10 abril 2014

"VIA MATRIS"




 



NUESTRA SEÑORA
A SANTA BRÍGIDA
"Miro a todos los que viven en el mundo para ver si hay quien se compadezca de Mí y medite mi dolor, mas hallo poquísimos que piensen en mi tribulación y padecimientos. Por eso tú, hija mía, no te olvides de Mí que soy olvidada y menospreciada por muchos. Mira mi dolor e imítame en lo que pudieres. Considera mis angustias y mis lágrimas y duélete de que sean tan pocos los amigos de Dios."

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La Santísima Virgen María manifestó a Santa Brígida que "concedía 7 gracias a quienes diariamente le honrasen considerando sus lágrimas y dolores y rezando siete Avemarías"

.Pondré paz en sus familias.
.Serán iluminados en los Divinos Misterios.
.Los consolaré en sus penas y acompañaré en sus trabajos.
.Les daré cuanto me pidan, con tal que no se oponga a la Voluntad adorable de mi Hijo y a la santificación de sus almas.
.Los defenderé en los combates espirituales con el enemigo infernal, y protegeré en todos los instantes de su vida.
.Los asistiré visiblemente en el momento de su muerte: verán el Rostro de su Madre.
.He conseguido de mi Divino Hijo que las almas que propaguen esta devoción a mis lágrimas y dolores sean trasladadas de esta vida terrenal a la felicidad eterna directamente, pues serán borrados todos sus pecados, y mi Hijo y Yo seremos su consolación y alegría.
"


LA VENERACIÓN A MARÍA SANTÍSIMA,
MADRE DEL REDENTOR
La piedad popular a la Santísima Virgen, diversa en sus expresiones y profunda en sus causas, es un hecho eclesial relevante y universal. Brota de la fe y del amor del pueblo de Dios a Cristo, Redentor del género humano, y de la percepción de la misión salvífica que Dios ha confiado a María de Nazaret: La Virgen no es sólo la Madre del Señor y del Salvador, sino también, en el plano de la gracia, la Madre de todos los hombres.
De hecho, los creyentes entendemos fácilmente la relación vital que une al Hijo y a la Madre. Sabemos que el Hijo es Dios y que Ella, la Madre, es también Madre nuestra. Creemos en la santidad inmaculada de la Virgen María, la veneramos como Reina gloriosa en el Cielo, y estamos  seguros de que María, Madre de Misericordia, intercede en nuestro favor, y por tanto imploramos con confianza Su protección. Por ello celebramos con gozo sus fiestas, participamos con gusto en sus procesiones, acudimos en peregrinación a sus Santuarios, nos gusta cantar en su honor, y le presentamos ofrendas votivas. 

Así como en el plan salvífico de Dios (cfr. Lc 2,34-35) están asociados Cristo Crucificado y la Virgen Dolorosa, también los están en la Liturgia y en la piedad popular.
Como Cristo es el "Varón de dolores" (Is 53,3), por medio del Cual se ha complacido Dios en "reconciliar Consigo todos los seres: los del Cielo y los de la tierra, haciendo la paz por la Sangre de su Cruz" (Col 1,20), así María es la "Mujer del dolor", que Dios ha querido asociar a su Hijo, como madre y partícipe de su Pasión (socia Passionis).
Desde los días de la infancia de Cristo, toda la vida de la Virgen, participando del rechazo de que era objeto su Hijo, transcurrió bajo el signo de la espada (cfr. Lc 2,35). Sin embargo, la piedad del pueblo cristiano ha señalado 7 episodios principales en la vida dolorosa de la Madre y los ha considerado como los "Siete Dolores" de Santa María Virgen.
Así, según el modelo del Vía Crucis, ha nacido el ejercicio de piedad del Vía Matris. Desde el siglo XVI hay ya formas incipientes del Vía Matris, pero en su forma actual no es anterior al siglo XIX. La intuición fundamental es considerar toda la vida de la Virgen, desde el anuncio profético de Simeón (cfr. Lc 2,34-35) hasta la muerte y sepultura del Hijo, como un Camino de fe y de dolor: camino articulado en "siete estaciones", que corresponden a los "Siete Dolores" de la Madre del Señor.
Como los dolores de la Virgen tienen su causa en el rechazo que Cristo ha sufrido por parte de los hombres, el Vía Matris remite constante y necesariamente al misterio de Cristo, Siervo sufriente del Señor (cfr. Is 52,13-53,12), rechazado por su propio pueblo (cfr. Jn 1,11; Lc 2,1-7; 2,34-35; 4,28-29; Mt 26,47-56; Hech 12,1-5). Y remite también al misterio de la Iglesia: las estaciones del Vía Matris son etapas del Camino de fe y dolor en el que la Virgen ha precedido a la Iglesia y que esta deberá recorrer hasta el final de los tiempos.

En esta edición especial de El Camino de María, les detallamos a continuación  las oraciones y meditaciones sugeridas para rezar el Via Matris.   
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María,
Madre de Misericordia
,
cuida de todos para que no se haga inútil
la Cruz de Cristo,
para que el hombre
no pierda el camino del bien,
no pierda la conciencia del pecado
y crezca en la esperanza en Dios,
«rico en Misericordia» (Ef 2, 4),
para que haga libremente las buenas obras
que Él le asignó (cf. Ef 2, 10)
y, de esta manera, toda su vida
sea «un himno a su gloria» (Ef 1, 12).

