13 mayo 2009

Nuestra Señora de Fátima

LA VIRGEN de FÁTIMA en Portugal


Cerca de Fátima se encuentra la aldea de Aljustrel, en donde nacieron los tres niños Lucía, Francisco y Jacinta los dos últimos eran hermanos y primos de la primera. Lucía era la menor de cinco hermanos y fue bautizada el 22 de marzo de 1907. Era la mayor de los tres videntes de la Virgen de Fátima y la que más directamente trató con la Virgen María. Abrazó la vida de religiosa carmelita contemplativa. Ha vivido en Coimbra. Francisco y Jacinta eran hermanos e hijos de Antonio do Santos y de Olimpia de Jesús. Francisco nació el 11 de junio de 1908 y Jacinta el 10 de marzo de 1910. Su trabajo consistía, especialmente, en cuidar unas ovejillas. Normalmente él veía a la Virgen pero no le hablaba ni la oía.

El 4 de abril de 1919, a los dos años de las celestes apariciones, volaba al cielo... Jacinta también era muy fina y agraciada. Desde muy pequeñita fue muy piadosa y sufría cuando le contaban los padecimientos de Jesús en su Pasión. Ella veía y oía pero normalmente no hablaba a la Virgen. El 20 de febrero de 1920, a sus diez añitos, volaba al cielo. A los tres el 13 de mayo de 1917, en medio de una tormenta y mientras cuidaban el rebaño, después de haber rezado el Santo Rosario, se les apareció la Virgen María vestida de blanco y les pidió que volvieran seis veces más y que el mes de octubre les revelaría quién era y lo que quería. Les anunció que tendrían que sufrir mucho, pero que no se desalentaran que Ella les ayudaría.

Les pidió que rezaran muchos rosarios. Las apariciones se repitieron el 13 de cada mes. En todas ellas sucedía algo parecido: mientras rezaban el Santo Rosario, acompañados cada día de más seguidores que palpaban lo sobrenatural, se les aparecía aquella joven, resplandeciente de luz, vestida de blanco, con el rosario entre las manos y les invitaba a rezar con ella. Después les comunicaba algunas cosas que han llegado hasta nosotros donde se manifiesta el deseo ardiente de la Virgen de que seamos almas de oración y que procuremos hacer sacrificios para unirlos a la Pasión de su Hijo.

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Oremos

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Señor Dios, que nos diste a la Madre de tu Hijo como Madre nuestra,

concédenos que perseveremos en la oración por la salvación del mundo y

procuremos promover pacientemente el Reino de Jesucristo,

tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios,

por los siglos de los siglos.

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