25 octubre 2011

¿Por qué?

Eduardo de la Serna

Ante lo que hemos vivido en estos días, me pregunto ¿por qué?
Conozco gente muy honesta, que quiere poner su vida al servicio (en la vida religiosa y en la vida “civil”), y que está molesta, dolida o hasta enojada por los resultados del domingo y por la fiesta popular que se desató. Y me pregunto ¿por qué? ¿Por qué no pueden solidarizarse, acompañar, participar de la fiesta popular?
 
¿Ideología? Sí, creo que en algunos casos la razón es ideológica. No pueden entender, o aceptar otras “ideas”, les parecen quizás menores, o infundadas, o –en el peor de los casos- perversas. Así llaman “populismo”, o –en otros casos “fascismo”, “stalinismo”, o directamente “autoritarismo”, y no parece que figure en ningún momento la pregunta, ¿por qué el pueblo, “la gente”, una inmensa mayoría se expresa de esa manera?: ¿es tonta?, ¿es manipulable?; ¿no entienden lo que sólo nosotros entendemos (desde nuestra idea, la única superadora, la única “iluminada”)? ¿No es esa una actitud soberbia, despectiva de la expresión popular? ¿No terminaría siendo una suerte de propuesta de “voto calificado” como algún eminente macrista alguna vez propuso? Pero lo llamativo es que no hay preguntas, no hay diálogo. No se palpa la pregunta al pueblo de por qué elige expresarse de una y no de otra manera. Especialmente, por qué no se manifiesta como yo creo que debiera.
 
¿Paternalismo? También creo que en algunos casos hay paternalismo. En especial de los que tienen un fuerte compromiso social (por razones sociales, religiosas, o las que fueren) pero que lo hacen “desde arriba”. Estos/as no se escandalizarían de ir a tomar mate a una casa de chapa, o meter los pies en la zanja, pero “pobres, ellos”, ¡ya van a cambiar las cosas!… Así, las manifestaciones que “ellos” tienen son limitadas, “infantiles”, sencillamente “pobres”. Deberemos “educarles”, casi como enseñarles, “nene, ¡eso no se hace!”. En este caso, muchas veces no hay enojo, pero sí “lástima”. Conmiseración. Esperemos que alguna vez aprendan. Claro que “los políticos” muchas veces no los dejan crecer para que después terminen votando así. En este caso hay cercanía, y a veces hasta preguntas, pero no para dialogar sino para mostrar una especie de “a pesar de esto te quiero”.
¿Ingenuidad? También conozco algunos que su mirada no se asemeja en nada a las anteriores. Su posición es francamente “anti-popular” pero no lo saben, lo niegan o negarían. Todo (o casi todo) lo que defienden es lo que hizo y haría trizas la vida de los pobres, el sentir popular, pero honestamente creen que es lo mejor. En cierta manera es semejante al primer grupo, pero  es menos “militante”, en realidad no mirar conscientemente al “pueblo”, simplemente creen que tal o cual proyecto es “lo mejor” en una suerte de “daños colaterales” que –por supuesto- ellos no pagarán, aunque no lo miren de ese modo. Un poco grotescamente, los primeros suelen ser más de izquierda, estos, de derecha. Y el pueblo, en el medio, ¡claro!
 
Por supuesto que hay otro grupo que no se asocia a la fiesta popular sencillamente porque está en contra. Porque no le interesa, o –incluso- porque quiere evitarla. La fiesta debería ser de unos pocos. Estos son claramente militantes del anti-pueblo, defensores de dictaduras, del modelo neo-liberal, cenadores en casa de Magnetto… En este caso, su actitud frente al pueblo y su fiesta no me da pena, no me preocupa (en cierto sentido; en otro sí, me preocupa… porque tienen poder, aunque no votos). Estos me causan un cierto desprecio. Si usáramos una imagen futbolística, mirada desde la fiesta, podríamos compararla con la alegría que causa ver los rostros del principal adversario derrotado; pero usar metáforas futboleras en estos casos puede ser más perjudicial que conveniente; aunque a algunos el fútbol les haya servido para aumentar su poder privatizado.
 
Mi pregunta es por qué algunos, en especial los que no quieren estar lejos de los pobres, no pueden asociarse a su fiesta. No me refiero a qué/ cómo votaron el domingo, sino a qué reacción les provocó la fiesta de la gente. Porque si había fiesta, y se quedaron fuera, sea por bronca o por tristeza, me parece que tienen un problema. Jesús cuenta una parábola (no es aplicable al caso, pero la imagen final puede ilustrar un poco) donde el bueno, el justo, el que tiene todo claro se queda fuera de la fiesta por no reconocer en el otro un hermano. Si el pueblo festeja y estamos molestos, o nos sentimos fuera, ¿no es bueno que empecemos preguntándonos cuál es nuestra actitud? ¿Desde dónde miramos las cosas? Ese “desde dónde” (tan importante en la teología de la liberación, por otra parte) a lo mejor sería una buena pregunta para los honestos (Los otros, el último grupo, no me interesan). ¿Desde dónde mirás la vida de la gente/pueblo? ¿Dónde te posicionás? ¿Desde dónde hablás, pensás, sentís? ¿Dónde está –en verdad- tu corazón?
 
A lo mejor, si se empieza por preguntarnos a nosotros mismos, antes que al pueblo acerca de por qué votó lo que votó, si nos preguntamos por nosotros, a lo mejor un día nos descubramos participando de la fiesta popular y solidario de sus dolores y sus alegrías?
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