28 agosto 2009

Cuento de Navidad: “El Secuestro”

Este cuento tiene su origen en la narración escrita que un joven realizó en una celebración de la Navidad del año 1975, organizada por el Centro Juvenil Salesiano de Martí-Codolar (Barcelona). Nunca hemos sabido su nombre, es un cuento anónimo. Los militantes de la HOAC, a lo largo de los años lo hemos ido adaptando y ampliando, según las circunstancias. Este cuento, como el Evangelio de Jesús, es también patrimonio de los pobres y de los hombres y mujeres de buena voluntad, que sueñan cada día –a pesar de todo- de que otra humanidad es posible.

Estamos celebrando la Navidad. Los escaparates, la tele, el consumismo…nos lo recuerdan. ¡Queda tan lejos esta Navidad de la primera…! Pero, vamos a hacer un esfuerzo de imaginación. ¿Qué pasaría hoy si naciera Jesús en nuestro país?

….

Estamos a finales del año. Los problemas son muy graves: La crisis econòmica, esta vez de carácter global, està afectando a todo el planeta, el cierre de empresas, el paro, la precariedad laboral, el acceso a la vivienda, los accidentes de trabajo… Las enfermedades mentales aumentan, las cárceles están repletas, los emigrantes llegan de África, de los países del Este, de América Latina… La guerra del Irak, Afganistán i Oriente Medio… El proceso de paz en el País Vasco… El cambio climático y el futuro del planeta Tierra…



Los grandes sabios de la política y la economía intentan encontrar soluciones desde los bancos, los ministerios… Pero, un día, corre un rumor que se va extendiendo: “Va a venir un Salvador. Va a venir uno que nos va a sacar de esta preocupante situación.”

La noticia aparece en los periódicos, en internet, en la radio, en la tele… Los SMS vuelan por el espacio cibernético multiplicándose… Los sabios del país empiezan a consultar sus grandes bibliotecas y a explorar en internet para saber más detalles de la venida de este Salvador. Poco a poco, ya se saben más noticias: “El Salvador nacerá el día 24 y va a nacer de una familia superior a las demás.”

Los obispos y los curas empiezan a adornar y a limpiar las iglesias para preparar con mucho fervor la segunda venida de El Salvador. Todo el mundo habla de lo mismo. Las familias poderosas que tenían a sus mujeres embarazadas las llevan a los mejores hospitales con la esperanza de que les toque la quiniela de ser las madres de El Salvador.

Los capitalistas, como quieren sacar negocio de todo, anuncian sus productos con la marca “El Salvador”: chupetes “El Salvador”, potitos “Salvadorín”, juguetes bélicos “Salvatore”…

Y llega el día 24, y llega la hora “H”…, las 11,30, las 11,40… Las autoridades políticas y los capitalistas están preparados en sus enormes cochazos para salir velozmente a recibir al Salvador cuando se les comunique la noticia. El ejército está también alerta para hacerle un desfile con todos los honores, por todo lo alto.

Son las 11,50…, las 11,55…, las 12…. Pasa la hora…y no pasa nada. Pero, qué ha pasado?



Mientras tanto, en la periferia urbana… en uno de los barrios más pobres de la ciudad…Hay poca gente en la calle. Un borrachito pone una nota más triste en la calle. Una pandilla de chavales está pegándole caladas a un porro… Hace frío, Manolo –el vigilante de una obra- está haciendo una hoguera con una maderas de paliers… La Navidad de los pobres…

De repente, desde el extremo de la calle, viene gritando un chaval: “¡Eh! ¡Venid, Luis, Pili, Toni, Manolo, Isabel…! ¡Una noticia sensacional! ¿Sabéis el Joseph y la Miriam, que hace pocos días vinieron del Sur? ¡Pues han tenido un niño, que es un encanto! ¡Es el Salvador! ¡Nos trae la libertad! ¡Y viene para ser nuestro amigo! De los pobres, de los currelantes y de los paraos, de los yayos, de los chicos y de todos los que soñamos un mundo más justo, donde todos seamos hermanos! Están en unos bajos del bloque del Toni, de realquiler. ¿Queréis venir a verlo?”

Todos fueron a visitar al niño, a Miriam i a Josef. ¡Cómo disfrutaban todos! “Pero, qué hermosura de chiquillo”-decía la abuela Esperanza. La noticia corrió pronto por el barrio como un reguero de pólvora. Paco, el de la Asociación de Vecinos, trajo vino y pastas. Carmen, madre de cuatro chiquillos, trajo al niño ropa de sus hijos…Y así todos acogieron aquella sencilla familia venida de lejos…

Unos días más tarde, en la calle mayor de la ciudad…, tres jóvenes extranjeros, un paquistaní, un ecuatoriano y un rumano, preguntaban a un guardia urbano dónde había nacido el Salvador. Pero no les sabe responder. Una estrella les había guiado desde sus países. Van al Ministerio de Asuntos Sociales, al de Exteriores…, al obispado… y tampoco les saben dar la dirección. Al final, ya por instinto, se dirigen al barrio obrero, y allí encuentran a la familia, y le entregan sus regalos. Pero, el gobierno civil sospecha de los tres jóvenes extranjeros y los manda vigilar. No sea que sean unos extremistas y tramen alguna revolución…

La noticia crece y crece. Todos los hombres y mujeres de corazón abierto van a visitar al niño. Allí se encuentran todos unidos y alegres, como hermanos y hermanas.

Las autoridades de la ciudad se enteran de lo sucedido y tienen miedo. Aquel niño está a uniendo a los pobres, a la gente sencilla y a todos los que sienten que otro mundo es posible, sin desigualdades ni injusticias, un mundo donde las personas sean iguales en dignidad y en derechos.

Las autoridades ordenan a la policía que dispersen a la gente y roben el niño a los pobres. Lo secuestran y lo colocan en una cuna de oro en la catedral de la ciudad. El alto clero empieza a organizar procesiones y actos solemnes en honor al niño… Y comienzan a interpretar los gestos del niño, transformándolos en pesadas e injustas leyes que imponen al pueblo… Alguien me contó que el niño lloraba y no sabían por qué…

….

Y es que, por mucho lujo y por mucha pompa, el niño sigue estando en el corazón de los pobres, en las entrañas del barrio… Y ya está amaneciendo el día en que se devuelva al pueblo lo que se le ha arrebatado por la fuerza y la violencia.

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