30 julio 2014

El maltrato no es educativo







Uno de cada cuatro padres le pega a sus hijos El chirlo, la palmada en la mano, el coscorrón y la bofetada son, para muchos padres, formas habituales de corregir a sus hijos. Algunos, convencidos de que es lo mejor para la crianza, otros, sin demasiado análisis. Según cifras de Unicef, uno de cada cuatro padres reconoce usar estos métodos. Para el Movimiento Mundial por la Infancia de Latinoamérica y el Caribe, la violencia contra los niños es un flagelo en la región y por eso la Organización de las Naciones Unidas recomendó leyes específicas contra todo tipo de maltrato infantil.
Todavía hoy, padres de todos los estratos sociales, económicos y educativos siguen pegándoles a sus hijos como parte de la crianza cotidiana. “Es que el castigo físico como parte del repertorio de conductas para educar está naturalizado”, dice Fernanda Tarica, médica especialista en violencia. “Lo que hay que cambiar es el sistema de creencias que sigue arraigado en la sociedad. El patriarcado está vigente. Y a los niños se los sigue viendo como objeto de control, como algo a adoctrinar. En ese contexto, el castigo físico sigue siendo legítimo para muchos”.
Tarica explica claramente que a los golpes el chico no aprende nada, o lo único que aprende es a pegar: “Parece efectivo, pero lo es sólo en lo inmediato. El niño castigado se inhibe porque tiene miedo”.
El maltrato infantil es un atentado a los derechos más básicos de los chicos y adolescentes. La Convención sobre los Derechos del Niño  exige adoptar “todas las medidas legislativas, administrativas, sociales y educativas para proteger al niño contra toda forma de perjuicio o abuso físico o mental, descuido o trato negligente, malos tratos o explotación, incluido el abuso sexual”.
En 2006, el Comité de los Derechos del Niño de la ONU volvió a reclamar a los países miembros que prohíban toda forma de castigo físico y trato degradante contra los niños. Es que los chicos siguen sufriendo malos tratos en los lugares donde se supone que están siendo protegidos: en sus propios hogares o en la escuela misma.
No sólo una paliza tremenda es maltrato. Los gritos constantes, la denigración, la indiferencia sostenida también pueden resultar devastadoras.
“Se conocen tres formas principales de maltrato infantil: físico, emocional o psicológico y por negligencia o abandono. Las formas de maltrato producen lesiones físicas y emocionales indelebles, muerte o cualquier daño severo”, dice un informe de la Secretaría Regional para América Latina del Estudio de Violencia contra Niños y Adolescentes.
Argentina tiene la ley 26.061 de Protección de la Infancia. El artículo 9 reconoce el derecho de los niños a su dignidad e integridad física, establece las obligaciones de los organismos del Estado así como de las personas que tomen conocimiento de situaciones de malos tratos. Deja expresa la prohibición del castigo corporal, aún cuando no provoque lesiones visibles.
En este sentido Tarica expresa: “Les pretendemos enseñar a no gritar y no pegar, y lo hacemos a los gritos y con golpes. Y nadie nos sanciona por eso porque nadie ve. Es la impunidad total. La doble moral de los adultos”.
Se sabe que los límites son saludables y necesarios. Para muchos adultos, también.
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