20 noviembre 2013

El silencio de los buenos...


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Cuántas veces en la vida nos lamentamos, -y no sin razón-, del mal llamado “silencio de los buenos”… Ese “silencio cómplice”… que genera tanto sufrimiento…, tanto dolor…, tanta violencia…, y tanta muerte… Silencio que, sin aparentemente causar daño, va dejando el espacio donde la palabra, podría ser como un “dique” para abortar la barbarie… y el estado de destrucción provocado por tantos “mercaderes de la muerte”…
Pensándolo bien, muchas de las situaciones dolorosas… que vivimos actualmente, podrían haberse evitado si, tú y yo, hubiésemos intervenido más decididamente sin temor a “perder amigos”…, sin miedo alguno a defender los derechos de los más débiles, y sin “casarnos” con los poderosos o influyentes en nuestro mundo.
Cuán diferentes serían las cosas si todos los seres humanos, allí donde nos encontrásemos nos convirtiéramos en defensores a ultranza, de los más débiles…, de aquellos que son pisoteados…, de los masacrados…, de quienes no cuentan para nada…, porque son ninguneados… o amordazados… por quienes se creen amos y señores de un mundo que ha sido creado hermoso para todos y cada uno de los hijos de Dios.
Amigo, amiga; nos ha sido dada la palabra… y la sensibilidad del corazón…, para “comulgar” con todas las situaciones que, de alguna manera, deberían hacernos reaccionar dando valor a esa palabra cuando sea necesario, y al silencio cuando pueda ser más constructivo que la misma palabra.
Un día tú y yo, seremos juzgados, tanto por el mal que hayamos hecho…, como por las actitudes cobardes y cómplices… con las que permitimos que cualquier ser humano fuese pisoteado sin que reaccionáramos en su favor. Y es que, solemos olvidar con frecuencia que allí donde un hombre sufre, Dios sufre en él…

Y, hablando en cristiano -pues tú y yo lo somos-, no podemos inhibirnos frente a tantos y tantos problemas que agobian al ser humano…, porque, ¡no hacer el bien… es un mal muy grande!


P. Javier Palacio  /  Eclesalia
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