12 febrero 2013

" Los poderosos son su propia ley "

El reconocido miembro del Grupo de Curas en Opción por los Pobres difundió un escrito sobre la situación del Poder Judicial y su constante mediación en favor de los poderes fácticos, concentrados en grupos de poder que perpetúan sus privilegios. "¿Qué posibilidades tiene un trabajador de no pagar durante 10 años sin riesgo alguno de represalias como La Nación? ¿Qué posibilidades tiene un desocupado, de frenar durante 4 años una ley, como Clarín?", pregunta.
Eduardo De la Serna aportó su análisis al debate sobre el desbalance judicial en favor del poder económico.

Para hablar de la “justicia” se podría comenzar por la acepción del término en los diccionarios, pero no tiene demasiado sentido ya que -fuera de pequeños matices- el significado de la palabra es universalmente conocido.
Un poco más preciso sería si se habla de “poder judicial”, en cuyo caso se remite a la división de poderes”. Es decir, ante un poder que gobierna el estado, la división e independencia de poderes garantiza el control de unos sobre otros. Sin duda, esta división” nace en contraposición a la monarquía (el poder en manos de uno, monos”). Cuando en una sola persona se concita la suma del poder público”, la injusticia, la impunidad, la violencia, están casi aseguradas.

El reconocimiento de los valores de la “democracia ha logrado que las naciones en las que el poder se encuentra en manos de una sola persona (monarquía, y monarquías absolutas, es decir, sin siquiera matices o minúsculas “divisiones”) son prácticamente inexistentes. El Vaticano quizás sea una excepción. Otro elemento valioso, aprendido con el tiempo, es la alternancia en el poder”.

Es un tema complejo, porque en algunos lugares se entendió como “rotación” de proyectos como republicanos y demócratas, demócratas y conservadores, partido popular y socialismo, por ejemplo, lo cual es de dudosa conveniencia (además de la fácil sospecha de corrupción e impunidad). Distinto es que una misma persona esté en el poder; suele ser conveniente el cambio (no necesariamente de “proyecto”), pero sin que sea claro cuánto tiempo deba ser ese tiempo. Nuevamente el Vaticano es una de las pocas excepciones.

Otro elemento, al menos teórico, es la posibilidad de cualquiera de acceder a las instancias de poder. Ya no hace falta pertenecer a una dinastía, una casta o a un abolengo.

Así, un grupo de personas elegidas por el pueblo propone una serie de normas que rigen y regirán a la sociedad. Las leyes. Otro grupo (o persona) elegido también por el pueblo, es responsable de ejecutar esas leyes. Y otro grupo, el de evaluar las personas, grupos o situaciones asegurando o sancionando el cumplimiento o no de las leyes.

En caso de incumplimiento, la misma ley prevé el modo de enderezar, o eventualmente separar a los responsables (un juicio político, por ejemplo, como el realizado a los miembros de la Corte Suprema de la “mayoría automática” menemista). O incluso, es posible que una ley sea ilegal, para lo cual puede procederse a declararla tal. Las leyes de obediencia debida y punto final, por ejemplo, son un buen ejemplo de esto.

Pero me quiero detener en un elemento que me parece fundamental: los poderosos, por fuerza armada o económica, no necesitan necesariamente la ley, ni la aplicación. Ellos mismos son su propia ley. Y la aplicación. La garantía de la recta justicia de la ley, y de su aplicación, son los débiles. Si hay justicia, si una ley es justa, el parámetro es el trato de los débiles. Que la justicia falle a favor de los poderosos es lo habitual, lo extraño es que falle a favor del pobre, y allí se ve la verdadera justicia.

No que se deba ser injusto en favor del pobre, sino cómo salen parados los pobres ante la ley y la justicia.
Y me detengo un poco en la Biblia: una de las palabras interesantes en este caso es señalar que Dios “no hace acepción de personas”, y que no deben hacerlo sus hijos. La idea es que Dios mira el corazón (es decir, la conciencia, la razón) y no “mira el rostro. Y del mismo modo deben proceder los miembros de su pueblo.

Y esto vale particularmente para los reyes y los jueces, por ejemplo.

