11 diciembre 2009

Cristo al centro

Un buen libro para el cultivo de la vida espiritual, que 
podemos regalar en esta Navidad a nuestros seres 
queridos, familiares y amigos.


 Los primeros cristianos se unían en comunidades para orar, para recibir las enseñanzas de los apóstoles, formando un solo cuerpo en Cristo. El cristianismo era como un aceite aromático que, derramado, penetraba y se extendía entre las familias, los amigos, los conocidos y los compañeros de trabajo. La Buena Nueva de Cristo se propagaba por contagio, de persona a persona, de mujer a marido, de padres a hijos, de señores a esclavos y viceversa. Ser cristiano y misionero era una sola cosa. La actividad misionera no requería un compromiso especial, les bastaba la conciencia de estar bautizados.
Hoy, como en los inicios del cristianismo, la renovación deberá venir de pequeños grupos de oración y de acción. Como chispas esparcidas por el mundo, capaces de prender al mundo entero. Pequeños grupos que en el encuentro con Cristo y con el hermano necesitado de amor, descubren la perla preciosa y viven su cristianismo de modo convincente y contagioso. «El Reino de los Cielos es semejante a un grano de mostaza que tomó un hombre y lo sembró en su campo. Es ciertamente más pequeña que cualquier semilla, pero cuando crece es mayor que las hortalizas, y se hace árbol, hasta el punto de que las aves del cielo vienen y anidan en sus ramas» (Mt 13,31-32).
Esto será una realidad en la medida en que sea Cristo quien ocupe el lugar central en el corazón de cada cristiano y en los planes de la nueva evangelización. No es una idea la que con la Iglesia proponemos, es Cristo. La Legión de Cristo y el Regnum Christi nos ofrecen una espiritualidad cristocéntrica y centrada en la caridad. Vivir amando en Cristo, desde Cristo, por Cristo, como Cristo, hasta que Él lo sea todo para el apóstol inflamado por el fuego de su amor. Cristo al centro. Sólo Cristo.
En este libro, la espiritualidad de la Legión de Cristo y el Regnum Christi se presenta en forma de breves reflexiones o pensamientos que pueden alimentar nuestro espíritu tanto en su dimensión contemplativa como apostólica. Como esas semillas que el Espíritu Santo va sembrando en nuestro corazón de apóstoles, semejantes al grano de mostaza.
Bastará con una reflexión al día que podamos hacer entrar en nuestro corazón y poner en práctica para colocar, cada vez más, a Cristo al centro.
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