porque ha llegado el tiempo de la cosecha". 
También decía: "¿Con qué podríamos comparar el Reino de Dios? ¿Qué parábola nos servirá para representarlo? 
Se parece a un grano de mostaza. Cuando se la siembra, es la más pequeña de todas las semillas de la tierra, 
pero, una vez sembrada, crece y llega a ser la más grande de todas las hortalizas, y extiende tanto sus ramas que los pájaros del cielo se cobijan a su sombra". 
Y con muchas parábolas como estas les anunciaba la Palabra, en la medida en que ellos podían comprender. 
No les hablaba sino en parábolas, pero a sus propios discípulos, en privado, les explicaba todo. 


PEQUEÑAS SEMILLAS

Es la semilla más pequeña.

Vivimos ahogados por las malas noticias. Emisoras de radio y televisión, noticiarios y reportajes que descargan sobre nosotros una avalancha de noticias de odios, guerras, hambres y violencias, escándalos grandes y pequeños. Los «vendedores de sensacionalismo» no parecen encontrar otra cosa más notable en nuestro planeta.

La increíble velocidad con que se extienden las noticias y los problemas nos deja aturdidos y desconcertados. ¿Qué puede hacer uno ante tanto sufrimiento? Cada vez estamos mejor informados del mal que asola a la humanidad entera, y cada vez nos sentimos más impotentes para afrontarlo.

La ciencia nos ha querido convencer de que los problemas se pueden resolver con más poder tecnológico. Y nos ha lanzado a todos a una gigantesca organización y racionalización de la vida. Pero este poder organizado no está ya en manos de las personas, sino en las estructuras. Se ha convertido en «un poder invisible» que se sitúa más allá del alcance de cada individuo.

Entonces, la tentación de inhibirnos es grande. ¿Qué puedo hacer yo para mejorar esta sociedad? ¿No son los dirigentes políticos y religiosos quienes han de promover los cambios que se necesitan para avanzar hacia una convivencia más digna, más humana y dichosa?
No es así. Hay en el evangelio una llamada dirigida a todos, y que consiste en sembrar pequeñas semillas de una nueva humanidad. Jesús no habla de cosas grandes. El reino de Dios es algo muy humilde y modesto en sus orígenes. Algo que puede pasar tan desapercibido como la semilla más pequeña, pero que está llamado a crecer y fructificar de manera insospechada.

Quizás necesitamos aprender de nuevo a valorar las cosas pequeñas y los pequeños gestos. No nos sentimos llamados a ser héroes ni mártires cada día, pero a todos se nos invita a vivir poniendo un poco de dignidad en cada rincón de nuestro pequeño mundo. Un gesto amistoso al que vive desconcertado, una sonrisa acogedora a quien está solo, una señal de cercanía a quien comienza a desesperar, un rayo de pequeña alegría en un corazón agobiado... no son cosas grandes. Son pequeñas semillas del reino de Dios que todos podemos sembrar en una sociedad complicada y triste, que ha olvidado el encanto de las cosas sencillas y buenas.

José Antonio Pagola
11 Tiempo Ordinario - B
(Marcos 4,26-34)

14 de junio 2015

08 abril 2015

Evangelio según San Juan 20,19-31.

Al atardecer de ese mismo día, el primero de la semana, estando cerradas las puertas del lugar donde se
encontraban los discípulos, por temor a los judíos, llegó Jesús y poniéndose en medio de ellos, les dijo: "¡La paz esté con ustedes!". 
Mientras decía esto, les mostró sus manos y su costado. Los discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor. 
Jesús les dijo de nuevo: "¡La paz esté con ustedes! Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes". 
Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió: "Reciban el Espíritu Santo. 
Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes se los retengan". 
Tomás, uno de los Doce, de sobrenombre el Mellizo, no estaba con ellos cuando llegó Jesús. 
Los otros discípulos le dijeron: "¡Hemos visto al Señor!". El les respondió: "Si no veo la marca de los clavos en sus manos, si no pongo el dedo en el lugar de los clavos y la mano en su costado, no lo creeré". 
Ocho días más tarde, estaban de nuevo los discípulos reunidos en la casa, y estaba con ellos Tomás. Entonces apareció Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio de ellos y les dijo: "¡La paz esté con ustedes!". 
Luego dijo a Tomás: "Trae aquí tu dedo: aquí están mis manos. Acerca tu mano: Métela en mi costado. En adelante no seas incrédulo, sino hombre de fe". 
Tomas respondió: "¡Señor mío y Dios mío!". 
Jesús le dijo: "Ahora crees, porque me has visto. ¡Felices los que creen sin haber visto!". 
Jesús realizó además muchos otros signos en presencia de sus discípulos, que no se encuentran relatados en este Libro. 
Estos han sido escritos para que ustedes crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y creyendo, tengan Vida en su Nombre. 

VIVIR DE SU PRESENCIA
El relato de Juan no puede ser más sugerente e interpelador. Sólo cuando ven a Jesús resucitado en medio de ellos, el grupo de discípulos se transforma. Recuperan la paz, desaparecen sus miedos, se llenan de una alegría desconocida, notan el aliento de Jesús sobre ellos y abren las puertas porque se sienten enviados a vivir la misma misión que él había recibido del Padre.
La crisis actual de la Iglesia, sus miedos y su falta de vigor espiritual tienen su origen a un nivel profundo. Con frecuencia, la idea de la resurrección de Jesús y de su presencia en medio de nosotros es más una doctrina pensada y predicada, que una experiencia vivida.
Cristo resucitado está en el centro de la Iglesia, pero su presencia viva no está arraigada en nosotros, no está incorporada a la sustancia de nuestras comunidades, no nutre de ordinario nuestros proyectos. Tras veinte siglos de cristianismo, Jesús no es conocido ni comprendido en su originalidad. No es amado ni seguido como lo fue por sus discípulos y discípulas.
Se nota enseguida cuando un grupo o una comunidad cristiana se siente como habitada por esa presencia invisible, pero real y activa de Cristo resucitado. No se contentan con seguir rutinariamente las directrices que regulan la vida eclesial. Poseen una sensibilidad especial para escuchar, buscar, recordar y aplicar el Evangelio de Jesús. Son los espacios más sanos y vivos de la Iglesia.
Nada ni nadie nos puede aportar hoy la fuerza, la alegría y la creatividad que necesitamos para enfrentarnos a una crisis sin precedentes, como puede hacerlo la presencia viva de Cristo resucitado. Privados de su vigor espiritual, no saldremos de nuestra pasividad casi innata, continuaremos con las puertas cerradas al mundo moderno, seguiremos haciendo «lo mandado», sin alegría ni convicción. ¿Dónde encontraremos la fuerza que necesitamos para recrear y reformar la Iglesia?
Hemos de reaccionar. Necesitamos de Jesús más que nunca. Necesitamos vivir de su presencia viva, recordar en toda ocasión sus criterios y su Espíritu, repensar constantemente su vida, dejarle ser el inspirador de nuestra acción. Él nos puede transmitir más luz y más fuerza que nadie. Él está en medio de nosotros comunicándonos su paz, su alegría y su Espíritu.
José Antonio Pagola

27 febrero 2015

Evangelio según San Mateo 5,20-26.

