25 abril 2012

NO SE HAN IDO



Te presento hoy, Señor a mis “ídolos”, hombres y mujeres a los que venero, a los que secretamente admiro. Estos u otros semejantes que, aunque no me guste reconocerlo, despiertan mi envidia…

Ellos representan gran parte de lo que deseo: la fama, el poder, la riqueza, la admiración de los demás… Poder, prestigio, dinero… Esos son mis auténtico ídolos, dioses que reconozco falsos pero que ocupan un lugar central en mis intereses, en mis planificaciones de futuro, en mi actividad diaria, en mi pensamiento, en mi corazón, en mi vida…

Me gusta llevar la razón, ejercer poder en mi pequeño entorno, me gusta influir, quedar encima. En casa, en el grupo, con los amigos. Es mi pequeño-dios-poder y me gustaría que creciera, ser más poderoso, tener autoridad, disponer, influir, decidir, poder,poder,poder…

Desde pequeño, ejerciendo la tiranía, con un llanto, con un capricho, con un enfado, y así hasta ahora. Desde pequeño, disputándote un lugar en mi existencia, Señor, apartándote, sustituyéndote, relegándote… Yo puedo…


Y qué decir de mis bienes. Tener, tener,tener. Otro empujón que te doy fuera de mi vida. Yo tengo… Pendiente de ser alguien (¿qué es ser alguien?) ante los demás, ser valorado, respetado, ensalzado, glorificado como sólo deberías serlo tú.

Buen nombre, buena fama, prestigio. Mi yo donde deberías estar tú, Señor, y casi ya no queda hueco para ti en mi vida. Ten piedad…

Estoy deseoso de poder, ten piedad. Estoy ávido de posesiones, ten piedad. Estoy preocupado por mi buena fama, ten piedad.

Conquista, Señor en mi, el lugar que te corresponde. Transforma mi prestigio en sencillez de vida, mi afán de poder en afán de servir, mi loco poseer en radical compartir.

"No en el «éxito social» ni en el «bienestar físico y económico», sino en el «proyecto de amor de Dios» es donde el hombre se encuentra verdaderamente a sí mismo". (B.XVI)

¡Alabado sea Jesucristo!
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