13 marzo 2009

DOMINGO, EL AMIGO DE DIOS



Mis queridos amigos:


El día 9 de marzo celebramos el 152 aniversario de la muerte de Domingo Savio y su recuerdo, más vivo que nunca, nos compromete.
Don Bosco no duda en escribir en su biografía del joven Savio que en el Oratorio, “todos eran amigos de Domingo”.
Cuenta Don Bosco cómo era el “alma” de los recreos, bromeaba y creaba un ambiente alegre a su alrededor que hacía que sus compañeros lo buscasen porque a su lado se divertían.
Era el compañero vivaz, dicharachero y desenvuelto que se hacía querer por su buen humor, su sencillez y su bondad. Continúa Don Bosco: “Su semblante alegre, su índole vivaz, lo hacían querido de sus compañeros aún de aquellos más gamberros”.
Un día en que llegó al Oratorio un chico nuevo, Don Bosco – como en tantas otras ocasiones – pidió a Domingo que estuviese pendiente de él para que se encontrase a gusto desde el principio. Domingo se presentó a él y con amabilidad y cercanía le fue presentando a todos y enseñándole el Oratorio. Es el mismo Don Bosco quien nos transmite una estupenda conversación con Camillo Gavio, que así se llamaba el nuevo compañero: “¿Sabes? – le dijo Domingo - Aquí nosotros hacemos consistir la santidad en estar muy alegres... empieza también tú a hacer tuyo este programa de vida: ‘servid al Señor en alegría’ ¡Ya verás que bien!”.
Las tres sugerencias de Don Bosco a sus jóvenes: alegría, trabajo y piedad serán las claves del camino de crecimiento de muchos de ellos. En especial, la alegría será una de las características de la espiritualidad que él propondrá siempre a sus muchachos. La alegría que Don Bosco invitaba a vivir brota del corazón y tiene su fuente en la buena noticia del Evangelio y en el encuentro con Jesucristo.
No se trata de una sonrisa forzada y circunstancial, sino del gozo que brota del corazón cuando descubrimos que es posible vivir en armonía porque hemos experimentado el amor de Dios que en Jesucristo nos ha abrazado entrañablemente.
Esta es la experiencia de Domingo: sentirse amado por Dios y hacer crecer, en el encuentro con el Señor, espacios interiores de libertad que le hacen vivir en alegría la entrega generosa a los demás.
En la alegría, como valor a cultivar en la vida diaria, encontramos una vereda de crecimiento personal que le da a lo cotidiano un tono particular: capacidad para afrontar las dificultades sin dejarse vencer, ánimo para asumir las responsabilidades de cada día, optimismo para dar nuevos pasos en el compromiso personal, talante bondadoso en el encuentro con las personas para las que siempre tenemos el gesto oportuno y la palabra amable ¿No te parece un camino extraordinario? Es justo ahí, en la vida sencilla de cada día, donde se fragua la santidad simpática de Domingo Savio sin grandes alardes, pero con la profundidad de quien ha decidido no quedarse en la cáscara de las cosas.
¿Sabes? Sólo quien cuida su interioridad alcanza niveles de serenidad y de alegría impensables fuera de esta perspectiva. Cuida tu encuentro el Señor cada día, deja que tu amistad con él abra espacios de libertad en tu interior y ponle, también tú, una sonrisa amable y contagiosa a tu realidad cotidiana. Verás que todo se transforma.

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