12 marzo 2012

Sociedad discapacitante



La misma sociedad que produce importantes avances tecnológicos y científicos, es la que por otro lado, genera nuevas discapacidades físicas, psicológicas y sociales, una situación que interpela profundamente.

Por Daniel E. Benadava

sociedad_discapacitante-02A lo largo de la historia el concepto de discapacidad encerró, en forma discursiva y física, a todas aquellas personas que tenían algún tipo de problemática psíquica o corporal.
En este sentido las Naciones Unidas sostiene que las personas con discapacidad incluyen a aquellas que tengan deficiencias físicas, mentales, intelectuales o sensoriales a largo plazo que, al interactuar con diversas barreras, puedan impedir su participación plena y efectiva en la sociedad, en igualdad de condiciones con las demás.
Pero tanto en lo referente a la discapacidad como en lo concerniente a otras realidades, parafraseando a Eduardo Pavlovsky, resulta imprescindible socavar sin temor los obsoletos edificios de sentido de un lenguaje que no nos sirven más para expresar nada ya que, estando colmados de palabras vacías de conferencias y simposiums, tienen olor a trampa, a impudicia y a corrupción por todos los rincones.
Continuando con esta línea de pensamiento, hoy en día muchos/as consideran que la definición “convencional” de discapacidad es -en el mejor de los casos- deficitaria ya que deja por fuera de ella a millones de personas que en un “sentido amplio” del término también pueden considerarse discapacitadas.
Desde esta perspectiva se entiende que la discapacidad no alude únicamente a las deficiencias físicas, mentales, intelectuales o sensoriales que tiene una persona sino que, por el contrario, el término también podría ser aplicado a quienes son “víctimas” de una sociedad que a través de diferentes mecanismos las discapacita para desarrollarse plenamente como seres humanos.

Una sociedad de exclusión y padecimiento.
Según Alfredo Grande los barrios llamados margínales, villas de exclusión o asentamientos precarios se han transformado en verdaderos campos de concentración de las democracias, “ciudades de Dios” donde se cultivan y fertilizan todas las semillas que serán demonizadas cuando den los frutos de la inseguridad.
Evidentemente quienes habitan en los barrios llamados marginales no sufren una discapacidad física o psíquica sino que, por el contrario, padecen las consecuencias de vivir en un sistema político que (por el solo hecho de ser pobres o indigentes) los deshumaniza y convierte en discapacitados sociales para conseguir un trabajo, tener una vivienda digna, acceder a una educación de calidad y a los mínimos servicios sanitarios.

Desnutrición mutilante
Dentro de los discapacitados sociales se encuentran aquellos los niños/as que viven en zonas humildes y están hambrientos de comida y abrazos, sedientos y necesitados de caricias y afectos que cubran sus cuerpos que son como “naranjos en flor” mutilados que nunca podrán desarrollarse en plenitud. En otras palabras, son niños/as que están socialmente discapacitados/as para sonreír, amar y crecer saludablemente
En el caso de que la muerte no los sorprenda prematuramente por falta de nutrientes o cariños, a éstos niños/as -parafraseando a Alberto Morlachetti- ya sea porque no pueden desarrollar sus neuronas o su capacidad de amar, la desnutrición los deja mutilados y los condena a tener las miradas pérdidas y a transitar por vejeces prematuras.

El exterminio del paco
El sistema social contemporáneo, además de crear discapacidades, tiene preparado el antídoto para los “males” que siembra. En efecto, a todos/as quienes discapacita para vivir dignamente -con la implícita complicidad de las autoridades de turno- les ofrece a módicos precios diferentes sustancias tóxicas entre las cuales, por ejemplo, esta la llamada pasta base. Y a través de este desecho de la cocaína la vida de millones de seres -que son únicamente "culpables" de haber nacido en un lugar estigmatizado socialmente- naufraga rápidamente hacia la nada.

Represión de la pobreza
Pero si los pobres no consumen drogas que detienen el palpitar de sus corazones, o su desarrollo no es mutilado por falta de nutrientes, y deciden “cuestionar” a la estructura social que los discapacita para desarrollarse como seres humanos, es común que el sistema utilice a las fuerzas de seguridad que en supuestos “enfrentamientos” acaba con sus vidas.
Por desdicha, o mejor dicho por responder a diferentes grupos económicos que constituyen el andamiaje sobre el cual se sostiene nuestra sociedad estructuralmente discapacitante, los grandes medios de comunicación nunca reflejan estos hechos u ocasionalmente aparecen en la crónica roja de la prensa local.

El modelo extractivo
Dentro de esta maquinaria social discapacitante no puede dejar de mencionarse las consecuencias de la explotación minera a cielo abierto y el monocultivo de soja. Ambas actividades, que hoy se realizan de manera cada vez más intensiva, tienen un alto impacto en varios sectores de la población, a causa de la desmedida utilización del agua, de la contaminación del medio ambiente, y el uso de potentes agrotóxicos. Además provocan la expulsión de pueblos y comunidades en pos de estos grandes negociados. Y a la vez, aparecen enfermedades gastrointestinales, bronco pulmonares, dermatológicas, degenerativas, cancerígenas que, lejos de estar relacionadas con el devenir de la vida, se vinculan directamente con un sistema económico que privilegia el capital por sobre la salud humana.

Desde una perspectiva cristiana.
La misma sociedad que produce importantes avances tecnológicos y científicos, es la que por otro lado, genera nuevas discapacidades físicas, psicológicas y sociales. La situación nos interpela profundamente, tanto por la urgencia de encontrar respuesta a la problemática que sufre muchísima gente, como así también por la necesidad de defender proféticamente el derecho y la justicia de todos los seres humanos, en especial, los más desprotegidos..
En este contexto, como cristianos podríamos leer a Frei Betto quien frente al sistema político económico en el que vivimos, que muchas veces se convierte en discapacitante de millones de seres humanos, “aconseja” evitar el solipsismo, el individualismo, la nefasta soledad. Religarnos a lo más profundo de nosotros mismos, ahí donde se cultivan los bienes infinitos; a la naturaleza, de la cual todos somos expresión y conciencia; al prójimo, de quien inevitablemente dependemos; a Dios, que nos ama incondicionalmente.
Y en ese andar, con la maternal compañía de la Virgen pobre de Nazaret que –parafraseando a Federico García Lorca- con salivilla de estrella cura a los desprotegidos y discapacitados de nuestras comunidades, podremos construir una sociedad más humanizadora y menos discapacitante.
Publicar un comentario