Jesús dijo a sus discípulos: 
Les aseguro que si la justicia de ustedes no es superior a la de los escribas y fariseos, no entrarán en el Reino de los Cielos. 
Ustedes han oído que se dijo a los antepasados: No matarás, y el que mata, debe ser llevado ante el tribunal. 
Pero yo les digo que todo aquel que se irrita contra su hermano, merece ser condenado por un tribunal. Y todo aquel que lo insulta, merece ser castigado por el Sanedrín. Y el que lo maldice, merece la Gehena de fuego. 
Por lo tanto, si al presentar tu ofrenda en el altar, te acuerdas de que tu hermano tiene alguna queja contra ti, 
deja tu ofrenda ante el altar, ve a reconciliarte con tu hermano, y sólo entonces vuelve a presentar tu ofrenda. 
Trata de llegar en seguida a un acuerdo con tu adversario, mientras vas caminando con él, no sea que el adversario te entregue al juez, y el juez al guardia, y te pongan preso. 
Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último centavo. 

Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios. 


Leer el comentario del Evangelio por : 

San Agustín (354-430), obispo de Hipona (África del Norte), doctor de la Iglesia 
Sermón 357 

“Si te acuerdas que tu hermano tiene algo contra ti...”

  “Dios haces salir el sol sobre buenos y malos, hace llover sobre justos e injustos” (Mt 5,45) Dios muestra su paciencia; no manifiesta todavía todo su poder. Tú también... renuncia a la provocación, no aumentes el malestar a los ojos hinchados. ¿Eres amigo de la paz? ¡Mantente tranquilo dentro de ti!...¡Deja de lado las querellas y vuélvete a la oración! No te pongas a discutir con nadie, ni siquiera sobre nuestra fe con el blasfema. No respondas a la injuria injuriando, sino ora por esta persona. 


    Querrías hablarle contra él mismo: habla más bien a Dios de él. No digo que te calles: escoge el lugar que conviene y mira a Aquel a quien hablas, en silencio, por un grito salido del corazón. Allí donde tu adversario no te ve, sé bueno para con él. A esta adversario de la paz, a este amigo de la disputa, responde, tú, amigo de paz. “¡Di todo lo que quieras, sea la que fuere tu enemistad, eres mi hermano!” 


    “Ya puedes odiarme y rechazarme, eres mi hermano. Reconoce en ti el signo de mi Padre. Esta es la palabra de nuestro Padre. Hermano, tú que buscas la querella, eres mi hermano, porque tú dices igual que yo: “Padrenuestro que estás en el cielo.” Nuestro lenguaje es el mismo, ¿porqué no nos unimos como el lenguaje que es uno? Te ruego, reconoce lo que tú dices conmigo y rechaza lo que haces contra mí... No tenemos más que una voz delante del Padre. ¿Porqué no vamos a tener una sola paz juntos?

03 febrero 2015

Evangelio según San Marcos 5,21-43.

Cuando Jesús regresó en la barca a la otra orilla, una gran multitud se reunió a su alrededor, y él se quedó junto al mar.
Entonces llegó uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo, y al verlo, se arrojó a sus pies,
rogándole con insistencia: "Mi hijita se está muriendo; ven a imponerle las manos, para que se cure y viva".
Jesús fue con él y lo seguía una gran multitud que lo apretaba por todos lados.
Se encontraba allí una mujer que desde hacía doce años padecía de hemorragias.
Había sufrido mucho en manos de numerosos médicos y gastado todos sus bienes sin resultado; al contrario, cada vez estaba peor.
Como había oído hablar de Jesús, se le acercó por detrás, entre la multitud, y tocó su manto,
porque pensaba: "Con sólo tocar su manto quedaré curada".
Inmediatamente cesó la hemorragia, y ella sintió en su cuerpo que estaba curada de su mal.
Jesús se dio cuenta en seguida de la fuerza que había salido de él, se dio vuelta y, dirigiéndose a la multitud, preguntó: "¿Quién tocó mi manto?".
Sus discípulos le dijeron: "¿Ves que la gente te aprieta por todas partes y preguntas quién te ha tocado?".
Pero él seguía mirando a su alrededor, para ver quién había sido.
Entonces la mujer, muy asustada y temblando, porque sabía bien lo que le había ocurrido, fue a arrojarse a sus pies y le confesó toda la verdad.
Jesús le dijo: "Hija, tu fe te ha salvado. Vete en paz, y queda curada de tu enfermedad".
Todavía estaba hablando, cuando llegaron unas personas de la casa del jefe de la sinagoga y le dijeron: "Tu hija ya murió; ¿para qué vas a seguir molestando al Maestro?".
Pero Jesús, sin tener en cuenta esas palabras, dijo al jefe de la sinagoga: "No temas, basta que creas".
Y sin permitir que nadie lo acompañara, excepto Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago,
fue a casa del jefe de la sinagoga. Allí vio un gran alboroto, y gente que lloraba y gritaba.
Al entrar, les dijo: "¿Por qué se alborotan y lloran? La niña no está muerta, sino que duerme".
Y se burlaban de él. Pero Jesús hizo salir a todos, y tomando consigo al padre y a la madre de la niña, y a los que venían con él, entró donde ella estaba.
La tomó de la mano y le dijo: "Talitá kum", que significa: "¡Niña, yo te lo ordeno, levántate".
En seguida la niña, que ya tenía doce años, se levantó y comenzó a caminar. Ellos, entonces, se llenaron de asombro,
y él les mandó insistentemente que nadie se enterara de lo sucedido. Después dijo que le dieran de comer.

Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.

Leer el comentario del Evangelio por :

San Ambrosio (c. 340-397), obispo de Milán y doctor de la I

glesia
Comentario sobre San Lucas 6, 57-59; SC 45, pag. 248

“Con sólo tocar su manto me salvaré”

Por fe tocamos a Cristo. Por la fe le vemos. No es nuestro cuerpo que le toca, los ojos de nuestra naturaleza no lo llegan a ver. Porque ver sin percibir no es ver, oír sin entender no es entender ni tocar si no es por la fe...


Si consideramos la grandeza de nuestra fe y si comprendemos la grandeza del Hijo de Dios vemos que en relación a él no tocamos más que la orla de su manto. El vestido entero no lo podemos alcanzar. Así que si nosotros también queremos ser curados, toquemos por la fe la orla de Cristo. No ignora a aquellos que tocan su orla, que le tocan cuando se vuelve hacia nosotros. Dios no necesita los ojos para ver, no tiene sentidos corporales sino que posee en él el conocimiento de todas las cosas. Dichosos aquellos que tocan por lo menos la orla del Verbo: porque ¿quién puede aprehenderlo totalmente?

02 febrero 2015

Evangelio según San Marcos 1,21-28.

Entraron en Cafarnaún, y cuando llegó el sábado, Jesús fue a la sinagoga y comenzó a enseñar.
Todos estaban asombrados de su enseñanza, porque les enseñaba como quien tiene autoridad y no como los escribas.
Y había en la sinagoga un hombre poseído de un espíritu impuro, que comenzó a gritar:
"¿Qué quieres de nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido para acabar con nosotros? Ya sé quién eres: el Santo de Dios".
Pero Jesús lo increpó, diciendo: "Cállate y sal de este hombre".
El espíritu impuro lo sacudió violentamente y, dando un gran alarido, salió de ese hombre.
Todos quedaron asombrados y se preguntaban unos a otros: "¿Qué es esto? ¡Enseña de una manera nueva, llena de autoridad; da órdenes a los espíritus impuros, y estos le obedecen!".
Y su fama se extendió rápidamente por todas partes, en toda la región de Galilea. 

