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06 abril 2015

Homilía de la Misa Crismal 2015


Hermanas y hermanos:

Hace pocos días realizábamos el Retiro Diocesano para todos los agentes de pastoral y fieles en 
general. Lo hicimos bajo el lema “RENOVAR LA MIRADA”, en este camino hacia la celebración de 
los 40 años de la Diócesis. Durante este año queremos vivir más profundamente la conversión 
pastoral de la mano de nuestra conversión personal a Jesús.

Cada año, en la Misa Crismal, escuchamos este evangelio de san Lucas. Jesús, en la sinagoga de 
Nazareth, lee la profecía de Isaías. Luego, “Jesús cerró el Libro, lo devolvió al ayudante y se sentó. 
Todos en la sinagoga tenían los ojos fijos en Él. Entonces comenzó a decirles: ‘Hoy se ha cumplido 
este pasaje de la Escritura que acaban de oír’”.

En esto consiste RENOVAR LA MIRADA. Se trata de tener los ojos fijos en Jesús. Volver la mirada 
hacia Él, para que Él nos renueve con la suya. Jesús dice: Hoy se ha cumplido la profecía. Es su 
mirada la que atrae todas las miradas. Es el Dios de las misericordias que viene a traer la liberación 
a los hombres. Es el Dios que escucha el clamor de su pueblo, como decía el profeta Daniel: 
“Inclina, Dios mío, tu oído y escucha. Abre tus ojos y mira nuestras ruinas y la ciudad sobre la cual 
se invoca tu nombre”. La mirada de Jesús se vuelve a nosotros para levantar nuestros ojos, y así 
poder contemplar al Dios que nos salva.

Jesús, desde adolescente iba con su padre José a la sinagoga de Nazareth. Cuántas veces allí, 
los habitantes de ese poblado escuchaban las Escrituras. Ese sábado fue un sábado distinto: 
Comenzaba el anuncio de la alegría del Evangelio.

Como aquellos habitantes, en Nazareth, también nosotros podríamos decir hoy: Cuántas años 
hace que nos juntamos acá para celebrar la Misa Crismal. Algunos podrán decir que se acuerdan 
cuando iban a la Catedral de Avellaneda... Otros podrán recordar la primera Misa Crismal del 
Padre Obispo Jorge Novak... otros recordarán años más recientes... Inevitablemente algunos 
podrán decir, que muchos de aquellos ya no están acá... Es la realidad del paso del tiempo. Vamos 
haciendo historia; somos miembros de un pueblo peregrino, de un pueblo que cree y espera. En 
este caminar queremos RENOVAR LA MIRADA. Los sacerdotes y diáconos queremos hacerlo junto 
a nuestro pueblo a quien servimos.

Para nosotros -diáconos, sacerdotes y obispo- RENOVAR LA MIRADA, significa en este día dejarnos 
mirar por Jesús. Y como aquellos paisanos de Jesús: fijar nuestra mirada en él. Necesitamos 
renovar esa mirada nuestra. Solos no podemos levantar la mirada... Necesitamos que el Espíritu 
Santo nos ayude a levantar los ojos, que a veces se posan en tantas cosas que nos encandilan, 
nos engatusan, nos atrapan; porque nos quedamos mirándonos nosotros mismos, llenándonos 
de insatisfacción y de desazón; la mirada se nos envejece dando vuelta sobre las mismas cosas 
y sobre nuestra propia fragilidad, y más pesados se ponen nuestros ojos, y no los podemos 
levantar. 

¡Es tu mirada Jesús, si, es tu mirada Señor...! Es la fuerza de tu mirada, la fuerza de tu Espíritu, 
quien renueva mi mirada. ¡Es tu amor quien me renueva, Señor! Todos en Nazareth te miraban... 
porque vos, Jesús, los amabas, a pesar de sus dudas y de su incredulidad.

Hoy venimos a esta Catedral a renovar nuestro amor. A renovar las promesas de nuestra 
consagración sacerdotal y diaconal. Como peregrinos que somos, como familia que caminamos, 
a todos nos hace bien el buen ejemplo de los demás. Desde ya, el ejemplo de los santos y su 
intercesión, como la del Cura Brochero que veneramos en esta Catedral (hoy sus reliquias están 
sobre el altar); pero, particularmente a nosotros, los sacerdotes, nos hace bien recordar a los 
hermanos curas que concluyeron su caminar en este mundo. Por eso, me pareció oportuno 
compartir con ustedes un testimonio sacerdotal. Se trata de un sacerdote que supo gustar del 
misterio de Dios y nos introducía al mismo con sus sabias reflexiones, particularmente en sus 
clases y charlas, en los más diversos ámbitos del país y más allá de las fronteras. Hablo del P. Lucio 
Gera. El 7 de agosto se cumplirán tres años de su partida. “Maestro en teología” como lo llamó el 
Cardenal Bergoglio, y dispuso que sea sepultado en la Catedral de Buenos Aires. 

Quiero compartir lo que él dijo al celebrar los 50 años de sacerdote. Renovando la mirada sobre su 
vida ministerial. Nos puede ayudar hoy a cada uno de nosotros. Espigaré algunos de los párrafos 
de esa homilía:
“Mi sacerdocio ha sido por cierto una opción que había que pensar bien; porque no es lo mismo 
decidir ser sacerdote que decidir cambiar de casa. Fue una opción mía, es decir, un asunto de mi 
libertad. De nadie más. Pero más allá de mi opción personal, de algo que ha surgido de mi interior, 
ha sido también algo que me sobrevino, es decir, que me vino desde más allá de mí mismo, desde 
fuera y desde arriba, por así decirlo. Algunos lo llaman destino, pero el destino no tiene rostro y yo 
me resisto a creer que mi vida haya podido estar determinada por alguien que no tiene rostro, ni 
conocimiento, ni corazón. Me sobrevino de afuera y de arriba, pero de algo personal. Eso quiere 
decir que fue vocación, llamado. Alguien me llamó; por alguien fui convocado. 

Por eso mi vocación al sacerdocio fue un asunto entre dos, no únicamente una opción mía, 
unilateral. Dios está en el origen, está a mis espaldas de sacerdote. Esto no quiere decir que haya 
tenido revelaciones, o apariciones... Gracias a Dios nunca he tenido una aparición o una revelación 
y sólo he podido moverme en la vida desde mi fe sencilla. Un sacerdote tiene que aprender a vivir 
en soledad. Pero uno aprende y acepta vivir en soledad sólo porque, en definitiva, no se está solo. 

No sólo el sacerdocio, también la existencia humana es una cosa de dos, porque nadie va a la 
nada, sino a Dios. Uno vive siempre en la presencia de Dios. Y esta presencia no es amenazadora. 
Como solemos decir en los Salmos: “Él es la roca”, no el vacío ni el abismo.

Mi opción por el sacerdocio ha nacido de un horizonte pastoral, es decir, en referencia a los 
hombres. En esta opción, mi intención primera no era buscarlo a Dios en la soledad de la 
contemplación, de la ermita, del monasterio... Tampoco mi intención fue entregarme al servicio 
específico de una necesidad humana: el hospital, la cárcel... Todo eso estaba, pero no como 
intención primera, no como lo determinante. No estaba excluido, pero lo que me determinó fue 
simplemente una cierta inclinación al ser humano, considerado desde su necesidad religiosa; no 
desde su necesidad médica o su necesidad de libertad, de hacer justicia... Me pareció con sencillez 
que Dios era un bien, y que sería un bien dedicar la vida a comunicar a Dios a los demás. Y eso 
decidió taxativamente sobre mi vocación. Pensé que estar privado de Dios puede ser un gran vacío, 
o una gran distracción. Por eso me pareció que debía entrar en esta vocación en la que uno tiene 
que ser memoria de Dios, recordarlo para que Él no caiga en el olvido.

La Carta a los Hebreos habla sobre la debilidad del sacerdote. Es tomado de entre los hombres, 
porque así puede, en su debilidad, compadecerse de los hombres... Es un hombre, no es Dios. 
La fragilidad no es algo que se declama, que se recita, sino algo que uno vive y que ha vivido. 
Es verdad, es real. Esto yo se lo digo particularmente a los seminaristas; la fragilidad es real y 
permanece después de la ordenación. Es verdad que uno tiene que aprender a no descansar en 
la propia fragilidad, a no pactar con la propia fragilidad, ni tampoco escudarse en ella para hacer 
cualquier disparate, o para vivir en la mera mediocridad.

No me interpreten esto de la fragilidad refiriéndolo solamente al campo de la sexualidad humana. 
Sólo quien tiene un gran respeto por la relación del varón y la mujer, por el amor esponsal y sexual, 
puede renunciar auténticamente a él. Quien desconoce ese valor que no entre en el sacerdocio. 
Pero ha de saber que su misma renuncia está tocada por la fragilidad. Pero el espectro de la 
fragilidad también en el sacerdote es más amplio y la peor fragilidad de uno es aquella que 
aparenta ser fuerte: la fragilidad de la propia soberbia, del orgullo, de la vacía vanidad, de la 
explosión fugaz de la ira, de la pereza, del “no me molesten”. Sí, también el sacerdote descubre la 
malicia en el propio corazón y no solamente fuera de sí mismo.

Uno se ha sabido sacerdote, entre Dios y los hombres, animado y a la vez implorante, situado entre 
la propia disponibilidad y la propia fragilidad. Pero de la fragilidad uno también ha aprendido. 
No porque tenga valor la fragilidad en sí misma, sino porque a lo largo de la vida uno ha podido 
también, con la gracia de Dios, convertir la propia fragilidad en aprendizaje, comprender la 
fragilidad humana, respetar al hombre caído, respetar a la mujer caída”.(L. Gera.”Meditaciones 
Sacerdotales”. Agape; pgs. 111-119)

Este testimonio del P. Gera lo he tomado de un libro editado en estos días llamado 
“MEDITACIONES SACERDOTALES”, a 50 años del Concilio Vaticano II, del que participó el P. Gera 
como perito y uno de sus mejores intérpretes en la Argentina y América Latina. Me pareció que 
en este DIA DEL SACERDOTE, regalarles un ejemplar a cada uno sería un hermoso homenaje a la 
memoria del P. Lucio Gera, pero también un signo de afecto personal por cada uno de ustedes 
sacerdotes.

La celebración de hoy, nos ayude a RENOVAR LA MIRADA sobre el misterio del sacerdocio de 
Jesús. La Virgencita, “mi Purísima” (al decir de Brochero), ampare nuestra fidelidad.

