20 diciembre 2011

DESPEDIDA

Homilía para la solemnidad de la Inmaculada Concepción y despedida de la Diócesis de Quilmes (08/12/2011)
Al terminar mi ministerio episcopal en la querida diócesis de Quilmes, la fiesta de la Inmaculada Concepción es el momento oportuno, para entregarle a nuestra Patrona, la Santísima Virgen , y a ustedes, pueblo santo de Dios, mi agradecimiento, mis disculpas y un pedido. Son casi diez años que el Señor me concedió para conducir esta iglesia como maestro, sacerdote y pastor.

El magisterio de la Iglesia , y de un obispo en particular, exige no callar sino anunciar y denunciar con la palabra de Dios, oportuna e inoportunamente. Agradezco a todos los hermanos y hermanas que en estos años me han recibido y escuchado con tanta generosidad en las centenares de comunidades; de manera particular agradezco a la feligresía que estuvo presente en estos años en la primera misa del domingo, aquí en la catedral que es el lugar primordial donde el obispo ejerce su ministerio de maestro de la fe. Agradezco a mis hermanos sacerdotes y diáconos que han compartido conmigo esta misión en las comunidades. Agradezco a las y los incontables catequistas que se dedican sin ningún interés mezquino a los millares de niños, jóvenes y adultos para acercarlos a Jesucristo; de manera especial agradezco a los formadores en nuestros seminarios catequísticos. Mi gratitud a los sacerdotes y docentes que están dedicados a la formación de nuestros seminaristas y candidatos al diaconado. Y expreso mi satisfacción por el cambio que se está dando en los colegios católicos, en cuanto a su misión evangelizadora. Son múltiples los centros de formación, las asociaciones y movimientos laicales en nuestra diócesis, sin los cuales el obispo no podría dar cumplimiento a su obligación de enseñar. A todos ellos digo gracias por su permanente empeño en estos años.

En cuanto al ministerio sacerdotal que el obispo ha recibido en plenitud, y al cual da participación a través de la ordenación a los presbíteros y diáconos, agradecemos a Dios que el número de los ministros sagrados se ha mantenido, a pesar de los fallecimientos y también deserciones. Con las comunidades parroquiales pude encontrarme, sobre todo, en las celebraciones de la Confirmación , donde muchos jóvenes y adultos manifestaron su voluntad de integrarse plenamente en la Iglesia. Esta pertenencia a la Iglesia pudimos sentir entre todas las comunidades, cuando hemos compartido la Eucaristía en la Misa Crismal , en la Peregrinación diocesana a Luján y en la Misa de la Esperanza. Además de estos encuentros comunitarios, el ministerio del obispo se dirige a las personas individualmente, sobre todo en situaciones de enfermedad. Era ahí, de manera especial, donde pude ejercer mi sacerdocio y hacer sentir a nuestros hermanos que Jesús no nos abandona. Me alegra mucho que la cercanía al Señor en la adoración eucarística haya aumentado en nuestra diócesis, y que, en una capilla, fieles de muchas partes estén delante del Señor ininterrumpidamente, día y noche, para encomendarle las tristezas y alegrías de los hermanos.


Lo que respecta a la misión del obispo de ser el Pastor de la grey siento, por un lado, la satisfacción de haber podido trabajar en una diócesis importante del Gran Buenos Aires y ser heredero de un obispo excepcional que puso los cimientos de nuestra Iglesia. El desafío pastoral, sin duda, está hoy en la urbe, donde reside la gran mayoría de la población argentina. La sensibilidad social que está a flor de piel en nuestras comunidades, ha sido para mí un estimulo y un cuestionamiento a la vez en estos años. Agradezco a los colaboradores en al ámbito de la Pastoral Social , de Justicia y Paz, y sobre todo de Cáritas, sin los cuales no hubiera sido posible la atención a las multitudes, hambrientos de pan, de justicia y de amor. Digo gracias también a las comunidades religiosas en medio del pueblo y su dedicación a los necesitados. Quizás el emprendimiento más significativo, en cuanto a la toma de conciencia en este pastoreo, haya sido la Asamblea Diocesana , con la directiva de llegar con la Buena Noticia a los que sufren. Pero al mismo tiempo, debo reconocer que me siento en deuda con aquellas capillas y pequeñas comunidades en nuestros barrios, donde no pude llegar en estos años. Pido perdón también que la carpa misionera, las casas Cura Brochero, San Pablo y San José no hayan sido aprovechadas más, porque son lugares particulares que reclaman nuestra presencia evangelizadora. Hay un hambre que solamente la Palabra de Dios puede satisfacer. Cuando pensamos en las muchedumbres de bautizados, de los cuales solamente una pequeña parte está los domingos en la Asamblea eucarística, todos deberíamos sentirnos en deuda con el Señor y su mandato: “Hagan esto en conmemoración mía”. La misión ha de ser permanente.


Y ahora mi pedido. Que es doble. Hoy estamos a nueve días del momento en que el nuevo obispo, Mons. Carlos José Tissera, asumirá la conducción de la diócesis de Quilmes. Pido que se pongan a disposición de su pastoreo y que sean ingeniosos en la misión que el Señor espera de su Iglesia hoy. El segundo pedido tiene que ver conmigo, como Obispo Emérito de Quilmes. Viviré en adelante en un Hogar para sacerdotes en Buenos Aires, para dedicarme especialmente a ancianos y enfermos. Pido su oración para que en esta etapa del desprendimiento pueda ser un testigo fiel y alegre del Señor que viene a nuestro encuentro. Ustedes estarán en mi oración todos los días. Que la Inmaculada Madre de nuestro Señor nos cubra con su manto.

Luis T. Stöckler
Obispo Emérito
Administrador Apostólico
Sede Vacante
Diócesis de Quilmes
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