       
PEREGRINACIÓN CON
 NUESTRA SEÑORA DE LOS DOLORES  
ORACIONES Y MEDITACIONES SUGERIDAS
 
EL CAMINO DE MARÍA
CAMINO DE FE Y DOLOR


P.  En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
A.  Amén.
P.  Señor, te adoramos y te bendecimos.
A.  Porque en la obra de la salvación asociaste a la Virgen Madre.
P.  Contemplamos tu dolor, Santa María.
A.  Para seguirte en el camino de la fe.
P.  Hermanos y hermanas, nos hemos reunido para recorrer las etapas del Camino de dolor, que la Virgen Santa recorrió en íntima unión con su Hijo. Por disposición de la Divina Providencia, la Virgen  fue la Madre del Redentor, su fiel Compañera en todos sus caminos: desde los caminos dolorosos de la infancia en Belén, Nazaret y Egipto, hasta la subida al Monte Calvario. La Iglesia ve a María como la imagen perfecta del discípulo de Cristo: porque Ella, olvidándose de Sí misma, vivió en el servicio a Dios y a los hombres, acogió con fe la palabra y subió hasta la Cruz, verdadero Árbol de la vida. La intercesión de la Virgen nos ayude a vivir en nosotros el misterio de Cristo Crucificado, conscientes de que si sufrimos con Cristo, con Él seremos glorificados.
ORACIÓN INTRODUCTORIA
Dios Padre Misericordioso,
Tú que quisiste que la vida de la Virgen Santísima
estuviera marcada por el misterio del dolor,
haz que caminemos con Ella por el camino de la fe
y unamos nuestros sufrimientos a la Pasión de Cristo
para que se transformen en motivo de gracia
e instrumento de salvación.
Por Jesucristo nuestro Señor. Amén. 
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MEDITACIONES
"Stabat Mater dolorosa...", "la Madre Dolorosa estaba junto a la Cruz y lloraba mientras el Hijo pendía".
Hoy, 15 de septiembre en el calendario litúrgico se celebra la memoria de los dolores de la Santísima Virgen María. Esta fiesta fue precedida por la de la Exaltación de la Santa Cruz que celebramos ayer.
¡Qué desconcertante es el misterio de la Cruz! Después de haber meditado largamente en dicho misterio, San Pablo escribió a los cristianos de Galacia "En cuanto a mí, ¡Dios me libre de gloriarme si no es en la Cruz de nuestro Señor Jesucristo, por la cual el mundo es para mí un crucificado y yo un crucificado para el mundo" (Ga 6, 14).
También la Santísima Virgen podría haber repetido —¡y con mayor verdad!— esas mismas palabras. Contemplando a su Hijo moribundo en el Calvario había comprendido que la "gloria" de su maternidad divina alcanzaba en aquel momento su ápice, participando directamente en la obra de la Redención. Además, había comprendido que a partir de aquel momento el dolor humano, hecho suyo por el Hijo Crucificado, adquiría un valor inestimable.
Hoy, por tanto, la Virgen de los Dolores, firme junto a la Cruz, con la elocuencia muda del ejemplo, nos habla del significado del sufrimiento en el Plan Divino de la Redención.
Ella fue la primera que supo y quiso participar en el misterio salvífico "asociándose con entrañas de madre a su sacrificio consintiendo amorosamente en la inmolación de la víctima que Ella misma había engendrado" (Lumen gentium 58). Íntimamente enriquecida por esta experiencia inefable, se acerca a quien sufre, lo toma de la mano y lo invita a subir con Ella al Calvario y a detenerse ante el Crucificado.
En aquel Cuerpo martirizado está la única respuesta convincente para las preguntas que se elevan imperiosamente desde el corazón. Y con la respuesta se recibe también la fuerza necesaria para desempeñar el propio papel en la lucha que —como escribí en la Carta Apostólica Salvifici doloris— opone las fuerzas del Bien a las del mal (cf. n. 27). Y agregué: "Los que participan en los sufrimientos de Cristo conservan en sus sufrimientos una especialísima partícula del tesoro infinito de la redención del mundo, y pueden compartir este tesoro con los demás" (ib.).
Pidamos a la Virgen de los Dolores que alimente en nosotros la firmeza de la fe y el ardor de la caridad, de forma que llevemos con valor nuestra cruz cada día (cf. Lc 9, 23) y así participemos eficazmente en la obra de la redención.
"Fac ut ardeat cor meum", "¡Haz que, amando a Cristo, se inflame mi corazón, para que pueda agradarle!" Amén. (Ángelus. Domingo 15 de septiembre de 1991)
