10 junio 2014

Rector Mayor de los Salesianos: “Don Bosco no es propiedad de los salesianos, es de la Iglesia universal”

Ángel Fernández Artime: “El Papa Francisco quiere que la Iglesia sea una madre que no condena sino que recibe en los brazos”

“Creo en la Iglesia que mira a los pobres y a la gente sencilla, que da prioridad al Evangelio”


Algunos hablan de que estamos viviendo un tiempo de primavera en la Iglesia. Yo creo que es cierto, y que es posible gracias a Francisco, un hombre sencillo que impulsa la verdad, que quiere ser cercano y que no condena  
 
(Jesús Bastante).- Estamos en la casa de los salesianos en Madrid con Ángel Fernández Artime, X Rector Mayor y primer español sucesor de Don Bosco. Artime conoció a Bergoglio en su período argentino, y se alegra de que ahora tenga "una oportunidad tan grande de explicitar todo lo que llevaba dentro ya en su época de cardenal". Y concluye con un mensaje esperanzador de cara al futuro: "La Iglesia que mira a los pobres y que da prioridad al Evangelio siempre va a tener garantizada la entrada en el corazón de las personas", asegura.
Este fin de semana ha estado explicando a la Familia Salesiana la reorganización de las provincias de la congregación, que no es el único cambio que experimenta en estos momentos la comunidad salesiana: "El color de la piel de la congregación salesiana ha cambiado radicalmente en comparación a hace 25 años", explica Artime, que celebra esa apertura al mundo de los seguidores de Don Bosco.
Para los salesianos la educación "es mucho más que la escuela" y los jóvenes "nunca son un problema", afirma el rector, que cree que la educación "es siempre la gran inversión y el gran desafío de una sociedad".

Eres el primer sucesor de Don Bosco español...
Sí, de los rectores que ha habido hasta ahora el primer español soy yo.
¿Qué supone ser el líder de una de las congregaciones religiosas más relevantes de la Iglesia en la actualidad?
Bueno, esa idea de líder lo la manejamos así. Pero ser el primero en la Familia Salesiana y en la congregación al que le toca ayudar a ir haciendo un camino, es un motivo de profunda e íntima alegría, porque confías en que Don Bosco te seguirá asistiendo con ayuda del Espíritu. Ciertamente es una gran responsabilidad, porque implica el desafío de que juntos consigamos garantizar el carisma que Don Bosco encarnó y que fue suscitado por el Espíritu. No nos podemos desviar de ese núcleo, como sucesores de Don Bosco.
Un carisma que está imbuido en dos ambientes siempre de actualidad, y por tanto siempre "conflictivos": los jóvenes y el mundo de la educación. ¿Cuáles son las líneas de trabajo y de actuación que seguís en esos dos ámbitos de vuestra labor?
Puede que suene a tópico, pero a mí me gusta decirlo de esta manera expresiva: Por nuestra condición humana, lo haremos mejor o peor, pero nosotros los salesianos llevamos grabados a los jóvenes en nuestro ADN constitutivo, desde Don Bosco. Los jóvenes para nosotros nunca son un problema. Son siempre una oportunidad. Entre otras cosas, porque los jóvenes de hoy son los padres y madres de mañana, de muy pronto. Entonces, ver a un joven como un problema es realmente preocupante.
Por otro lado, para nosotros la educación es mucho más que la escuela. Yo no aceptaría que se nos asociara sin más con escuelas. Nuestro carisma por la educación se concreta en muchos ámbitos además de la escuela: la educación en el tiempo libre, el trabajo desde la dimensión educativa, la dimensión evangelizadora en la parroquia... La educación siempre es la gran inversión y el gran desafío de una sociedad. Nosotros creemos que desde la educación podemos hacer un trabajo muy profundo e integral con el joven y la joven, y un trabajo que también es evidentemente evangelizador, porque no nos quedamos solamente en el ámbito puramente social. Pero siempre en el marco de una gran libertad.
Actualmente se habla de la presentación del Evangelio a los jóvenes como uno de los grandes retos y de las grandes dificultades para una sociedad que está cada vez más alejada de la Iglesia como institución. ¿Se constatan esas dificultades, o más allá de ellas son muchas más las oportunidades que se encuentran?
Lo primero es que, cuando hablamos de jóvenes, hay que ver de qué jóvenes hablamos. Sólo en España hay toda una gama de jóvenes, no te cuento si pensamos en los demás continentes. ¿Un joven español tiene mucho en común con un joven de la India? Tiene algo en común, pero tiene mucho más de diferente.
En segundo lugar, yo creo, como muchos teólogos y sociólogos, que los jóvenes siguen teniendo una capacidad muy interesante para sintonizar con toda la dimensión trascendente. Hay estudios muy serios que, mirando la globalidad del mundo (no sólo España) han visto cómo la religiosidad sigue en aumento. La clave está por tanto, en cómo ser capaces de conectar con esta dimensión profunda del joven, cómo ofrecerles algo que realmente les llegue. Y en este sentido, creo que el Papa está siendo un increíble comunicador. Es un hombre muy profundo en su pensamiento (y yo creo que eso la gente lo capta), pero es un servidor de la Iglesia que, desde su manera de comunicar, llega. Tanto con el contenido como con los signos. Porque es muy directo.
Ése es un desafío grande que tenemos.


