10 julio 2014

Homilía de la Misa en el 13º aniversario de la pascua del Padre Obispo Jorge Novak


“Misionero de la alegría del Evangelio”




Hermanas y hermanos:

A los 13 años de la pascua de nuestro primer pastor, el Padre Obispo Jorge Novak, nos reunimos para celebrar la Pascua de Cristo, el Buen Pastor. Es en torno a la mesa de la Eucaristía donde los cristianos renovamos la alegría de la Pascua. Jesús es el que vence la tristeza de la muerte. Él nos llena de vida, y vida en abundancia.

Este año conmemoramos los 60 años de la ordenación sacerdotal del querido Padre Obispo Jorge. Su Misa era su vida. A cuántos alimentó con ese Jesús que se partía entre sus manos, hecho pan para todos. Esta Eucaristía que cada día lo identificaba cada vez más con el Jesús del Evangelio, de la Buena Noticia, Pan de vida.
 
Hoy lo recordamos como el “misionero de la alegría del Evangelio”. Desde niño su corazón palpitaba fuerte con la misión. Su Congregación del Verbo Divino, (agradezco la presencia del P. Luis Liberti), lo fue preparando y enriqueciendo para ser misionero para el mundo sin fronteras. Se hizo uno con la misión de la Iglesia. ¿Cuál es esa misión?: Difundir en el mundo la llama de la fe en Dios que es Padre, amor, misericordia.

Su obediencia a Cristo y su Iglesia, fraguada en un verdadero corazón de niño, como Jesús nos enseñó, lo fue haciendo un hombre de servicio, en las diversas responsabilidades que se le confiaron. Así fue, hasta que el recordado Papa Pablo VI lo nombró primer obispo de Quilmes. Era la misión que el Señor le tenía reservada en sus misteriosos designios. Durante sus veinticinco años de pastor, Quilmes lo conoció como un “misionero de la alegría del Evangelio”. Con su sobriedad y sencillez, mezcla de su ascendencia alemana y de sus profundas virtudes cristianas, siempre transmitió la paz y la alegría de la comunión con Dios.

Las muchísimas fotos que tenemos así lo testimonian. Pero las sonrisas más tiernas y frescas las advertimos en esas en que se encuentra rodeado de los humildes de nuestros barrios. Me viene a la memoria el pasaje del evangelio, cuando Juan el Bautista envía a sus discípulos a preguntarle a Jesús si era Él el que debía venir o había que esperar a otro (Lc. 7, 20). Jesús respondió a los enviados: “Vayan a contar a Juan lo que han visto y oído: los ciegos ven, los paralíticos caminan, los leprosos son purificados y los sordos oyen, los muertos resucitan y la Buena Noticia es anunciada a los pobres” (Lc. 7, 22-23)

El Padre Obispo Jorge fue un incansable misionero. Se encarnó en la cultura de la gente para hacer brillar la luz del evangelio. En medio de las tinieblas del miedo y de la mentira, hizo brillar la luz de la verdad y del amor.

Lo que hoy el Papa Francisco nos invita a toda la Iglesia a “salir afuera”, la misión a las periferias existenciales, el Padre Obispo Novak no sólo lo enseñó, sino que lo vivió intensamente, y se preocupó que todos se formaran con esa convicción. Tenía muy claro que para la Iglesia, ser fiel a su propia naturaleza no es primordialmente custodiar un depósito de doctrina, sino “salir de sí misma evangelizando”, sirviendo, comunicando vida, haciendo presente el amor misericordioso de Dios que nos saca del encierro de nuestra aparente seguridad para ir al encuentro del otro.

El tenía muy presente que el corazón de la misión tiene que ver con algo fundamental: que cada persona se sienta amada por Dios, más allá de sus limitaciones, y así pueda reconocer su propia dignidad y su llamado a la comunión.

Cuando una vez le preguntaron cuál era su “originalidad” en la tarea pastoral, él contestó: “mi originalidad no ha sido otra que llevar a la práctica el Concilio Vaticano II”. El Padre Obispo Jorge Novak fue un pastor que encarnó las enseñanzas pastorales del Concilio.

El espíritu renovador del Concilio, que Pablo VI sintetizó admirablemente en “Evangelii Nuntiandi”, fue el que impulsó la misión de nuestro querido Padre Obispo.

En este mes de julio del 2014, providencialmente tenemos el recuerdo de grandes pastores argentinos que con su vida rubricaron ese estilo del Concilio, y que por ello también sufrieron, al modo de los profetas, y hoy brillan en nuestro camino de conversión pastoral de la Iglesia: los obispos Enrique Angelelli, Jorge Novak y Carlos Horacio Ponce de León.

