28 marzo 2014

Y aún la Lumen gentium…

En el contexto del largo cincuentenario del Concilio Ecuménico Vaticano II (1962-1965), en este año recordamos los cincuenta años de la aprobación de la Constitución Dogmática sobre la Iglesia Lumen gentium. Documento que encierra en sí, programáticamente, a todos los textos conciliares, incluso aquellos que hubieran aparecido antes, y que con la Constitución Pastoral sobre la Iglesia en el mundo contemporáneo Gaudium et spes –aparecida un año después– sintetizan todo el Concilio y cumplen, al menos germinalmente, con la intención expresa de Juan XXIII para el mismo: la consideración de la Iglesia ad intra (Lumen gentium) y ad extra (Gaudium et spes).


La Constitución Lumen gentium pone en marcha la “revolución copernicana” referida por el padre J. M. Yves Congar, el más grande eclesiólogo del siglo XX y perito conciliar, recuperado por Juan XXIII de las condenas a las que el Santo Oficio había sometido a toda una generación de teólogos en torno a 1950.

Aquella “revolución copernicana” no era otra cosa que el retorno a lo que el propio Congar llamaba la “eclesiología del primer milenio”:

- La Iglesia entendida como misterio, es decir, afincada en el plan salvífico de Dios para los hombres manifestado definitivamente en Cristo.

- La Iglesia, cuerpo de Cristo que se desenvuelve en la historia como pueblo de Dios convocado por la Palabra hecha carne y enviado a todos los hombres.

- La primacía del bautismo y del sacerdocio común para comprender la pertenencia al pueblo de Dios, superando así la antinomia “clero/laicado”.

- La recuperación de la dimensión ministerial de toda la comunidad cristiana, liberando a los ministerios de la apropiación exclusiva por parte del clero.

- La superación de una eclesiología restringida a una consideración juridicista de la monarquía papal, por una eclesiología que diera cuenta de la anchura, la longitud y la profundidad de la Iglesia toda.

- La consideración de la colegialidad episcopal como contexto en el que entender la primacía universal del obispo de Roma.

Y así podríamos seguir…

Este aniversario tan significativo ocurre en momentos en que el actual papado intenta dar cuenta con acciones concretas de la herencia del Concilio, una herencia que parecía ya olvidada, por un lado, por los que nunca creyeron en ella –la curia romana, por ejemplo–, e ignorada cada vez más, en los hechos, por amplios sectores de la Iglesia, lo que incluye a buena parte del clero y a muchos de los que hoy parecen emocionarse con algunas de las decisiones de Francisco.

El tiempo por venir, lleno de desafíos, irá diciendo si desde el olvido del Concilio –característica de la Iglesia católica en las últimas décadas– quedan reservas para recuperar el programa del Concilio y si entonces, cincuenta años después, la Constitución Lumen gentium tiene algo que decir a las Iglesias.

Oscar Campana
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