14 agosto 2013

San Roque



Los datos cronológicos. ‘Roque’ de Montpellier, según la tradición, nacía en esta ciudad francesa de una familia de rango nobliliario o al menos de la rica burguesía mercantil. El padre se llamaba Juan, la madre Liberia, o Franca y, según algunas fuentes, ella habría sido originaria de la Lombardia. En cuanto a su familia, algunos historiadores han propuesto la familia de los «Delacroix», otros aquella de «Roq» o semejantes, avalando pues la tésis según la cual no se trataría de un nombre sino de un apellido de familia. Sin embargo, tras años y años de investigación, las diferentes hipótesis no han llevado a nada realmente concreto. 
En realidad, el hecho es que durante muchos siglos se ha dado por cierta la cronología indicada por Francesco Diedo, uno de los primeros «hagiógrafos» del santo, quien fijaba el arco de su vida entre 1295 y 1327. Sin embargo, especialmente a partir de la segunda mitad del siglo XX, se impuso una «nueva cronología», que hoy está considerada como la más probable por los especialistas convencidos de la validez histórica de la figura de San Roque: 1345/50 - 1376/79.
 
Las fuentes escritas. Esencialmente son dos las más importantes entre las antiguas «hagiografías» dedicadas a la vida y leyenda de San Roque: la Vita Sancti Roquei, escrita en 1479 por el citado Francesco Diedo, un jurista veneciano que fue gobernador de Brescia, y las presuntas Acta Breviora (también conocida como Anónimo latino), editadas en 1483 en una recopilación de «Vitae» de santos. Además, una obra denominada convencionalmente Anónimo alemán existe y se encuentra en dos versiones, la vienesa de 1482 y aquella de Nuremberg de 1484. Finalmente, de menor importancia– al estar derivadas directa o indirectamente a partir de los dos primeros textos citados – son las «hagiografías» del dominico francés Jehan Phelipot (1494), del escritor italiano Ercole Albiflorio (1494) y del obispo francés Jean de Pins (1516).
En 2004, se encontró una Istoria de San Rocco de un tal Domenico de Vicenza, un breve texto italiano en versos poéticos datables entre 1478 y 1480. Se trata de un descubrimiento verdaderamente excepcional, por cuanto nosotros no podemos excluir que esta Istoria pueda representar la primera obra dedicada absolutamente a nuestro Santo. No obstante, actualmente los estudios están todavía en curso. 
 
Cabe recordar que las antiguas «hagiografías» no estaban especialmente motivadas por objetivos históricos y biográficos sino por el deseo piadoso de presentarlas como ejemplos de virtud y de santidad cristiana. En tal sentido, el objetivo edificante y moral de los acontecimientos escritos por ellos tenía tendencia a prevalecer sobre la reconstrucción puntual de los hechos. De todas maneras, en sus textos se pueden encontrar algunos elementos de una cierta consistencia, aun cuando, desde el punto de vista histórico, las fuentes litúrgicas, arqueológicas y documentales son bastante más considerables y dignas de fé.

Breve reconstrucción de la vida de San Roque. Según la tradición, ‘Roque’ creció en un medio profundamente cristiano. Él manifiesta signos precoces de santidad. Hacía los veinte años de edad, él pierde a sus padres, y decide vivir del todo el ejemplo de Cristo. Vende todos sus bienes y toma el hábito del pelegrino, haciendo el voto de llegarse hasta Roma. Pero su largo viaje en Italia sufre contínuas desviaciones para seguir la difusión de la peste. En efecto, Roque, en lugar de huir del contagio, se pone valientemente al servicio de los enfermos, a quienes ayuda y reconforta, y él recibe de Dios la capacidad de sanarlos milagrosamente.
La primera etapa señalada es Acquapendente, en la provincia de Viterbe. Roque se presenta, como es su costumbre, en un hospital; el prior, Vincenzo, no quiere hacerlo entrar por el peligro de contagio, pero al final Roque lo convence. Después de algunos meses, Roque llega a Roma, y allí sana a un misterioso cardenal, quien en reconocimiento le presenta al Papa. Permanece en la ciudad durante unos años y luego retoma el camino. Llegado a Piacencia, cae enfermo de peste y por tanto debe alejarse de esa localidad. Se refugia en un bosque, según la tradición, cerca de Sarmato. Se salva de morir de hambre gracias a la ayuda de un perro, que todos los días le trae un trozo de pan. Su rico patrón es el noble Gottardo (en general creído de la familia Pallastrelli, pero el dato es dudoso) quien, extrañado del vaivén del perro, sigue a éste y descubre el refugio de Roque. En poco tiempo, se convierte en su discípulo y él mismo decide consagrase a Cristo, renunciando a todo bien. Tras la curación, los dos amigos se separan y Roque decide regresar a su patria.
Las antiguas atestaciones conciernen los últimos años de su vida, lo cual resulta hoy insostenible. Él no murió ni en Montpellier – como Diedo parecería indicar – ni en Angera, como las Acta Breviora afirman. Roque se vé implicado en una guerra, quizás aquella entre el Ducado de Milán y la alianza reseñada sobre el Estado de la Iglesia (1371-75). La zona de Piacencia estaba, en efecto, entre los puntos neurálgicos del conflicto, y es del todo plausible que Roque, tras ser arrestado por «espionaje», haya sido llevado a Voghera, donde se encontraba Castellino Beccaria, el primer intendente militar de los Visconti. Encarcelado durante casi cinco años, Roque vive tal prueba como una especie de purgatorio de expiación de los pecados, y muere el 16 de agosto, en un año comprendido entre 1376 y 1379.

