21 septiembre 2010

La vida nos sorprende


Nos hemos acostumbrado tanto a la muerte que ya no nos llama la atención ni nos conmueve excepto que nos pegue bien de cerca. No se si debo generalizar pero es al menos lo que me pasó por estos días. Es cierto que había visto algo al pasar por televisión y hasta leí un titular del diario dando cuenta de un derrumbe en una mina pero, entre las victimas del narcotráfico en México, los ahogados en Pakistán por el agua o por el fuego en Rusia o los asesinatos casi a diario de policías en Argentina, mire usted si me podía sacudir una catástrofe más. Sin embargo el domingo 22 de agosto una esperanza de Vida nos conmovió. Esa esperanza de Vida fue aportada por treinta y tres mineros atrapados a casi setecientos metros de profundidad en el desierto de Atacama. Muchos creyeron, con mucho de sentido común, que la mina de oro y cobre San José de Copiapó se había cobrado treinta y tres víctimas. Unos cuantos, pese a todo, siguieron poniendo su esfuerzo y pericia en el lugar, y otros miles, como dijo el presidente chileno, rezando en sus casas por la vida de esos trabajadores, conservaron encendida la llama del milagro.
Conocida la noticia un aire de resurrección recorrió el planeta. La alegría puso en fuga a la desazón y, aún cuando se estima que pasarán algunos meses hasta que los mineros puedan ser liberados de su encierro, la indescriptible fuerza de la vida empuja esos corazones hacia arriba y las manos de los que están en la superficie se agigantan a través de los instrumentos técnicos para abrir el camino a la libertad a sus hermanos.

Está Bueno, como se dice ahora, que la Vida nos sorprenda; que podamos creer aún en los milagros; que nos animemos y demos coraje mutuamente para descender resueltamente a las profundidades del alma humana donde la oscuridad es la que manda y sacar a tantos hermanos a la luz. Será esa conciencia solidaria con el dolor humano que hará que ese halo de resurrección nos alcance también a nosotros, que, sepamos reconocerlo, tenemos mas días de atrapados que de liberadores.

De las entrañas de una América sometida nos llega una señal. Seguro que muy cerca tuyo alguien espera rodeado de silencio, por una palabra a la que aferrarse y comenzar su ascenso. Esa señal tiene destinatario: Tú.


Nota: Autorizada su publicación y /o difusión oral, nombrando el sitio: www.tomaspenacino.com.ar
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