+ Carlos José Tissera
Obispo de Quilmes

02 abril 2015

TRIDUO PASCUAL: EVANGELIO DEL JUEVES SANTO 2 DE ABRIL:Juan 13,1-15. - MEMORIA POR LOS CAÍDOS EN MALVINAS

Antes de la fiesta de Pascua, sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre, él, que había amado a los suyos que quedaban en el mundo, los amó hasta el fin. 
Durante la Cena, cuando el demonio ya había inspirado a Judas Iscariote, hijo de Simón, el propósito de entregarlo, 
sabiendo Jesús que el Padre había puesto todo en sus manos y que él había venido de Dios y volvía a Dios,
se levantó de la mesa, se sacó el manto y tomando una toalla se la ató a la cintura.
Luego echó agua en un recipiente y empezó a lavar los pies a los discípulos y a secárselos con la toalla que tenía en la cintura.
Cuando se acercó a Simón Pedro, este le dijo: "¿Tú, Señor, me vas a lavar los pies a mí?".
Jesús le respondió: "No puedes comprender ahora lo que estoy haciendo, pero después lo comprenderás".
"No, le dijo Pedro, ¡tú jamás me lavarás los pies a mí!". Jesús le respondió: "Si yo no te lavo, no podrás compartir mi suerte".
"Entonces, Señor, le dijo Simón Pedro, ¡no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza!".
Jesús le dijo: "El que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque está completamente limpio. Ustedes también están limpios, aunque no todos".
El sabía quién lo iba a entregar, y por eso había dicho: "No todos ustedes están limpios".
Después de haberles lavado los pies, se puso el manto, volvió a la mesa y les dijo: "¿comprenden lo que acabo de hacer con ustedes?
Ustedes me llaman Maestro y Señor; y tienen razón, porque lo soy.
Si yo, que soy el Señor y el Maestro, les he lavado los pies, ustedes también deben lavarse los pies unos a otros.
Les he dado el ejemplo, para que hagan lo mismo que yo hice con ustedes."



¿Qué sintieron aquellos hombres y mujeres cuando escucharon por vez primera estas palabras de Jesús? - PAGOLA-

Les sorprende mucho más lo que hace al acabar la cena. Todos conocen el rito que se acostumbra. Hacia el final de la comida, el que presidía la mesa, permaneciendo sentado, cogía en su mano derecha una copa de vino, la mantenía a un palmo de altura sobre la mesa y pronunciaba sobre ella una oración de acción de gracias por la comida, a la que todos respondían «amén». A continuación bebía de su copa, lo cual servía de señal a los demás para que cada uno bebiera de la suya. Sin embargo, aquella noche Jesús cambia el rito e invita a sus discípulos y discípulas a que todos beban de una única copa: ¡la suya! Todos comparten esa «copa de salvación» bendecida por Jesús. En esa copa que se va pasando y ofreciendo a todos, Jesús ve algo «nuevo» y peculiar que quiere explicar: «Esta copa es la nueva Alianza en mi sangre. Mi muerte abrirá un futuro nuevo para vosotros y para todos». Jesús no piensa solo en sus discípulos más cercanos.

En este momento decisivo y crucial, el horizonte de su mirada se hace universal: la nueva Alianza, el reino definitivo de Dios será para muchos, «para todos» .

Con estos gestos proféticos de la entrega del pan y del vino, compartidos por todos, Jesús convierte aquella cena de despedida en una gran acción sacramental, la más importante de su vida, la que mejor resume su servicio al reino de Dios, la que quiere dejar grabada para siempre en sus seguidores. Quiere que sigan vinculados a él y que alimenten en él su esperanza. Que lo recuerden siempre entregado a su servicio. Seguirá siendo «el que sirve», el que ha ofrecido su vida y su muerte por ellos, el servidor de todos. Así está ahora en medio de ellos en aquella cena y así quiere que lo recuerden siempre. El pan y la copa de vino les evocará antes que nada la fiesta final del reino de Dios; la entrega de ese pan a cada uno y la participación en la misma copa les traerá a la memoria la entrega total de Jesús. «Por vosotros»: estas palabras resumen bien lo que ha sido su vida al servicio de los pobres, los enfermos, los pecadores, los despreciados, las oprimidas, todos los necesitados... Estas palabras expresan lo que va a ser ahora su muerte: se ha «desvivido» por ofrecer a todos, en nombre de Dios, acogida, curación, esperanza y perdón.

Ahora entrega su vida hasta la muerte ofreciendo a todos la salvación del Padre.

Así fue la despedida de Jesús, que quedó grabada para siempre en las comunidades cristianas. Sus seguidores no quedarán huérfanos; la comunión con él no quedará rota por su muerte; se mantendrá hasta que un día beban todos juntos la copa de «vino nuevo» en el reino de Dios. No sentirán el vacío de su ausencia: repitiendo aquella cena podrán alimentarse de su recuerdo y su presencia. Él estará con los suyos sosteniendo su esperanza; ellos prolongarán y reproducirán su servicio al reino de Dios hasta el reencuentro final. De manera germinal, Jesús está diseñando en su despedida las líneas maestras de su movimiento de seguidores: una comunidad alimentada por él mismo y dedicada totalmente a abrir caminos al reino de Dios, en una actitud de servicio humilde y fraterno, con la esperanza puesta en el reencuentro de la fiesta final.

¿Hace además Jesús un nuevo signo invitando a sus discípulos al servicio fraterno? El evangelio de Juan dice que, en un momento determinado de la cena, se levantó de la mesa y «se puso a lavar los pies de los discípulos». Según el relato, lo hizo para dar ejemplo a todos y hacerles saber que sus seguidores deberían vivir en actitud de servicio mutuo: «Lavándoos los pies unos a otros». La escena es probablemente una creación del evangelista, pero recoge de manera admirable el pensamiento de Jesús. El gesto es insólito.


En una sociedad donde está tan perfectamente determinado el rol de las personas y los grupos, es impensable que el comensal de una comida festiva, y menos aún el que preside la mesa, se ponga a realizar esta tarea humilde reservada a siervos y esclavos. Según el relato, Jesús deja su puesto y, como un esclavo, comienza a lavar los pies a los discípulos. Difícilmente se puede trazar una imagen más expresiva de lo que ha sido su vida, y de lo que quiere dejar grabado para siempre en sus seguidores. Lo ha repetido muchas veces: «El que quiera ser grande entre vosotros, será vuestro servidor; y el que quiera ser el primero entre vosotros, será esclavo de todos». Jesús lo expresa ahora plásticamente en esta escena: limpiando los pies a sus discípulos está actuando como siervo y esclavo de todos; dentro de unas horas morirá crucificado, un castigo reservado sobre todo a esclavos.

26 marzo 2015

Domingo de Ramos


Jesús contó con la posibilidad de un final violento. No era un ingenuo. Sabía a qué se exponía si seguía insistiendo en el proyecto del reino de Dios. Era imposible buscar con tanta radicalidad una vida digna para los «pobres» y los «pecadores», sin provocar la reacción de aquellos a los que no interesaba cambio alguno.
Ciertamente, Jesús no es un suicida. No busca la crucifixión. Nunca quiso el sufrimiento ni para los demás ni para él. Toda su vida se había dedicado a combatirlo allí donde lo encontraba: en la enfermedad, en las injusticias, en el pecado o en la desesperanza. Por eso no corre ahora tras la muerte, pero tampoco se echa atrás.
Seguirá acogiendo a pecadores y excluidos aunque su actuación irrite en el templo. Si terminan condenándolo, morirá también él como un delincuente y excluido, pero su muerte confirmará lo que ha sido su vida entera: confianza total en un Dios que no excluye a nadie de su perdón.
Seguirá anunciando el amor de Dios a los últimos, identificándose con los más pobres y despreciados del imperio, por mucho que moleste en los ambientes cercanos al gobernador romano. Si un día lo ejecutan en el suplicio de la cruz, reservado para esclavos, morirá también él como un despreciable esclavo, pero su muerte sellará para siempre su fidelidad al Dios defensor de las víctimas.
Lleno del amor de Dios, seguirá ofreciendo «salvación» a quienes sufren el mal y la enfermedad: dará «acogida» a quienes son excluidos por la sociedad y la religión; regalará el «perdón» gratuito de Dios a pecadores y gentes perdidas, incapaces de volver a su amistad.Esta actitud salvadora que inspira su vida entera, inspirará también su muerte.
Por eso a los cristianos nos atrae tanto la cruz. Besamos el rostro del Crucificado, levantamos los ojos hacia él, escuchamos sus últimas palabras... porque en su crucifixión vemos el servicio último de Jesús al proyecto del Padre, y el gesto supremo de Dios entregando a su Hijo por amor a la humanidad entera.
Es indigno convertir la semana santa en folclore o reclamo turístico. Para los seguidores de Jesús celebrar la pasión y muerte del Señor es agradecimiento emocionado, adoración gozosa al amor «increíble» de Dios y llamada a vivir como Jesús solidarizándonos con los crucificados.
Domingo de Ramos - B
(Marcos 14,1-15,47)

29 de marzo 2015
José Antonio Pagola

19 marzo 2015

Atraídos por el Crucificado

Un grupo de «griegos», probablemente paganos, se acercan a los discípulos con una petición admirable:«Queremos ver a Jesús». Cuando se lo comunican, Jesús responde con un discurso vibrante en el que resume el sentido profundo de su vida. Ha llegado la hora. Todos, judíos y griegos, podrán captar muy pronto el misterio que se encierra en su vida y en su muerte: «Cuando yo sea elevado sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí».
Cuando Jesús sea alzado a una cruz y aparezca crucificado sobre el Gólgota, todos podrán conocer el amor insondable de Dios, se darán cuenta de que Dios es amor y solo amor para todo ser humano. Se sentirán atraídos por el Crucificado. En él descubrirán la manifestación suprema del Misterio de Dios.
Para ello se necesita, desde luego, algo más que haber oído hablar de la doctrina de la redención. Algo más que asistir a algún acto religioso de la Semana Santa. Hemos de centrar nuestra mirada interior en Jesús y dejarnos conmover, al descubrir en esa crucifixión el gesto final de una vida entregada día a día por un mundo más humano para todos. Un mundo que encuentre su salvación en Dios.
Pero, probablemente a Jesús empezamos a conocerlo de verdad cuando, atraídos por su entrega total al Padre y su pasión por una vida más feliz para todos sus hijos, escuchamos aunque sea débilmente su llamada: «El que quiera servirme que me siga, y donde esté yo, allí estará también mi servidor».
Todo arranca de un deseo de «servir» a Jesús, de colaborar en su tarea, de vivir solo para su proyecto, de seguir sus pasos para manifestar, de múltiples maneras y con gestos casi siempre pobres, cómo nos ama Dios a todos. Entonces empezamos a convertirnos en sus seguidores.
Esto significa compartir su vida y su destino: «donde esté yo, allí estará mi servidor». Esto es ser cristiano: estar donde estaba Jesús, ocuparnos de lo que se ocupaba él, tener las metas que él tenía, estar en la cruz como estuvo él, estar un día a la derecha del Padre donde está él.
¿Cómo sería una Iglesia «atraída» por el Crucificado, impulsada por el deseo de «servirle» solo a él y ocupada en las cosas en que se ocupaba él? ¿Cómo sería una Iglesia que atrajera a la gente hacia Jesús?
José Antonio Pagola
5 Cuaresma - B
(Juan 3,14-21)

22 de marzo 2015

06 marzo 2015

Nunca es tarde

No nos gusta hablar de conversión. Casi instintivamente pensamos en algo triste, penoso; un esfuerzo casi imposible para el que no nos sentimos ya con humor ni con fuerzas. Sin embargo, si nos detenemos ante el mensaje de Jesús, escuchamos, antes que nada, una llamada alentadora para cambiar nuestro corazón y aprender a vivir de una manera más humana, porque Dios está cerca y quiere sanar nuestra vida.