Francisco le ha dado la vuelta al calcetín de la opinión pública en apenas un año y medio. Usted le conoce de su época Argentina. ¿Era ya así?
Todo lo que vemos en el Papa Francisco ahora ya lo tenía el cardenal Jorge Mario Bergoglio que yo conocí. Lo que pasa es que ahora tiene una oportunidad muy grande de explicitar todo lo que llevaba dentro. Más que la que tenía como cardenal en una diócesis. Pero ya tenía sus más importantes rasgos: una humildad admirable, una inmensa cercanía, y una sencillez y una sobriedad de vida que ahora llaman la atención, pero que él llevaba con toda normalidad. Siempre te devolvía la llamada, de inmediato. Y algo especial en él es la opción por los últimos. Yo le recuerdo visitando las villas periódicamente. Y allí, con los desfavorecidos, se transformaba todavía más en pastor.
Es lo que ocurre ahora cuando pasa del momento de la liturgia (en el que se le ve metido totalmente dentro de sí mismo, concentrado) a saludar a la gente. Se produce un "clic", un cambio muy visible. Él tiene esa capacidad.
Algunos hablan de que estamos viviendo un tiempo de primavera en la Iglesia. Yo creo que es cierto, y que es posible gracias a Francisco, un hombre sencillo que impulsa la verdad, que quiere ser cercano y que no condena. Y que está dando la imagen, en definitiva, de que la Iglesia también puede decir una palabra. Pero cuando me preguntan esto siento del deber moral de ser honesto y decir que, según mi opinión, tenemos un Papa Francisco porque hemos tenido un Papa Benedicto XVI, a quien yo creo que la historia va a hacer justicia. Como comienza a hacer justicia ahora por ejemplo a Pablo VI.
Lo digo porque ambos papas son diferentes, con distintos estilos de servicio a la Iglesia y distintas historias, pero lo que yo rescato de Benedicto XVI es la decisión que tomó. Hace falta ser muy libre, muy inteligente y todo un hombre de fe para ello. Y creo que es importante subrayarlo.

¿Esa decisión cambió la forma de entender el papado? ¿Nota en su contacto con la gente esa nueva sensación de que se puede hablar de cualquier cosa sin temor a ser condenado, que se pueden plantear determinadas cuestiones? ¿Lo nota en su trato con eclesiásticos y seglares en Roma?
Sí, la forma de entender el papado ya ha cambiado. En Roma la verdad es que paso poco tiempo porque la mayoría de las veces estoy fuera, pero lo que sí que noto es que, dado que el Papa se expresa de esa manera, hay una voluntad de estar en la misma sintonía.
Lo que está siendo muy significativo del Papa Francisco es que quiere que se pueda hablar con un grupo de expertos de sensibilidades muy diversas para afrontar distintos temas de la Iglesia. Creo que esto es un signo muy interesante para seguir pensando y dialogando.
Habrá cosas que sean revisadas y quizás haya otras que no lo van a ser nunca. Pero su actitud hacia esto es la de ser un hombre de misericordia que quiere que la Iglesia sea madre ante todo. Una madre que no condena sino que recibe en los brazos. Esos son rasgos muy propios del Papa Francisco.
¿Qué crees que os pide a la vida religiosa?
Facilísimo, sobre todo cuando a nosotros los salesianos nos lo ha recordado hace poco en la audiencia que tuvimos: A la vida religiosa nos pide que seamos aquello para lo que hemos nacido. Que seamos auténticos, que no nos entretengamos en cosas de menor importancia. Y a nosotros los salesianos, en concreto nos ha recordado que seamos muy fieles a Don Bosco. Que sigamos por la pasión por los jóvenes. Que dediquemos a los mejores salesianos a estar también con los últimos, con los jóvenes que más nos necesitan; y que cuidemos extremadamente nuestro sentido de familia, de estar cercanos a la gente, de estar con la gente sencilla.
Es una llamada de atención muy bonita e inquietante, pero que al mismo tiempo nos es muy familiar.