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"...La primera parte del Ave María, tomada de las palabras dirigidas a María por el ángel Gabriel y por Santa Isabel, es contemplación adorante del misterio que se realiza en la Virgen de Nazaret. Expresan, por así decir, la admiración del Cielo y de la tierra y, en cierto sentido, dejan entrever la complacencia de Dios mismo al ver su obra maestra –la Encarnación del Hijo en el Seno virginal de María–, análogamente a la mirada de aprobación del Génesis (cf. Gn 1, 31), aquel «pathos con el que Dios, en el alba de la creación, contempló la obra de sus manos». Repetir el Ave María nos acerca a la complacencia de Dios: es júbilo, asombro, reconocimiento del milagro más grande de la historia. Es el cumplimiento de la profecía de María: «Desde ahora todas las generaciones me llamarán bienaventurada» (Lc1, 48).
El centro del Ave María, casi como engarce entre la primera y la segunda parte, es el Nombre de Jesús. A veces, en el rezo apresurado, no se percibe este aspecto central y tampoco la relación con el misterio de Cristo que se está contemplando. Pero es precisamente el relieve que se da al Nombre de Jesús y a su misterio lo que caracteriza una recitación consciente y fructuosa del Santo Rosario (...) Expresa con intensidad la fe Cristológica, aplicada a los diversos momentos de la Vida del Redentor. Es profesión de fe y, al mismo tiempo, ayuda a mantener atenta la meditación, permitiendo vivir la función asimiladora, innata en la repetición del Ave María, respecto al misterio de Cristo. Repetir el Nombre de Jesús –el único Nombre del cual podemos esperar la salvación (cf. Hch 4, 12)– junto con el de su Madre Santísima, y como dejando que Ella misma nos lo sugiera, es un modo de asimilación, que aspira a hacernos entrar cada vez más profundamente en la Vida de Cristo.
De la especial relación con Cristo, que hace de María la Madre de Dios, la Theotòkos, deriva, además, la fuerza de la súplica con la que nos dirigimos a Ella en la segunda parte del Ave María, confiando a su materna intercesión nuestra vida y la hora de nuestra muerte..."   (Rosarium Virginis Mariae, 33)
I - MARÍA ACOGE EN LA FE LA PROFECÍA DE SIMEÓN
V. Te alabamos, Santa María
R. Madre fiel junto a la Cruz de tu Hijo.
LECTURA DEL EVANGELIO.  
Cuando –según la ley de Moisés- se cumplieron los días de la purificación, llevaron a Jesús a Jerusalén para presentarlo al Señor. Había en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre justo y piadoso;  esperaba la redención de Israel ; y el Espíritu Santo estaba en él. Simeón los bendijo y dijo a María, su Madre: “Mira, este Niño está puesto para ruina y salvación de muchos en Israel y para ser señal de contradicción a fin de que queden al descubierto las intenciones de muchos corazones; ¡y a Ti misma una espada te atravesará el alma!”. (Lc 2, 22. 25. 34-35)
LECTURA DEL CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA.
La Presentación de Jesús en el Templo (cf. Lc 2, 22-39) lo muestra como el Primogénito que pertenece al Señor (cf. Ex 13,2.12-13). Con Simeón y Ana toda la expectación de Israel es la que viene al encuentro de su Salvador (la tradición bizantina llama así a este acontecimiento). Jesús es reconocido como el Mesías tan esperado, "Luz de las naciones" y "Gloria de Israel", pero también "Señal de contradicción". La espada de dolor predicha a María anuncia otra oblación, perfecta y única, la de la Cruz que dará la salvación que Dios ha preparado "ante todos los pueblos". (Catecismo de la Iglesia Católica, 529)
MEDITACIÓN.
"...Pero ya los dos últimos misterios de gozo, aun conservando el sabor de la alegría, anticipan indicios del drama. En efecto, la Presentación en el Templo, a la vez que expresa la dicha de la consagración y extasía de Simeón, contiene también la profecía de que el Niño será «Señal de contradicción» para Israel y de que una espada traspasará el alma de la Madre (cf. Lc 2, 34-35)." (Rosarium Virginis Mariae, 20)
SALMO DE MEDITACIÓN. Salmo 40 (39)
R. Aquí estoy, Señor,  para hacer tu Voluntad.
No querías ni sacrificio ni oblación,
no pedías holocaustos ni víctimas,
dije entonces : “Aquí estoy, Señor,
para hacer tu Voluntad”  R.
En el libro de la ley está escrito de mí
que he de hacer tu Voluntad.
Oh Dios mío, en tu Ley me complazco
en lo profundo de mi corazón.  R.
ORACIÓN A LA VIRGEN
Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es Contigo. Bendita eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
CANTO DE PROCESIÓN
Virgen obediente, ruega por nosotros     
Virgen oferente, ruega por nosotros.
Virgen fiel, ruega por nosotros.