Porque convertirse no es, antes que nada, intentar hacerlo todo mejor; no es algo triste; no se trata solo de «hacerse buena persona».
Convertirse es limpiar nuestra mente de egoísmos e intereses que empequeñecen nuestro vivir cotidiano. Liberar el corazón de angustias y complicaciones creadas por nuestro afán de poder y posesión. Liberarnos de objetos que no necesitamos y vivir para personas que nos necesitan.
Cuando escuchemos la llamada de Jesús: «Convertíos, porque está cerca el Reino de Dios», pensemos que nunca es tarde para convertirnos, porque nunca es tarde para amar, nunca es tarde para ser más feliz, nunca es demasiado tarde para dejarse perdonar y renovar por Dios.

20 febrero 2015

Empujados al desierto

Marcos presenta la escena de Jesús en el desierto como un resumen de su vida. Señalo algunas claves. Según el evangelista, «el Espíritu empuja a Jesús al desierto». No es una iniciativa suya. Es el Espíritu de Dios el que lo desplaza hasta colocarlo en el desierto: la vida de Jesús no va a ser un camino de éxito fácil; más bien le esperan pruebas, inseguridad y amenazas.
Pero el «desierto» es, al mismo tiempo, el mejor lugar para escuchar, en silencio y soledad, la voz de Dios. El lugar al que hay que volver en tiempos de crisis para abrirle caminos al Señor en el corazón del pueblo. Así se pensaba en la época de Jesús.
En el desierto, Jesús «es tentado por Satanás». Nada se dice del contenido de las tentaciones. Solo que provienen de «Satanás», el Adversario que busca la ruina del ser humano destruyendo el plan de Dios. Ya no volverá a aparecer en todo el evangelio de Marcos. Jesús lo ve actuando en todos aquellos que lo quieren desviar de su misión, incluido Pedro.
El breve relato termina con dos imágenes en fuerte contraste: Jesús «vive entre fieras», pero «los ángeles le sirven». Las «fieras», los seres más violentos de la creación, evocan los peligros que amenazarán siempre a Jesús y su proyecto. Los «ángeles», los seres más buenos de la creación, evocan la cercanía de Dios que bendice, cuida y defiende a Jesús y su misión.
El cristianismo está viviendo momentos difíciles. Siguiendo los estudios sociológicos, nosotros hablamos de crisis, secularización, rechazo por parte del mundo moderno... Pero tal vez, desde una lectura de fe, hemos de decir algo más: ¿No será Dios quien nos está empujando a este «desierto»? ¿No necesitábamos algo de esto para liberarnos de tanta vanagloria, poder mundano, vanidad y falsos éxitos acumulados inconscientemente durante tantos siglos? Nunca habríamos elegido nosotros estos caminos.
Esta experiencia de desierto, que irá creciendo en los próximos años, es un tiempo inesperado de gracia y purificación que hemos de agradecer a Dios. Él seguirá cuidando su proyecto. Solo se nos pide rechazar con lucidez las tentaciones que nos pueden desviar una vez más de la conversión a Jesucristo.
José Antonio Pagola
1 Cuaresma - B
(Marcos 1,12-15)

22 de febrero 2015

18 febrero 2015

Cuaresma, un camino de alegría

cuaresma, camino de alegría hacia la Pascua

El Miércoles de Ceniza da comienzo a una nueva Cuaresma, cuarenta días de un camino de alegría hacia la Pascua. Porque nuestro mundo, necesitado de Resurrección, espera sobre todo del cristiano que dé razón de su esperanza.
La Cuaresma es colaboración del hombre con Dios. Tiempo de penitencia, de conversión, para llegarnos más a Dios, acercarnos a Jesucristo, volvernos hacia los hermanos. Es un tiempo de revisión de nuestra vida, de mirarnos honestamente delante del espejo de Dios y preguntarnos si en verdad está siendo la vida de Dios el horizonte de nuestra vida. Ver cómo está nuestra relación con la familia, con los amigos, en la vida profesional, especialmente con los más débiles, los pobres…
La Cuaresma ha de ser, ante todo, un tiempo de oración, y la oración tiene el alimento del amor. Orar es entrar en profundidad. Es contemplar la hermosura de todo lo creado, es agradecer, amar, dejarse iluminar por la Palabra de Dios que se ha hecho vida en Jesucristo.
La Cuaresma es un tiempo para vivir con alegría la sobriedad, la privación de cosas superfluas, para dedicarnos con más intensidad a lo verdaderamente importante. El amor a Cristo, a los hermanos, encarnados en este mundo concreto “real”, no “imaginado”, ni “soñado”, lejos de la pereza y la comodidad.
Que caminemos estos 40 días con la convicción de que Dios está a nuestro lado y la esperanza de la Resurrección de Jesús.

Evangelio según San Mateo 6,1-6.16-18.

Para cambiar el corazón caminando tras las huellas de Jesús. Que disfruten el mensaje de Francisco y ahondemos en poner el cuero para ser la alegría de la humanidad: nuestra misión. Buena Cuaresma!
Abrazo
Félix


Evangelio según San Mateo 6,1-6.16-18. 
Jesús dijo a sus discípulos:
Tengan cuidado de no practicar su justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos: de lo contrario, no recibirán ninguna recompensa del Padre que está en el cielo.
Por lo tanto, cuando des limosna, no lo vayas pregonando delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para ser honrados por los hombres. Les aseguro que ellos ya tienen su recompensa.
Cuando tú des limosna, que tu mano izquierda ignore lo que hace la derecha,
para que tu limosna quede en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.
Cuando ustedes oren, no hagan como los hipócritas: a ellos les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos. Les aseguro que ellos ya tienen su recompensa.
Tú, en cambio, cuando ores, retírate a tu habitación, cierra la puerta y ora a tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.
Cuando ustedes ayunen, no pongan cara triste, como hacen los hipócritas, que desfiguran su rostro para que se note que ayunan. Les aseguro que con eso, ya han recibido su recompensa.
Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro,
para que tu ayuno no sea conocido por los hombres, sino por tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. 

«Fortalezcan sus corazones» (St 5,8)
Queridos hermanos y hermanas:
La Cuaresma es un tiempo de renovación para la Iglesia, para las comunidades y para cada creyente. Pero sobre todo es un «tiempo de gracia» (2 Co 6,2). Dios no nos pide nada que no nos haya dado antes: «Nosotros amemos a Dios porque él nos amó primero» (1 Jn 4,19). Él no es indiferente a nosotros. Está interesado en cada uno de nosotros, nos conoce por nuestro nombre, nos cuida y nos busca cuando lo dejamos.
Cada uno de nosotros le interesa; su amor le impide ser indiferente a lo que nos sucede. Pero ocurre que cuando estamos bien y nos sentimos a gusto, nos olvidamos de los demás (algo que Dios Padre no hace jamás), no nos interesan sus problemas, ni sus sufrimientos, ni las injusticias que padecen… Entonces nuestro corazón cae en la indiferencia: yo estoy relativamente bien y a gusto, y me olvido de quienes no están bien. Esta actitud egoísta, de indiferencia, ha alcanzado hoy una dimensión mundial, hasta tal punto que podemos hablar de una globalización de la indiferencia. Se trata de un malestar que tenemos que afrontar como cristianos.

Cuando el pueblo de Dios se convierte a su amor, encuentra las respuestas a las preguntas que la historia le plantea continuamente. Uno de los desafíos más urgentes sobre los que quiero detenerme en este Mensaje es el de la globalización de la indiferencia.
La indiferencia hacia el prójimo y hacia Dios es una tentación real también para los cristianos. Por eso, necesitamos oír en cada Cuaresma el grito de los profetas que levantan su voz y nos despiertan.
Dios no es indiferente al mundo, sino que lo ama hasta el punto de dar a su Hijo por la salvación de cada hombre. En la encarnación, en la vida terrena, en la muerte y resurrección del Hijo de Dios, se abre definitivamente la puerta entre Dios y el hombre, entre el cielo y la tierra.

Y la Iglesia es como la mano que tiene abierta esta puerta mediante la proclamación de la Palabra, la celebración de los sacramentos, el testimonio de la fe que actúa por la caridad (cf. Ga 5,6). Sin embargo, el mundo tiende a cerrarse en sí mismo y a cerrar la puerta a través de la cual Dios entra en el mundo y el mundo en Él. Así, la mano, que es la Iglesia, nunca debe sorprenderse si es rechazada, aplastada o herida.
El pueblo de Dios, por tanto, tiene necesidad de renovación, para no ser indiferente y para no cerrarse en sí mismo. 

Querría proponerles tres pasajes para meditar acerca de esta renovación.
1. «Si un miembro sufre, todos sufren con él» (1 Co 12,26) – La Iglesia
La caridad de Dios que rompe esa cerrazón mortal en sí mismos de la indiferencia, nos la ofrece la Iglesia con sus enseñanzas y, sobre todo, con su testimonio. Sin embargo, sólo se puede testimoniar lo que antes se ha experimentado. El cristiano es aquel que permite que Dios lo revista de su bondad y misericordia, que lo revista de Cristo, para llegar a ser como Él, siervo de Dios y de los hombres.
Nos lo recuerda la liturgia del Jueves Santo con el rito del lavatorio de los pies. Pedro no quería que Jesús le lavase los pies, pero después entendió que Jesús no quería ser sólo un ejemplo de cómo debemos lavarnos los pies unos a otros. Este servicio sólo lo puede hacer quien antes se ha dejado lavar los pies por Cristo. Sólo éstos tienen "parte" con Él (Jn 13,8) y así pueden servir al hombre.
La Cuaresma es un tiempo propicio para dejarnos servir por Cristo y así llegar a ser como Él. Esto sucede cuando escuchamos la Palabra de Dios y cuando recibimos los sacramentos, en particular la Eucaristía. En ella nos convertimos en lo que recibimos: el cuerpo de Cristo. En él no hay lugar para la indiferencia, que tan a menudo parece tener tanto poder en nuestros corazones. Quien es de Cristo pertenece a un solo cuerpo y en Él no se es indiferente hacia los demás. «Si un miembro sufre, todos sufren con él; y si un miembro es honrado, todos se alegran con él» (1 Co 12,26).
La Iglesia es communio sanctorum porque en ella participan los santos, pero a su vez porque es comunión de cosas santas: el amor de Dios que se nos reveló en Cristo y todos sus dones. Entre éstos está también la respuesta de cuantos se dejan tocar por ese amor. En esta comunión de los santos y en esta participación en las cosas santas, nadie posee sólo para sí mismo, sino que lo que tiene es para todos.
Y puesto que estamos unidos en Dios, podemos hacer algo también por quienes están lejos, por aquellos a quienes nunca podríamos llegar sólo con nuestras fuerzas, porque con ellos y por ellos rezamos a Dios para que todos nos abramos a su obra de salvación.

