31 enero 2011

DON BOSCO SANTO

El 2 de junio de 1929, a los 41 años de su muerte, el Papa Pío XI -que había conocido personalmente a Don Bosco en octubre de 1883-, lo declaraba Beato.

El 1 de abril de 1934, en la solemne celebración de la Pascua de Resurrección, el mismo Pío XI declaraba SANTO a Don Bosco en la basílica de San Pedro en Roma en la clausura del 19° Año Santo del Redentor.

En su homilía el Papa proclamaba santo a Don Bosco porque se había “entregado totalmente a la gloria de Dios y a la salvación de las almas”.

El amor de Dios y al prójimo fue el centro de su vida. Don Rúa declaró en el proceso de canonización de don Bosco en 1895 :”La vida de don Bosco fue definida muy apropiadamente por el Card. Alimonda como una constante unión con Dios”. En toda su obra, en todos sus discursos, siempre tenia la mira a Dios y su gloria, y sabia hablar de una manera tan amable que hacia agradable la conversación. En todas las circunstancias sabia escoger la ocasión para exaltar la bondad del Señor y su Providencia.


Juan Pablo II en su visita a Turín dijo el 3 de septiembre de 1988 que “la razón de su vida fue la santidad”: Don Bosco como cristiano bautizado vivió como hijo querido del Padre Dios, como seguidor fiel de Jesús, buen pastor, buen samaritano y presente en la Eucaristía y con plena disponibilidad a la acción del Espíritu Santo. Junto a San Juan Bosco se formaron otros santos reconocidos por la Iglesia: San José Cafasso, Santo Domingo Savio y los beatos Miguel Rúa, Felipe Rinaldi y don Luis Orione y Santa Maria Dominga Mazzarello, la co-fundadora de las Hijas de Maria Auxiliadora.
Siguiendo la escuela de San Francisco de Sales y dando orientaciones originales y completas don Bosco se abrió un nuevo camino de espiritualidad que sigue dando a la Iglesia frutos de santidad: como la niña Laura Vicuña, Sor Magdalena Morano (religiosa salesiana), los beatos santos mártires de China – el obispo Luís Versiglia y el sacerdote Calixto Caravario. Más de 200 miembros de la familia salesiana se cuentan entre los venerables y siervos de Dios, sin contar los numerosos mártires salesianos muertos en la revolución española entre 1936/39.

Juan Pablo II reconoce que Don Bosco tuvo el valor de presentar a los jóvenes “una pedagogía realista de la santidad” y que su talla de santo lo pone con originalidad entre los grandes fundadores de Institutos Religiosos de la Iglesia. Don Bosco hablaba a los jóvenes de la santidad. Recordamos como, comentando las palabras de San Pablo en 1 Tes. 4,3 que “la voluntad de Dios es que seáis santos”. Esto despertó el propósito de la santidad en Santo Domingo Savio, deseo que el mismo don Bosco llevaba en su corazón. Este ardiente deseo lo encontramos también en el primer salesiano chileno, Don Camilo Ortúzar a quien don Bosco le ofreció “pan, trabajo y paraíso”. El había dicho: “ El día más hermoso de mi vida fue cuando hice mi profesión religiosa como salesiano de Don Bosco”.

Todos los primeros salesianos que vinieron a Chile se distinguieron por su gran celo apostólico y cariño a Don Bosco. Mons. José Fagnano se distinguió como misionero y capitán bueno de los indios; Evasio Rabagliatti que conoció a don Bosco a los 12 años fue salesiano y primer director de la Casa de Concepción y de allí pasó a Bogotá en Colombia. Este fue asimismo el primer Inspector de la obra salesiana en Colombia y se ocupó de la atención de los leprosos; Luís Nai conoció a Don Bosco, fue ecónomo y luego Director del noviciado de San Benigno Canavesse, inspector de Palestina y luego en Chile durante 18 años. Era una persona afable, cortés, de profunda piedad y de gran cariño por don Bosco,; y por último, tenemos también a Domingo Tomatis que vino como misionero a América a los 26 años de edad. Fue el primer director de la casa salesiana de Talca y de La Gratitud Nacional. Había tenido una gran confianza por Don Bosco. En una carta el santo de Dios le escribía: “Mi amigo Tomatis: un misionero debe estar pronto a dar la vida para mayor gloria de Dios y capaz de soportar con un poco de antipatía a un compañero poco afable y con defectos”. Afmo. amigo Sac. Juan Bosco, Alasio, marzo de 1876

Estos y muchos otros discípulos mostraron la contagiosa santidad de Don Bosco en todo el mundo.

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