Algunos "acusan" a este Papa de decir cosas que a todo el mundo le gustan. ¿Estás de acuerdo con esa percepción?
En absoluto. Discrepo radicalmente de esas miradas, porque el Papa hace muchas llamadas a la libertad, pero también a la responsabilidad. Las personas que hacen esas acusaciones tendrán otros intereses, o alguna idea preconcebida que les lleve a otro tipo o modelo de Papa. Pero si uno lee cada una de sus intervenciones, muchas de las cuales están diseñadas expresamente por él en los puntos principales, verá que son intervenciones muy sencillas pero con una gran intención.
En noviembre estuvo recibiendo a todos los superiores generales de las congregaciones, con una gran fraternidad, en un encuentro de dos horas y medias. Y el mensaje era muy vivo, pidiendo justamente que los religiosos seamos una alternativa en el mundo de hoy, en cuanto a nuestro vivir, nuestro acoger, nuestro ser cercanos a quienes más nos puedan necesitar.
¿Qué hay de ese pulso entre vida religiosa y obispos? ¿No da la sensación, al menos en nuestro país, de que son dos mundos que no terminan de entenderse?
No puedo hablar de eso porque no lo he vivido. El contacto que he tenido con obispos españoles mientras he estado en España ha sido excelente. Creo que hay voluntad de sumar. Yo subrayaría esto, más positivo.
Estamos en unos tiempos tan complejos y tan cambiantes, que creo que la palabra de todos (los pastores, los obispos y os religiosos) es un llamada a seguir sumando fuerzas. Porque lo que necesitan los jóvenes, el pueblo y la gente es sentir que vamos a hacer entre todos lo mejor que podamos. No es tiempo de guerras, sinceramente. Yo estoy muy lejos de esas miradas.
Se ha creado una nueva configuración de los Salesianos en España, que queda organizada en dos inspectorías: María Auxiliadora y Santiago el Mayor. El sábado pasado te dirigiste a responsables salesianos, seglares, directores de colegios y de obras salesianas, y planteaste que el carisma de Don Bosco no es exclusivo de los consagrados, sino de toda la familia salesiana. ¿Apelaste al mismo sentimiento de corresponsabilidad al que apela Francisco?
Lo del carisma antes que yo lo ha dicho mil veces el padre Pascual Chávez. Los carismas son un don para la Iglesia, no son propiedad de nadie. Don Bosco no es propiedad de los salesianos, ni de la familia salesiana. Es de la Iglesia universal.
En este sentido, sigo recordando que cada vez sentimos más la gran fuerza que tiene el ser corresponsables en la misión. Pero es que realmente creemos que tenemos una magnífica misión compartida con una gran identidad cristiana y salesiana.
Por otro lado, hemos hecho algo propio de quien sabe que está en contacto con un organismo vivo. Las instituciones no son pétreas, y ¡ay de ellas sin son pétreas!
Nosotros hemos hecho la experiencia de reunificar las inspectorías en Italia y en Argentina. Yo viví esa experiencia en Argentina, y me di cuenta de que ese rediseño nos llevó a una nueva manera de estar y de poder llegar más y mejor a lo que es nuestra misión. En síntesis: no nos reorganizamos para ahorrarnos 40 o 50 cargos directivos. Nada de eso. Nuestro nuevo diseño reducido a dos provincias está pensando para que podamos ver en los próximos años dónde más queremos estar los salesianos, dónde queremos poner nuestras mejores fuerzas, con qué mirada para llegar a los últimos y a los que más nos necesitan, qué otras presencias salesianas podemos llevar compartidas en misión con laicos con una gran identidad, etc. De eso se trata. Y eso es lo que estamos poniendo en práctica en diversos países. Y sin duda que es un elemento revitalizador que está ayudando mucho.
¿Es un proyecto más amplio que un programa de vocaciones?
Es más amplio, porque evidentemente no podemos negar que en España todas las congregaciones tenemos un problema para lograr vocaciones específicas al presbiterado o a la vida religiosa. Es una evidencia. Tenemos algunas vocaciones, pero siempre insuficientes.
Como congregación, estamos teniendo en torno a 500 novicios cada año.
¿Cuántos sois en todo el mundo?
Ahora mismo unos 15.000. La segunda congregación después de los jesuitas.
Pero es cierto que la realidad del mundo es muy diversa. Hoy en día toda la zona del Este, de Asia y Oceanía es el lugar fuerte en vocaciones para toda la Iglesia, junto con África. América tiene cierta estabilidad, y en Europa es donde más notamos el golpe, la dificultad.


