28 diciembre 2009

1 Juan 2: 15

No améis al mundo, ni lo que hay en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él.


Al dirigirse a los jóvenes, san Juan les recomienda ser «fuertes» para el combate que han de afrontar con él «Maligno»... apoyados en la «palabra de Dios».
El compromiso. La oración de contemplación... —todo un programa de vida para jóvenes—.
No améis al mundo ni lo que hay en el mundo.

El término «mundo», en la pluma de san Juan tiene, casi siempre un sentido peyorativo. Se trata de esa «humanidad que sólo cuenta en sí misma y rehusa confiar a Dios su porvenir».
Se trata del mundo encerrado en sí mismo... del mundo que «pretende bastarse a sí mismo»... del mundo «a puerta cerrada».

Un mundo tal no puede ir a la paz con Dios. Si alguien ama al mundo, el amor del Padre no está en él.
Esas son unas frases severas. Hay que escucharlas tal cual son. Ya decía Jesús: «No se puede servir a dos amos!». Sin embargo, ese mundo pecador con el que ningún compromiso es posible, ¡Dios lo ha amado! para salvarle. El mismo san Juan puso en labios de Jesús esta otra frase:
«Tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna». (Juan, 3-16.)

Danos, Señor, saber condenar el pecado y amar a los pecadores...
Oyúdanos, Señor a «no ser del mundo» y a «amar al mundo» como Tú lo amas...
Todo lo que hay en el mundo es: deseos egoístas de la naturaleza humana...,concupiscencia de los ojos.
Orgullo de las riquezas... ¡Todo ello no procede del Padre!
Efectivamente, lo que está condenado en el mundo es su «suficiencia», su «egoísmo», su «orgullo». El hecho de prescindir de Dios. ¡Bastarse a sí mismo!

Detrás de esas palabras de Juan se perfila el paganismo de la época: la sensualidad aberrante del imperio romano decadente, los espectáculos indecentes y violentos del circo, la opresión de los ricos sobre los pobres. Evidentemente, si decimos que amamos a Dios, no tenemos derecho de amar a este mundo.
Ahora bien, el mundo con sus deseos desaparecerá; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.

¡Todo lo solamente humano... pasa! es frágil, transitorio, efímero.
Todo lo que tiene fin es corto. Sólo Dios permanece. Uniendo mi vida a la tuya. Señor, ligo mi destino a tu vida eterna.


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