05 mayo 2009

La pascua nunca termina


A esta altura del año y habiendo transcurrido unos cuantos días, podemos tener la sensación de que la Pascua quedó atrás.

Las fiestas son como hitos, puntos de referencia en el calendario, pero con la Pascua no debería ser así. De hecho, la Iglesia en los textos que nos propone para la celebración diaria de la misa, y por consiguiente para nuestra reflexión, sigue poniendo la atención en el hecho de la muerte y resurrección de Jesús.

Durante cincuenta días lo seguirá haciendo y la Palabra de Dios va a presentarnos este hecho trascendente para la historia humana, y en especial para los bautizados mostrándonos diversos aspectos de este misterio incomprensible para nosotros.

En primer lugar la lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles nos hace recorrer los comienzos de la primera comunidad de Jerusalén, mostrándonos sus dificultades y logros, y haciéndonos conocer la predicación de los apóstoles, en especial de Pedro, en distintas circunstancias. Las cartas de Juan nos presentan la reflexión posterior, de los cristianos que guiados por el Espíritu fueron profundizando y comprendiendo el misterio de Cristo a quien se habían entregado por la fe y el bautismo. Estos datos nos pueden ayudar a comprender un poco más la importancia de la fiesta celebrada. Según un autor, Pascua es la gran novedad del mundo, lo único nuevo bajo el sol.

La renovación de nuestro compromiso bautismal en la Vigilia Pascual, no es un rito más para solemnizar una celebración. Supone que cada año deberíamos revisar en que medida en nuestra vida se refleja el bautismo recibido. San Pablo en Rom 6 nos habla de nuestro bautismo como que en él fuimos sumergidos en la muerte de Cristo y que así como Cristo resucitó para gloria del Padre, también nosotros debemos llevar una Vida nueva.

Esa Vida nueva es la gracia, la vida de Dios que va obrando en nosotros si la aceptamos, pero no es sólo eso, nos ayuda a que nuestra persona y nuestra vida reflejen lo que enseña el Evangelio. Nuestros criterios a la hora de elegir, nuestra mirada sobre la sociedad y el mundo con sus errores y aciertos deben reflejarlo. No podemos aprobar aquellas cosas, estructuras, mentalidades que vayan en contra del hombre y lo que Dios quiere para él.

Vivir el bautismo tiene una indiscutible dimensión espiritual, pero como hijos de Dios en medio de una sociedad concreta, viviremos realmente nuestro bautismo, cuando nos esforzamos en que los valores del reino puedan florecer en ella. En primer lugar debemos defender la vida y oponernos a todo lo que la destruya, luego debemos defender la dignidad y el respeto por la persona humana como cosas primordiales. Saber compartir lo que tengamos, poco o mucho, bienes materiales, conocimiento, tiempo…Así podremos hablar de la Pascua, del hombre nuevo, de la vida nueva, porque es lo que tratamos de vivir. Así no nos quedaremos en una celebración anual, la haremos presente de una u otra forma, y seremos creíbles si afirmamos que Cristo resucitado sigue presente en nuestra historia concreta.


por Celia Escudero
Lic. en Teología, docente y liturgista.
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