08 julio 2011

El naúfrago

He encontrado en Internet una bella historia de algo que comentábamos el otro día. Aquello de que Dios escribe con renglones torcidos y que sus caminos no son nuestros caminos. Es un cuento corto, pero muy bonito.
 
 
Cuentan que un gran crucero se hundió en medio de la noche mientras todos dormían. El único superviviente de ese naufragio consiguió llegar hasta una pequeña e inhabitada isla. Todos los días oraba fervientemente, pidiéndole a Dios que lo rescatara de aquella soledad. Cada mañana revisaba el horizonte buscando un barco, pero éste nunca llegaba. Cansado, poco a poco empezó a costruir una cabañita para poder protegerse, e ir guardando sus pocas posesiones. Al tiempo seguía rezando a Dios, aunque cada vez se encontraba más a gusto en su pequeña isla.
Un día, despues de andar buscando comida, regresó y encontró la pequeña choza en llamas, el humo subía hacia el cielo. Había perdido su choza y sus pertenencias.

El naufrago estaba confundido y enojado con Dios y llorando le decía: "¿Cómo pudiste hacerme esto?, ¿Por qué me has quitado lo único que me quedaba?". Desesperado, ya sólo quería morir, y se quedó dormido sobre la arena.

Cuando se despertó al siguiente día le pareció escuchar el sonido de un barco que se acercaba a la isla. En efecto, al ponerse en pie vio un gran navío que se acercaba.

Por fín venían a liberarlo, y cuando subió a bordo les preguntó a sus rescatadores:

Y ellos le contestaron: "Vimos las señales de humo que nos hiciste............".
 
"¿Cómo sabian que yo estaba aquí?".
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