II - MARÍA HUYE A EGIPTO CON JESÚS Y JOSÉ
V. Te alabamos, Santa María,
R. Madre fiel junto a la Cruz de tu Hijo.
LECTURA DEL EVANGELIO.
El ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo:  “Levántate, toma contigo al Niño y a su Madre y huye a Egipto, porque Herodes va a buscar al Niño para matarlo”.  Él se levantó, tomó de noche al Niño y a su Madre y se retiró a Egipto; y allí estuvo hasta la muerte de Herodes. (Mt 2, 13-15)
LECTURA DEL CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA.
La Huida a Egipto y la matanza de los inocentes (cf. Mt 2, 13-18) manifiestan la oposición de las tinieblas a la Luz: "Vino a su casa, y los suyos no lo recibieron" (Jn 1, 11). Toda la vida de Cristo estará bajo el signo de la persecución. Los suyos la comparten con Él (cf. Jn 15, 20). Su vuelta de Egipto (cf. Mt 2, 15) recuerda el Éxodo (cf. Os 11, 1) y presenta a Jesús como el Liberador definitivo. (Catecismo de la Iglesia Católica, 530)
MEDITACIÓN
"Después de la Presentación en el Templo, San Lucas hace notar: «Así que cumplieron todas las cosas según la Ley del Señor, volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El Niño crecía y se fortalecía, llenándose de sabiduría; y la gracia de Dios estaba sobre Él» (Lc 2, 39-40). 
Pero, según el texto de San Mateo, antes de este regreso a Galilea, hay que situar un acontecimiento muy importante, para el que la Providencia Divina recurre nuevamente a  San José. Leemos: «Después que ellos (los Magos) se retiraron, el ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: "Levántate, toma contigo al Niño y a su Madre y huye a Egipto; y estate allí hasta que yo te diga. Porque Herodes va a buscar el Niño para matarle"» (Mt 2, 13). Con ocasión de la venida de los Magos de Oriente, Herodes supo del nacimiento del «rey de los judíos» (Mt 2, 2). Y cuando partieron los Magos «él envió a matar a todos los niños de Belén y de toda la comarca, de dos años para abajo» (Mt 2, 16). De este modo, matando a todos, quería matar a aquel recién nacido «rey de los judíos», de quien había tenido conocimiento durante la visita de los magos a su corte. Entonces José, habiendo sido advertido en sueños, «tomó al Niño y a su Madre y se retiró a Egipto; y estuvo allí hasta la muerte de Herodes; para que se cumpliera el oráculo del Señor por medio del profeta: "De Egipto llamé a mi Hijo"» (Mt 2, 14-15; cf. Os 11, 1). De este modo, el camino de regreso de Jesús desde Belén a Nazaret pasó a través de Egipto. Así como Israel había tomado la vía del éxodo «en condición de esclavitud» para iniciar la Antigua Alianza, José, depositario y cooperador del misterio providencial de Dios, custodia también en el exilio a Aquél que realiza la Nueva Alianza." (Redemptoris Custos, 14)
SALMO DE MEDITACIÓN. Salmo 118 (117)
R. El Señor está conmigo, ¿a quién temeré?
En el peligro grité al Señor,
y Él me escuchó, poniéndome a salvo.
El Señor está conmigo, no temo;
Qué puede hacerme el hombre? R.
El Señor es mi fuerza y mi energía,
Él es mi salvación.
No he de morir, viviré
para contar las hazañas del Señor. R.
ORACIÓN A LA VIRGEN
Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es Contigo. Bendita eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
CANTO DE PROCESIÓN
Mujer exiliada, ruega por nosotros.
Mujer fuerte, ruega por nosotros.
Mujer intrépida, ruega por nosotros.  
III - MARÍA Y JOSÉ BUSCAN A JESÚS PERDIDO EN JERUSALÉN
V. Te alabamos, Santa María,
R. Madre fiel junto a la Cruz de tu Hijo.
LECTURA DEL EVANGELIO.
Los padres de Jesús iban todos los años a Jerusalén a la celebración de la Pascua.  Cuando Jesús cumplió doce años, fueron todos,  como de costumbre, a la fiesta; al volverse ellos, el Niño Jesús se quedó en la ciudad, sin saberlo sus padres. Creyendo que estaría en la caravana, hicieron un día de camino, y lo buscaban entre los parientes y conocidos;  al no encontrarlo, se volvieron a Jerusalén en su busca. Al cabo de tres días, lo hallaron en el Templo sentado en medio de   los maestros, escuchándoles y preguntándoles. Y su Madre le dijo: “Hijo, ¿por qué nos has hecho esto?  Mira, tu padre y yo, angustiados, te andábamos buscando”. Él les dijo: ¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que Yo debo ocuparme de los asuntos de mi Padre?” (Lc. 2, 41-46. 48-49)
LECTURA DEL CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA.
