26 junio 2012

Jesús Histórico

Reflexión. Volver al Jesús histórico


Volver al Jesús histórico

La vuelta al Jesús histórico ha sido el gran aporte hecho en el Siglo XX por los grandes teólogos del Vaticano II. En nuestro caso, los teólogos de la liberación.
Poder recuperar el rostro de Jesús ha sido clave para renovar la espiritualidad y el compromiso profético en un continente integrado por cristianos, en el que en nombre de Dios se ha excluido y marginado, cuando no asesinado a quienes confrontaban el sistema dominante.
Jesús no tuvo una voluntad clara y determinante de fundar una nueva religión. Más bien, intentó liberar a su pueblo de la opresión de conciencias a que estaba sometido justamente por la religión. Confrontó fuertemente a las mediaciones históricas que secuestraron la mística y experiencia de liberación que encarnó Moisés y sus seguidores y seguidoras. Basta leer con detenimiento y profundidad la carta a los Hebreos para descubrir que Jesús abolió toda expresión religiosa, moral y de culto de la religión judía.
El único precepto como ley que conocemos por el Evangelio es el mandamiento nuevo del amor en sus distintas variantes. El amor supera ampliamente la moral. El amor se conecta con el DON, una capacidad que nos trasciende y que nos es regalada bajo el nombre de ABOGADO, el Espíritu que nos habita. El amor no tiene que ver con el voluntarismo que propician los moralismos, es decir, la perfección conseguida por nuestro esfuerzo. Jesús experimenta el amor gratuito del Padre y lo regala a sus discípulos y discípulas que hoy somos nosotros.
El culto fue suprimido y reemplazado por su ENTREGA una vez y para siempre. Y nos indica que cada vez que nos reunamos hagamos memoria de la misma en la fracción del pan. Recordar que siempre está en medio nuestro hasta el fin de los tiempos.
Siguiendo especialmente el evangelio de Lucas y el final del evangelio de Mateo sobre el juicio final, nos deja como sacramento especial de su presencia entre nosotros y nosotras a los pobres, excluidos y marginados de hoy.
Creo que por ahí es suficiente testamento para empezar a vivir los nuevos vínculos humanos que darán como resultado las comunidades de compañeros y compañeras de camino tras las huellas del Nazareno. Desde esta experiencia ir ensayando el Reino juntos para conjurar los males que padecemos y padece la humanidad doliente, con criterios nuevos, transgresores, revolucionarios: el sermón del monte tanto en Mateo como Lucas. El nuevo decálogo. Vivir en la itinerancia desnuda; la misión profética y la ternura mística. Es decir, la itinerancia desnuda como la viviera Jesús, que no tiene donde recostar la cabeza, nos remite a la libertad frente a las instituciones. La misión profética, que al no tener nada de qué apropiarse ni defender puede ejercer el ministerio de la verdad y la justicia del Reino, que todos tengan vida en abundancia, arriesgando la propia. La ternura mística de amarse fraternalmente, no posesiva y consumistamente,  tal como su experiencia en Betania con Lázaro, Marta y María. La experiencia de comunidad nos garantiza acompañarnos mutuamente para poder vivir  acordes al modo de  Jesús.
En definitiva, la religión está hecha para el hombre y no al revés, como pasa tantas veces con los modos y estilos de la pretendida iglesia de Jesús. El Vaticano II nos enseñó que la Iglesia es semilla del Reino y no que es el Reino en sí mismo. Esta perversión se da cuando se sacraliza el culto, la ley, la moral, en definitiva la institución religión, que es una mera mediación histórica al servicio de transparentar el Reino y no apoderarse de él y mucho menos de Jesús.
Necesitamos siempre desidolatrizar lo religioso para conectarnos con lo auténticamente humano, que nos habita, como misterio, tal como lo experimentamos en el camino meditativo. Sin ego, sin tiempo, con humor, soltando todo lo que oprime nuestra existencia. Esto es lo que hizo Jesús de Nazaret, curar y liberar a los oprimidos por el mal, y no atarles pesadas cargas para hacerles más dificultosa la vida. La meditación nos lleva directamente a encontrarnos con el rostro humano de Jesús que es Camino, Verdad y Vida.
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