El nacimiento del culto. La reconstrucción de la fase final de la vida de Roque es aceptable, evidentemente, en la medida en la cual se considere efectivamente fundada la ya llamada «nueva cronología» (1345/50 - 1376/79). En cada caso, la ciudad lombarda de Voghera está considerada, con la mayor probabilidad, el lugar de la muerte del Santo y seguramente la zona del nacimiento y de la primera expansion del culto: todo ello sobre la base de diferentes piezas de documentación.
La más importante está representada por la atestación sin duda de la fiesta más antigua de San Roque, como siempre se puede dar relevancia de un documento conservado en los Archivos Históricos, aprobado oficialmente por Gian Galeazzo Visconti en 1391. Sus reliquias, conservadas en la ciudad por más de un siglo, fueron llevadas a Venecia en 1483, desde donde el culto se extendió por toda Europa.

La «canonización». En cuanto a la proclamación de la santidad, se debe eliminar la versión de Diedo que habla del concilio de Constanza de 1414. Las verificaciones de documentación, en efecto, no dicen nada a ese respecto. Se deben considerar igualmente inconsistentes las hipótesis referentes a las iniciativas (presumibles) de diferentes Papas y antipapas de los siglos XIV y XV. Por lo tanto, nosotros podemos aceptar exclusivamente la validez histórica de las únicas fechas confirmadas por textos o por deliberaciones oficiales, aunque indirectas, de la Santa Sede, es decir, 1499 (Alejandro VI), 1547 (Pablo III), 1590 (Sixto V), 1591 (Gregorio XIV), 1629 (Urbano VIII). En definitiva, San Roque es un ejemplo típico del nacimiento de un culto al «clamor del pueblo», ratificado por la Iglesia mucho más tarde con respecto a la dévoción espontánea de los cristianos.
Las reliquias. Sin embargo, el problema más enmarañado es aquel de las reliquias, actualmente conservadas en Venecia. La suso dicha «Versión de Arlas» está actualmente desechada, porque los soportes documentales están basados sobre actas sin fundamento y verdaderamente contrahechas, como Pierre Bolle ha mostrado con brillantez. Queda pues afirmada la única sostenible, la «Versión veneciana», a partir del acontecimiento bien conocido del robo de Voghera de 1485. En realidad, como siempre el prof. Bolle ha mostrado en base a documentos candentes que él encontró exactamente en Voghera, que el suso dicho «robo piadoso» fue la version oficial, contrahecho de arte, de una compra y venta bajo mano de 1483, un asunto que tuvo seguramente como protagonistas al Guardian grando de la Cofradía veneciana de San Roque, Tommaso Alberti, y uno de los monjes que en Voghera tenían el cuerpo en custodia; quien más que menos, también las más altas autoridades públicas de ambas ciudades estaban probablemente implicadas.
El carisma de San Roque. Más allá de estos aspectos y de la dificultad de encontrar elementos fidedignos para una « biografía" al menos parcialmente digna de fé, prevalece el hecho de que la figura de San Roque sigue todavía hoy muy viva en el corazón de los fieles, a través de una miriada de tradiciones devocionales, fiestas patronales, lugares sagrados, testimonios de documentación, objetos de arte y sobre todo obras sociales, de asistencia y de caridad, que continúan haciendo de nuestro Santo no solamente un verdadero e imperecedero campeón de la solidaridad y del amor cristiano, pero también un brillante ejemplo para todos los hombres de buena voluntad.

 
Texto de Dr. PAOLO ASCAGNI
Traducción de CONSTANZA CORREDOR
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