2. «¿Dónde está tu hermano?» (Gn 4,9) – Las parroquias y las comunidades
Lo que hemos dicho para la Iglesia universal es necesario traducirlo en la vida de las parroquias y comunidades. En estas realidades eclesiales ¿se tiene la experiencia de que formamos parte de un solo cuerpo? ¿Un cuerpo que recibe y comparte lo que Dios quiere donar? ¿Un cuerpo que conoce a sus miembros más débiles, pobres y pequeños, y se hace cargo de ellos? ¿O nos refugiamos en un amor universal que se compromete con los que están lejos en el mundo, pero olvida al Lázaro sentado delante de su propia puerta cerrada? (cf. Lc 16,19-31).
Para recibir y hacer fructificar plenamente lo que Dios nos da es preciso superar los confines de la Iglesia visible en dos direcciones.
En primer lugar, uniéndonos a la Iglesia del cielo en la oración. Cuando la Iglesia terrenal ora, se instaura una comunión de servicio y de bien mutuos que llega ante Dios. Junto con los santos, que encontraron su plenitud en Dios, formamos parte de la comunión en la cual el amor vence la indiferencia.
La Iglesia del cielo no es triunfante porque ha dado la espalda a los sufrimientos del mundo y goza en solitario. Los santos ya contemplan y gozan, gracias a que, con la muerte y la resurrección de Jesús, vencieron definitivamente la indiferencia, la dureza de corazón y el odio. Hasta que esta victoria del amor no inunde todo el mundo, los santos caminan con nosotros, todavía peregrinos. Santa Teresa de Lisieux, doctora de la Iglesia, escribía convencida de que la alegría en el cielo por la victoria del amor crucificado no es plena mientras haya un solo hombre en la tierra que sufra y gima: «Cuento mucho con no permanecer inactiva en el cielo, mi deseo es seguir trabajando para la Iglesia y para las almas» (Carta 254,14 julio 1897).
También nosotros participamos de los méritos y de la alegría de los santos, así como ellos participan de nuestra lucha y nuestro deseo de paz y reconciliación. Su alegría por la victoria de Cristo resucitado es para nosotros motivo de fuerza para superar tantas formas de indiferencia y de dureza de corazón.
Por otra parte, toda comunidad cristiana está llamada a cruzar el umbral que la pone en relación con la sociedad que la rodea, con los pobres y los alejados. La Iglesia por naturaleza es misionera, no debe quedarse replegada en sí misma, sino que es enviada a todos los hombres.
Esta misión es el testimonio paciente de Aquel que quiere llevar toda la realidad y cada hombre al Padre. La misión es lo que el amor no puede callar. La Iglesia sigue a Jesucristo por el camino que la lleva a cada hombre, hasta los confines de la tierra (cf. Hch 1,8). Así podemos ver en nuestro prójimo al hermano y a la hermana por quienes Cristo murió y resucitó. Lo que hemos recibido, lo hemos recibido también para ellos. E, igualmente, lo que estos hermanos poseen es un don para la Iglesia y para toda la humanidad.
Queridos hermanos y hermanas, cuánto deseo que los lugares en los que se manifiesta la Iglesia, en particular nuestras parroquias y nuestras comunidades, lleguen a ser islas de misericordia en medio del mar de la indiferencia.

3. «Fortalezcan sus corazones» (St 5,8) – La persona creyente
También como individuos tenemos la tentación de la indiferencia. Estamos saturados de noticias e imágenes tremendas que nos narran el sufrimiento humano y, al mismo tiempo, sentimos toda nuestra incapacidad para intervenir. ¿Qué podemos hacer para no dejarnos absorber por esta espiral de horror y de impotencia?
En primer lugar, podemos orar en la comunión de la Iglesia terrenal y celestial. No olvidemos la fuerza de la oración de tantas personas. La iniciativa 24 horas para el Señor, que deseo que se celebre en toda la Iglesia —también a nivel diocesano—, en los días 13 y 14 de marzo, es expresión de esta necesidad de la oración.
En segundo lugar, podemos ayudar con gestos de caridad, llegando tanto a las personas cercanas como a las lejanas, gracias a los numerosos organismos de caridad de la Iglesia. La Cuaresma es un tiempo propicio para mostrar interés por el otro, con un signo concreto, aunque sea pequeño, de nuestra participación en la misma humanidad.
Y, en tercer lugar, el sufrimiento del otro constituye un llamado a la conversión, porque la necesidad del hermano me recuerda la fragilidad de mi vida, mi dependencia de Dios y de los hermanos. Si pedimos humildemente la gracia de Dios y aceptamos los límites de nuestras posibilidades, confiaremos en las infinitas posibilidades que nos reserva el amor de Dios. Y podremos resistir a la tentación diabólica que nos hace creer que nosotros solos podemos salvar al mundo y a nosotros mismos.
Para superar la indiferencia y nuestras pretensiones de omnipotencia, quiero pedir a todos que este tiempo de Cuaresma se viva como un camino de formación del corazón, como dijo Benedicto XVI (Ct. enc. Deus caritas est, 31).
Tener un corazón misericordioso no significa tener un corazón débil. Quien desea ser misericordioso necesita un corazón fuerte, firme, cerrado al tentador, pero abierto a Dios. Un corazón que se deje impregnar por el Espíritu y guiar por los caminos del amor que nos llevan a los hermanos y hermanas. En definitiva, un corazón pobre, que conoce sus propias pobrezas y lo da todo por el otro.
Por esto, queridos hermanos y hermanas, deseo orar con ustedes a Cristo en esta Cuaresma: "Fac cor nostrum secundum Cor tuum": "Haz nuestro corazón semejante al tuyo" (Súplica de las Letanías al Sagrado Corazón de Jesús). De ese modo tendremos un corazón fuerte y misericordioso, vigilante y generoso, que no se deje encerrar en sí mismo y no caiga en el vértigo de la globalización de la indiferencia.
Con este deseo, aseguro mi oración para que todo creyente y toda comunidad eclesial recorra provechosamente el itinerario cuaresmal, y les pido que recen por mí. Que el Señor los bendiga y la Virgen los guarde.
Vaticano, 4 de octubre de 2014
Fiesta de san Francisco de Asís
FRANCISCUS PP.

Miércoles de Ceniza

miércoles 18 Febrero 2015



La imposición de las cenizas nos recuerda que nuestra vida en la tierra es pasajera y que nuestra vida definitiva se encuentra en el Cielo.

La Cuaresma comienza con el Miércoles de Ceniza y es un tiempo de oración, penitencia y ayuno. Cuarenta días que la Iglesia marca para la conversión del corazón.

Las palabras que se usan para la imposición de cenizas, son:

*“Concédenos, Señor, el perdón y haznos pasar del pecado a la gracia y de la muerte a la vida”

*“Recuerda que polvo eres y en polvo te convertirás"

* “Arrepiéntete y cree en el Evangelio”.


ORIGEN DE LA COSTUMBRE

Antiguamente los judíos acostumbraban cubrirse de ceniza cuando hacían algún sacrificio y los ninivitas también usaban la ceniza como signo de su deseo de conversión de su mala vida a una vida con Dios.

En los primeros siglos de la Iglesia, las personas que querían recibir el Sacramento de la Reconciliación el Jueves Santo, se ponían ceniza en la cabeza y se presentaban ante la comunidad vestidos con un "hábito penitencial". Esto representaba su voluntad de convertirse.

En el año 384 d.C., la Cuaresma adquirió un sentido penitencial para todos los cristianos y desde el siglo XI, la Iglesia de Roma acostumbra poner las cenizas al iniciar los 40 días de penitencia y conversión.

Las cenizas que se utilizan se obtienen quemando las palmas usadas el Domingo de Ramos del año anterior. Esto nos recuerda que lo que fue signo de gloria pronto se reduce a nada.

También, fue usado el período de Cuaresma para preparar a los que iban a recibir el Bautismo la noche de Pascua, imitando a Cristo con sus 40 días de ayuno.

La imposición de ceniza es una costumbre que nos recuerda que algún día vamos a morir y que nuestro cuerpo se va a convertir en polvo. Nos enseña que todo lo material que tengamos aquí se acaba. En cambio, todo el bien que tengamos en nuestra alma nos lo vamos a llevar a la eternidad. Al final de nuestra vida, sólo nos llevaremos aquello que hayamos hecho por Dios y por nuestros hermanos.

Cuando el sacerdote nos pone la ceniza, debemos tener una actitud de querer mejorar, de querer tener amistad con Dios. La ceniza se le impone a los niños y a los adultos.

EL AYUNO Y LA ABSTINENCIA

El miércoles de ceniza y el viernes santo son días de ayuno y abstinencia. La abstinencia obliga a partir de los 14 años y el ayuno de los 18 hasta los 59 años. El ayuno consiste hacer una sola comida fuerte al día y la abstinencia es no comer carne. Este es un modo de pedirle perdón a Dios por haberlo ofendido y decirle que queremos cambiar de vida para agradarlo siempre.

LA ORACIÓN:
La oración en este tiempo es importante, ya que nos ayuda a estar más cerca de Dios para poder cambiar lo que necesitemos cambiar de nuestro interior.

Necesitamos convertirnos, abandonando el pecado que nos aleja de Dios. Cambiar nuestra forma de vivir para que sea Dios el centro de nuestra vida. Sólo en la oración encontraremos el amor de Dios y la dulce y amorosa exigencia de su voluntad.

Para que nuestra Oración tenga frutos, debemos evitar lo siguiente:

La hipocresía: Jesús no quiere que oremos para que los demás nos vean llamando la atención con nuestra actitud exterior. Lo que importa es nuestra actitud interior.

La disipación: Esto quiere decir que hay que evitar las distracciones lo más posible. Preparar nuestra oración, el tiempo y el lugar donde se va a llevar a cabo para podernos poner en presencia de Dios.

La multitud de palabras: Esto quiere decir que no se trata de hablar mucho o repetir oraciones de memoria sino de escuchar a Dios. La oración es conformarnos con Él; nuestros deseos, nuestras intenciones y nuestras necesidades. Por eso no necesitamos decirle muchas cosas. La sinceridad que usemos debe salir de lo profundo de nuestro corazón porque a Dios no se le puede engañar.

EL SACRIFICIO:


Al hacer sacrificios (cuyo significado es "hacer sagradas las cosas"), debemos hacerlos con alegría, ya que es por amor a Dios. Si no lo hacemos así, causaremos lástima y compasión y perderemos la recompensa de la felicidad eterna. Dios es el que ve nuestro sacrificio desde el cielo y es el que nos va a recompensar.

