19 diciembre 2013

Se cumplen 12 años del asesinato de Claudio "Pocho" Lepratti

Entre 1983 y 1985 estudió Derecho en la UNL como alumno libre. Y en 1986 ingresó como seminarista en el Instituto Salesiano. Participó en la formación de más de veinte grupos de niños y jóvenes de las barriadas populares de Rosario. También estuvo en instancias de coordinación con otros grupos como la revista El Ángel de Lata, el movimiento Chicos del Pueblo, y con todas las comunidades eclesiales, como Poryajhú ("pobres" en guaraní), y el grupo Desde el Pie.

“¡Hijos de puta, no tiren que hay pibes comiendo!”, gritó Claudio “Pocho” Lepratti sobre el techo de una escuela de Rosario, instantes antes de que una bala de plomo del policía Esteban Velázquez le perforara la tráquea. Era 19 de diciembre de 2001, y el país estaba conmocionado por la crisis económica y la inestabilidad política que terminaría con la renuncia del ex presidente Fernando de la Rúa. Las fuerzas policiales salieron a reprimir saqueos y, en su lugar, ese día murió Lepratti. Desde ese momento se convirtió en un mártir y símbolo de la resistencia de los sectores más desposeídos de la provincia de Santa Fe.
Siete años más tarde, cinco policías fueron condenados por encubrimiento en la causa por el asesinato del militante social. La sentencia fue dictada por el juez Julio García, quien actúa interinamente en el Juzgado de Sentencia 5º de los tribunales provinciales de Arroyo Seco, ciudad a 30 kilómetros de Rosario y origen de las fuerzas policiales involucradas. La pena contempla dos años y ocho meses de prisión, y el doble de tiempo de inhabilitación, para los cinco policías.

Los imputados son Marcelo Arrúa y Rubén Darío Pérez, chofer y acompañante del auto policial en el que también iban Esteban Velázquez, Roberto de la Torre, titular de la sub comisaría 20º; Carlos Alberto de Souza, oficial de guardia de esa seccional, y el entonces jefe del Comando Radioeléctrico, Daniel Horacio Braza. Otros cinco agentes involucrados en la causa fueron absueltos, según informó la agencia de noticias Télam.

“El Ángel de la Bicicleta”, como lo llama la sociedad santafesina, se convirtió en un símbolo de resistencia y en un mártir. Mientras grafitis de bicicletas negras recubren las paredes de Santa Fe en su honor, el mismo cantautor León Gieco le dedicó una canción. “Bajen las armas, que acá sólo hay pibes comiendo”, canta el estribillo.

Pocho estaba siempre allí. Pocho vivía allí, y en el barrio coordinaba talleres para niños, daba clases y también trabajaba con el grupo de jóvenes "La Vagancia".

El miércoles 19 de diciembre de 2001, harto de que la policía dispare contra pibes y mujeres, se subió a la terraza de la escuela Nº 756 del Barrio Las Flores, donde colaboraba con la preparación de la comida. Intentó parar la represión, pero un policía del móvil Nº 2270 del Comando Radioeléctrico de Rosario disparó directamente contra el cuerpo de Pocho, matándolo de inmediato.

Un testigo recogió un cartucho naranja que corresponde a la munición de plomo. Lo entregó a los investigadores policiales, pero éstos lo cambiaron por un cartucho verde que corresponde a municiones de goma.

Conocer la historia de Pocho es conocer un poco el contexto de la historia reciente de este país.
León Gieco, dijo hace muy poco en un medio de Rosario: "El tema está dedicado a Pocho Lepratti, un militante social que conseguía comidas para varios comedores del barrio Ludueña, el más pobre y populoso de Rosario. Lo mataron durante los hechos del 20 de diciembre, que terminaron con el gobierno de De la Rúa. Yo no conocía su historia, pero cuando voy a tocar a Rosario veo en las paredes unas bicicletas con alas, y me dicen que esos dibujos son por Pocho Lepratti, que andaba siempre en bicicleta".




Cambiamos ojos por cielo
sus palabras tan dulces, tan claras
cambiamos por truenos.

Sacamos cuerpo, pusimos alas
y ahora vemos una bicicleta alada que viaja
por las esquinas del barrio, por calles
por las paredes de baños y cárceles.
¡Bajen las armas
que aquí solo hay pibes comiendo!

Cambiamos fe por lágrimas
con qué libro se educó esta bestia
con saña y sin alma
Dejamos ir a un ángel
y nos queda esta mierda
que nos mata sin importarle
de dónde venimos, qué hacemos, qué pensamos
si somos obreros, curas o médicos.
¡Bajen las armas
que aquí solo hay pibes comiendo!

Cambiamos buenas por malas
y al ángel de la bicicleta lo hicimos de lata.
Felicidad por llanto
ni la vida ni la muerte se rinden
con sus cunas y sus cruces.

Voy a cubrir tu lucha más que con flores
Voy a cuidar de tu bondad más que con plegarias.
¡Bajen las armas
que aquí solo hay pibes comiendo!

Cambiamos ojos por cielo
sus palabras tan dulces, tan claras
cambiamos por truenos
.
Sacamos cuerpo, pusimos alas
y ahora vemos una bicicleta alada que viaja
por las esquinas del barrio, por calles
por las paredes de baños y cárceles.
¡Bajen las armas
que aquí solo hay pibes comiendo!
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