DOMINGO 4º DEL TIEMPO ORDINARIO /B - José Antonio Pagola
UN ENSEÑAR NUEVO

El episodio es sorprendente y sobrecogedor. Todo ocurre en la «sinagoga», el lugar donde se enseña oficialmente la Ley, tal como es interpretada por los maestros autorizados. Sucede en «sábado», el día en que los judíos observantes se reúnen para escuchar el comentario de sus dirigentes. Es en este marco donde Jesús comienza por vez primera a «enseñar».

Nada se dice del contenido de sus palabras. No es eso lo que aquí interesa, sino el impacto que produce su intervención. Jesús provoca asombro y admiración. La gente capta en él algo especial que no encuentra en sus maestros religiosos: Jesús «no enseña como los escribas, sino con autoridad».

Los letrados enseñan en nombre de la institución. Se atienen a las tradiciones. Citan una y otra vez a maestros ilustres del pasado. Su autoridad proviene de su función de interpretar oficialmente la Ley. La autoridad de Jesús es diferente. No viene de la institución. No se basa en la tradición. Tiene otra fuente. Está lleno del Espíritu vivificador de Dios.

Lo van a poder comprobar enseguida. De forma inesperada, un poseído interrumpe a gritos su enseñanza. No la puede soportar. Está aterrorizado: «¿Has venido a acabar con nosotros?» Aquel hombre se sentía bien al escuchar la enseñanza de los escribas. ¿Por qué se siente ahora amenazado?

Jesús no viene a destruir a nadie. Precisamente su «autoridad» está en dar vida a las personas. Su enseñanza humaniza y libera de esclavitudes. Sus palabras invitan a confiar en Dios. Su mensaje es la mejor noticia que puede escuchar aquel hombre atormentado interiormente. Cuando Jesús lo cura, la gente exclama: «este enseñar con autoridad es nuevo».

Los sondeos indican que la palabra de la Iglesia está perdiendo autoridad y credibilidad. No basta hablar de manera autoritaria para anunciar la Buena Noticia de Dios. No es suficiente transmitir correctamente la tradición para abrir los corazones a la alegría de la fe. Lo que necesitamos urgentemente es un «enseñar nuevo».

No somos «escribas», sino discípulos de Jesús. Hemos de comunicar su mensaje, no nuestras tradiciones. Hemos de enseñar curando la vida, no adoctrinando las mentes. Hemos de anunciar su Espíritu, no nuestras teologías.

14 enero 2015

Evangelio según San Juan 1,35-42.

Al día siguiente, estaba Juan otra vez allí con dos de sus discípulos
y, mirando a Jesús que pasaba, dijo: "Este es el Cordero de Dios".
Los dos discípulos, al oírlo hablar así, siguieron a Jesús.
El se dio vuelta y, viendo que lo seguían, les preguntó: "¿Qué quieren?". Ellos le respondieron: "Rabbí -que traducido significa Maestro- ¿dónde vives?".
"Vengan y lo verán", les dijo. Fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él ese día. Era alrededor de las cuatro de la tarde.
Uno de los dos que oyeron las palabras de Juan y siguieron a Jesús era Andrés, el hermano de Simón Pedro.
Al primero que encontró fue a su propio hermano Simón, y le dijo: "Hemos encontrado al Mesías", que traducido significa Cristo.
Entonces lo llevó a donde estaba Jesús. Jesús lo miró y le dijo: "Tú eres Simón, el hijo de Juan: tú te llamarás Cefas", que traducido significa Pedro.


Aprender a vivir
El evangelista Juan ha puesto un interés especial en indicar a sus lectores cómo se inició el pequeño grupo de seguidores de Jesús. Todo parece casual. El Bautista se fija en Jesús que pasaba por allí y les dice a los discípulos que lo acompañan: «Este es el Cordero de Dios». Probablemente, los discípulos no le han entendido gran cosa, pero comienzan a «seguir a Jesús». Durante un tiempo, caminan en silencio. No ha habido todavía un verdadero contacto con él. Están siguiendo a un desconocido y no saben exactamente por qué ni para qué.

Jesús rompe el silencio con una pregunta: «¿Qué buscáis?» ¿Qué esperáis de mí? ¿Queréis orientar vuestra vida en la dirección que llevo yo? Son cosas que es necesario aclarar bien. Los discípulos le dicen: «Maestro, ¿dónde vives?» ¿Cuál es el secreto de tu vida? ¿Qué es vivir para ti? Al parecer, no buscan conocer nuevas doctrinas. Quieren aprender de Jesús un modo diferente de vivir. Quieren vivir como él.
Jesús les responde directamente: «Venid y lo veréis». Haced vosotros mismos la experiencia. No busquéis información de fuera. Venid a vivir conmigo y descubriréis cómo vivo yo, desde dónde oriento mi vida, a quiénes me dedico, por qué vivo así.

Este es el paso decisivo que necesitamos dar hoy para inaugurar una fase nueva en la historia del cristianismo. Millones de personas se dicen cristianas, pero no han experimentado un verdadero contacto con Jesús. No saben cómo vivió, ignoran su proyecto. No aprenden nada especial de él.
Mientras tanto, en nuestras iglesias no tenemos capacidad para engendrar nuevos creyentes.Nuestra palabra ya no resulta atractiva ni creíble. Al parecer, el cristianismo, tal como nosotros lo entendemos y vivimos, interesa cada vez menos. Si alguien se nos acercara a preguntarnos: «dónde vivís», «qué hay de interesante en vuestras vidas», ¿cómo responderíamos?
Es urgente que los cristianos se reúnan en pequeños grupos para aprender a vivir al estilo de Jesús escuchando juntos el evangelio. Él es más atractivo y creíble que todos nosotros. Puede engendrar nuevos seguidores, pues enseña a vivir de manera diferente e interesante.
José Antonio Pagola
2 Tiempo Ordinario - B
(Juan 1,35-42)

18 de enero 2015

09 enero 2015

Escuchar lo que dice el Espíritu

Juan predicaba, diciendo: "Detrás de mí vendrá el que es más poderoso que yo, y yo ni siquiera soy digno de ponerme a sus pies para desatar la correa de sus sandalias. Yo los he bautizado a ustedes con agua, pero él los bautizará con el Espíritu Santo". En aquellos días, Jesús llegó desde Nazaret de Galilea y fue bautizado por Juan en el Jordán. Y al salir del agua, vio que los cielos se abrían y que el Espíritu Santo descendía sobre él como una paloma; y una voz desde el cielo dijo: "Tú eres mi Hijo muy querido, en ti tengo puesta toda mi predilección."