El centro de la Iglesia ha estado históricamente entre Jerusalén, Constantinopla y Roma. ¿Cree que ahora pueda estar desplazándose hacia otros lugares? ¿Lo ves factible? ¿Y positivo?
Bueno, no soy capaz de saber por dónde va a ir el futuro, pero hay cosas que sí se pueden intuir, porque ya se están notando. Hablando de la congregación salesiana, hace poco tuvimos el Capítulo General, donde nos reunimos 230 salesianos de todo el mundo. Y ahí fuimos testigos de que el color de la piel de la congregación salesiana ha cambiado radicalmente en comparación a hace 25 años. Y lo mismo que se ve en nuestra congregación, que está en 132 países, se puede ver en la Iglesia universal.
En segundo lugar, creo que está habiendo una apertura cada vez mayor a todas las sensibilidades y a todas las maneras de expresar la fe, de captar los gritos de los pueblos, la manera de llegar a una vivencia comprometida de la fe. Eso es indudable.
Ante tu pregunta de si es positivo, yo creo que sí, que es bueno. Porque el centralismo, donde quiera que estuviera, corría el peligro justamente de mirar sólo desde un lado. Y la Iglesia es universal (de ahí su rasgo distintivo de católica). Por lo tanto, siempre es bueno que suceda esto. Y creo que en este sentido el Papa Francisco tiene una increíble sensibilidad.
Fijémonos por ejemplo en los grupos de estudio y de asesoramiento que ha constituido: representan a los puntos más diversos del planeta donde está la Iglesia. Eso demuestra su inteligencia, a mi parecer, y sobre todo demuestra cómo quiere ver la Iglesia el Papa Francisco.
¿Con qué Iglesia sueña Ángel Fernández Artime?
Pensar en la Iglesia por entero a mí me cae muy grande, pero me gustaría ver lo que dice el Papa: una Iglesia que sea realmente sencilla. A la que cualquier hombre o mujer, como quiera que sean sus ideas, sienta que puede acercarse para encontrarse con alguien. Luego se quedará o no se quedará, estará a gusto o no. Pero lo principal es que sientan que es un lugar a donde se puede ir.
Una Iglesia donde no haya intereses por tener fuerza o por tener poder. Una Iglesia servidora y evangelizadora, que anuncie en primer lugar al Señor Jesús y que muestre el rostro humano de Dios
Lo digo desde el corazón, no desde los tópicos. Y pienso que si estos grandes rasgos evangélicos se dan, el futuro de la Iglesia va a ser esperanzador.
Cambiarán muchas cosas, pasarán muchas personas, pero yo soy de los que confían en que la Iglesia tiene ciertamente la guía del Espíritu. Lo creo verdaderamente, como creo que la Iglesia que mira a los pobres y a la gente sencilla, y que da prioridad al Evangelio; siempre va a tener la entrada garantizada en el corazón de las personas.
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