12 febrero 2015

Hay que buscar una vida compartida en equilibrio



Cuando una mujer tiene que trabajar porque la familia necesita sus ingresos, se acepta con toda naturalidad que ello suceda, aunque la familia no siempre la apoye para que pueda cumplir su doble responsabilidad.

Pero si lo que gana el marido es suficiente, con frecuencia se piensa que no hay razón, para que la mujer adquiera nuevos horizontes.
Surge la pregunta ¿Te falta algo?
Veamos que le puede faltar.

Su marido pasa la mayor parte del día fuera de casa.
Si sus hijos ya han crecido, pasan también gran parte de su tiempo en la escuela o en la universidad.
Esta situación le plantea el anhelo de conocer y crecer en la formación más completa del mundo real que está ahí afuera.
Si el único horizonte de ella es la casa y los hijos, irá creándose una separación entre los dos. Estarán unidos por ser padres pero quizás les faltará el encontrar el cómo ser compañeros, pues no hay que olvidar que un día los hijos se van.
Tiene de gran valor, si es que ella decide quedarse en casa, alguna actividad que los una a los dos, ya sea por hobby o por apostolado.
Lo que sí es esencial es que sus vidas en el mundo, vayan cada día acercándose y para ello hay que crecer juntos en algo. Hay que hacer algo juntos.

La vida adquiere sentido en la medida en que se entrega, en la medida en que se hace un don y un servicio a los demás. Quien acude al matrimonio buscando en el otro una persona que le quiera y le comprenda y le cuide, en vez de acudir buscando querer, comprender y cuidar a la otra persona, comete un grave error. (Alfredo Aguiló Pastrana)

Sus hijos estudian cosas que aún no se descubrían cuando ella fue a la escuela. Esto puede traer alguna dificultad en su comunicación con ellos.
¿Cómo orientarlos si a veces no se comprende lo que más les interesa? Estoy pensando en la computadora, estoy pensando en tantas cosas modernas que son una gran novedad para los que ya tenemos años.
Ellos pasan cada vez más tiempo fuera de casa, y si su edad ya se lo permite hasta tienen algún trabajo, lo cual significa más tiempo alejados del hogar.
Recibiendo múltiples influencias de la comunidad.

Si ella se ha quedado en su mundo  --rico pero reducido-- del hogar, pronto los hijos descubrirán que con mamá sólo se puede hablar de unas pocas cosas.
Las familias de las próximas generaciones serán muy diferentes a las actuales. No sólo las hijas, sino también los varones, necesitarán encontrar nuevas formas de convivencia conyugal y familiar.
¿Qué mejor ayuda que unos padres que son capaces de ver la realidad de los tiempos que les toca vivir?

Cada persona tiene intereses muy suyos, que debe desarrollar por su cuenta.
Los tiene el hombre y también los tiene la mujer y cuando no se exagera al punto de dañar a la familia, contribuyen en mucho a que ella se sienta feliz y optimista.
Cuando los anhelos de ella se convierten en un sueño tapado por el polvo, es frecuente que nazcan rencores y reproches.

El hombre siempre ha podido desarrollarse, siempre ha podido trabajar e intervenir en la vida de la comunidad y antiguamente no se preocupaba por la atención del hogar; la mujer se hacía cargo de eso.
Felizmente esta actitud se ha modificado en gran parte de los nuevos matrimonios. Hoy es frecuente ver los esposos en los supermercados: esta imagen era inexistente en la antigüedad.

Esta nueva actitud le ha ayudado a la mujer a combinar su papel de esposa y madre con cualquier actividad que desee realizar pero nunca deja de estar la influencia del como era antes. Esta es una de las raíces del conflicto.
Muchas veces se siente atrapada entre el mundo del futuro y la familia organizada al estilo del pasado.

Esto ha ocasionado muchas tensiones familiares, muchos desequilibrios en las relaciones de esposos y frecuentemente motivo de roturas matrimoniales.
El sentimiento de superioridad del varón se ve amenazado y ni les digo lo que pasa cuando es la mujer quien gana más, quien aporta más dinero a su casa.  Con frecuencia salen a relucir actitudes francamente machistas.

Si ella decide renunciar a sus ilusiones de superación en bien de la paz familiar, tendremos una mujer frustrada y a menudo amargada.
La familia pagará por ello un precio muy alto.