Comentario

Los primeros cristianos vivían convencidos de que para seguir a Jesús es insuficiente un bautismo de agua o un rito parecido. Es necesario vivir empapados de su Espíritu Santo. Por eso en los evangelios se recogen de diversas maneras estas palabras del Bautista: «Yo os he bautizado con agua, pero él (Jesús) os bautizará con Espíritu Santo».
No es extraño que en los momentos de crisis recordaran de manera especial la necesidad de vivir guiados, sostenidos y fortalecidos por su Espíritu. El Apocalipsis, escrito en los momentos críticos que vive la Iglesia bajo el emperador Domiciano, repite una y otra vez a los cristianos: «El que tenga oídos, que escuche lo que el Espíritu dice a las Iglesias».
La mutación cultural sin precedentes que estamos viviendo, nos está pidiendo hoy a los cristianos una fidelidad sin precedentes al Espíritu de Jesús. Antes de pensar en estrategias y recetas pastorales ante la crisis, hemos de preguntarnos cómo estamos acogiendo nosotros el Espíritu de Jesús.
En vez de lamentarnos una y otra vez de la secularización creciente, hemos de preguntarnosqué caminos nuevos anda buscando hoy Dios para encontrarse con los hombres y mujeres de nuestro tiempo; cómo hemos de renovar nuestra manera de pensar, de decir y de vivir la fe para que su Palabra pueda llegar hasta los interrogantes, las dudas y los miedos que brotan en su corazón.Juan predicaba, diciendo: "Detrás de mí vendrá el que es más poderoso que yo, y yo ni siquiera soy digno de ponerme a sus pies para desatar la correa de sus sandalias. Yo los he bautizado a ustedes con agua, pero él los bautizará con el Espíritu Santo". En aquellos días, Jesús llegó desde Nazaret de Galilea y fue bautizado por Juan en el Jordán. Y al salir del agua, vio que los cielos se abrían y que el Espíritu Santo descendía sobre él como una paloma; y una voz desde el cielo dijo: "Tú eres mi Hijo muy querido, en ti tengo puesta toda mi predilección."
Antes de elaborar proyectos pensados hasta sus últimos detalles, necesitamos transformar nuestra mirada, nuestra actitud y nuestra relación con el mundo de hoy. Necesitamos parecernos más a Jesús. Dejarnos trabajar por su Espíritu. Solo Jesús puede darle a la Iglesia un rostro nuevo.
El Espíritu de Jesús sigue vivo y operante también hoy en el corazón de las personas, aunque nosotros ni nos preguntemos cómo se relaciona con quienes se han alejado definitivamente de la Iglesia. Ha llegado el momento de aprender a ser la «Iglesia de Jesús» para todos, y esto solo él nos lo puede enseñar.
No hemos de hablar solo en términos de crisis. Se están creando unas condiciones en las que lo esencial del evangelio puede resonar de manera nueva. Una Iglesia más frágil, débil y humilde puede hacer que el Espíritu de Jesús sea entendido y acogido con más verdad.
José Antonio Pagola
El Bautismo del Señor - B

(Marcos 1,7-11)

05 enero 2015

Evangelio según San Mateo 2,1-12.

 Cuando nació Jesús, en Belén de Judea, bajo el reinado de Herodes, unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén 
y preguntaron: "¿Dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer? Porque vimos su estrella en Oriente y hemos venido a adorarlo".
Al enterarse, el rey Herodes quedó desconcertado y con él toda Jerusalén.
Entonces reunió a todos los sumos sacerdotes y a los escribas del pueblo, para preguntarles en qué lugar debía nacer el Mesías.
"En Belén de Judea, le respondieron, porque así está escrito por el Profeta:
Y tú, Belén, tierra de Judá, ciertamente no eres la menor entre las principales ciudades de Judá, porque de ti surgirá un jefe que será el Pastor de mi pueblo, Israel".
Herodes mandó llamar secretamente a los magos y después de averiguar con precisión la fecha en que había aparecido la estrella,
los envió a Belén, diciéndoles: "Vayan e infórmense cuidadosamente acerca del niño, y cuando lo hayan encontrado, avísenme para que yo también vaya a rendirle homenaje".
Después de oír al rey, ellos partieron. La estrella que habían visto en Oriente los precedía, hasta que se detuvo en el lugar donde estaba el niño.
Cuando vieron la estrella se llenaron de alegría,
y al entrar en la casa, encontraron al niño con María, su madre, y postrándose, le rindieron homenaje. Luego, abriendo sus cofres, le ofrecieron dones: oro, incienso y mirra.
Y como recibieron en sueños la advertencia de no regresar al palacio de Herodes, volvieron a su tierra por otro camino. 

Fiesta de la Epifanía
Incapaces de adorar Vivir sin acoger

INCAPACES DE ADORAR Cayendo de rodillas, le adoraron

Mt. 2, 1-12

El hombre actual ha quedado, en gran medida, atrofiado para descubrir a Dios. No es que sea ateo. Es que se ha hecho “incapaz de Dios”.

Cuando un hombre o una mujer sólo busca o conoce el amor bajo formar degeneradas y su vida está movida exclusivamente por intereses egoístas de beneficio o ganancia, algo se seca en su corazón.

Cuántas personas viven hoy un estilo de vida que las abruma y empobrece. Envejecidos prematuramente, endurecidos por dentro, sin capacidad de abrirse a Dios por ningún resquicio de su existencia, caminan por la vida sin la compañía interior de nadie.

El gran teólogo A. Delp, ejecutado por los nazis, veía en este “endurecimiento interior”, el mayor peligro para el hombre moderno. “Entonces deja el hombre de alzar hacia las estrellas todas las manos de su ser. La incapacidad del hombre actual para adorar, amar, venerar, tiene su causa en su desmedida ambición y en el endurecimiento de la existencia”.

Esta incapacidad para adorar a Dios se ha apoderado también de muchos creyentes que sólo buscan un “Dios útil”. Sólo les interesa un Dios que sirva para sus proyectos privados o sus programas socio-políticos.

Dios queda así convertido en un “artículo de consumo” del que podemos disponer según nuestras conveniencias e intereses. Pero Dios es otra cosa. Dios es Amor infinito, encarnado en nuestra propia existencia. Y ante ese Dios, lo primero es adoración, júbilo, acción de gracias.

Cuando se olvida esto, el cristianismo corre el riesgo de convertirse en un esfuerzo gigantesco de humanización y la Iglesia en una empresa siempre tensa, siempre agobiada, siempre con la conciencia de no lograr el éxito moral por el que lucha y se esfuerza.

Pero la fe cristiana, antes que nada, es descubrimiento de la Bondad de Dios, experiencia agradecida de que sólo Dios salva. El gesto de los Magos ante el Niño de Belén expresa la actitud primera de todo creyente ante Dios.

Dios existe. Está ahí, en el fondo de nuestra vida. Somos acogidos por El. No sabemos a dónde nos quiere conducir a través de la muerte. Pero podemos vivir con confianza ante el misterio.

Ante un Dios del que sólo sabemos que es Amor, no cabe sino el gozo, la adoración y la acción de gracias. Por eso, “cuando un cristiano piensa que ya ni siquiera es capaz de orar, debería tener al menos alegría”.

VIVIR SIN ACOGER

Todos vamos cometiendo a lo largo de la vida errores y desaciertos de todo tipo. Calculamos mal las cosas. No medimos bien las consecuencias de nuestros actos. Nos comportamos de manera poco reflexiva. Nos dejamos llevar por el apasionamiento o la insensatez. Somos así. Sin embargo, no son ésos los errores más graves. Lo peor es tener planteada la vida de manera errónea.

Todos sabemos que la vida es un regalo. No soy yo quien he decidido nacer. No me he escogido a mí mismo. No he elegido a mis padres ni a mi pueblo. Todo me ha sido dado. Vivir es ya desde su origen recibir. La única manera de vivir sensatamente es acoger de manera activa y responsable lo que se me da.

Sin embargo, no siempre pensamos así. Nos creemos que la vida es algo que se nos debe, que nos pertenece de manera exclusiva. Nos sentimos propietarios de nosotros mismos. Pensamos que la manera más acertada de vivir es organizarlo todo en función de mi mismo. Yo soy lo único importante. ¿Qué importan los demás?

Esto tiene consecuencias diversas. Algunos no saben vivir sino exigiendo. Exigen y exigen siempre más. Tienen la impresión de no recibir nunca lo que se les debe. Son como niños insaciables que nunca están contentos con lo que tienen. No hacen sino pedir, reivindicar, lamentarse.