El hallazgo de Jesús en el Templo (cf. Lc 2, 41-52) es el único suceso que rompe el silencio de los Evangelios sobre los años ocultos de Jesús. Jesús deja entrever en ello el misterio de su consagración total a una misión derivada de su filiación divina: "¿No sabíais que Yo debo ocuparme de los asuntos de mi Padre?" María y José "no comprendieron" esta palabra, pero la acogieron en la fe, y María "conservaba cuidadosamente todas las cosas en su Corazón", a lo largo de todos los años en que Jesús permaneció oculto en el silencio de una vida ordinaria.  (Catecismo de la Iglesia Católica, 534)
MEDITACIÓN.
"Desde el momento de la Anunciación, José, junto con María, se encontró en cierto sentido en la intimidad del misterio escondido desde siglos en Dios, y que se encarnó: «Y la Palabra se hizo carne, y puso su morada entre nosotros» (Jn 1, 14). Él habitó entre los hombres, y el ámbito de su morada fue la Sagrada Familia de Nazaret, una de tantas familias de esta aldea de Galilea, una de tantas familias de Israel. Allí  «Jesús crecía y se fortalecía, llenándose de sabiduría; y la gracia de Dios estaba con Él» (Lc 2, 40). Los Evangelios compendian en pocas palabras el largo período de la «vida oculta», durante el cual Jesús se preparaba a su misión mesiánica. Un solo episodio se sustrae a este «ocultamiento», que es descrito en el Evangelio de Lucas: la Pascua de Jerusalén, cuando Jesús tenía doce años.
Jesús participó en esta fiesta como joven peregrino junto con María y José. Y he aquí que «pasados los días, el Niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin saberlo sus padres» (Lc 2, 43). Pasado un día se dieron cuenta e iniciaron la búsqueda entre los parientes y conocidos: «Al cabo de tres días, lo encontraron en el templo sentado en medio de los maestros, escuchándoles y preguntándoles. Todos los que le oían estaban estupefactos por su inteligencia y sus respuestas» (Lc 2, 46-47). María le pregunta: «Hijo ¿por qué nos has hecho esto? Mira, tu padre y yo, angustiados, te andábamos buscando» (Lc 2, 48). La respuesta de Jesús fue tal que «ellos no comprendieron». Él les había dicho: ¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que Yo debo ocuparme de los asuntos de mi Padre?» (Lc 2, 49-50).
Esta respuesta la oyó José, a quien María se había referido poco antes llamándole «tu padre». Y así es lo que se decía y pensaba: «Jesús... era, según se creía, hijo de José» (Lc 3, 23). No obstante, la respuesta de Jesús en el templo habría reafirmado en la conciencia del «presunto padre» lo que éste había oído una noche doce años antes: «José ... no temas tomar contigo a María, tu mujer, porque lo engendrado en Ella es del Espíritu Santo» (Mt 1, 20). Ya desde entonces, él sabía que era depositario del misterio de Dios, y Jesús en el templo evocó exactamente este misterio: «Debo ocuparme en las cosas de mi Padre»  (Redemptoris Custos, 15)
SALMO DE MEDITACIÓN. Salmo 116 (115)
R. Mi alegría, Señor, es hacer tu Voluntad.
Señor, yo soy tu siervo,
siervo tuyo, hijo de tu esclava.
Te ofreceré un sacrificio de alabanza,
invocando tu nombre, Señor.  R.
Cumpliré al Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo,
en el atrio de la casa del Señor,
en medio de ti, Jerusalén.  R.
ORACIÓN A LA VIRGEN
Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es Contigo. Bendita eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
CANTO DE PROCESIÓN
Esperanza de los pecadores, ruega por nosotros.
Consuelo de los afligidos, ruega por nosotros.
Refugio de los pobres, ruega por nosotros.
IV - MARÍA ENCUENTRA A JESÚS CAMINO AL CALVARIO
V. Te alabamos, Santa María,
R. Madre fiel junto a la Cruz de tu Hijo.
LECTURA DEL EVANGELIO.
Cuando llevaban a Jesús para crucificarlo, detuvieron a un tal Simón de Cirene, que venía del campo, y le cargaron la Cruz para que la llevara detrás de Jesús.  Lo seguía una gran multitud del pueblo y de mujeres, que se golpeaban el pecho y se lamentaban por Él.  Jesús, volviéndose a ellas, dijo:  “Hijas de Jerusalén, no lloren por Mí; lloren más bien  por ustedes y por sus hijos.”  (Lc 23, 26-28)
LECTURA DEL CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA.
Por su total adhesión a la Voluntad del Padre, a la obra redentora de su Hijo, a toda moción del Espíritu Santo, la Virgen María es para la Iglesia el modelo de la fe y de la caridad. Por eso es "miembro muy eminente y del todo singular de la Iglesia" (LG 53), incluso constituye "la figura" de la Iglesia (LG 63). (Catecismo de la Iglesia Católica, 967)

