23 julio 2012

La otra muñeca de sal

"Bendigamos las estructuras que protegen, orientan, elevan y aceleran la búsqueda. Destruyamos las que encierran, atemorizan, paralizan y aplastan". JdA.
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Muñeca de salDe todos es conocido el cuento "la muñeca de sal" de Tony de Mello:

"Una muñeca de sal recorrió miles de kilómetros de tierra firme, hasta que, por fin, llegó al mar. Quedó fascinada por aquella móvil y extraña masa, totalmente distinta de cuanto había visto hasta entonces.

- ¿Quién eres tú? Le preguntó al mar la muñeca de sal.

- ¡Entra y compruébalo tú misma! Le respondió el mar con una sonrisa.

Y la muñeca se metió en el mar. Pero, a medida que se adentraba en él, iba disolviéndose, hasta que apenas quedó nada de ella.

Antes de que se disolviera el último pedazo, la muñeca exclamó asombrada: ¡Ahora ya sé quién soy!" (1).

Otra muñeca buscadora -con la que soñé- también recorrió muchos kilómetros. Cuando ya estaba llegando al mar se encontró con algunos maestros, doctores y eruditos jefes religiosos... Es decir, con un montón de "sabios y entendidos" de los que habla el Evangelio. Les rogó que la ayudaran a descubrir quién era ella, de qué estaba hecha y cuál era su destino.

La cogieron de la mano amablemente y la llevaron a una enorme salina cercana. La enseñaron las cuadriculadas charcas de evaporación. La hicieron ver el orden, la extensión, las mínimas y seguras profundidades de aquellas parcelas de mar estancado, bien protegidas y controladas.

SalinasLa ponderaron el benéfico influjo del sol, cuyo radiante calor hacia nacer la blanca sal en aquella enorme superficie. Finalmente la mostraron unos montones de sal, bien alineados, dispuestos para abastecer a los consumidores. Todo era tan racional, tan lógico, tan extenso, tan bien organizado, que la muñeca quedó fascinada.

- De aquí saliste, le dijeron. Eres de aquí. Sin este complejo tú no existirías.

- ¿Y cuál es mi destino? -preguntó muy interesada la muñeca-.

- Solo tienes que aprovechar esta sal tan blanca, que conseguimos y guardamos con sumo celo. La apelmazas bien en estos moldes y haces nuevas muñecas semejantes a ti. Así seréis muchas, blanquísimas y brillantes. Ellas serán tus hermanas, tu fraternidad. Con ellas podrás convivir y nunca te encontrarás sola. ¡Ya verás! ¡Vais a poblar toda la tierra! Pero no dejes de usar el molde y presionar bien para que las nuevas muñecas queden bien compactadas y no se disgreguen. Han de ser todas igualitas y perfectas.
Salinas 2
A la muñeca viajera le pareció todo tan fácil, tan repetitivo, tan seguro, que creyó haber encontrado su patria y su misión.

Tiempo después me encontré con aquella muñeca de mi sueño y le pregunté:

- ¿Eres feliz? ¿Encontraste lo que buscabas?

- Ya ves -me respondió- estoy en mi cuna, en mi casa, rodeada de todas mis hermanas. Si me rompo por algún lado, enseguida me reparan y me dejan como nueva. ¿Qué más puedo pedir? Aquí me siento segura. Ya no necesito seguir buscando.

Miré su blanca rigidez, aprecié su afanosa tarea. Incluso admiré sus múltiples fabricaciones. Y esbocé una benévola sonrisa.

Huellas 1Cuando ya me alejaba buscando los encajes de espuma de una playa cercana, sentí un extraño escalofrío, me volví y la grité:

- ¡Muñequita! ¡Muñequita! ¡Escapa de la rutina y sigue buscando! ¡Tu verdadera cuna es el mar! Y el eco repitió mi grito: el mar, el mar, el mar…

Llegué a la orilla, metí los pies en el baile del agua y me sentí feliz. Una ola recrecida y juguetona me abrazó y me empapó. Dentro de mí sentí un gozo nuevo y antiguo, un gozo de juventud y eternidad. Y oí claramente la dulce voz de antaño como alegre trompeta nueva: "¡Boga mar adentro!" (Lc 5,4). No pude resistirme y me adentré en el mar.

Desde entonces sueño siempre con agua. Y ya no sé si vivo yo o es el Mar quien vive en mí.
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