“Cuando ayunéis no aparezcáis tristes, como los hipócritas que desfiguran su rostro para que los hombres vean que ayunan; en verdad os digo, ya recibieron su recompensa. Tú cuando ayunes, úngete la cabeza y lava tu cara para que no vean los hombres que ayunas, sino Tu Padre, que está en lo secreto: y tu padre que ve en lo secreto, te recompensará." (Mt 6,6).


CONCLUSIÓN:

Como vemos, la ceniza no es un rito mágico, no nos quita nuestros pecados, para ello tenemos el Sacramento de la Reconciliación. Es un signo de arrepentimiento, de penitencia, pero sobre todo de conversión. Es el inicio del camino de la Cuaresma, para acompañar a Jesús desde su desierto hasta el día de su triunfo que es el Domingo de Resurrección.

Debe ser un tiempo de reflexión de nuestra vida, de entender a donde vamos, de analizar como es nuestro comportamiento con nuestra familia y en general con todos los seres que nos rodean.

En estos momentos al reflexionar sobre nuestra vida, debemos convertirla de ahora en adelante en un seguimiento a Jesús, profundizando en su mensaje de amor y acercándonos en esta Cuaresma al Sacramento de la Reconciliación (también llamado confesión), que como su nombre mismo nos dice, representa reconciliarnos con Dios y sin reconciliarnos con Dios y convertirnos internamente, no podremos seguirle adecuadamente.

Está Reconciliación con Dios está integrada por el Arrepentimiento, la Confesión de nuestros pecados, la Penitencia y finalmente la Conversión.

El arrepentimiento: Debe ser sincero, reconocer que las faltas que hemos cometido (como decimos en el Credo: en pensamiento, palabra, obra y omisión), no las debimos realizar y que tenemos el firme propósito de no volverlas a cometer.

La confesión de nuestros pecados: El arrepentimiento de nuestras faltas, por sí mismo no las borra, sino que necesitamos para ello la gracia de Dios, la cual llega a nosotros por la absolución de nuestros pecados expresada por el sacerdote en la confesión.

La penitencia: Que debemos cumplir empieza desde luego por la que nos imponga el sacerdote en el Sacramento de la Reconciliación, pero debemos continuar con la oración, que es la comunicación íntima con Dios, con el ayuno, que además del que manda la Iglesia en determinados días, es la renuncia voluntaria a diferentes satisfactores con la intención de agradar a Dios y con la caridad hacia el prójimo.

Y finalmente la Conversión que como hemos dicho es ir hacia delante, es el seguimiento a Jesús.

Es un tiempo de pedir perdón a Dios y a nuestro prójimo, pero es también un tiempo de perdonar a todos los que de alguna forma nos han ofendido o nos han hecho algún daño. Pero debemos perdonar antes y sin necesidad de que nadie nos pida perdón, recordemos como decimos en el Padre Nuestro, muchas veces repitiéndolo sin meditar en su significado, que debemos pedir perdón a nuestro Padre, pero antes tenemos que haber perdonado sinceramente a los demás.

Y terminemos recorriendo al revés nuestra frase inicial, diciendo que debemos escuchar y leer el Evangelio, meditarlo y Creer en él y con ello Convertir nuestra vida, siguiendo las palabras del Evangelio y evangelizando, es decir transmitiendo su mensaje con nuestras acciones y nuestras palabras.

Sugerencias para vivir la fiesta:

Asistir a la iglesia a ponerse ceniza con la actitud de conversión que debemos tener.
Leer la parábola del hijo pródigo, San Lucas 15, 11-32 o el texto evangélico de San Mateo 6, 1-8.

14 febrero 2015

Vía Crucis

Vía Crucis 2015



Preludio:             La Última Cena.
                            La traición de Judas.
                            La condena del Sanedrín.
                            Las negaciones de Pedro.

I estación:          Jesús es condenado a muerte.
II estación:          Jesús carga con la Cruz.
III estación:         Jesús cae por primera vez.
IV estación:         Jesús se encuentra con María, su Madre.
V estación:          Jesús es ayudado por el Cirineo a llevar la cruz.
VI estación:         El rostro de Jesús es enjugado por la Verónica.
VII estación:        Jesús cae por segunda vez.
VIII estación:      Jesús encuentra a las mujeres de Jerusalén.
IX estación:         Jesús cae por tercera vez.
X estación:          Jesús es despojado de sus vestiduras.
XI estación:         Jesús es crucificado.
XII estación:        Jesús muere sobre la cruz.
XIII estación:      Jesús en los brazos de su Madre.
XIV estación:      Jesús es colocado en el sepulcro.


LA ÚLTIMA CENA

Del evangelio según San Lucas. (22, 7-16)
Del evangelio según San Mateo. (26, 21-29)
Del evangelio según San Juan. (13, 4-17)
Del evangelio según San Mateo. (26, 31-35)
Del evangelio según San Lucas. (22, 39)

Llego el día de la fiesta de los panes sin levadura, en que se debía sacrificar el cordero para la Pascua. Entonces Jesús envió a Pedro y a Juan diciéndoles: “Vayan a preparar lo necesario para que celebremos la Cena de la Pascua”. Le preguntaron: “¿Dónde quieres que la preparemos?” Jesús le contesto: “Cuando entren a la ciudad, les saldrá al encuentro un hombre que lleva un jarro de agua.
Síganlo hasta la casa donde entre y díganle al dueño de casa “El Maestro manda a decirte: ¿Dónde esta la pieza en la que comeré la Pascua con mis discípulos? El mostrará una sala grande y amueblada en el piso superior. Preparen allí lo necesario.” Se fueron, pues,  hallaron todo tal como Jesús les había dicho, y prepararon la Pascua.

(Entran los discípulos y comienzan a preparar la mesa)
(Aparece Jesús)

Llegada la hora, Jesús se sentó a la mesa con los apóstoles…

(Jesús se sienta)

…les dijo: “Yo tenia gran deseo de comer esta Pascua con ustedes antes de padecer. Porque les digo que ya no volveré a comer hasta que sea nueva y perfecta Pascua en el Reino de Dios”.

(Comienzan a comer)

Mientras comían, les dijo “Uno de ustedes me va a traicionar” Se sintieron profundamente afligidos, y uno a uno comenzaron a preguntarle: “¿Seré yo, Señor?”

(Judas se levanta y se dirige hacia Jesús)

El contesto: “El que me va a entregar es uno de los que mojan su pan conmigo en el plato. El hijo del Hombre se va como dicen las escrituras, pero ¡Pobre de aquel que entrega al Hijo del Hombre! ¡Seria mejor para el no haber nacido! Judas el que lo iba  a entregar le pregunto también: “Seré yo, acaso,  Maestro” Jesús le respondió, “tu lo has dicho”.

(Judas se sienta)

Mientras comían, Jesús tomó pan, lo partió y lo dio a sus discípulos diciendo: “Tomen y coman; esto es mi cuerpo.”.

(Jesús parte el pan y lo reparte)(Música)

Después tomó una copa, dio gracias y se las paso diciendo: “Beban todos de ella; esto es mi sangre, la sangre de la nueva alianza, que es derramada por una muchedumbre, para perdón de sus pecados. Y les digo que desde ahora no volveré a beber del zumo de cepas, hasta el día en que lo beba de nuevo con ustedes en el reino de mi Padre.”

(Se pasan la copa) 

(Terminan de beber el caliz)
Entonces, Jesús se levanto de la mesa…
(Jesús se levanta y se dirige a una mesa. Pausa hasta que llega)

…se quito el manto y se ato una toalla a la cintura…
(Pausa hasta que Jesús se ata la toalla)

…echó agua en un recipiente…
(Echa agua en el recipiente, llama a Juan)

…y se puso a lavar los pies de los discípulos, y luego se los secaba con la toalla que se había atado.
(Lava los pies a los discípulos. Pausa hasta que llega el turno de Pedro.)

Cuando llego el turno de Simón Pedro, este le dijo, “¿Tu, Señor, me vas a lavar los pies a mi?” Jesús le contesto: “Tu no puedes comprender ahora lo que estoy haciendo. Lo comprenderás mas tarde.” Pedro le replico” Jamás me lavaras los pies”. Jesús le respondió “Si no te lavo no podrás tener parte conmigo.” Entonces Pedro le dijo: “Señor, lávame no solo los pies sino también las manos y la cabeza.”

Jesús le dijo: “El que se ha bañado esta completamente limpio y le basta lavarse los pies. Y ustedes están limpios aunque no todos.”

(Pedro se dirige donde Jesús. Sigue lavando los pies a los discípulos)
(Termina de lavarles los pies, va hacia la mesa)

Cuando terminó de lavarles los pies, se puso de nuevo el manto, volvió a la mesa y les dijo: “¿Comprenden lo que he hecho por ustedes? Ustedes me llaman Maestro y Señor, y dicen bien, porque lo soy. Pues si yo, siendo el Señor y el Maestro, les he lavado los pies, también ustedes deben lavarse los pies unos a otros. Yo les he dado ejemplo y ustedes deben hacer como he hecho yo.
En verdad les digo: El servidor no es más que su patrón y el enviado no es más que el que lo envía. Pues bien, ustedes ya saben estas cosas: felices si las ponen en práctica.”

Entonces Jesús les dijo “Todos ustedes caerán esta noche: ya no sabrán que pensar de mi. Pues dice la escritura: heriré al pastor y se dispersaran las ovejas. Pero después de mi resurrección iré delante de ustedes a Galilea.

Pedro empezó a decirle: “Aunque todos tropiecen yo nunca dudare de ti.” Jesús le replico: “Yo te aseguro que esta misma noche, antes de que cante el gallo, me habrás negado tres veces.”
Pedro insistió:” Aunque tenga que morir contigo, jamás te negare. Y los demás discípulos le aseguraban lo mismo.

Después Jesús salió y se fue, como era su costumbre, al monte de los olivos, y lo siguieron también sus discípulos.

Palabra del Señor. 

LA TRAICIÓN DE JUDAS

Del evangelio según San Mateo. (26, 36-46)

 Llego Jesús con ellos a un lugar llamado Getsemaní, y dijo a sus discípulos: “Siéntense aquí, mientras yo voy mas allá a orar.”
(Los discípulos se sientan)

 Tomo consigo a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo.
(Pedro, Santiago y Juan se levantan. Se van caminando junto a Jesús.)
(Llegan hasta el otro lugar)

Jesús comenzó a sentir tristeza y angustia. Y les dijo: “Siento una tristeza de muerte. Quédense aquí conmigo y permanezcan despiertos.”
(Los discípulos se sientan)

Fue un poco mas adelante y, postrándose hasta tocar la tierra con su cara, oro así: “Padre, si es posible, que esta copa se aleje de mi. Pero no se haga lo que yo quiero, sino lo que quieres tu.”
(Jesús se levanta y comienza a volver)

Volvió donde sus discípulos, los halló dormidos; y dijo a Pedro: “¿De modo que no pudieron permanecer despiertos ni una hora conmigo?” Estén despiertos y recen para que no caigan en la tentación. El espíritu es animoso, pero la carne es débil.
(Jesús se vuelve a ir)   

De nuevo se aparto por segunda vez a orar: “Padre, si esta copa no puede ser apartada de mi sin que yo la beba, que se haga tu voluntad.” Volvió otra vez donde los discípulos y los encontró dormidos, pues se les cerraban los ojos de sueño. Los dejo, pues y fue de nuevo a orar por tercera vez repitiendo las mismas palabras.
(Jesús  vuelve a irse, se postra en tierra. Luego vuelve) 

Entonces volvió donde los discípulos y les dijo: “¡Ahora pueden dormir y descansar! Ha llegado la hora y el Hijo del Hombre es entregado en manos de pecadores. ¡Levántense, vamos! El traidor esta a punto de llegar.”

