23 diciembre 2015

No queremos que nos salven, déjennos vivir en paz.

Lo que esta ocurriendo en Argentina supera nuestra imaginación. Un gobierno elegido en tres tandas de elecciones democráticas legitimas y limpias, asume el poder y se transforma en un gobierno de facto. De golpe prescinde de la legitimidad jurídica buscando vericuetos inverosímiles de la ley para saltearse lo mandado en ella. Prescinde de la Constitución Nacional para determinar el día, la hora y la forma de asumir el mando, prescinde de convocar sesiones extraordinarias del Congreso Nacional para no darle trato parlamentario a los temas urgentes, prescinde de los protocolos de actuación de las fuerzas policiales en las manifestaciones publicas y dialoga con trabajadores en protesta por el inminente cierre de su fuente de trabajo solo después de haberles dado una paliza feroz con palos y balas. Prescinde de lo mandado en la Constitución y las leyes acerca de los cargos vitalicios y quiere removerlos con policías y actuaciones prepotentes. Montado en el discurso de la reducción de la pobreza toma medidas compulsivas que automáticamente transfieren miles de millones de pesos a los sectores empresarios y exportadores y 400 $ per cápita a los beneficiarios de la AUH para se compren la sidra. Los propios funcionarios guapean en los medios jactándose de que no van a cumplir leyes que no les gustan, bordeando el incumplimiento de los deberes de funcionario publico.
La derecha de nuestro país siempre tuvo un sesgo autoritario. Por eso nunca hasta ahora había tenido prejuicios de llegar al poder por fuera de las vías democráticas sino ayudada por las fuerzas armadas en contextos represivos. Este no es el caso pero aun así la vía democrática por la que accedieron al poder no los ha transformado evidentemente en republicanos. Pero tanta irracionalidad y prepotencia no es ingenua. Tiene un relato detrás que juega de autojustificación y convierte en “necesarias” estas medidas atropelladas y violentas. Nos vienen a salvar del populismo, del desorden y el aluvión zoológico. Son los dueños (o los gerentes) del país. Declaran que todo lo construido por otros durante años es basura, porque ellos son los portadores de la alegría. Ellos son la normalidad. Son la reserva moral contra la corrupción.
Nótese que las dictaduras recientes a pesar de haber tomado el poder por asalto utilizaron un “leitmotiv”, un slogan apoyado en una presunta noble tarea de rescate. La “Revolución Libertadora” contra Perón en el ‘55, la “Revolución Argentina” de Onganía y el “Proceso de Reorganización Nacional” mas reciente. Ahora en un contexto democrático y un clima de época mas modernoso y light también debe haber una revolución: “La Revolución de la Alegría” acompañada de un imperativo: Cambiemos.
Estos procesos de derecha nos sugieren cambio radical revolucionario, un volver a empezar compulsivo. Incendiar todo lo anterior, aniquilarlo, desaparecerlo, no dejar ni huellas ni rastros de un proceso civilizatorio anterior. Como en el 55, esconder bien lejos a Perón y prohibir su nombre. Como en el 76 “liberarnos del enemigo apátrida” como justificación de un genocidio. Porque nos venden que la verdadera civilización son ellos. Lo anterior fue un desorden, un autoritarismo, un desquicio, un error. Y es verdad porque lo dicen ellos que son los dueños de todo, incluso de la verdad. Y aunque los que llegan hagan ahora las cosas que criticaron antes, no importa, ellos son distintos. Los Yuanes chinos era papeles de colores fantasiosos en el gobierno anterior. Ahora sirven, suman son importantes porque los usan ellos. Las leyes son buenas pero a veces no sirven, son ellos la garantía del orden. Aquí hay una mentira grave: su discurso y su “ser” son lo que legitima sus practicas. No la Constitución o la Ley. Es un gobierno de facto.
La historia se repite aunque en moldes distintos. Pero ese impulso arrasador y ese relato pseudorevolucionario viene acompañado de una fuerte carga irracional. Porque vienen a liberarnos de cosas buenas y las reemplazan con cosas peores. Vienen a liberarnos de la distribución de la riqueza, la valorización del salario y nos traen la alegría de la devaluación, la inflación y el endeudamiento externo. Vienen a liberarnos de la libertad de expresión y nos traen la alegría del blindaje mediático oficial y los medios concentrados. Vienen a liberarnos de un gobierno que nos permitió ganar la calle como lugar de cultura y expresión y nos traen la alegría de estar encerrados por miedo a que nos repriman. Ya lo dijo Maria Elena Walsh: en el Reino del Revés cabe un oso en una nuez.
No queremos que nos liberen de nada, déjennos vivir en paz. No necesitamos que vengan a fumigar al pueblo infectado de populismo y vagancia. Respeten las leyes, cumplan la palabra empeñada si es que vale algo, respeten lo construido aunque no les guste, abandonen la lógica de la superioridad patoteril del patrón de estancia. Construyan a su estilo si quieren pero sin destruir, ni mentir descaradamente, sin atropellar por fuera de la ley, sin volcar la economía del lado de los siempre ganadores.
No vamos a dejar que nos impongan una felicidad artificial y autoritaria que encubre un futuro sombrío para nuestro pueblo.
    Foto de Marcelo Ciaramella.
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