Pero su papel con relación a la Iglesia y a toda la humanidad va aún más lejos."Colaboró de manera totalmente singular a la obra del Salvador por su fe, esperanza y ardiente amor, para restablecer la vida sobrenatural de los hombres. Por esta razón es nuestra Madre en el orden de la gracia" (LG 61)(
Catecismo de la Iglesia Católica, 968)

"Esta maternidad de María perdura sin cesar en la economía de la gracia, desde el consentimiento que dio fielmente en la Anunciación, y que mantuvo sin vacilar al pie de la Cruz, hasta la realización plena y definitiva de todos los escogidos. En efecto, con su Asunción al Cielo, no abandonó su misión salvadora, sino que continúa procurándonos con su múltiple intercesión los dones de la salvación eterna... Por eso la Santísima Virgen es invocada en la Iglesia con los títulos de Abogada, Auxiliadora, Socorro, Mediadora" (LG 62). (
Catecismo de la Iglesia Católica, 969)
MEDITACIÓN
"...En el camino doloroso y en el Gólgota está la Madre, la primera Mártir. Y nosotros, con el Corazón de la Madre, a la cual Cristo desde la Cruz entregó en testamento a cada uno de los discípulos y a cada uno de los hombres, contemplamos conmovidos sus padecimientos, aprendiendo de Él la obediencia hasta la muerte, y muerte de cruz; aprendiendo de Ella a acoger a cada hombre como hermano, para estar con Ella junto a las innumerables cruces en las que el Señor de la gloria todavía está injustamente enclavado, no en su Cuerpo glorioso, sino en los miembros dolientes de su Cuerpo místico...". (Juan Pablo II . Ángelus del 30 de octubre, 1983).
SALMO DE MEDITACIÓN.  Salmo 24 (23)
R. Muéstranos, Padre, el Rostro de tu Amor.
Del Señor es la tierra y cuanto la llena,
el orbe y todos sus habitantes;
Él la fundó sobre los mares,
Él la afianzó sobre los ríos.  R.
Quién puede subir al monte del Señor?
Quién puede estar en el recinto sacro?
El hombre de manos inocentes y puro corazón,
que no confía en los ídolos
ni jura contra el prójimo en falso.  R.
Ese recibirá la bendición del Señor,
le hará justicia el Dios de salvación.
Este es el grupo que busca al Señor,
que viene a tu presencia, Dios de Jacob.  R.
ORACIÓN A LA VIRGEN
Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es Contigo. Bendita eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
CANTO DE PROCESIÓN
Mujer del dolor, ruega por nosotros
Virgen de la búsqueda, ruega por nosotros
Madre de la esperanza. ruega por nosotros  
V - MARÍA ESTÁ JUNTO A LA CRUZ DE SU HIJO
V. Te alabamos, Santa María,
R. Madre fiel junto a la Cruz de tu Hijo.
LECTURA DEL EVANGELIO.
Cuando llegaron al lugar que se llama Calvario, crucificaron a Jesús, también a los dos criminales; uno a su derecha y otro a su izquierda.  Estaban junto a la Cruz de Jesús su Madre, la hermana de su Madre, María la esposa de Cleofás, y María Magdalena.  Jesús viendo a su Madre y al discípulo a quien amaba, dijo a su Madre:  “Mujer, ahí tienes a tu hijo”  Luego dijo al discípulo:  “Ahí tienes a tu Madre”. Eran ya las tres de la tarde.  Jesús, dando una gran voz, dijo : “Padre, en tus manos entrego mi espíritu”.  Y diciendo esto expiró. (Lc 23, 33;  Jn 19, 25-27;  Lc 23, 44-46).
LECTURA DEL CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA.
María, la Santísima Madre de Dios, la siempre Virgen, es la obra maestra de la Misión del Hijo y del Espíritu Santo en la plenitud de los tiempos. Por primera vez en el designio de Salvación y porque su Espíritu la ha preparado, el Padre encuentra la Morada en donde su Hijo y su Espíritu pueden habitar entre los hombres. Por ello, los más bellos textos sobre la sabiduría, la tradición de la Iglesia los ha entendido frecuentemente con relación a María (cf. Pr 8, 1-9, 6; Si 24): María es cantada y representada en la Liturgia como el trono de la "Sabiduría". En Ella comienzan a manifestarse las "Maravillas de Dios", que el Espíritu va a realizar en Cristo y en la Iglesia. (Catecismo de la Iglesia Católica, 721)