Estaba todavía hablando, cuando llego Judas, unos de los Doce. Iba acompañado de chusma armada con espadas y garrotes, enviada por los jefes de los sacerdotes y por las autoridades judías. El traidor les habia dado esta señal: “Al que yo de un beso, ese es; arrestenlo.”
 (Judas se acerca a Jesús)

Se fue directamente donde Jesús y le dijo: “Buenas noches, Maestro.” Y le dio un beso. Jesús le dijo: “Amigo, haz lo que vienes a hacer.” Entonces se acercaron a Jesús y lo arrestaron.
 (Se acercan los soldados y comienzan a luchar con los Apóstoles)

Uno de los que estaban con Jesús saco la espada e hirió al sirviente del sumo sacerdote, cortándole la oreja. Entonces Jesús dijo: “Vuelve la espada a su sitio, pues quien usa la espada perecerá por la espada. ¿No sabes que podría invocar a mi Padre y Él, al momento, me mandaría más de doce ejércitos de Ángeles? Pero así habia de suceder, y tienen que cumplirse las Escrituras.”
En ese momento, Jesús dijo a la gente: “A lo mejor buscan a un ladrón por eso salieron a detenerme con espadas y palos. Yo sin embargo me sentaba diariamente entre ustedes en el Templo para enseñar, y no me detuvieron. Pero todo ha pasado para que así se cumpliera lo escrito en los Profetas.” Entonces todos los discípulos abandonaron a Jesús y huyeron.

Palabra del Señor.
LA CONDENA DEL SANEDRIN

Del evangelio según San Marcos. (26,57-68)

Los  que tomaron preso a Jesús lo llevaron a casa del sumo sacerdote Caifas, donde se habían reunido los maestros de la ley y las autoridades judías.  Pedro lo iba siguiendo de lejos, hasta llegar al palacio del sumo sacerdote. Entro en el patio y se sentó con los policías del Templo, para ver en que terminaba todo.

Los jefes de los sacerdotes y el consejo Supremo andaban buscando alguna declaración falsa contra Jesús, para poder condenarlo a muerte. Pero pasaban los falsos testigos y no se encontraba nada. Al fin llegaron dos que declararon: “Ese hombre dijo: yo soy capaz de destruir el Templo de Dios y de reconstruirlo en tres días.”

Entonces el sumo sacerdote se puso de pie y preguntó a Jesús; “¿No tienes nada que responder? ¿Qué es esto que declaran en contra tuya?” Pero Jesús se quedo callado. El sumo sacerdote le dijo: “En nombre del Dios vivo te ordeno que nos contestes: ¿Eres tu el Mesías, el Hijo de Dios?” Jesús le respondió: “Así es: a partir de ahora ustedes contemplaran al Hijo del Hombre sentado a la derecha del Dios Todopoderoso, y lo verán venir sobre las nubes del cielo.”

            Entonces el sumo sacerdote se rasgo las ropas, diciendo: “¡Ha blasfemado! ¿Para que necesitamos más testigos? Ustedes mismos acaban de oír estas palabras blasfemas. ¿Qué deciden ustedes?” Ellos contestaron: “Merece la muerte.”
            Luego comenzaron a escupirle en la cara y a darle bofetadas, mientras otros lo golpeaban diciéndole: “Mesías, ¡Adivina quien te pego!”

Palabra del Señor.

LAS NEGACIONES DE PEDRO

Del evangelio según San Mateo. (26, 69-75)

Mientras Pedro estaba sentado fuera en el patio, se le acerco una sirvienta de la casa y le dijo: “Tu también estabas con Jesús de Galilea.” Pero el lo negó delante de todos diciendo: “No se de que estas hablando.”

Y como Pedro se dirigiera hacia la salida, lo vio otra sirvienta que dijo a los presentes. “Este hombre andaba con Jesús de Nazaret.” Pedro lo negó por segunda vez, jurando: “Yo no conozco a ese hombre.”

            Un poco después se acercaron los que estaban allí y le dijeron a Pedro: “Sin duda eres uno de los galileos: se nota por tu modo de hablar.” Entonces Pedro empezó a profenir maldiciones y a afirmar con juramento que no conocía a aquel hombre.

(Breve pausa)

Y en aquel mismo momento canto un gallo. Entonces Pedro se acordó de las palabras que Jesús le habia dicho: “Antes de que cante el gallo me negaras tres veces.” Y saliendo fuera, lloro amargamente.

Palabra del Señor.



PRIMERA  ESTACION: JESUS ES CONDENADO A MUERTE

M: TE ADORAMOS CRISTO Y TE BENDECIMOS
T: PORQUE POR TU SANTA CRUZ REDIMISTE AL MUNDO.

Del evangelio según San Mateo. (27, 1-2, 11-18, 20-24, y 26)

Al amanecer, todos los jefes de los sacerdotes y las autoridades judías celebraron una reunión para decidir la manera de hacer morir a Jesús. Luego lo ataron y lo llevaron para entregárselo a Pilato, el gobernador.

Jesús compareció ante el gobernador, y este comenzó a interrogarlo. Le pregunto: “¿Eres tu el rey de los judíos? Jesús contesto: “Tu eres el que lo dice”. Los jefes de los sacerdotes y las autoridades judías lo acusaban, pero Jesús no contesto nada. Pilato le dijo: “¿No oyes todos los cargos que presentan contra ti?” Pero Jesús no dijo ni una palabra, de modo que el gobernador se sorprendió mucho.

Con ocasión de la Pascua el gobernador tenia la costumbre de dejar en libertad a un condenado, a elección de la gente. De hecho el pueblo tenia un detenido famoso, llamado Barrabas. Cuando se junto toda la gente, Pilato les preguntó quien debía ser dejado en libertad, ya que sabia que le habían entregado a Jesús por envidia. Mientras tanto, Los jefes de los sacerdotes y los jefes de los judíos persuadieron al gentío de que pidieran libertad de Barrabas y la muerte de Jesús. Cuando el gobernador volvió a preguntarles: “¿A cual de los dos quieren que les suelte?” Ellos contestaron:
(La gente del pueblo): “A Barrabas.”

Pilatos les dijo: “¿Y que hago con Jesús, llamado el Cristo?” Todos contestaron:
(La gente del pueblo): “¡Crucifícalo!

Pilatos insistió: “Que ha hecho de malo?” Pero ellos gritaban cada vez con mas fuerza:
(La gente del pueblo): “Que sea crucificado”

Entonces Pilatos le soltó a Barrabas. Mando a azotar a Jesús y lo entrego a los que debían crucificarlo.

Palabra del Señor.

MEDITACION: Perdón Jesús , me reconozco igual a toda la multitud, que te juzgo, sin darte ocasión a defenderte, ahora al juzgar al hermano, puede que por envidia o por debilidad o cobardía, seguimos juzgando sin reconocer lo injusto que somos, perdón Señor, perdón por juzgar y no juzgarnos, perdón.

ORACIÓN: Señor, has sido condenado a muerte porque el miedo al «qué dirán» ha sofocado la voz de la conciencia. Sucede siempre así a lo largo de la historia; los inocentes son maltratados, condenados y asesinados.

Cuántas veces hemos preferido también nosotros el éxito a la verdad, nuestra reputación a la justicia. Da fuerza en nuestra vida a la sutil voz de la conciencia, a tu voz. Mírame como lo hiciste con Pedro después de la negación.

Que tu mirada penetre en nuestras almas y nos indique el camino en nuestra vida. El día de Pentecostés has conmovido en corazón e infundido el don de la conversión a los que el Viernes Santo gritaron contra ti. De este modo nos has dado esperanza a todos. Danos también a nosotros de nuevo la gracia de la conversión.

Gloria al Padre…
SEGUNDA ESTACION: JESUS CARGA CON LA CRUZ
M: TE ADORAMOS CRISTO Y TE BENDECIMOS
T: PORQUE POR TU SANTA CRUZ REDIMISTE AL MUNDO.

Del evangelio según San Mateo. (27, 27-31)

Los soldados del gobernador se llevaron a Jesús al pretorio y reunieron alrededor de él a toda la compañía: lo desnudaron y le pusieron un manto de color púrpura y trenzando una corona de espinas se la ciñeron a la cabeza y le pusieron una caña en la mano derecha. Y doblando ante él la rodilla, se burlaban de él diciendo: «¡Salve, Rey de los judíos!». Luego lo escupían, le quitaban la caña y le golpeaban con ella en la cabeza. Y terminada la burla, le quitaron el manto, le pusieron su ropa y lo llevaron a crucificar.

Palabra del Señor.

MEDITACION: Sé Señor que tu estas cargando esta cruz por nosotros, injustamente aceptaste dar esos pasos por nuestro egoísmo,  perdón Señor, por no dar la cara y salir en defensa del hermano, que seria  salir en defensa tuya ya que cada vez que tratamos mal a otros, es a ti a quien se lo hacemos, perdón Señor.

ORACIÓN: Señor, te has dejado escarnecer y ultrajar. Ayúdanos a no unirnos a los que se burlan de quienes sufren o son débiles. Ayúdanos a reconocer tu rostro en los humillados y marginados. Ayúdanos a no desanimarnos ante las burlas del mundo cuando se ridiculiza la obediencia a tu voluntad. Tú has llevado la cruz y nos has invitado a seguirte por ese camino

Danos fuerza para aceptar la cruz, sin rechazarla; para no lamentarnos ni dejar que nuestros corazones se abatan ante las dificultades de la vida. Anímanos a recorrer el camino del amor y, aceptando sus exigencias, alcanzar la verdadera alegría.

Gloria.

TERCERA  ESTACION: JESUS CAE POR PRIMERA VEZ
M: TE ADORAMOS CRISTO Y TE BENDECIMOS
T: PORQUE POR TU SANTA CRUZ REDIMISTE AL MUNDO.

Lectura del libro del profeta Isaías 53, 4-6

Él soportó nuestros sufrimientos y aguantó nuestros dolores; nosotros lo estimamos leproso, herido de Dios y humillado, traspasado por nuestras rebeliones, triturado por nuestros crímenes. Nuestro castigo saludable vino sobre él, sus cicatrices nos curaron. Todos errábamos como ovejas, cada uno siguiendo su camino, y el Señor cargó sobre él todos nuestros crímenes.