Sin apenas darse cuenta, se convierten poco a poco en el centro de todo. Ellos son la fuente y la norma. Todo lo han de subordinar a su ego. Todo ha de quedar instrumentalizado para su provecho.

La vida de la persona se cierra entonces sobre sí misma. Ya no se acoge el regalo de cada día. Desaparece el reconocimiento y la gratitud. No es posible vivir con el corazón dilatado. Se sigue hablando de amor pero «amar» significa ahora poseer, desear al otro, ponerlo a mi servicio.

Esta manera de enfocar la vida conduce a vivir cerrados a Dios. La persona se incapacita para acoger. No cree en la gracia, no se abre a nada nuevo, no escucha ninguna voz, no sospecha en su vida presencia alguna. Es el individuo el que lo llena todo.

Por eso es tan grave la advertencia del evangelio en estos últimos días de la Navidad:

«La palabra era luz verdadera que alumbra a todo hombre. Vino al mundo... y el mundo no la conoció. Vino a su casa y los suyos no la recibieron».

Nuestro gran pecado es vivir sin acoger.

06 diciembre 2014

Confesar nuestros pecados

Evangelio según San Marcos 1,1-8. 
Comienzo de la Buena Noticia de Jesús, Mesías, Hijo de Dios. 
Como está escrito en el libro del profeta Isaías: Mira, yo envío a mi mensajero delante de ti para prepararte el camino. 
Una voz grita en el desierto: Preparen el camino del Señor, allanen sus senderos, 
así se presentó Juan el Bautista en el desierto, proclamando un bautismo de conversión para el perdón de los pecados. 
Toda la gente de Judea y todos los habitantes de Jerusalén acudían a él, y se hacían bautizar en las aguas del Jordán, confesando sus pecados. 
Juan estaba vestido con una piel de camello y un cinturón de cuero, y se alimentaba con langostas y miel silvestre. Y predicaba, diciendo: 
"Detrás de mí vendrá el que es más poderoso que yo, y yo ni siquiera soy digno de ponerme a sus pies para desatar la correa de sus sandalias. 
Yo los he bautizado a ustedes con agua, pero él los bautizará con el Espíritu Santo". 

DOMINGO 2º DE ADVIENTO /B

«Comienza la Buena Noticia de Jesucristo, Hijo de Dios». Este es el inicio solemne y gozoso del evangelio de Marcos. Pero, a continuación, de manera abrupta y sin advertencia alguna, comienza a hablar de la urgente conversión que necesita vivir todo el pueblo para acoger a su Mesías y Señor.
En el desierto aparece un profeta diferente. Viene a «preparar el camino del Señor». Este es su gran servicio a Jesús. Su llamada no se dirige solo a la conciencia individual de cada uno. Lo que busca Juan va más allá de la conversión moral de cada persona. Se trata de «preparar el camino del Señor», un camino concreto y bien definido, el camino que va a seguir Jesús defraudando las expectativas convencionales de muchos.
La reacción del pueblo es conmovedora. Según el evangelista, dejan Judea y Jerusalén y marchan al «desierto» para escuchar la voz que los llama. El desierto les recuerda su antigua fidelidad a Dios, su amigo y aliado, pero, sobre todo, es el mejor lugar para escuchar la llamada a la conversión.
Allí el pueblo toma conciencia de la situación en que viven; experimentan la necesidad de cambiar; reconocen sus pecados sin echarse las culpas unos a otros; sienten necesidad de salvación. Según Marcos, «confesaban sus pecados» y Juan «los bautizaba».
La conversión que necesita nuestro modo de vivir el cristianismo no se puede improvisar. Requiere un tiempo largo de recogimiento y trabajo interior. Pasarán años hasta que hagamos más verdad en la Iglesia y reconozcamos la conversión que necesitamos para acoger más fielmente a Jesucristo en el centro de nuestro cristianismo.
Esta puede ser hoy nuestra tentación. No ir al «desierto». Eludir la necesidad de conversión. No escuchar ninguna voz que nos invite a cambiar. Distraernos con cualquier cosa, para olvidar nuestros miedos y disimular nuestra falta de coraje para acoger la verdad de Jesucristo.
La imagen del pueblo judío «confesando sus pecados» es admirable. ¿No necesitamos los cristianos de hoy hacer un examen de conciencia colectivo, a todos los niveles, para reconocer nuestros errores y pecados? Sin este reconocimiento, ¿es posible «preparar el camino del Señor»?
José Antonio Pagola
2 Domingo de Adviento - B
(Marcos 1,1-8)

03 diciembre 2014

Evangelio según San Marcos 1,1-8.

Comienzo de la Buena Noticia de Jesús, Mesías, Hijo de Dios.
Como está escrito en el libro del profeta Isaías: Mira, yo envío a mi mensajero delante de ti para prepararte el camino.
Una voz grita en el desierto: Preparen el camino del Señor, allanen sus senderos,
así se presentó Juan el Bautista en el desierto, proclamando un bautismo de conversión para el perdón de los pecados.
Toda la gente de Judea y todos los habitantes de Jerusalén acudían a él, y se hacían bautizar en las aguas del Jordán, confesando sus pecados.
Juan estaba vestido con una piel de camello y un cinturón de cuero, y se alimentaba con langostas y miel silvestre. Y predicaba, diciendo:
"Detrás de mí vendrá el que es más poderoso que yo, y yo ni siquiera soy digno de ponerme a sus pies para desatar la correa de sus sandalias.
Yo los he bautizado a ustedes con agua, pero él los bautizará con el Espíritu Santo". 


LA BUENA NOTICIA
Los primeros creyentes han visto en Jesús, antes que nada, una buena noticia. Así ha titulado su pequeño escrito el primer redactor cristiano que ha recogido los dichos y la actuación de Jesús: «Buena noticia de Jesús el Cristo, el Hijo de Dios»
.Una buena noticia trata siempre de un acontecimiento feliz que no es todavía conocido, aunque en el fondo, el ser humano lo espera y lo busca.
Pero, ¿qué ha anunciado y ofrecido Jesús, que todavía no es conocido por los creyentes aunque éstos lo esperan y buscan? ¿Hay todavía algo que toda persona seguimos anhelando y que podemos encontrar una respuesta en Jesucristo?


DOMINGO 2º DE ADVIENTO /B
La mayor originalidad de Jesús consiste en anunciar de manera convencida que con él comienza ya a realizarse una utopía que estaba siempre viva en Israel y que es tan vieja como el corazón de toda persona de buena voluntad : la desaparición del mal, de la injusticia, el dolor y la muerte. Lo que Jesús llamaba el reino de Dios.
Este es el anuncio de Jesús: algo nuevo se ha puesto en marcha en la historia. La humanidad no camina sola, abandonada a sus propios recursos. Hay Alguien empeñado en la felicidad última de cada uno de sus hijos
En el fondo de la vida hay Alguien que es bondad, acogida, liberación, plenitud: Dios, nuestro Padre.
Esto lo cambia todo. Comienza una situación nueva en la que se nos invita a comprender y vivir nuestra existencia de una manera nueva: construyendo el reino del Padre, es decir, construyendo una convivencia fraterna, hecha de justicia, verdad y paz.
La llamada del Bautista es clara: «Preparadle el camino al Señor».
Dios comienza a ser algo real en nuestra vida cuando la vivimos de manera más humana. Empezamos a escucharle cuando escuchamos lo mejor que hay en nosotros. Es de gran importancia tomar conciencia de que la fe es un recorrido y no un sistema religioso. Y en un recorrido hay de todo: marcha gozosa y momentos de búsqueda, pruebas que hay que superar y retrocesos, decisiones ineludibles, dudas e interrogantes. Todo es parte del camino: también las dudas, que pueden ser más estimulantes que no pocas certezas y seguridades poseídas de forma rutinaria y simplista.
Cada uno ha de hacer su propio recorrido. Cada uno es responsable de la «aventura» de su vida. Cada uno tiene su propio ritmo. No hay que forzar nada. En el camino cristiano hay etapas: las personas pueden vivir momentos y situaciones diferentes. Lo importante es «caminar», no detenerse, escuchar la llamada que a todos se nos hace de vivir de manera más digna y dichosa. 
Este puede ser el mejor modo de «preparar el camino del Señor»

