15 septiembre 2014

Galimberti destacó generosidad de padre Cacho quien podría ser declarado santo

El obispo de la Diócesis de Salto, Monseñor Pablo Galimberti, destacó la obra de Ruben Isidro Alonso, conocido como el padre Cacho quien, será declarado santo por la Iglesia Católica de prosperar los trámites a estos efectos.


Monseñor Pablo Galimberti, destacó la obra de Ruben Isidro Alonso, conocido como el padre Cacho.
Esta semana se informó que la Arquidiócesis de Montevideo decidió iniciar los pasos con tal objetivo.
La decisión fue tomada por el consejo del presbiterio, integrado por 25 sacerdotes y el obispo presentará la petición ante el Vaticano.
Monseñor Galimberti destacó la historia del padre Cacho y los testimonios “favorables de un hombre entregado y generoso con la comunidad”.
Alonso, Cacho, era sacerdote salesiano pero en los últimos años de su vida pasó al clero diocesano de Montevideo, para asumir, con el apoyo del entonces arzobispo de Montevideo Carlos Partelli, una radical opción por los pobres.
Galimberti afirmó: “Aquí lo importante son los testimonios de quien lo ha conocido, su historia, las palabras de quienes han estado a su lado”.
El proceso para canonizar al padre Cacho implica que el obispo diocesano deberá presentar al Papa Francisco un informe sobre la vida y las virtudes del sacerdote que vivió durante años en un rancho de lata en el un asentamiento.
El hecho de que una persona sea declarada santa por la Iglesia Católica implica que se proclama que ha practicado heroicamente las virtudes y se lo propone como modelo e intercesor ante Dios.
Galimberti recordó que Alonso tuvo “opciones muy radicales y se fue a vivir a una zona difícil y allí dar un testimonio por momentos silencioso, de impotencia pero al mismo tiempo un testimonio vivido desde la fe en Cristo”.
“Lo principal está y la fama del padre Cacho ha trascendido” y el arzobispo de Montevideo, está decidido a continuar con los trámites pertinentes para ser declarado santo.

Una opción de vida

La opción del Sacerdote quedó documentada en una carta que escribió cuando tomó la decisión de abandonar su parroquia y vivir en las mismas casas precarias de los barrios en las que trabajaba.
“Siento la imperiosa necesidad de ir a vivir en un barrio de pobres y hacerlo como lo hacen ellos. No como táctica de infiltración, de camuflaje o demagogia, ni siquiera como gesto profético de nada, sino para encontrarlo de nuevo a él porque sé que vive allí, que habla su idioma, que se sienta a su mesa que participa de sus angustias y esperanzas. Tampoco como un Padre despachador de sacramentos, sino como alguien que va a hacer junto a ellos una vivencia de fe, un camino compartido. Tal vez pueda decirles en su idioma de dolor y frustración, que allí, en medio de ellos está el. El que puede cambiar la muerte en Vida, la negación en Esperanza”.
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