18 febrero 2014

Evangelio según San Marcos 8,14-21.

Los discípulos se habían olvidado de llevar pan y no tenían más que un pan en la barca.
Jesús les hacía esta recomendación: "Estén atentos, cuídense de la levadura de los fariseos y de la levadura de Herodes".
Ellos discutían entre sí, porque no habían traído pan.
Jesús se dio cuenta y les dijo: "¿A qué viene esa discusión porque no tienen pan? ¿Todavía no comprenden ni entienden? Ustedes tienen la mente enceguecida.
Tienen ojos y no ven, oídos y no oyen. ¿No recuerdan
cuántas canastas llenas de sobras recogieron, cuando repartí cinco panes entre cinco mil personas?". Ellos le respondieron: "Doce".
"Y cuando repartí siete panes entre cuatro mil personas, ¿cuántas canastas llenas de trozos recogieron?". Ellos le respondieron: "Siete".
Entonces Jesús les dijo: "¿Todavía no comprenden?". 



Leer el comentario del Evangelio por
Santa Gertrudis d'Helfta (1256-1301), monja benedictina
Ejercicios, n° 5 ; SC 127
"¿No veis? ¿Todavía no comprendéis?”
    “Dios mío, desde la aurora te busco " (Sal 62,2 tipos de Vulg) … Oh luz serena de mi alma, resplandeciente por la mañana, nace en mi cada mañana; brilla sobre mí con tanta claridad que "en tu luz contemple la luz" (Sal. 35,10). Que por ti, mi noche se convierta en día. Mi mañana deseada, que por amor de tu amor, tenga por nada y vanidad todo lo que no eres tu. Visítame desde el amanecer, para transformarme totalmente en ti… Destruye lo que es mío; haz que me transforme totalmente en ti, de modo que nunca más pueda encontrarme en mí durante este tiempo limitado, sino que permanezca estrechamente unida a ti por toda la eternidad…

    ¿Cuándo seré saciada por una belleza tan grande y brillante? ¿Tú Jesús, Estrella resplandeciente de la mañana (Ap 22,16), resplandeciente de claridad divina, cuándo seré iluminada por tu presencia? ¿Esplendor tan digno de amor, cuándo me saciarás de ti? ¡Oh, si solamente aquí abajo pudiera percibir un poco, los delicados rayos de tu belleza…, por lo menos saborear anticipadamente tu dulzura, saborearte de antemano, tu que eres mi herencia elegida! (cf Sal. 15,5)… Tú eres el espejo resplandeciente de la santa Trinidad que permite contemplar a los de mirada pura y límpio corazón (Mt 5,8): allí arriba cara a cara, aquí abajo sólo un reflejo.
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