El Espíritu Santo preparó a María con su gracia . Convenía que fuese "llena de gracia" la Madre de Aquél en quien "reside toda la Plenitud de la Divinidad corporalmente" (Col 2, 9). Ella fue concebida sin pecado, por pura gracia, como la más humilde de todas las criaturas, la más capaz de acoger el don inefable del Omnipotente. Con justa razón, el ángel Gabriel la saluda como la "Hija de Sión": "Alégrate" (cf. So 3, 14; Za 2, 14). Cuando Ella lleva en Sí al Hijo Eterno, es la acción de gracias de todo el Pueblo de Dios, y por tanto de la Iglesia, esa acción de gracias que Ella eleva en su cántico al Padre en el Espíritu Santo (cf. Lc 1, 46-55). (
Catecismo de la Iglesia Católica, 722)
MEDITACIÓN
"...Con los misterios dolorosos contemplamos en Cristo todos los dolores del hombre: en Él, angustiado, traicionado, abandonado, capturado, aprisionado; en Él, injustamente procesado y sometido a la flagelación; en Él, mal entendido y escarnecido en su Misión; en Él, condenado con la complicidad del poder político; en Él, conducido públicamente al suplicio y expuesto a la muerte más infamante: en Él, Varón de dolores profetizado por Isaías, queda resumido y santificado todo dolor humano. Siervo del Padre, Primogénito entre muchos hermanos, Cabeza de la humanidad, transforma el padecimiento humano en oblación agradable a Dios, en sacrificio que redime. Él es el Cordero que quita el pecado del mundo, el Testigo fiel, que capitula en Sí y hace meritorio todo martirio..."  (Juan Pablo II . Ángelus del 30 de octubre, 1983).
SALMO DE MEDITACIÓN. Salmo 31 (30)
R. Padre, en tus manos confío mi vida.
A Ti, Señor, me acojo:
no quede yo nunca defraudado;
Tú, que eres justo, ponme a salvo,
En tus manos encomiendo mi espíritu:
Tú, el Dios fiel, me librarás. R.
Pero yo confío en Ti, Señor,
te digo: “Tú eres mi Dios”.
En tu mano está mi destino.
Haz brillar tu Rostro sobre tu siervo,
¡Sálvame, por tu Misericordia!  R.
ORACIÓN A LA VIRGEN
Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es Contigo. Bendita eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
CANTO DE PROCESIÓN
Madre del Crucificado, ruega por nosotros
Madre del Corazón Traspasado, ruega por nosotros
Madre del Redentor, ruega por nosotros
VI - MARÍA RECIBE EL CUERPO DE JESÚS BAJADO DE LA CRUZ
V. Te alabamos, Santa María,
R. Madre fiel junto a la Cruz de tu Hijo.
LECTURA DEL EVANGELIO.
Al caer la tarde, como era la preparación de la Pascua, es decir, la víspera del sábado, llegó José de Arimatea, que era un miembro distinguido del consejo de ancianos y esperaba el Reino de Dios, y tuvo el valor de presentarse a Pilato y le pidió el Cuerpo de Jesús.  Pilato se extraño de que ya hubiera muerto y, llamando al centurión le preguntó si había muerto hacía tiempo.  Informado por el centurión, concedió el Cuerpo de Jesús a José, quien, comprando una sábana, lo descolgó de la Cruz. (Mc 15, 42-46)
LECTURA DEL CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA.
El papel de María con relación a la Iglesia es inseparable de su unión con Cristo, deriva directamente de ella. "Esta unión de la Madre con el Hijo en la obra de la salvación se manifiesta desde el momento de la concepción virginal de Cristo hasta su muerte" (LG 57). Se manifiesta particularmente en la Hora de su Pasión. La Bienaventurada Virgen avanzó en la peregrinación de la fe y mantuvo fielmente la unión con su Hijo hasta la Cruz. Allí, por Voluntad de Dios, estuvo de pie, sufrió intensamente con su Hijo y se unió a su sacrificio con Corazón de Madre que, llena de amor, daba su consentimiento a la inmolación de su Hijo como víctima. Finalmente, Jesucristo, agonizando en la Cruz, la dio como Madre al discípulo con estas palabras: ‘Mujer, ahí tienes a tu hijo’ (Jn 19, 26-27)" (LG 58). (Catecismo de la Iglesia Católica, 964).
MEDITACIÓN
"...Han devuelto a las manos de la Madre el Cuerpo sin vida del Hijo. Los Evangelios no hablan de lo que Ella experimentó en aquel instante. Es como si los Evangelistas, con el silencio, quisieran respetar su dolor, sus sentimientos y sus recuerdos. O, simplemente, como si no se considerasen capaces de expresarlos. Sólo la devoción multisecular ha conservado la imagen de la "Piedad", grabando de ese modo en la memoria del pueblo cristiano la expresión más dolorosa de aquel inefable vínculo de Amor nacido en el Corazón de la Madre el día de la Anunciación y madurado en la espera del Nacimiento de su Hijo. Ese Amor se reveló en la gruta de Belén, fue sometido a prueba ya durante la Presentación en el. Templo, se profundizó con los acontecimientos conservados y meditados en su Corazón (cfr. Lc 2, 51). Ahora este íntimo vínculo de Amor debe transformarse en una unión que supera los confines de la vida y de la muerte. Y será así a lo largo de los siglos: los hombres se detienen junto a la estatua de la Piedad de Miguel Ángel, se arrodillan delante de la imagen de la Melancólica Benefactora ("Smetna Dobrodziejka") en la Iglesia de los Franciscanos, en Cracovia; ante la Madre de los Siete Dolores, Patrona de Eslovaquia; veneran a la Dolorosa en  tantos santuarios en todas las partes del mundo. De este modo aprenden el difícil amor que no huye ante el sufrimiento, sino que se abandona confiadamente a la ternura de Dios, para Quien nada es imposible (cf. Lc 1, 37)..." (Juan Pablo II . Via Crucis Viernes Santo 2000 . Meditación XIII Estación)
SALMO DE MEDITACIÓN. Salmo 114 (116)
R. Mi alma espera en el Señor.
Amo al Señor, porque escucha mi voz suplicante,
porque inclina su oído hacia mí el día que lo invoco.
Invoqué el nombre del Señor :
“Señor, salva mi vida”. R.
Alma mía, recobra tu calma,
que el Señor fue bueno contigo :
arrancó tu alma de la muerte,
tus ojos de las lágrimas, tus pies de la caída.  R.
ORACIÓN A LA VIRGEN
Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es Contigo. Bendita eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
CANTO DE PROCESIÓN
Virgen del silencio, ruega por nosotros
Virgen del perdón, ruega por nosotros
Virgen de la espera, ruega por nosotros 
VII - MARÍA ENTREGA EL CUERPO DE JESÚS AL SEPULCRO EN ESPERA DE LA RESURRECCIÓN
V. Te alabamos, Santa María,
R. Madre fiel junto a la Cruz de tu  Hijo.
LECTURA DEL EVANGELIO.
Fue Nicodemo, aquel que anteriormente había ido a ver a Jesús de noche, con una mezcla de unas cien libras de mirra y áloe.  José de Arimatea y Nicodemo tomaron el Cuerpo de Jesús y lo envolvieron en vendas con los aromas, conforme a la costumbre judía de sepultar.  En el lugar donde había sido crucificado había un huerto y, en el huerto, un sepulcro nuevo en el que nadie todavía había sido depositado.  Allí pues, pusieron el Cuerpo de Jesús. (Jn 19,39-42)
LECTURA DEL CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA.
"...En su designio de salvación, Dios dispuso que su Hijo no solamente "muriese por nuestros pecados" (1 Co 15, 3) sino también que conociera el estado de muerte, el estado de separación entre su Alma y su Cuerpo, durante el tiempo comprendido entre el momento en que Él expiró en la Cruz y el momento en que resucitó. Este estado de Cristo muerto es el misterio del sepulcro y del descenso a los infiernos. Es el misterio del Sábado Santo en el que Cristo depositado en el sepulcro (cf. Jn 19, 42) manifiesta el gran reposo sabático de Dios (cf. Hb 4, 4-9) después de realizar (cf. Jn 19, 30) la salvación de los hombres, que establece en la paz el universo entero (cf. Col 1, 18-20). (Catecismo de la Iglesia Católica, 624)