MEDITACION: Perdón Señor ya que no te valen azotes ni blasfemias gritadas a tu camino, tienes tu primer caída y con ella nos continuas enseñando que hay que levantarse, que hay que seguir, aunque seamos nosotros mismos con nuestra soberbia los causantes de todo sufrimiento, pues estas cargando nuestra cruz que nosotros no sabemos llevar.

ORACIÓN: Señor Jesús, el peso de la cruz te ha hecho caer. El peso de nuestro pecado, el peso de nuestra soberbia, te derriba. Pero tu caída no es signo de un destino adverso, no es la pura y simple debilidad de quien es despreciado. Has querido venir a socorrernos porque a causa de nuestra soberbia yacemos en tierra.

La soberbia de pensar que podemos forjarnos a nosotros mismos lleva a transformar al hombre en una especie de mercancía, que puede ser comprada y vendida, una reserva de material para nuestros experimentos, con los cuales esperamos superar por nosotros mismos la muerte, mientras que, en realidad, no hacemos más que mancillar cada vez más profundamente la dignidad humana. Señor, ayúdanos porque hemos caído. Ayúdanos a renunciar a nuestra soberbia destructiva y, aprendiendo de tu humildad, a levantarnos de nuevo.

Gloria…
CUARTA ESTACION: JESUS SE ENCUENTRA CON SU MADRE
M: TE ADORAMOS CRISTO Y TE BENDECIMOS
T: PORQUE POR TU SANTA CRUZ REDIMISTE AL MUNDO.

Lectura del Evangelio según San Lucas 2, 34-35.51

Simeón los bendijo y dijo a María, su madre: «Mira, éste está puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; será una bandera discutida: así quedará clara la actitud de muchos corazones. Y a ti, una espada te traspasará el alma». Su madre conservaba todo esto en su corazón.

MEDITACION:  Santa Maria, Madre de Jesús, que amor profundo y puro demostraste ante ese sufrimiento tan grande. Te pido que nos ayudes a imitarte para amar al hermano sufriente y ayudar desinteresadamente  como tu. Perdón Señor por no amar como Maria.


ORACIÓN: Santa María, Madre del Señor, has permanecido fiel cuando los discípulos huyeron. Al igual que creíste cuando el ángel te anunció lo que parecía increíble –que serías la madre del Altísimo– también has creído en el momento de su mayor humillación.

Por eso, en la hora de la cruz, en la hora de la noche más oscura del mundo, te han convertido en la Madre de los creyentes, Madre de la Iglesia. Te rogamos que nos enseñes a creer y nos ayudes para que la fe nos impulse a servir y dar muestras de un amor que socorre y sabe compartir el sufrimiento.

Dios te salve María…


QUINTA ESTACION: JESUS ES AYUDADO POR EL CIRINEO
M: TE ADORAMOS Y CRISTO TE BENDECIMOS
T: PORQUE POR TU SANTA CRUZ REDIMISTE AL MUNDO.

(El centurión sale a buscar a un hombre)

Del evangelio según San Mateo. (27, 32)

Por el camino se encontraron con un hombre de Cierne, Llamado Simón, y le obligaron a que cargue con la cruz de Jesús.

Palabra del Señor.

MEDITACION:  Perdón Señor, queremos ayudarte a vos en nuestros hermanos, pero no forzadamente como Simón, sino que tu abras nuestro corazón para no dejar solos a los que pasan por malos momentos ayudando a llevar su cruz con todo amor y generosidad.


ORACIÓN: Señor, a Simón de Cirene le has abierto los ojos y el corazón, dándole, al compartir la cruz, la gracia de la fe. Ayúdanos a socorrer a nuestro prójimo que sufre, aunque esto contraste con nuestros proyectos y nuestras simpatías. Danos la gracia de reconocer como un don el poder compartir la cruz de los otros y experimentar que así caminamos contigo. Danos la gracia de reconocer con gozo que, precisamente compartiendo tu sufrimiento y los sufrimientos de este mundo, nos hacemos servidores de la salvación, y que así podemos ayudar a construir tu cuerpo, la Iglesia.

Gloria


SEXTA ESTACION: LA VERONICA ENJUGA EL ROSTRO DE JESUS
M: TE ADORAMOS Y CRISTO TE BENDECIMOS
T: PORQUE POR TU SANTA CRUZ REDIMISTE AL MUNDO.

Lectura del libro del profeta Isaías 53, 2-3

No tenía figura ni belleza. Lo vimos sin aspecto atrayente, despreciado y evitado por los hombres, como un hombre de dolores, acostumbrado a sufrimientos, ante el cual se ocultan los rostros; despreciado y desestimado.

Del libro de los Salmos 26, 8-9

Oigo en mi corazón: «Buscad mi rostro». Tu rostro buscaré, Señor, no me escondas tu rostro. No rechaces con ira a tu siervo, que tú eres mi auxilio; no me deseches, no me abandones, Dios de mi salvación.

MEDITACION:  Señor, perdónanos por no salir al encuentro como salió Verónica para aliviar el dolor de tu rostro con un paño. Ayúdanos a tener fortaleza para hacer algo por el hermano sufriente y que siempre tengamos un gesto de agradecimiento para todos con valor y amor.


ORACIÓN: Danos, Señor, la inquietud del corazón que busca tu rostro. Protégenos de la oscuridad del corazón que ve solamente la superficie de las cosas. Danos la sencillez y la pureza que nos permiten ver tu presencia en el mundo. Cuando no seamos capaces de cumplir grandes cosas, danos la fuerza de una bondad humilde. Graba tu rostro en nuestros corazones, para que así podamos encontrarte y mostrar al mundo tu imagen.

Gloria…

SÉPTIMA  ESTACION: JESUS CAE POR SEGUNDA VEZ
M: TE ADORAMOS CRISTO Y TE BENDECIMOS
T: PORQUE POR TU SANTA CRUZ REDIMISTE AL MUNDO.

Lectura del libro de las Lamentaciones 3, 1-2.9.16

Yo soy el hombre que ha visto la miseria bajo el látigo de su furor. El me ha llevado y me ha hecho caminar en tinieblas y sin luz. Ha cercado mis caminos con piedras sillares, ha torcido mis senderos. Ha quebrado mis dientes con guijarro, me ha revolcado en la ceniza.

Palabra de Dios.

MEDITACION:  Perdónanos Señor, porque en vez de ayudarte hacemos que tu cruz pese cada vez mas, pues en ti vamos apoyando la nuestra. Perdónanos por creernos superiores y no ayudar al prójimo a levantarse como lo haces tu con nosotros, ilumínanos Señor para aprender a levar nuestra cruz y saber levantarnos en cada caída y ayudar a levantar a los demás.

ORACIÓN: Señor Jesucristo, has llevado nuestro peso y continúas llevándolo. Es nuestra carga la que te hace caer. Pero levántanos tú, porque solos no podemos reincorporarnos. Líbranos del poder de la concupiscencia. En lugar de un corazón de piedra danos de nuevo un corazón de carne, un corazón capaz de ver. Destruye el poder de las ideologías, para que los hombres puedan reconocer que están entretejidas de mentiras. No permitas que el muro del materialismo llegue a ser insuperable.

Haz que te reconozcamos de nuevo. Haznos sobrios y vigilantes para poder resistir a las fuerzas del mal y ayúdanos a reconocer las necesidades interiores y exteriores de los demás, a socorrerlos. Levántanos para poder levantar a los demás. Danos esperanza en medio de toda esta oscuridad, para que seamos portadores de esperanza para el mundo.

Gloria al Padre…

OCTAVA ESTACION: JESUS CON LAS MUJERES DE JERUSALEN
M: TE ADORAMOS CRISTO Y TE BENDECIMOS
T: PORQUE POR TU SANTA  CRUZ REDIMISTE AL MUNDO.

Del evangelio según San Lucas. (23, 27-31)

Lo seguía muchísima gente, especialmente mujeres que se golpeaban el pecho y se lamentaban por el. Jesús volviéndose hacia ellas, les dijo: “Hijas de Jerusalén, no lloren por mi. Lloren más bien por ustedes mismas y por sus hijos. Porque llegaran días en que se dirá: “Felices las mujeres que no tienen hijos. Felices las que no dieron a luz ni amamantaron.” Entonces dirán: “¡Que caigan sobre nosotros los montes y nos sepulten los cerros!”.

Palabra del Señor.

MEDITACION:  Perdónanos Señor por esta compasión que lloramos, por no pensar seriamente todo lo que pudimos hacer y no hicimos, teniendo caridad y amor hacia los demás. Es así como tu nos enseñas a ayudarte. Danos fortaleza y verdadera caridad.

ORACIÓN: Señor, a las mujeres que lloran les has hablado de penitencia, del día del Juicio cuando nos encontremos en tu presencia, en presencia del Juez del mundo. Nos llamas a superar un concepción del mal como algo banal, con la cual nos tranquilizamos para poder continuar nuestra vida de siempre. Nos muestras la gravedad de nuestra responsabilidad, el peligro de encontrarnos culpables y estériles en el Juicio. Haz que caminemos junto a ti sin limitarnos a ofrecerte sólo palabras de compasión. Conviértenos y danos una vida nueva; no permitas que, al final, nos quedemos como el leño seco, sino que lleguemos a ser sarmientos vivos en ti, la vid verdadera, y que produzcamos frutos para la vida eterna.

Gloria.

NOVENA  ESTACION: JESUS CAE POR TERCERA VEZ
M: TE ADORAMOS CRISTO Y TE BENDECIMOS
T: PORQUE POR TU SANTA CRUZ REDIMISTE AL MUNDO.

Lectura del libro de las Lamentaciones 3, 27-32

Bueno es para el hombre soportar el yugo desde su juventud. Que se sienta solitario y silencioso, cuando el Señor se lo impone; que ponga su boca en el polvo: quizá haya esperanza; que tienda la mejilla a quien lo hiere, que se harte de oprobios. Porque el Señor no desecha para siempre a los humanos: si llega a afligir, se apiada luego según su inmenso amor.

Palabra de Dios.

MEDITACION: Perdónanos Señor por esta compasión que lloramos, por no pensar seriamente todo lo que pudimos hacer y no hicimos, teniendo caridad y amor hacia los demás. Es así como tu nos enseñas a ayudarte. Danos fortaleza y verdadera caridad.

ORACIÓN: Señor, frecuentemente tu Iglesia nos parece una barca a punto de hundirse, que hace aguas por todas partes. Y también en tu campo vemos más cizaña que trigo. Nos abruman su atuendo y su rostro tan sucios. Pero los empañamos nosotros mismos.

Nosotros quienes te traicionamos, no obstante los gestos ampulosos y las palabras altisonantes. Ten piedad de tu Iglesia: también en ella Adán, el hombre, cae una y otra vez. Al caer, quedamos en tierra y Satanás se alegra, porque espera que ya nunca podamos levantarnos; espera que tú, siendo arrastrado en la caída de tu Iglesia, quedes abatido para siempre.