26 noviembre 2014

Evangelio San Marcos 13,33-37. Comentario

Amig@s: comenzamos el año nuevo litúrgico y la preparación para celebrar la Natividad de Jesús. Ojalá podamos "bajar un cambio" y podamos ir haciendo espacio en nuestras vidas y en nuestro corazón para Él.
Abrazo
Félix


Evangelio según San Marcos 13,33-37. 
Tengan cuidado y estén prevenidos, porque no saben cuándo llegará el momento. 
Será como un hombre que se va de viaje, deja su casa al cuidado de sus servidores, asigna a cada uno su tarea, y recomienda al portero que permanezca en vela. 
Estén prevenidos, entonces, porque no saben cuándo llegará el dueño de casa, si al atardecer, a medianoche, al canto del gallo o por la mañana. 
No sea que llegue de improviso y los encuentre dormidos. 
Y esto que les digo a ustedes, lo digo a todos: ¡Estén prevenidos!". 



DOMINGO 1º DE ADVIENTO /B: 
SIGNOS DE LOS TIEMPOS

Los evangelios han recogido, de diversas formas, la llamada insistente de Jesús a vivir despiertos y vigilantes, muy atentos a los signos de los tiempos. Al principio, los primeros cristianos dieron mucha importancia a esta "vigilancia" para estar preparados ante la venida inminente del Señor. Mas tarde, se tomó conciencia de que vivir con lucidez, atentos a los signos de cada època, es imprescindible para mantenernos fieles a Jesús a lo largo de la historia. 
Así recoge el Vaticano II esta preocupación: "Es deber permanente de la Iglesia escrutar a fondo los signos de esta época e interpretarlos a la luz del Evangelio, de forma que, acomodándose a cada generación, pueda responder a los perennes interrogantes de la humanidad sobre el sentido de la vida presente y futura...". Entre los signos de estos tiempos, el Concilio señala un hecho doloroso: "Crece de día en día el fenómeno de masas que, practicamente, se desentienden de la religión". ¿Cómo estamos leyendo este grave signo? ¿Somos conscientes de lo que está sucediendo? ¿Es suficiente atribuirlo al materialismo, la secularización o el rechazo social a Dios? ¿No hemos de escuchar en el interior de la Iglesia una llamada a la conversión? La mayoría se ha ido marchando silenciosamente, sin sacar ruido alguno. Siempre han estado mudos en la Iglesia. Nadie les ha preguntado nada importante. Nunca han pensado que podían tener algo que decir. 
Ahora se marchan calladamente. ¿Qué hay en el fondo de su silencio? ¿Quién los escucha? ¿Se han sentido alguna vez acogidos, escuchados y acompañados en nuestras comunidades? Muchos de los que se van eran cristianos sencillos, acostumbrados a cumplir por costumbre sus deberes religiosos. La religión que habían recibido se ha desmoronado. No han encontrado en ella la fuerza que necesitaban para enfrentarse a los nuevos tiempos. ¿Qué alimento han recibido de nosotros? ¿Dónde podrán ahora escuchar el Evangelio? ¿Dónde podrán encontrarse con Cristo? Otros se van decepcionados. Cansados de escuchar palabras que no tocan su corazón ni responden a sus interrogantes. Apenados al descubrir el "escándalo permanente" de la Iglesia. Algunos siguen buscando a tientas. ¿Quién les hará creíble la Buena Noticia de Jesús? Benedicto XVI viene insistiendo en que el mayor peligro para la Iglesia no viene de fuera, sino que está dentro de ella misma, en su pecado e infidelidad. Es el momento de reaccionar. La conversión de la Iglesia es posible, pero empieza por nuestra conversión, la de cada uno.

UNA IGLESIA DESPIERTA

Las primeras generaciones cristianas vivieron obsesionadas por la pronta venida de Jesús. El resucitado no podía tardar.
Vivían tan atraídos por él que querían enc ontrarse de nuevo cuanto antes. Los problemas empezaron cuando vieron que el tiempo pasaba y la venida del Señor se demoraba.
Pronto se dieron cuenta de que esta tardanza encerraba un peligro mortal. Se podía apagar el primer ardor. 
Con el tiempo,aquellas pequeñas comunidades podían caer poco a poco en la indiferencia y el olvido. Les preocupaba una cosa: «Que, al llegar, Cristo no nos encuentre dormidos».
La vigilancia se convirtió en la palabra clave. Los evangelios la repiten constantemente: «vigilen, estén alerta », vivan despiertos
Según Marcos, la orden de Jesús no es sólo para los discípulos que le están escuchando.
Lo que les digo a ustedes lo digo a todos: Velen».
No es una llamada más. La orden es para todos sus seguidores de todos los tiempos.
Han pasado más de veinte siglos de cristianismo. ¿Qué ha sido de esta llamada de Jesús? ¿Cómo vivimos los cristianos de hoy? ¿Seguimos despiertos? ¿Se mantiene viva nuestra fe o se ha ido apagando en la indiferencia y la mediocridad?
¿No vemos que la Iglesia necesita un corazón nuevo? ¿No sentimos la necesidad de sacudirnos la apatía y el autoengaño?
¿No vamos a despertar lo mejor que hay en la Iglesia? ¿No vamos a reavivar esa fe humilde y limpia de tantos creyentes sencillos?
¿No hemos de recuperar elrostro vivo de Jesús, que atrae, llama, interpela y despierta? ¿Cómo podemos seguir hablando,
escribiendo y discutiendo tanto de Cristo, sin que su persona nos enamore y trasforme un poco más? ¿No nos damos cuenta
de que una Iglesia «dormida» a la que Jesucristo no seduce ni toca el corazón, es una Iglesia sin futuro, que se irá apagando y envejeciendo por falta de vida?
¿No sentimos la necesidad de despertar e intensificar nuestra relación con él? ¿Quién como él puede despertar nuestro cristianismo de la inmovilidad, de la inercia, del peso del pasado, de la falta de creatividad? ¿Quién podrá contagiarnos su alegría? ¿Quién nos dará su fuerza creadora y su vitalidad?
La Iglesia no puede olvidar hoy "la responsabilidad de la esperanza"pues ésa es la misión que ha recibido de Cristo. Antes que " lugar de culto" o "instancia moral", la Iglesia ha de entenderse a sí misma y vivir como " comunidad de la esperanza".
Una esperanza que no es una utopía más, ni una reacción desesperada frente a las crisis e incertidumbres del momento.
Una esperanza que se funda en Cristo resucitado, en él descubrimos los creyentes el futuro último que le espera a la humanidad, el camino que podemos y debemos recorrer hacia su plena humanización y la garantía última frente a los fracasos, la injusticia y la muerte. "Velen, vigilen" 

José Antonio Pagola

12 noviembre 2014

Liturgia 16 de noviembre

Trigésimo tercer Domingo del tiempo ordinario

Libro de los Proverbios 31,10-13.19-20.30-31. 
Una buena ama de casa, ¿quién la encontrará? Es mucho más valiosa que las perlas. Bet
El corazón de su marido confía en ella y no le faltará compensación. Guímel
Ella le hace el bien, y nunca el mal, todos los días de su vida. Dálet
Se procura la lana y el lino, y trabaja de buena gana con sus manos. He
Aplica sus manos a la rueca y sus dedos manejan el huso. Caf
Abre su mano al desvalido y tiende sus brazos al indigente. Lámed
Engañoso es el encanto y vana la hermosura: la mujer que teme al Señor merece ser alabada. Tau
Entréguenle el fruto de sus manos y que sus obras la alaben públicamente.



