29 octubre 2010

El camino del guerrero

Dan (Scott Mechlowicz), un estudiante muy talentoso y arrogante, un popular y apuesto joven y un dedicado gimnasta, que en apariencia tiene todo y sin embargo no logra ser feliz. Se prepara para participar en los Juegos Olímpicos en gimnasia, pero continuamente se despierta por las noches con pesadillas y visiones que no puede explicar.

Una buena noche, que no puede conciliar el sueño, sale a correr y hace una parada en una tienda de una gasolinera, el encargado es un misterioso sujeto al que después Dan llamará Sócrates (Nick Nolte), un anciano que tiene destrezas inexplicables y se mueve con una rapidez que ni él mismo soñó tener, así que le pide que le enseñe. Desde ese momento Dan comenzará un viaje de descubrimiento y aprendizaje que rompe todo lo que ha conocido, ahora aprenderá a valorar la conciencia sobre la inteligencia y la fuerza del espíritu más que la fortaleza del cuerpo.

Hay películas que uno siente que ya las ha visto; y así es, de una u otra manera. Las divergencias están en el tratamiento emotivo que tengan y en la posible vistosidad o majestuosidad de sus imágenes.


Es el caso, ahora, del filme titulado El camino del guerrero (2006), dirigido por Víctor Salva.

Hablamos de películas sobre alguna disciplina deportiva, con el desarrollo del personaje (atleta) hacia la consolidación de su triunfo. Siempre tenemos la presencia del héroe, la del maestro que lo prepara, algún romance por ahí, los obstáculos y el triunfo final. Este tipo de cine resulta tópico, como repetir la misma mentira para justificar las ausencias laborales.

Algunos de estos largometrajes son entretenidos, otros logran ser magníficos, los hay que se quedan en la correntada y los demás son de mediocres para abajo. En el caso de El camino del guerrero , podemos hablar de un filme a mitad de camino, ni mejor ni peor: puede gustar a algunos y aburrir a otros.

Cuando uno intenta hacer una valoración lo más objetiva posible, debemos aceptar que el contenido de la trama (el significado) es apreciable, porque valora los esfuerzos para conseguir lo que se anhela luego de conocerse uno (“hacia adentro”) en sus propias enterezas y debilidades. Es filosofía idealista, de tipo oriental.

El filme asume la idea de que, en cada uno de nosotros, hay un maestro interior y se enriquece con la propuesta de que vivimos comunicados con otros elementos de la realidad, con expresiones distintas de la energía. En la producción cinematográfica , el personaje principal es un joven gimnasta.

Como sucede casi siempre con este tipo de cine, su guion se basa en hechos reales. El guion del filme lo escribe Kevin Bernhardt, quien se basa en la novela autobiográfica de Dan Millman. Por supuesto, este es el joven atleta. La propuesta de Millman, al describir sus propios dilemas, resulta atractiva, pero el guion decae.
Así es, como a la mitad del filme, este se aletarga innecesariamente, se autorrepite y gira sobre sí mismo, como quien da vueltas y vuelta en los aros de la gimnasia.

La propia puesta en escena del director Víctor Salva, las imágenes pertinentes, todas, padecen de igual adormecimiento.

Es cuando el filme asume un falso tono de solemnidad, como de procesión en Semana Santa, del que no se liberan ni los actores, quienes exhiben rostros pocos expresivos, casi siempre apesadumbrados, como si no existiera ninguna otra emoción en la película. Hasta la filosofía oriental deviene cansina.

Cuando hablamos de los actores, señalamos con el mismo defecto histriónico al atleta encarnado por Scott Mechlowicz y al maestro en la piel del actor Nick Nolte (quien recibe el sobrenombre de Sócrates en la trama).

 

Dirección: Victor Salva
Producción Mark Amin
Reparto: Scott Mechlowicz, Nick Nolte, Amy Smart, Ashton Holmes, Agnes Bruckner, Paul Wesley, Tim Dekay, Ray Wise, Beatrice Rosen, B.J. Britt
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