La semana pasada, el fallo unánime de la justicia demostró que el “obispo de los llanos de La Rioja” fue asesinado. Mártir de la fe, pastor de los pobres. Con su sangre selló lo que vivió y predicó. Esta Iglesia de Quilmes hoy, recordando a su primer pastor, saluda al pastor de La Rioja, el Padre Obispo Marcelo Colombo, hijo de esta Iglesia, por su compromiso en pos de la verdad y la justicia; y abrazamos fuertemente al pueblo riojano; a esa Iglesia que Mons. Angelelli amó hasta el extremo. Para que sigan floreciendo los frutos de la fraternidad y de la justicia, de la comunión y de la paz. Desde aquí acompañamos los deseos del Padre Obispo Marcelo, expresados en su reciente homilía del 3 de julio: “como Iglesia de La Rioja, queremos prolongar la misión de Jesucristo entre los hombres y transitar sin titubeos, por fidelidad al mismo Señor de la historia, aquellos caminos que Mons. Angelelli resueltamente propuso: la renovación eclesial (…), el servicio como contenido y método pastoral (…), la opción preferencial por los pobres y excluídos, la conversión pastoral de nuestras instituciones, la búsqueda entre todos de la voluntad de Dios para su Iglesia, “con un oído en el pueblo y otro en el Evangelio”.

También, el próximo 11 de julio, recordaremos la muerte, en otro “dudoso accidente”, de Mons. Carlos Horacio Ponce de León. Otro hombre del Concilio. Su palabra fue clara y valiente en épocas de mentiras y de terror; cuando estar junto a los pobres y sus necesidades, era una amenaza para el sistema imperante y motivo para ser marcado como candidato a ser eliminado. Soy testigo de que las amenazas de muerte eran el pan de cada día. Eso no lo frenaba en su trabajo pastoral, ocupado en las cosas sencillas del pastoreo, como también en la preocupación por tantos que quedaban sin trabajo, de madres que lloraban la muerte o desaparición de sus hijos, igualmente preocupado por sus sacerdotes y seminaristas. Fue un evangelizador alegre y entusiasta. También la Iglesia de San Nicolás de los Arroyos lo recuerda como padre, amigo y pastor.

Esta Iglesia de Quilmes, como cada 9 de julio, recuerda al Padre Obispo Jorge Novak. Hoy queremos renovar el compromiso de caminar por las sendas que él inició aquí, animados por las enseñanzas del Papa Francisco, particularmente en su Exhortación “Evangelii Gaudium”.  Son cuatro las motivaciones que nos deben alentar:

El amor de Jesús que hemos recibido es la primera motivación pastoral. El verdadero misionero, que siempre es un discípulo, sabe que Jesús camina con él, habla con él, respira con él, trabaja con él. Percibe a Jesús vivo con él, en medio de la tarea misionera (EG. 266)

El gusto espiritual de ser pueblo, estar cerca de la gente, es la segunda fuerza motivadora. La misión es una pasión por Jesús, pero, al mismo tiempo, es una pasión por su pueblo (EG. 268). Así, cada vez que se nos abren los ojos para reconocer al otro, se nos ilumina más la fe para reconocer a Dios” (EG. 272)

El sentido de misterio, que nos hace reconocer detrás de los aparentes fracasos, la acción misteriosa del Resucitado y de su Espíritu. Es la otra fuerza que nos anima y estimula. Porque la Resurrección de Jesús “siempre puede sorprendernos gratamente. Ahí está, viene otra vez, lucha por florecer de nuevo. La resurrección de Jesús provoca por todas partes gérmenes de ese mundo nuevo” (EG. 278). “No hay mayor libertad que dejarnos conducir por el Espíritu, renunciar a calcularlo y controlarlo todo, y permitir que él nos ilumine, nos guíe, nos oriente, nos impulse hacia donde él quiera. Él sabe bien lo que hace falta en cada época y en cada momento” (EG. 280)

Por último, la oración de unos por otros. Es el ejemplo de Jesús, como lo vemos en el evangelio que hemos escuchado hoy (Jn. 17, 24-26), el que nos mueve a rogar al Padre por los demás. Sintiéndonos “uno”. Que nuestro corazón sea profundamente intercesor, orando por los demás. Esto nos estimula a la entrega evangelizadora y nos motiva a buscar el bien de los demás (EG. 281).

La Virgen Madre de Luján, a quien entrañablemente amaba el Padre Obispo Jorge, interceda por todos nosotros, para llevar a cabo la conversión pastoral, al modo como él la vivió entre nosotros.


 
+ Carlos José Tissera
Obispo de Quilmes
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