Salmo 128(127),1-2.3.4-5. 
¡Feliz el que teme al Señor
y sigue sus caminos!
Comerás del fruto de tu trabajo,
serás feliz y todo te irá bien.

Tu esposa será como una vid fecunda
en el seno de tu hogar;
tus hijos, como retoños de olivo
alrededor de tu mesa.

¡Así será bendecido
el hombre que teme al Señor!
¡Que el Señor te bendiga desde Sión
todos los días de tu vida:

que contemples la paz de Jerusalén.



Primera Carta de San Pablo a los Tesalonicenses 5,1-6. 
Hermanos, en cuanto al tiempo y al momento, no es necesario que les escriba.
Ustedes saben perfectamente que el Día del Señor vendrá como un ladrón en plena noche.
Cuando la gente afirme que hay paz y seguridad, la destrucción caerá sobre ellos repentinamente, como los dolores de parto sobre una mujer embarazada, y nadie podrá escapar.
Pero ustedes, hermanos, no viven en las tinieblas para que ese Día los sorprenda como un ladrón:
todos ustedes son hijos de la luz, hijos del día. Nosotros no pertenecemos a la noche ni a las tinieblas.
No nos durmamos, entonces, como hacen los otros: permanezcamos despiertos y seamos sobrios.



Evangelio según San Mateo 25,14-30. 
El Reino de los Cielos es también como un hombre que, al salir de viaje, llamó a sus servidores y les confió sus bienes.
A uno le dio cinco talentos, a otro dos, y uno solo a un tercero, a cada uno según su capacidad; y después partió. En seguida,
el que había recibido cinco talentos, fue a negociar con ellos y ganó otros cinco.
De la misma manera, el que recibió dos, ganó otros dos,
pero el que recibió uno solo, hizo un pozo y enterró el dinero de su señor.
Después de un largo tiempo, llegó el señor y arregló las cuentas con sus servidores.
El que había recibido los cinco talentos se adelantó y le presentó otros cinco. 'Señor, le dijo, me has confiado cinco talentos: aquí están los otros cinco que he ganado'.
'Está bien, servidor bueno y fiel, le dijo su señor, ya que respondiste fielmente en lo poco, te encargaré de mucho más: entra a participar del gozo de tu señor'.
Llegó luego el que había recibido dos talentos y le dijo: 'Señor, me has confiado dos talentos: aquí están los otros dos que he ganado'.
'Está bien, servidor bueno y fiel, ya que respondiste fielmente en lo poco, te encargaré de mucho más: entra a participar del gozo de tu señor'.
Llegó luego el que había recibido un solo talento. 'Señor, le dijo, sé que eres un hombre exigente: cosechas donde no has sembrado y recoges donde no has esparcido.
Por eso tuve miedo y fui a enterrar tu talento: ¡aquí tienes lo tuyo!'.
Pero el señor le respondió: 'Servidor malo y perezoso, si sabías que cosecho donde no he sembrado y recojo donde no he esparcido,
tendrías que haber colocado el dinero en el banco, y así, a mi regreso, lo hubiera recuperado con intereses.
Quítenle el talento para dárselo al que tiene diez,
porque a quien tiene, se le dará y tendrá de más, pero al que no tiene, se le quitará aun lo que tiene.
Echen afuera, a las tinieblas, a este servidor inútil; allí habrá llanto y rechinar de dientes'. 



La gratuidad del Reino y su contraste imperial
DOMINGO TRIGÉSIMO TERCERO - "A"

Eduardo de la Serna
  
Lectura del libro de los Proverbios     31, 10-13. 19-20. 30-31

Resumen: el libro de los proverbios concluye con un salmo que canta a la mujer – sabiduría perfecta por lo que el marido es alabado. El comportamiento de la mujer “fuerte” en la casa es celebrado.

El libro de los proverbios – una colección bastante heterogénea en tiempo, temas y origen – finaliza con un poema acróstico (cada versículo, del 10 al 31 comienza con las letras del alefeto hebreo: es decir el v.10 comienza con “alef”, el v.11 con “bet” para terminar el v.31 con “tau”; algunas biblias lo indican en un costado del texto para que el lector lo sepa). Obviamente esto indica que el salmo tiene muy claramente el comienzo y el final. Este salmo canta a una mujer “hail”. El adjetivo hebreo “hail” indica fuerza, vigor, e incluso armamento. La Biblia griega lo traduce por “viril” (andreían). El texto está escrito desde la mirada del varón, y refiere a la mujer campesina. Se habla de la mujer “fuerte” en la sociedad patriarcal, es mujer “de varones”. Pero es muy probable (por el libro en general, y – especialmente por ser la conclusión – que se esté refiriendo a la “sabiduría” planteada como “mujer” (cf. Pr 8). Para el pueblo de Israel que regresa del exilio (al componerse la edición definitiva del libro) se lo invita a ser sabio: fuerte, libre, debe saber manejar su casa, y hacerlo con “respeto a Yahvé”. Lo que cuenta es la opinión del marido (vv.11.28-31) que elogia a esta mujer.
El trabajo doméstico de la mujer logra que el marido sea alabado “en la plaza” (v.23; v.31)
Así está estructurada esta parte central:
            A.- “no teme la nieve” (v.21)
                        B.- se confecciona mantas, viste de lino y púrpura (v.22)
                                   C.- Su marido es reconocido en la plaza (v.23)
                        B’.- teje y vende prendas de lino (v.24)
            A’.- se reviste de fuerza y dignidad y no le preocupa el mañana (v.25)
El marido puede estar en la “calle” porque la mujer se ocupa de la “casa” (el patriarcalismo es evidente). 
La opinión del marido, con lo que empezaba el salmo (vv.10-12), se retoma al final. Es una mujer sabia (para Proverbios el “temor de Yahvé es la fuente de la sabiduría, 1,7; 23,30-31)
Muchos temas centrales del libro se concentran en esta “mujer- sabiduría”: es fuerte, es ejemplo del discernimiento en la vida diaria, “abre la boca con sabiduría, y su lengua instruye (torah) con amor (jesed)” (v.26), se ocupa de los pobres y necesitados. 