Las palabras críticas contra el soborno, la usura o los regalos” son particularmente interesantes, por ejemplo, el libro del Éxodo dice: “No recibas regalos; porque el regalo ciega a los perspicaces y pervierte las causas justas” (23,8). El 1er libro de Samuel, por ejemplo critica a los jueces que “no siguieron su camino: fueron atraídos por el lucro, aceptaron regalos y torcieron el derecho” (8,3).

Un proverbio afirma: “El malo acepta regalos en su seno, para torcer las sendas del derecho.” (17,23). Bien tajante es Isaías, el profeta: “Tus jefes, revoltosos y aliados con bandidos. Cada cual ama el soborno y va tras los regalos. Al huérfano no hacen justicia, y el pleito de la viuda no llega hasta ellos.(1,23). Hacer justicia, en cambio, nos asemeja a Dios. Él, Yahveh su Dios es el Dios de los dioses y el Señor de los señores, el Dios grande, poderoso y temible, que no hace acepción de personas ni admite soborno; que hace justicia al huérfano y a la viuda, y ama al forastero, a quien da pan y vestido” (Deuteronomio 10:17-18).

Criticando a los jueces, el Salmo 82 dice: ¿Hasta cuándo darán sentencias injustas poniéndose de parte del culpable? Defiendan al débil y al huérfano, hagan justicia al humilde y al necesitado, salven al débil y al mendigo, librándolos del poder de los Malvados.

El tema podría seguir muy extensamente, es muy frecuente e importante en la Biblia. De hecho, Dios se elige un pueblo, Israel, para que viva “el derecho y la justicia” (el tema es habitual en la Biblia -unas 50 veces-, ver, por ejemplo Isaías 5,7).

Pero esto me permite una reflexión: no hay verdadera justicia si del mismo modo que se trata a los débiles y a los pobres no se trata a los poderosos. Así de simple. Los pobres son el criterio.

¿Cómo trata la justicia a los campesinos santiagueños matados por poderosos usurpadores de tierras? ¿Cómo trata la justicia a los indígenas Qom en Formosa y sus reclamos? ¿Cómo trata la justicia a las víctimas de fumigaciones, minería y desmontes? ¿Cómo trata la justicia a los negritos” de los barrios detenidos por “portación de cara”? ¿Los trata igual que a empresarios azucareros de Jujuy, a terratenientes chaqueños, empresarios canadienses o gerentes de multinacionales? Si hay riesgo de desmonte, usurpación de tierras, apriete a movimientos campesinos... ¿la justicia habilita la feria judicial y detiene todo con una cautelar en favor de los campesinos e indígenas?

¿Qué posibilidades tiene un trabajador de no pagar durante 10 años sin riesgo alguno de represalias (e incluso con apoyo en el poder judicial) como La Nación? ¿Qué posibilidades tiene un desocupado, de frenar durante 4 años una ley, como Clarín?

¿Será que hay dos justicias en la Argentina? Parece que sí. Como no se pudo impedir el triunfo de Cristina, se pone una cautelar por 4 años... Así, con un poco de paciencia, pronto habrá otro gobierno y se podrá evitar la ley, y -todavía más- si es posible, usarla en su favor. Mientras tanto, la justicia permite al poderoso ejercer su poder, por complicidad, con coincidencia ideológica, por beneficios y regalos, o por chantaje y temor. Lo cierto, es que una justicia injusta es mucho más que un oxímoron, ¡es una aberración, y un delito!

¿Hay dos justicias? Sin duda. Hay un curioso poder, el judicial, que no sólo no paga impuestos a las ganancias (¡Moyano estaría feliz!), no sólo que no es elegido por el pueblo pero tiene la última palabra sobre cualquier decisión tomada por los poderes de elección popular; no sólo es perpetuo (incluso más que el episcopado, porque los obispos deben renunciar a los 75 años, mientras que Fayt está por cumplir ¡95 años!). Y por si eso fuera poco, es el único poder al que no puede aspirar cualquiera: ¡sólo puede hacerlo un abogado! ¿Qué clase de poder democrático es el que no permite -salvo a los que tienen una determinada profesión- acceder a él?
Elitista, perpetuo, con inmunidad, no elegido, sin control... y muy apto para recibir regalos, o viajes, favorecer a los poderosos...  por “encima” de legisladores y presidentes, detentores de la “última palabra... Bastante parecido a una monarquía disfrazada de división de poderes.

*De la Serna es integrante del secretariado del Grupo de Curas en Opción por los Pobres. 
 
Eduardo De la Serna
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