Pero tú te levantarás. Tú te has reincorporado, has resucitado y puedes levantarnos. Salva y santifica a tu Iglesia. Sálvanos y santifícanos a todos.
Gloria al Padre…
 (Se llega a la plaza. Los soldados llevan la cruz y los ladrones hacia el lugar de la crucifixión. Luego llevan a Jesús al medio. Le quitan sus vestiduras.)


DECIMA ESTACION: JESUS ES DESPOJADO DE SUS VESTIDURAS.
M:   TE  ADORAMOS CRISTO Y TE BENDECIMOS
T: PORQUE POR  TU  SANTA CRUZ REDIMISTE AL MUNDO.

Del evangelio según San Mateo. (27, 33-43)

Cuando llegaron al lugar que se llama Gólgota (o Calvario), o sea, “Calavera”, le dieron de beber vino mezclado con hiel. Jesús lo probó, pero no quiso beber. Partieron entre ellos la ropa de Jesús y la echaron a suertes.

Palabra del Señor.

MEDITACION: Jesús mi Dios ¡Líbranos! Como a ti te despojaron de tu ropa que a nosotros nos quites a arrogancia de mirar al hermano con indiferencia por su apariencia y no por su conducta, su corazón y sus necesidades. Perdón Señor

ORACIÓN: Señor Jesús, has sido despojado de tus vestiduras, expuesto a la deshonra, expulsado de la sociedad. Te has cargado de la deshonra de Adán, sanándolo. Te has cargado con los sufrimientos y necesidades de los pobres, aquellos que están excluidos del mundo. Pero es exactamente así como cumples la palabra de los profetas.

Es así como das significado a lo que aparece privado de significado. Es así como nos haces reconocer que tu Padre te tiene en sus manos, a ti, a nosotros y al mundo. Concédenos un profundo respeto hacia el hombre en todas las fases de su existencia y en todas las situaciones en las cuales lo encontramos. Danos el traje de la luz de tu gracia. Gloria al Padre, al Hijo…

(Llevan a Jesús al escenario. Crucifican a los ladrones y luego a Jesús)

UNDÉCIMA ESTACION: JESUS ES CRUCIFICADO
M: TE ADORAMOS CRISTO Y TE BENDECIMOS
T: PORQUE POR TU SANTA CRUZ REDIMISTE AL MUNDO.

Del evangelio según San Lucas. (23, 39-43)

Encima de su cabeza pusieron un letrero con el motivo de su condena, en el que se leía: “Este es el rey de los judíos.” También crucificaron junto con él a dos ladrones, uno a la derecha y el otro a su izquierda. Los que pasaban por allí lo insultaban; movían la cabeza y decían: “¡Vaya! ¡Tu que destruyes el templo y lo levantas de nuevo en tres días! Si eres el Hijo de Dios, líbrate del suplicio y baja de la cruz.”
            Los jefes de los sacerdotes, los jefes de los judíos y los maestros de la ley también se burlaban de Él. Decían: “¡Ha salvado a otros y no es capaz de salvarse a si mismo! ¡Que baje de la cruz el rey de Israel y creeremos en Él! Ha puesto su confianza en Dios. Si Dios lo ama, que lo salve, pues el Él mismo dijo: Soy Hijo de Dios.”

MEDITACION: Ya Jesús esta  descansando de su caminar, con las manos y pies clavados, su sufrimiento continua por nuestra culpa. Perdón Señor, por no tener en cuenta a los que aquí continúan con su cruz  de enfermedad, queremos verte en cada uno de esos hermanos te veamos a ti señor.

ORACION: Señor Jesucristo, te has dejado clavar en la cruz, aceptando la terrible crueldad de este dolor, la destrucción de tu cuerpo y de tu dignidad. Te has dejado clavar, has sufrido sin evasivas ni compromisos. Ayúdanos a no desertar ante lo que debemos hacer. A unirnos estrechamente a ti. A desenmascarar la falsa libertad que nos quiere alejar de ti. Ayúdanos a aceptar tu libertad «comprometida» y a encontrar en la estrecha unión contigo la verdadera libertad.

Gloria.
DECIMOSEGUNDA ESTACION: JESUS MUERE EN LA CRUZ
M: TE ADORAMOS CRISTO Y TE BENDECIMOS
T: PORQUE POR TU SANTA CRUZ REDIMISTE AL MUNDO.

Del Evangelio según San Mateo 27, 45-50. 54

Desde el mediodía hasta la media tarde vinieron tinieblas sobre toda aquella región. A media tarde Jesús gritó: «Elí, Elí lamá sabaktaní», es decir: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?» Al oírlo algunos de los que estaban por allí dijeron: «A Elías llama éste».

Uno de ellos fue corriendo; enseguida cogió una esponja empapada en vinagre y, sujetándola en una caña, le dio de beber. Los demás decían: «Déjalo, a ver si viene Elías a salvarlo». Jesús probo el vino y dijo: “Todo esta cumplido.” Después inclino la cabeza y entrego el espíritu.

(Música)

En ese mismo instante, la cortina del Santuario se rasgo de arriba abajo, en dos partes.  La tierra tembló, las rocas se partieron, los sepulcros se abrieron, y resucitaron varias personas santas que habían llegado ya al descanso. Estas salieron de las sepulturas después de la resurrección de Jesús, fueron a la Ciudad Santa y se aparecieron a mucha gente.
El capitán y los soldados que custodiaban a Jesús, al ver el temblor y todo lo que estaba pasando, se llenaron de temor y decían: “Verdaderamente, este hombre era, Hijo de Dios”

Palabra del Señor.

MEDITACION: Por tanta cantidad de dolores aguantados consciente para nuestra salvación: ¡Jesús muere en la cruz! Que la muerte tan sufrida para Él sea para nosotros con actitud cristiana la luz Divina, el paso para estar junto al padre celestial, la salida de las tinieblas que vivimos.

ORACIÓN: Señor Jesucristo, en la hora de tu muerte se oscureció el sol. Constantemente estás siendo clavado en la cruz. En este momento histórico vivimos en la oscuridad de Dios. Por el gran sufrimiento, y por la maldad de los hombres, el rostro de Dios, tu rostro, aparece difuminado, irreconocible. Pero en la cruz te has hecho reconocer.

Porque eres el que sufre y el que ama, eres el que ha sido ensalzado. Precisamente desde allí has triunfado. En esta hora de oscuridad y turbación, ayúdanos a reconocer tu rostro. A creer en ti y a seguirte en el momento de la necesidad y de las tinieblas. Muéstrate de nuevo al mundo en esta hora. Haz que se manifieste tu salvación.


DECIMOTERCERA ESTACION: JESUS EN BRAZOS DE SU MADRE
M: TE ADORAMOS CRISTO Y TE BENDECIMOS
T: PORQUE POR TU SANTA CRUZ REDIMISTE AL MUNDO.

Lectura del Libro de Isaías

Creció en su presencia como vástago tierno, como raíz de tierra seca. No había en él belleza ni majestad alguna; su aspecto no era atractivo y nada en su apariencia lo hacía deseable. Despreciado y rechazado por los hombres, varón de dolores, conocedor de todos los quebrantos. Y como uno de quien los hombres esconden el rostro, fue despreciado, y no le estimamos.

Palabra de Dios.

MEDITACION: Todo termina, cuando bajan a Jesús muerto a los brazos de su madre, Maria Jesús te dejo como madre de todos nosotros, por eso pedimos que tengamos un corazón servicial como el tuyo, que ayudemos al hermano, que cuando él nos necesita ahí estemos, sin los intereses mundanos, solo con un corazón puro como te servimos a ti.


ORACION: Señor, has bajado hasta la oscuridad de la muerte. Pero tu cuerpo es recibido por manos piadosas y envuelto en una sábana limpia (Mt 27, 59). La fe no ha muerto del todo, el sol no se ha puesto totalmente. Cuántas veces parece que estés durmiendo. Qué fácil es que nosotros, los hombres, nos alejemos y nos digamos a nosotros mismos: Dios ha muerto. Haz que en la hora de la oscuridad reconozcamos que tú estás presente. No nos dejes solos cuando nos aceche el desánimo. Y ayúdanos a no dejarte solo. Danos una fidelidad que resista en el extravío y un amor que te acoja en el momento de tu necesidad más extrema, como tu Madre, que te arropa de nuevo en su seno.

Ayúdanos, ayuda a los pobres y a los ricos, a los sencillos y a los sabios, para poder ver por encima de los miedos y prejuicios, y te ofrezcamos nuestros talentos, nuestro corazón, nuestro tiempo, preparando así el jardín en el cual puede tener lugar la resurrección.

DECIMOCUARTA ESTACION: JESUS ES COLOCADO EN EL SEPULCRO
M: TE ADORAMOS CRISTO Y TE BENDECIMOS
T: PORQUE POR  TU  SANTA CRUZ REDIMISTE AL MUNDO.

Del evangelio según San Marcos. (15, 42-46)

Había caído la tarde. Como ere el día de la Preparación, es decir la víspera del sábado, intervino José de Arimatea. Ese miembro respetable del Consejo Supremo era de los que esperaban el Reino de Dios, y fue directamente donde Pilato para pedirle el cuerpo de Jesús.
            Pilatos se extraño de que Jesús hubiera muerto tan pronto y llamo al centurión para saber si realmente era así. Después de escuchar al centurión, Pilato entrego a José el cuerpo de Jesús. José lo bajo de la cruz y lo envolvió en una sabana que habia comprado, lo coloco en un sepulcro excavado en la roca e hizo rodar una piedra grande contra la entrada de la tumba.

Palabra del Señor.

MEDITACION: Señor te rogamos no tener temor a la muerte, tantas veces buscamos el triunfo personal, sin recordar que aquí solo estamos de paso, como tu dijiste “ el verdadero reino esta junto a Dios “ Jesús todo lo que has sufrido para dejarnos esta enseñanza de tu vida, amor y gloria. Señor perdona nuestros pecados, líbranos del mal y llévanos a la vida eterna.

ORACIÓN: Señor Jesucristo, al ser puesto en el sepulcro has hecho tuya la muerte del grano de trigo, te has hecho el grano de trigo que muere y produce fruto con el paso del tiempo hasta la eternidad. Desde el sepulcro iluminas para siempre la promesa del grano de trigo del que procede el verdadero maná, el pan de vida en el cual te ofreces a ti mismo. La Palabra eterna, a través de la encarnación y la muerte, se ha hecho Palabra cercana; te pones en nuestras manos y entras en nuestros corazones para que tu Palabra crezca en nosotros y produzca fruto. Te das a ti mismo a través de la muerte del grano de trigo, para que también nosotros tengamos el valor de perder nuestra vida para encontrarla; a fin de que también nosotros confiemos en la promesa del grano de trigo. Gloria al Padre…


DECIMOQUINTA ESTACION: JESUS RESUCITA