Lectura de la primera carta de san Pablo a los cristianos de Tesalónica     5, 1-6

Resumen: Pablo destaca la cercanía de la venida de Jesús, por lo que ese “Día” está próximo, es inminente. Esto supone un modo de vida en los discípulos coherentes con el día, y no con la noche.
La carta a los Tesalonicenses está llegando a su fin. Luego de haber señalado Pablo que Cristo vendrá pronto, e incluso muchos estarán vivos – como él mismo espera estarlo – cuando ocurra esta venida, intenta dar respuesta a la pregunta obvia: ¿y esto cuándo ocurrirá? La frase “tiempo y momento” alude a los dos términos griegos que refieren al tiempo: jronos y kairós y se ha utilizado para aludir a un momento específico del plan de Dios (Dan 2,21; 7,12; Hch 1,7: “no les corresponde a ustedes conocer el tiempo y el momento que el Padre ha fijado con su autoridad”). En este caso Pablo señala que no es necesario escribir de esto, como ya lo ha dicho acerca del amor mutuo (4,9). Se refiere, evidentemente, a algo que los tesalonicenses ya saben porque Pablo les ha hablado de ello en su breve paso por la comunidad. Por eso lo refuerza con el “ustedes saben”. La fórmula ya la ha usado en la carta: “saben” del paso de Pablo por Tesalónica (2,1), “saben” que las tribulaciones forman parte de la vida que les espera a los seguidores de Jesús (3,3). 
El “Día del Señor” se refiere a un término habitual en los profetas: el momento que Dios mismo ha determinado actuar en la historia de su pueblo. Generalmente para sancionar, para intervenir drásticamente: Am 5,18-20; Joel 2,1-2; Sof 1,14-18; Mal 3,19.23. Pablo refiere a él como el día en que Dios intervendrá enviando la salvación: Rom 2,16; 13,12; 1 Cor 1,8; 3,13; 5,5; 2 Cor 1,14; 6,2; Fil 1,6.10; 2,16), día ciertamente ligado a Cristo. En este caso – y en otros – se refiere al “día” de la futura “venida” de Jesús, algo que Pablo debe anunciar, como una suerte de Elías.
La imagen del “ladrón en la noche” es frecuente en el ambiente apocalíptico para destacar lo imprevisible (2 Pe 3,10; Ap 3,3; 16,15; cf. Job 24,14; Lc 12,39). 
Abruptamente, entonces, el dicho romano de “paz y seguridad”, que alude a lo que se supone que el imperio garantiza a los suyos, se verá quebrado. Ciertamente está “pax romana” y la “seguridad” que garantiza a los súbditos del imperio, en nada se asemejan a los bienes definitivos que trae Cristo en su Día, ahora presentado como “dolores de parto”. La vida que trae Jesús (“parto”) en nada se asemeja a la “paz del imperio”, no es vida lo que éste trae. Y es “seguridad” sólo para los súbditos, no para las víctimas.
Las metáforas que siguen: tinieblasdía, “hijos de la luz” son también tomadas del ambiente apocalíptico (eso no implica que el contenido lo sea; Pablo no parece tener una teología apocalíptica aunque en estos casos utilice su vocabulario). El clásico dualismo apocalíptico luz-tinieblas, día-noche se transforma también en “modo de vida”: “hijos de la luz”, “vivir en tinieblas”, velardormirser sobrios… aquí Pablo lo utiliza luego de haber hablado del “Día” para continuar con la imagen (en v.7 continúa la metáfora: “los que duermen, de noche duermen, los que se embriagan [contrapuesto a la sobriedad] de noche se embriagan”).

Evangelio según san Mateo     25, 14-30

Resumen: en una nueva parábola Jesús presenta un ejemplo mostrando por la contraria cómo es el reino de Dios. Totalmente diferente al señor del relato que es usurero y explotador. La dinámica del reino de Dios se mueve en un ambiente totalmente diferente.

La parábola del Evangelio se ha interpretado habitualmente de un modo estricto, en el que se destacarían las exigencias y responsabilidades que tenemos para con Dios. Sin embargo, recientemente se ha propuesto otra interpretación que parece dar respuesta a muchos temas que quedaban sin respuesta.
Para empezar el inicio no es el frecuente en otras parábolas en las que se afirmaba que el reino “es semejante a” (cf. 25,1; cf. 20,1; 13,31.33.44.45.47), aquí se afirma que “así cómo”, con lo que no es evidente que se refiera a algo “semejante”. Y – como veremos – no lo es.
El tema del “propietario ausente” es importante en los estudios desde las ciencias sociales: la tierra no es de los campesinos que la trabajan sino de miembros de las elites gobernantes que se han apoderado de ellas por impuestos, usura, préstamos y deudas… Es habitual que los ricos presten a los campesinos a usura sabiendo que no podrán pagar y más temprano que tarde se apropiarán de las tierras. Para que la tierra sea productiva debe ser trabajada, para lo que recurrirán a campesinos desocupados, esclavos (doulos), jornaleros. Era frecuente, en Oriente especialmente, que los que se habían empeñado trabajaran la tierra para seguir intentando pagar lo adeudado.
Es importante entender que – el castellano ayuda a confundir – el “talento” no es referencia a la capacidad de cada uno, sino que se trata de un valor monetario. Es interesante recordar que en los ambientes campesinos las transacciones se realizaban por canje o trueque, sólo en los ambientes de la burocracia se utilizaba moneda. Originalmente el talento es una medida de peso (de gran peso) y las había de oro, plata o cobre. Se ha calculado, en general, un valor de 6.000 jornales por talento. 
La “producción” de los dos primeros personajes de la parábola es llamativa. No es habitual que algo produzca un 100%; pero eso sí es comprensible en el caso de usura. Sin embargo se lo señala casi con normalidad. Pero el tercer siervo (doulos) no ha puesto a “producir” el talento, sino que lo devuelve intacto. Pero lo hace por “miedo” a su “señor” porque es “un hombre duro que cosecha donde no sembró y recoge donde no esparció” (v.24). Sorpresivamente, el señor le reconoce esta parte: “sabías que cosecho donde no sembré…” (v.6). En este caso, lo que “debería” era dar el dinero a los “banqueros” para recibir “intereses” (tokos). El término “intereses” en el NT sólo se encuentra en este texto y su paralelo de Lucas 19,23; y en todos los casos del Antiguo Testamento se trata de algo definitivamente contrario a la voluntad de Dios: Ex 22,24; Lev 25,36.37; Dt 23,20; Sal 14,5; Jer 9,5; Ez 18,8.13.17; 22,12… el ambiente no parece amable, sino el de la usura: el dueño ausente cosecha donde otros han sembrado y se han endeudado y empobrecido, y – por eso mismo – se ha quedado con sus tierras. 
Como castigo ante esto, al que no supo hacer producir el dinero, se le quita el talento para dárselo al que más tiene, y a este se lo expulsa. Fuera, a las “tinieblas de fuera”, al “llanto y rechinar de dientes”, algo muy parecido a la cárcel. La frase se encuentra también en 8,12 señalando que “los hijos del reino” serán arrojados allí, y el rey vengativo de 22,13 arroja al que no tiene vestido de fiesta. En estos casos el contexto parece aludir a la situación presente de las autoridades judías en tiempos de Mateo en la que resulta patente la violencia que Roma ha ejercido contra la ciudad y las autoridades al finalizar la guerra judía. El rechazo de Israel a Jesús ha permitido que los paganos se sienten a la mesa (8,12) y la ciudad es destruida e incendiada por el rechazo a los enviados del rey. Estar sin vestido de fiesta es un nuevo rechazo (22,7.13).
Podemos afirmar, entonces, que el propietario ausente y su actitud en nada se asemejan al “reino” (recordar el comienzo de la parábola). Es muy parecido, precisamente, a lo que la dinámica imperial y su economía esperan: usura, préstamos, premio al que produce, torturas y cárcel. La dinámica de la gratuidad del reino es exactamente lo contrario. El reino no se asemeja a ese señor, sino que está en las antípodas. El que es coherente con el reino es el que no presta el dinero a usura es, el último, el que es expulsado, torturado y rechazado por el capitalista.