MEDITACIÓN

"...Fue crucificado, muerto y sepultado...". El Cuerpo sin vida de Cristo fue depositado en el sepulcro. La piedra sepulcral, sin embargo, no es el sello definitivo de su obra. La última palabra no pertenece a la falsedad, al odio y al atropello. La última palabra será pronunciada por el Amor, que es más fuerte que la muerte. (Jn 12, 24)."Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere, da mucho fruto"
El sepulcro es la última etapa del morir de Cristo en el curso de su vida terrena; es signo de su sacrificio supremo por nosotros y por nuestra salvación. Muy pronto este sepulcro se convertirá en el primer anuncio de alabanza y exaltación del Hijo de Dios en la gloria del Padre, "Fue crucificado, muerto y sepultado (....) al tercer día resucitó de entre los muertos". Con la colocación del Cuerpo sin vida de Jesús en el sepulcro, a los pies del Gólgota, la Iglesia inicia la vigilia del Sábado Santo.
María conserva en lo profundo de su Corazón y medita la Pasión del Hijo; las mujeres se dan cita para la mañana del día siguiente del sábado, para ungir con aromas el Cuerpo de Cristo; los discípulos se reúnen, ocultos en el Cenáculo, hasta que no haya pasado el sábado. Esta vigilia acabará con el encuentro en el sepulcro vacío del Salvador. Entonces el sepulcro, testigo mudo de la Resurrección, hablará. La losa levantada, el interior vacío, las vendas por tierra, será lo que verá Juan, llegado al sepulcro junto con Pedro: "Vio y creyó" (Jn 20, 8). Y, con él, creyó la Iglesia, que desde aquel momento no se cansa de transmitir al mundo esta verdad fundamental de su fe: "Cristo ha resucitado de entre los muertos, primicia de todos los que han muerto" (1 Co 15, 20).
El sepulcro vacío es signo de la victoria definitiva, de la Verdad sobre la mentira, del Bien sobre el mal, de la Misericordia sobre el pecado, de la Vida sobre la muerte. El sepulcro vacío es signo de la esperanza que "no defrauda" (Rm 5, 5). "Nuestra esperanza está llena de inmortalidad" (Sb 3, 4). (Juan Pablo II . Via Crucis Viernes Santo 2000 . Meditación XIV Estación)
SALMO DE MEDITACIÓN. Salmo 62 (63)
R. Señor, mi alma está sedienta de Ti.
¡Oh Dios!, Tú eres mi Dios, por Ti madrugo,
mi alma está sedienta de Ti;
mi carne tiene ansia de Ti,
como tierra reseca, agostada, sin agua.  R.
En el lecho me acuerdo de Ti
y velando medito en Ti,
porque fuiste mi auxilio,
y a la sombra de tus alas canto con júbilo;
mi alma está unida a Ti,
y tu diestra me sostiene.  R.
ORACIÓN A LA VIRGEN
Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es Contigo. Bendita eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
CANTO DE PROCESIÓN
Madre de los redimidos, ruega por nosotros
Madre de los vivientes, ruega por nosotros
Madre de los creyentes, ruega por nosotros


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ORACIONES FINALES

Dios Padre Misericordioso, te rogamos que escuches a tu pueblo que, junto con la Santísima Virgen María, ha recordado la obra de la Redención.  Te suplicamos que nos concedas la gracia de vivir unidos a Ella durante esta vida, para llegar también con Ella a la alegría plena de tu Reino.  Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Oh Dios Eterno, en quien la Misericordia es infinita y el tesoro de compasión inagotable, vuelve a nosotros Tu mirada bondadosa y aumenta Tu Misericordia en nosotros, para que en momentos difíciles no nos desesperemos ni nos desalentemos, sino que, con gran confianza, nos sometamos a Tu Santa Voluntad, que es el Amor y la Misericordia mismos. Amén. (Diario Santa Faustina, 950)
María, dulce refugio de los pecadores,
cuando mi alma esté para dejar este mundo,
Madre mía, por el dolor que sentiste
asistiendo a vuestro Hijo que moría en la cruz,
asísteme también con tu misericordia.
Arroja lejos de mí a los enemigos infernales
y ven a recibir mi alma
y presentarla al Juez eterno.
No me abandones, Reina mía.
Tú, después de Jesús, has de ser
quien me reconforte en aquel trance.
Ruega a tu amado Hijo que me conceda,
por su bondad, morir abrazado a sus pies
y entregar mi alma dentro de sus santas llagas, diciendo:
Jesús y María, os doy el corazón y el alma mía.
(San Alfonso María de Ligorio. Las Glorias de María. Introducción. Oración a la Virgen para alcanzar una buena muerte)
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