04 enero 2011

Evangelio según San Juan 1,35-42.

Al día siguiente, estaba Juan otra vez allí con dos de sus discípulos y, mirando a Jesús que pasaba, dijo: "Este es el Cordero de Dios". Los dos discípulos, al oírlo hablar así, siguieron a Jesús. El se dio vuelta y, viendo que lo seguían, les preguntó: "¿Qué quieren?". Ellos le respondieron: "Rabbí -que traducido significa Maestro- ¿dónde vives?". "Vengan y lo verán", les dijo. Fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él ese día. Era alrededor de las cuatro de la tarde. Uno de los dos que oyeron las palabras de Juan y siguieron a Jesús era Andrés, el hermano de Simón Pedro. Al primero que encontró fue a su propio hermano Simón, y le dijo: "Hemos encontrado al Mesías", que traducido significa Cristo. Entonces lo llevó a donde estaba Jesús. Jesús lo miró y le dijo: "Tú eres Simón, el hijo de Juan: tú te llamarás Cefas", que traducido significa Pedro.

Leer el comentario del Evangelio por :

San Gregorio Nacianceno (330-390), obispo, doctor de la Iglesia
Discurso teológico 4

Seguir al Cordero de Dios

Jesús es Hijo del hombre, por ser descendiente de Adán y por ser hijo de Maria... Es el Cristo, el Ungido, el Mesías, por su divinidad; esta divinidad es la que unge su humanidad..., presencia total de Aquel que lo consagra como tal... Es el Camino porque es él mismo quien nos conduce. Es la Puerta porque es él quien nos introduce en el Reino. Es el Pastor porque es él quien conduce el rebaño a las praderas y le hace beber una agua refrescante; le enseña el camino a seguir y le defiende contra los animales salvajes; hace regresar a la oveja errante, encuentra a la oveja perdida, cura a la oveja herida, guarda a las ovejas que gozan de buena salud y, gracias a las palabras que le inspira su sabiduría de pastor, las reúne en el redil de arriba.


Él es también la Oveja, porque es la víctima. Es el cordero porque no tiene defecto. Es el Gran sacerdote, porque ofrece el sacrificio. Es Sacerdote según Melquisedec, porque es Rey de Salem, Rey de paz, Rey de justicia... Estos son los nombres del Hijo, Jesucristo: «él es el mismo ayer, hoy», corporal y espiritualmente, «y lo será por siempre». Amén

(referencias bíblicas: Mt 24,27; Mt 1,16; Jn 14,6; Jn 10,9; Jn 11; Sl 22; Is 53,7; Jn 1,29; Heb 6,20; Heb 6,20; Heb 7,3; Is 53,8; Heb 7,2; Heb 13,8)
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