¿Qué se debe hacer? Hay que buscar una vida compartida en equilibrio.

Una mujer casada y con hijos no está sola ni puede introducir cambios serios en su vida sin afectar a los demás.
No es justo pedirle que elija entre su superación y su familia.
Tiene derecho a los dos.

Un marido que ama a su esposa sólo puede sentirse realizado si ha ayudado a que su mujer sea plena y libremente ella. Es decir que sea plenamente ella misma con todas sus ansias de ser más.
Serán dos en una sola carne, dice la Escritura.
Por lo tanto, para que sea una sola carne, es decir, esa unidad que debe surgir del matrimonio, es necesario ser dos en un solo caminar, en un solo mirar, en un solo querer llegar, en un solo ser, en un solo superarse.
Pero nunca deben dejar de ser dos personas distintas y autosuficientes, que se han unido porque se aman y amándose construir una realidad en común que supera las particularidades de cada uno.

Nuestro afán de ser comprendidos solamente se puede comparar con nuestra desidia para comprender al otro. (“Incierta Gloria”: Joan Sales)

Superarse significa crecer, realizar todos los aspectos de su vocación, desarrollar todas las cualidades.
No significa desentenderse de los demás pero si implica que los otros --esposo e hijos--  también deben responsabilizarse en compartir los quehaceres de la casa para que la madre y esposa pueda superarse.
Esto quiere decir que todos en casa deberán superarse.

El amor que intenta acaparar exclusivamente a una persona es un amor egoísta, es un amor infantil.
Para que la mujer se supere sin que la familia sufra habrá que liberar el amor de la familia. Ser capaces de ver con alegría y no con celos la superación que realiza su esposa y madre.

Es una manera de vivir.
Una vida no la hace el trabajo con la cual te ganas la vida, sino las personas con las cuales convives. Toda mi vida de casado la he vivido estando enamorado  y sigo enamorado hoy. El amor nunca se acaba, aunque es necesario alimentarlo cada día.
¿Y cómo es posible esto?
¡Simplemente amando!  Y nunca se ama demasiado. Todos los días le digo a mi mujer “te amo” y le tomo la mano mientras miramos televisión,  le doy las gracias por prepararme el desayuno, el almuerzo y la cena y lo hago con amor.
Si el amor no lo trabajas, el amor se muere.
Cada noche antes de irme a dormir reflexiono lo que es bueno y lo que es  malo, medito propósitos para  mañana  y duermes tranquilo porque estás haciendo todo  lo que puedes (Javier Marcet, ex-futbolista)


Actualmente ninguna familia puede cerrar los ojos a la profunda influencia del cambio de posición de la mujer.
No pueden escoger si lo aceptan o lo rechazan; lo único que pueden decidir es si este cambio los unirá o los desintegrará.
Los defectos del otro no se cuentan a nadie, son nuestros secretos nacidos en este dialogo íntimo del sofá o de la cama.

Si todos crecen y encuentran un equilibrio, la familia se fortalece, evoluciona y hace posible que la mujer se supere, emprenda nuevas actividades que la satisfagan como persona, sin dejar de ser al mismo tiempo buena esposa y mejor madre.
Es un camino que tiene que recorrer toda la familia, como una contribución de amor hacía las mujeres del hogar.

Aprendamos a crecer juntos y a hacer de este crecimiento ocasión de mayor unión. Es, más bien, una exigencia del amor que nos tenemos.
Es un hermoso reto para toda la familia.

Pero, ¿saben que  necesita esta familia? Necesita que no haya en ella una noche sin paz. Para que haya paz, hay que hacerle caso al Papa Francisco

A los recién casados les doy siempre este consejo: 'Reñid lo que queráis. Si vuelan los platos, dejadlos. Pero nunca acabéis el día sin hacer las paces. ¡Nunca!

Para hacer las paces no hace falta llamar a Naciones Unidas, que venga a casa a hacer la paz. Basta un gesto pequeño, una caricia: 'Bueno, adiós, hasta mañana'. Y mañana se comienza de nuevo.

El Reino de Dios crece sin dar espectáculo.Solo cuando hay voluntad de diálogo se solucionan los problemas.(Papa Francisco)


Salvador Casadevall
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