20 mayo 2011

La Familia



Tropecé con un extraño que pasaba y le dije “perdón”.
Él contestó
“discúlpeme por favor; no la vi...”
Fuimos muy educados, seguimos nuestro camino, nos despedimos.

Más tarde, al estar cocinando, estaba mi hijo
muy cerca de mí. Al darme vuelta casi lo golpeo,


"¡Cuidado!" le grité; él se
retiró dolido, sin que yo notara lo duro que le hablé.


Estando todavía
despierta al acostarme, una voz me dijo suavemente:

"Trataste al extraño cortesmente. Pero gritaste del niño que amas.

Ve a la cocina y encontrarás unas flores en el piso, cerca de la puerta.
Son las flores que cortó y te trajo, rosa, amarilla y azul.


Estaba calladito para darte la sorpresa y no viste
las lágrimas que llenaron sus ojos."


Me sentí miserable y empecé a llorar. 

Suavemente me acerqué, me arrodillé 

junto a su cama y le dije: 

"Despierta, pequeño, despierta...

¿Son éstas las flores que cortaste para mí?"

Él sonrió y dijo: "Las encontré junto al

árbol. Las tomé porque son bonitas como tú, en especial la azul."

"Hijo, siento mucho lo que hice, no te debí gritar"... 

Él contestó, "Esta bien

mami, yo te quiero de todos modos."

"Yo también te quiero, y me gustan las flores, especialmente la azul". 

Esto me paso a mi y seguro les paso a ustedes alguna vez, pero tenemos que aprender que a
los que mejores tenemos que tratar son a los que de verdad queremos. Tene en cuenta
que si morimos mañana, en unos días la empresa donde trabajamos cubre el
puesto. Pero la familia que dejamos, sentirá la pérdida por el resto de su vida.
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